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Displaying items by tag: Celebrating At Home

Si Cristo es la luz, ¿ quiénes somos?
(Lucas 2:22-40)

El Evangelio de hoy nos narra la presentación de Jesús en el Templo. Durante la presentación, dos personas santas, Simeón y Ana, dan testimonio de Jesús como «luz de las naciones». Por eso, la Iglesia acostumbra a celebrar esta fiesta con la bendición y el encendido de velas, una referencia al tema navideño de la luz. Las velas pueden servir como recordatorio de que Cristo, nuestra Luz, está siempre presente con nosotros.
En el Evangelio, Lucas presenta a Simeón como alguien que espera la salvación prometida por Dios a través de los profetas y que reconoce esa salvación en el niño que tiene ante sí. Ana habla del niño a todos los que esperaban la liberación (salvación) de Jerusalén. Ambos proclaman a Jesús como «el prometido de Dios». Simeón describe a Jesús como 'una luz para iluminar a los paganos, y la gloria de tu pueblo Israel'.
Si Cristo es la Luz, ¿quiénes somos nosotros? Los Evangelios no solo nos dicen quién es Jesús, sino también quiénes somos nosotros, como miembros del Cuerpo de Cristo, que vivimos y trabajamos bajo el reino de la gracia de Dios.
La fiesta de hoy nos vuelve a la Navidad con su tema de la luz. También nos lleva a preguntarnos cómo nosotros, como Cuerpo de Cristo aquí y ahora, podemos ser luz los unos para los otros, especialmente en la oscuridad de la experiencia humana.

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Volver a casa
(Lucas 1:1-4, 4:14-21)

Volver a casa puede ser un acontecimiento muy contradictorio. La calidez y la acogida iniciales pueden convertirse, con sorprendente rapidez, en duda, antagonismo y rechazo.
En los Evangelios de este domingo y del próximo, Lucas cuenta la historia de la visita de Jesús a su ciudad natal, Nazaret.
Sin embargo, antes de que comience la historia, la Iglesia ha incluido las primeras líneas del Evangelio de Lucas en la lectura de hoy. En ellas, Lucas explica, a la manera de la literatura clásica, cuál es el propósito de sus escritos: ofrecer un relato auténtico y ordenado del movimiento cristiano, destinado a dar a Teófilo una firme seguridad sobre las cosas que se le han enseñado.
Tras esta introducción, sigue la primera parte del relato de la vuelta a casa de Jesús. Escucharemos la segunda parte en el Evangelio de la próxima semana.
Tras su tentación en el desierto, Jesús regresa a Galilea, la región en la que había crecido. Se pone a enseñar en las sinagogas y gana muchos admiradores.
Finalmente, Jesús se presenta en su ciudad natal, Nazaret, y asiste a la sinagoga el sábado, como solía hacerlo. Hace la segunda lectura del servicio de la sinagoga: la lectura de los profetas, en este caso del profeta Isaías.
Lo que Jesús lee en voz alta se convierte en una explicación de su misión y ministerio. En el Espíritu del Señor, con el que Jesús ha sido ungido, llevará la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamará un año de gracia del Señor.
La buena noticia esencial que Jesús predica y pone en práctica es la aceptación y la acogida (no el juicio) por parte de Dios de las personas que se encuentran atadas, atrapadas y afligidas.
Aquí Jesús establece el modelo no solo para su propia vida y ministerio, sino también para aquellos que quieran seguirle. También nosotros, ungidos por el Espíritu, estamos llamados a ser la aceptación, la acogida y la libertad de Dios para todos los que están atados, atrapados o afligidos en sus vidas.
En el contexto más amplio del Evangelio de Lucas, este mensaje no debe reducirse a una metáfora. Se trata de dar una ayuda real a todos los que luchan de una manera u otra con las situaciones concretas de su vida.

