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Miércoles, 20 Octubre 2021 10:16

Celebrando En Familia - 30 Domingo del Tiempo Ordinario

¿Qué quieres que haga por ti?

Hay todo tipo de ceguera: física, falta de visión o percepción, falta de voluntad para ver una realidad que se enfrenta, etc. Durante muchas semanas hemos viajado con Jesús y los discípulos en su camino hacia Jerusalén. Muchas veces, los discípulos han parecido casi deliberantemente ciegos para comprender la misión de Jesús. Una y otra vez, sus propios egos parecen interponerse en el camino: discusiones sobre quién es el más grande, el deseo de ser personas de alto estatus, poderosos y príncipes y gobernantes en el reino.

En el viaje, Jesús ha estado instruyendo a los discípulos sobre su misión y su llamada a ser verdaderos seguidores suyos. Como hemos visto, se han resistido en gran medida a ambas cosas.

Nos acercamos al final del viaje. El episodio del Evangelio de hoy, la curación del ciego Bartimeo, es el últimos antes de que Jesús entre en la Ciudad Santa.

Puede que Bartimeo sea ciego, pero ve más claramente quién es Jesús que los discípulos videntes. En términos de fe, son los discípulos los que están ciegos, y es Bartimeo el que ve.

Incluso en su ceguera, Bartimeo reconoce quién es Jesús. Cuando Jesús le llama, su reacción está llena de energía y entusiasmo. Se despoja de su manto, se levanta de un salto y se dirige a Jesús, en contraste con la actitud más bien vacilante de los discípulos.

Jesús le devuelve la vista a Bartimeo con las siguientes palabras: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. Pero Bartimeo no se va, sino que se queda y sigue a Jesús.

Jesús no sólo le ha devuelto la vista a Bartimeo, sino que también ha eliminado la mancha de pecado que rodeaba a los discapacitados en aquella época.

Esta historia es una parábola sobre el discipulado.

Bartimeo es una imagen del verdadero discípulo. Reconoce su ceguera y pide la curación. Se acerca a Jesús con gran fe y entusiasmo y no mucho más. Una vez recuperada la vista, se convierte en un seguidor de Jesús en el viaje a Jerusalén.

La presencia de Jesús en nuestras vidas nos sana y nos devuelve a nuestra verdadera vocación de Pueblo de Dios para que podamos seguir verdaderamente a Jesús en nuestras vidas.

Lo que Jesús le pide a Bartimeo, nos lo pide a nosotros también: ¿Qué quieres que haga por ti?

...

Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

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