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Viernes, 17 Junio 2022 07:10

Celebrando En Familia - El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

La real presencia de Cristo en medio de nosotros
(Lucas 9:11-17)

La fiesta de hoy celebra el signo perdurable de la presencia de Cristo con nosotros en el Pan y el Vino de la Eucaristía. También celebra la presencia de Cristo con nosotros en la comunidad de la Iglesia.

La Eucaristía es nuestro sacramento de comunión, no sólo con Cristo y Dios, sino también con todos los llamados a la comunidad cristiana. Nuestra comunión nos une a los demás en una unión sagrada de mente y corazón con Jesús.

La palabra ‘comunión’ significa compartir en común. En la Santa Comunión lo que compartimos en común con Dios y entre nosotros es Jesucristo presente en el Pan y el Vino. Otro significado de ‘comunión’ es tener una sola mente y un solo corazón. Es el Espíritu Santo quien nos mantiene en comunión de mente y corazón con Dios, con Cristo y entre nosotros. Estamos muy acostumbrados a pensar que la Presencia Real de Jesús está en el Santísimo Sacramento. Pero, la presencia real de Cristo, también, está en la comunidad cuando se reúne en su nombre para escuchar la Palabra de las Escrituras, recordando lo que Jesús dijo y realizó en la Última Cena (la bendición sobre el pan y el vino y el lavatorio de los pies), cuando juntos comparten la Eucaristía, cuando salen y continúan compartiendo la eucaristía con actos de amorosa bondad, con palabras de ternura que alimentan la vida de los demás.

La Eucaristía no es un objeto para ser observado, sino una acción que se debe celebrar para que la presencia de Jesús continúe sanando y salvando.

Tal vez es necesario pensar más profundamente en la presencia real de Jesús en los seres humanos. El pan y los vinos no tienen ojos para mirar con amor, ni cara para sonreír, ni boca para pronunciar palabras reconfortantes, ni brazos para sostener al afligido y al enfermo, ni para echar una mano, ni oídos para escuchar el dolor. Pero nosotros sí.

De hecho, estamos llamados a convertirnos en la Eucaristía, que alimenta a los que nos rodean, con el alimento del corazón, con el respeto, con el amor, con la compasión, con la esperanza y el perdón.

También nosotros nos hemos convertidos en su cuerpo y, por su misericordia, somos lo que recibimos. (San Agustín)

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