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El verdadero novio
(Juan 2: 1-11)

Las bodas suelen ser ocasiones maravillosas. La familia y los amigos se reúnen para presenciar y celebrar el amor y el compromiso de la pareja. El ritual se corona con cantos, bailes, comidas y bebidas. Así ha sido durante siglos. En la tradición judía, una boda podía durar días, no horas.
Es interesante que, en el Evangelio de Juan, Jesús comience su ministerio en el marco cálido y hogareño de una boda en un pueblo de la misma región en la que Jesús había crecido. María, Jesús y sus discípulos han sido invitados.
El desastre se produce cuando se acaba el vino. No es difícil imaginar la vergüenza y la humillación que esto supone para los novios y sus familias. A partir de ese momento, la boda se recordaría como «aquella en la que se acabó el vino».
María ve lo que ha sucedido y se lo menciona a Jesús, pero este parece reacio a hacer nada al respecto: «todavía no ha llegado mi hora».
En el Evangelio de Juan, la hora de Jesús llegará en la cruz, cuando revele a Dios como realmente es, mediante el sacrificio del amor divino por el mundo.
La respuesta de Jesús no desanima a María. Quizá conozca a su Hijo mejor que él mismo en este momento. «Haced lo que él diga», dice a los sirvientes.
A pesar de que aún no había llegado su hora, Jesús actúa con bondad y compasión, salvando a los novios de una gran vergüenza y asegurando que la celebración de la boda pueda continuar con abundante «vino de calidad».
Al narrar esta historia, Juan se inspira en los temas del Antiguo Testamento que presentan a Dios como el «novio» de Israel. El vínculo de amor entre Dios e Israel debía ser profundo y duradero, como un matrimonio.
Estos temas llevaron a la expectativa de que el Mesías prometido restauraría esta relación.
En la tradición judía, el novio era el responsable de proporcionar el vino para la boda. En el relato de Juan es Jesús quien acaba proporcionando una abundancia del mejor vino, revelando a Jesús como el novio divino, venido a tomar de nuevo a Israel como novia.
Al final de este pasaje del Evangelio, Juan nos dice que la acción de Jesús de convertir el agua en vino fue el primero de los signos que dio. En el Evangelio de Juan encontraremos seis signos más. Todos ellos tienen que ver con curar, salvar, restaurar, alimentar y dar vida a los seres humanos. Ninguno es una muestra vacía del poder de Jesús. La «gloria» de Jesús consiste en revelar al Dios del amor, especialmente en los momentos de verdadera necesidad humana. Los signos muestran que el poder del amor que viene de Dios está siempre al servicio de los seres humanos.
También nosotros estamos llamados a permitir que la gloria de Dios brille a través de nosotros con palabras y acciones amorosas, sanadoras y transformadoras.

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Jueves, 19 Diciembre 2024 12:22

Celebrando en Familia - Cuarto Domingo de Adviento

La promesa prometida
(Lucas 1:39-44)

La gran fiesta de la Navidad está a punto de llegar.
Como siempre en Adviento, lo prometido en la primera lectura se cumple en la lectura del Evangelio.
Hemos iniciado el Adviento con el grito: ‘Ven, Señor Jesús’. Y lo terminaremos con el grito de alegría: ‘¡Dios está con nosotros!’ Las palabras del profeta Miqueas en la primera lectura de hoy son hermosas, se espera el nacimiento de un líder para Israel que, como rey pastor, reúne al pueblo y lo alimenta con el poder del Señor y la majestad de Dios. Su poderoso reinado traerá un tiempo de seguridad y él mismo será la paz.
Lo que Miqueas espera con palabras se convierte en carne y hueso en la persona de Jesús.
El conmovedor relato de Lucas sobre el encuentro de las dos primas embarazadas, María e Isabel, está lleno de alegría, calidez y amor.
No es difícil imaginar los saludos alegres y abrazos ante la sorpresa visita de María. María saluda a Isabel con el saludo habitual, Shalom (¡Paz!), que es exactamente lo que trae consigo - Aquel del que habla Miqueas en la primera lectura, el Mesías.
En su primer acto de testimonio de la presencia del Mesías, Juan salta en el vientre de su madre, que libera en ella el poder de la profecía. Llena del Espíritu Santo, Isabel proclama a María como bendita , se pregunta por qué ella misma es digna de dar hospitalidad a la madre del Señor, y bendice la fe de María en que las que se cumplen las promesas del Señor. ¿Nos atrevemos a imaginar que también nosotros llevamos dentro la paz de Dios? ¿Podemos acoger la presencia de Dios en nosotros y en los demás? ¿Podemos encontrar la manera de alimentar nuestra conciencia de esa presencia, dejar que se fortalezca y profundice hasta que toda nuestra vida esté llena de Dios, inmersa en Dios y se desborde en cada una de nuestras palabras, pensamientos y acciones?

