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Una breve historia de los carmelitas

Nuestra Fundación en Monte Carmelo

El monje griego, Phocas, menciona en sus registros a San Bertoldo: "un monje blanco de edad e investido de dignidad sacerdotal, llegó al Carmelo en 1155, construyó una pequeña capilla y reunió a diez hermanos". Exactamente cuándo y cómo estos hombres llegaron a establecerse alrededor de la fuente de Elías en el Wadi 'Ain Essiah sigue siendo un punto de conjetura. Sin embargo, para cuando entraron en el valle hacia el final del siglo XII, los ermitaños occidentales ya tenían una larga tradición e historia.

Los escritos de Jacques Vitry, obispo de Acre desde 1216-1228, mencionan la vida eremítica en Palestina:

“Otros, imitando al santo anacoreta, el profeta Elías, llevaban vidas solitarias en el Monte Carmelo, especialmente en esa parte... ahora llamada Haifa, cerca del pozo llamado Fuente de Elías, ...donde en pequeñas celdas parecidas a panales, esas abejas del Señor acumulaban dulce miel espiritual".

Este grupo de ermitaños, una asociación voluntaria de laicos, se acercó al Patriarca de Jerusalén, Alberto Avogadro (1150-1214), para escribir una fórmula de vida que estableciese y transformase la comunidad de ermitaños laicos en una orden religiosa. Si bien el documento original se ha perdido en la historia, las modificaciones de 1247 del Papa Inocencio IV alejaron a los carmelitas de una vida eremítica hacia una vida más mendicante. Es el nombre de Alberto, sin embargo, el que permanece vinculado a la Regla.

Aproximadamente en 1238, los carmelitas se vieron obligados a abandonar su hogar en el Monte Carmelo debido a las incursiones y persecuciones de los sarracenos. La mayoría de los carmelitas regresaron a su país de origen en Europa para establecer allí la Orden.

Por supuesto, el establecimiento de los primeros carmelitas cerca de la fuente de Elías, el Profeta del Libro de los Reyes en la Biblia, impactó la espiritualidad de los ermitaños. Nada menos que una autoridad como San Antonio declara que "el asceta debe modelar su vida como en un espejo, siguiendo el ejemplo del gran Elías". San Jerónimo propuso una lista de figuras a emular y concluye con “nuestro líder Elías, nuestro Eliseo, nuestros hijos de los profetas, que habitaban en los campos y lugares solitarios y levantaban sus tiendas junto a las aguas del Jordán”. Muchos consideraron a Elías como el ermitaño original.

La inspiración mariana de la Orden proviene de sus primerísimos tiempos. Por un relato de 1231, sabemos que se encontraba en medio de las celdas del Monte Carmelo un oratorio dedicado a María bajo el título "Nuestra Señora del Lugar". Con el tiempo, los ermitaños del Monte Carmelo se hicieron conocidos como los "Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo".

Traslado a Europa

La pérdida del Carmelo supuso para la Orden el desafío de adaptarse a la vida europea, especialmente con el emergente movimiento mendicante de las órdenes religiosas, sobre todo dominicas, franciscanas y agustinas.

En el Capítulo General de 1297 se elige al primer doctor carmelita de la Universidad de París como prior general. Todos los anteriores generales anteriores habían sido ermitaños y el Carmelo una existencia predominantemente eremítica.

Expansión en la Baja Edad Media

La reubicación a sus países de origen también proporcionó a los carmelitas el beneficio del sistema universitario emergente. A fin de prepararse adecuadamente para el ministerio, los carmelitas debían valerse de una preparación teológica profesional. Los carmelitas también se convirtieron en profesores y escritores en las universidades.

Porque la vida se había adaptado debido al traslado del Monte Carmelo a Europa, con dicho cambio llegaron los llamados a volver a lo que solía ser. También hubo múltiples esfuerzos para adaptarse mejor a la vida en Europa sin dejar de ser fieles a la vida en el Monte Carmelo. En los siguientes siglos se desarrollaron múltiples reformas.

Una de esas reformas instituyó a las monjas carmelitas en la Orden. Desde los primeros tiempos en Europa, se asociaron las mujeres con la Orden en diversos grados. Con la aprobación papal en 1452, la incorporación se hizo oficial permitiendo que las mujeres viviesen en sus propias comunidades.

El Concilio de Trento y sus secuelas

La mayoría de las reformas siguieron siendo movimientos dentro de la Orden. Algunos aspectos de estas reformas se pueden ver en la vida de los carmelitas hasta el día de hoy. La reforma de los Descalzos del siglo XVI, liderada por Teresa de Ávila, resultó en una orden separada tras la muerte de Teresa y Juan de la Cruz.

La Reforma protestante planteó severos desafíos a la Orden, particularmente en el norte de Europa. El luteranismo ganó poco terreno en Italia debido a la acción decisiva de las autoridades eclesiales. La Inquisición en España mantuvo la herejía al mínimo. Las contribuciones de la Orden en el Concilio de Trento fueron modestas, pero las reformas de la vida religiosa que se pedían en Trento fueron implementadas por la Orden.

El Carmelo en la época moderna

Siguiendo la energía provocada por Trento, la Orden continuó produciendo miembros destacados por su santidad. Los escritos de este período también se consideran entre los mejores jamás producidos.

En los albores de la Revolución Francesa, la Orden Carmelita estaba establecida en una buena parte del mundo. Sus 13000 miembros estaban repartidos en 54 provincias. Al final de la Revolución Francesa, la Orden sufrió grandes pérdidas con sus florecientes provincias francesas completamente destruidas. A finales del siglo XIX, la Orden contaba con sólo 8 Provincias y 727 religiosos.

A finales del siglo XX, fueron este pequeño grupo de religiosos y algunos líderes fenomenales quienes, con determinación y coraje, restablecieron la Orden donde había estado y en nuevas tierras.

Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), los carmelitas han reflexionado largamente sobre su identidad, sobre su carisma, sobre lo fundamental en sus vidas. Han "vuelto a sus raíces", como lo había ordenado el Concilio a las órdenes, para redescubrir qué significa "vivir en obsequio de Jesucristo" en el mundo de hoy.

El Carmelo hoy

Hoy la Familia Carmelita –aproximadamente 2000 hombres, 800 monjas contemplativas, 2300 miembras de congregaciones afiliadas y 9200 laicos carmelitas– vive en 47 países de todo el mundo. Su rica vida ministerial incluye casas de oración, centros de retiros espirituales, parroquias, santuarios marianos, escuelas secundarias, asociaciones religiosas, medios de comunicación e iniciativas por la Justicia y Paz.

Los miembros de la Orden expresan su vivir en obsequio de Cristo con el compromiso de buscar el rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa), viviendo en fraternidad (comunidad) y servicio (diaconía) en medio del pueblo. Los modelos ejemplares de esta vida son el profeta Elías y la Santísima Virgen María, así como algunos de aquellos Carmelitas que vivieron su vida de manera ejemplar.

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