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Martes, 10 Diciembre 2024 11:54

Celebrando en Familia - Tercer Domingo de Adviento

¿Qué debemos hacer?
(Lucas 3:10-18)

En el Evangelio de hoy seguimos centrándonos en Juan el Bautista. La semana pasada oímos hablar del ministerio de Juan, su predicación al arrepentimiento y el bautismo para el perdón de los pecados. La idea del arrepentimiento consiste en darse la vuelta y mirar en una nueva irección. La llamada de Juan a la gente era para que se apartara de los viejos hábitos de vida y se convirtiera a Dios.
El Evangelio se abre con la gente, con los recaudadores de impuestos y algunos soldados, habiendo escuchado la llamada a cambiar de vida, todos pregunta a Juan ‘¿Qué debemos hacer?’
Normalmente, estos tres grupos desconfían los unos de los otros. Los soldados romanos, que ocupaban el país, los lugareños que cobraban los impuestos en nombre de los romanos, y la multitud, a menudo víctima de ambos. Sin embargo, la predicación de Juan los ha reunido a todos en una especia de comunidad.
Fíjense en lo prácticos que los son los consejos de Juan. Y, al mismo tiempo, es una llamada a vivir según los valores de la compasión (a la multitud), de la justicia (a los recaudadores de impuestos) y el fomento de la paz (a los soldados).
Los valores y comportamientos opuestos a estos obstaculizan la relación con Dios, deshumanizan a los demás y arruinan la vida en comunidad.
El resultado de la conversión es una nueva forma de vida. En el Evangelio, Juan explica cómo podría ser ese nuevo modo de vida para estos grupos de personas.
Las enseñanzas y los consejos de Juan crean un sentimiento de expectación entre la multitud. Se preguntan: ‘¿Es este?’ Habría sido fácil para Juan dejarse llevar por su popularidad, pero demuestra ser un verdadero servidor de la Palabra (como los profetas) y dirige la atención de la gente lejos de sí mismo y hacia Aquel que ha de venir.
Los sentimientos de expectación y regocijo dominan las oraciones y lecturas de esta parte del Adviento, a medida que nos acercamos a la celebración de la fiesta de Navidad. Nuestra celebración del nacimiento histórico de Jesús es el lente a través de la cual contemplamos de nuevo la presencia permanente de Jesús en nuestras vidas. Acompañados por los bellos pensamientos de la primera lectura, podemos confiar en el amor de Dios, que (como dice la lectura) nos renueva. ¿Cómo respondemos a esta nueva conciencia del amor permanente de Dios? Nos hacemos la misma pregunta que el pueblo le hizo a Juan ‘¿Qué debo hacer?’ Nuestra respuesta a esa pregunta nos lleva a reformar nuestras actitudes y comportamientos hacia los demás. Ser bautizado con el Espíritu Santo y con fuego es ser bautizado ‘desde dentro’, tener corazones y mentes rehechos a imagen y semejanza de Cristo.
Aprendiendo el camino de Cristo es como nos convertimos en el trigo en el Reino de Dios, no en la paja en el fuego.

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¡Preparad el camino del Señor!
(Lucas 3,1-6)

El sentido de la preparación es muy fuerte en nuestras lecturas de este fin de semana. El Evangelio destaca el papel de Juan el Bautista como el que prepara el camino a Jesús. El ministerio de predicación y bautismo de Juan asentaron las bases del ministerio de Jesús. La idea del arrepentimiento tiene menos que ver con el sentimiento de pena por los pecados individuales y más con el hecho de darse la vuelta y mirar en una nueva dirección. La llamada de Juan a la gente era para que se apartara del viejo estilo de vida y se volviera hacia Dios. La primera lectura del profeta Baruc es una llamada hacer lo mismo. Habla de quitarse el vestido de la tristeza y la angustia y ponerse la belleza y la gloria de Dios. Es una llamada para que el pueblo se convierta en el pueblo de Dios. Dios rebajará las montañas y allanará el camino para que el pueblo de Dios pueda caminar con seguridad, guiado por la luz de Dios y escoltado por la misericordia y la integridad. En el Evangelio, Lucas hace referencia a un texto similar que se encuentra en los escritos del profeta Isaías. Enderezar caminos para el Señor que puede entenderse como el cambio radical de comportamiento para alejarse del pecado y acercarse a Dios.
La acción amorosa de Dios rellena suavemente los valles y rebaja las montañas y endereza y allana los caminos para que podamos abrirnos plenamente a la presencia viva y transformadora de Jesús, de qué modo que ‘toda la humanidad vea la salvación de Dios’ en nosotros y a través de nosotros.
Nuestras lecturas de Adviento nos ayudan a comprender el profundo amor de Dios por nosotros y su presencia en nuestro interior a través del Espíritu Santo. Saber que Dios nos tratará siempre con amor y ternura nos ayuda a volvernos de nuevo hacia él y a confiar en la profundidad de su misericordia.
Nuestro viaje de Adviento nos muestra cómo preparar nuestros corazones para un nuevo descubrimiento de la presencia de Dios en nuestras vidas, cómo reconocer la presencia oculta de Jesús entre y alrededor de nosotros, cómo volvernos y mirar hacia Dios con fe, esperanza y amor, y cómo ser la presencia viva de Jesús en nuestro momento histórico.

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Miércoles, 27 Noviembre 2024 08:57

Celebrando en Familia - Primer Domingo de Adviento

¡Alzad la cabeza! Se acerca vuestra liberación
(Lucas 21:25-28, 34-36)

Comienza el gran viaje del Adviento. Las lecturas del Adviento son un rico tapiz de imágenes centradas en la verdad de que Dios ha venido entre nosotros. No pretendemos esperar que Jesús nazca en un establo.
Eso ocurrió una vez, hace mucho tiempo, y no volverá a ocurrir. Recordamos ese nacimiento como recordamos nuestros propios cumpleaños. El Dios que vino entre nosotros sigue estando entre nosotros. La invitación del Adviento es a tomar conciencia de la presencia omnipresente de Jesús resucitado como Emmanuel, Dios entre nosotros.
En la primera lectura de este domingo, Jeremías espera la llegada de alguien que salvará al pueblo de Dios, alguien que actuará con honestidad e integridad.
En la segunda lectura, San Pablo anima a los habitantes de Tesalónica a seguir a Cristo. Ruega que su amor crezca y que sus corazones sean ‘confirmados en la santidad’. Los primeros cristianos creían que Jesús volvería muy pronto como el Señor de la Gloria.
Con el paso del tiempo, tuvieron que replantearse esta creencia y averiguar cómo vivir mientras tanto, el tiempo que transcurre entre la primera y la última venida de Cristo. Ese es también nuestro reto.
El Evangelio de hoy de San Lucas advierte a los cristianos que no se distraigan con las preocupaciones y las trampas del mundo, sino que estén preparados para presentarse con confianza ante el Hijo del Hombre cuando venga. Permaneciendo constantes en el amor y atentos a nuestra vocación, nos convertimos en la presencia viva de Jesús hasta que vuelva.

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Martes, 19 Noviembre 2024 10:48

Celebrando en Familia - Solemnidad de Cristo Rey

Un Rey Pastor
(Juan 18:33-37)

En este último domingo del año litúrgico, celebramos la solemnidad de Cristo Rey.
La primera lectura del profeta Daniel habla de la llegada de uno que gobernará en nombre de Dios en un reino eterno. La segunda lectura del libro del Apocalipsis habla de Cristo como ‘testigo fiel’ de Dios y ‘soberano de los reyes de la tierra’. He aquí un rey que ama a su pueblo y derrama su propia sangre para salvarlo.
El Evangelio es un fragmento de la Pasión de Jesús del Evangelio de San Juan. Es el diálogo El Evangelio es un fragmento de la Pasión de Jesús con Pilato sobre su realeza y la naturaleza de su reino. Jesús es
todo menos un rey tradicional. Este Rey reina, no desde un trono de oro, sino desde una cruz de madera tosca; desnudo, sin ricas túnicas; sin corona enjoyada, solo con espinas; sin orbe ni cetro, solo con clavos en las manos.
Llega a su pueblo, no como un tirano que blande armas de sufrimiento y muerte, sino como un niño impotente Jesús dice que su reino ‘o es de este mundo’. No es un reino con fronteras geográficas y nacionales. No es un reino en el sentido terrenal, donde reinan el poder y la opresión, sino un reino donde reinan la justicia, el amor, la misericordia, la verdad y la paz.
En definitiva, el discípulo está llamado a ser el Reino (la presencia viva) de Dios en el mundo y a transformar el sufrimiento de sus gentes en alegría mediante actos de amorosa bondad.
Los discípulos virtuosos son la presencia viva de Jesús en el mundo. Son conscientes de que, hasta que Jesús vuelva, el Reino ha sido confiado a sus manos. En el Reino de Jesús, el discípulo no es el amo, sino el ‘servidor’.
El poder del espíritu de Jesús alimenta los actos de amorosa bondad, revirtiendo las horribles condiciones humanas y trayendo sanación y salvación.
Cuando actuamos como Cristo, el Reino de Dios (el reino de la gracia de Dios) irrumpe en nuestro mundo.
Cuando nos sentimos movidos por el Espíritu a proclamar la verdad, a responder a la necesidad, a trabajar por la justicia, a transformar y sanar nuestra sociedad, el Reino de Dios irrumpe en la realidad humana y la gracia de Dios se hace claramente visible en nuestras palabras y acciones.

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Cuando venga el Hijo del Hombre
(Marco 13:24-32)

Ante la proximidad de la fiesta de Cristo Rey y el final del Año Litúrgico, las lecturas de este domingo tienen un aire de ‘fin de los tiempos’.
En el Evangelio, Marcos presenta una visión de la plena instauración del Reino y de la venida de Cristo como prueba final de la victoria de Dios. El lenguaje es necesariamente simbólico y de mito, ya que describe algo que está por venir, no una realidad histórica. Pero esto no significa que no tenga relación con la realidad.
La visión se sitúa en el contexto de un tiempo de angustia. Las primeras comunidades cristianas, como la de Marcos, ciertamente soportaron mucha angustia a través de la persecución y el sufrimiento y sus luchas por seguir las enseñanzas de Jesús.
La venida en gloria de Jesús resucitado, junto con la gran reunión de su pueblo desde todos los rincones de la tierra, pretendían tranquilizar a una comunidad de creyentes cansada y asustada. Han seguido el camino del discipulado, compartiendo el sufrimiento de Jesús, algunos hasta la muerte. Un día la victoria final será de Dios y entrarán con Jesús en la plenitud del Reino.
Mientras tanto, sin embargo, los discípulos tienen que aprender a leer los signos de la presencia de Jesús en la vida cotidiana. Jesús no está sentado pasivamente a la derecha de Dios. Por medio del Espíritu Santo, sigue estando activamente presente en los corazones y las vidas de los creyentes, y en el universo.
Los discípulos tampoco deben esperar pasivamente la venida final. Esperamos con paciente esperanza, pero no con desidia, porque el ministerio de hacer presente a Cristo en cada pensamiento, palabra y acción, y en cada momento de la historia, continúa.
El Evangelio termina con una nota de certeza incierta: Cristo vendrá, pero no sabemos cuándo.

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El Camino del servicio generoso
(Marcos 12:38-44)

Las lecturas de este fin de semana deben modelar nuestra respuesta a los necesitados. Son dos viudas las que nos muestran el camino para vivir según la mente y el corazón de Dios.
La primera lectura nos habla de la generosidad de una viuda pobre con el profeta Elías. A pesar de que le quedaba su última ración de comida, que guardaba para su hijo y para ella misma, estaba dispuesta a compartirla con Elías. Su recompensa fue un suministro interminable de harina y aceite.
La misma generosidad muestra la viuda (pero no los escribas) en el Evangelio. Su dedicación y generosidad en medio de su pobreza fue un verdadero sacrificio.
La viuda contrasta con los escribas ricos que es filan con largas túnicas y hacen alarde de largas oraciones.
Jesús los condena por su falta de sinceridad, su uso del espectáculo religioso para mejorar su estatus y su injusta explotación de las viudas.
Jesús no quiere que sus discípulos imiten la vistosa religiosidad de los escribas corruptos, sino la sinceridad y la generosidad de la viuda, que lo dio ‘todo’, como Jesús lo dará ‘todo’ en la cruz. Es un refuerzo de los mensajes sobre ‘venir a servir, no a ser servido’ que han dominado las últimas cuatro semanas de lecturas.
El camino de Jesús no consiste en el espectáculo, sino en la dedicación sincera y la generosidad en nuestro servicio a Dios y a los demás. Recordemos los relatos contrastados de Santiago y Juan y de Bartimeo de las dos últimas semanas.
Seguir a Cristo no consiste en dar lo que sobra, sino en darlo todo. Las dos viudas dieron todo lo que tenían para vivir. Jesús dará su vida por nuestra salvación.
Es el tipo de dedicación y generosidad desinteresada que vemos en las personas que ponen su propia vida en riesgo mientras intentan rescatar a otros del desastre. Los discípulos están llamados a darlo todo en su seguimiento de Jesús y en su generoso servicio a los demás.

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