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Jueves, 21 Septiembre 2023 09:51

Celebrando en Familia - 25 Domingo del Tiempo Ordinario

La enloquecedora generosidad de Dios
(Mateo 20:1-16)

Para muchos, la parábola que Jesús narra en el Evangelio de hoy les parece profundamente injusta.

¿Por qué deben los que han trabajado poco recibir el mismo salario que los que trabajaron todo el día? 

La respuesta la encontramos en la primera lectura: porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. A menudo en las Escrituras, Dios parece tener una forma totalmente diferente de abordar las cosas que la mayoría de nosotros.

La parábola presenta a Dios como un terrateniente que sale en cinco momentos diferentes durante el día para contratar trabajadores para su viñedo.

Con los trabajadores de la primera hora llega a un acuerdo de un denario por el trabajo de la jornada, era el salario diario habitual de un trabajador. A los trabajadores que contratan más tarde se les promete un ‘salario justo’. ¡Pero cuando llega el momento del pago, reciben el pago de un día completo a pesar de que algunos han trabajado solo una hora!

Generalmente, los más jóvenes y los más aptos son contratados primero y los trabajadores más viejos y débiles quedaban para el final. Pero Dios no parece demasiado preocupado por la condición en la que se encuentran los trabajadores o por la hora del día. 

Los últimos contratados deben haber estado encantados de haber recibido su inesperada paga de un salario de jornada completa.

Para ellos, era más un regalo que un salario por el tiempo trabajado. Los ‘madrugadores’ fueron víctimas de unas ‘expectativas crecientes’ pensando que obtendrían más.

Dándole el mismo ‘salario’ tanto a los primeros como a los últimos, el terrateniente los ha hecho a todos iguales: todos son iguales beneficiarios de la amable invitación de Dios al Reino. Hay un lugar para todos en el Reino, incluidos los que a menudo se quedan atrás en el mundo: los pobres, los enfermos, los discapacitados.

La vida en el Reino no es una recompensa por las largas horas de trabajo. Es un regalo: no se puede ganar, pero se obtiene respondiendo a la elección que Dios hace de nosotros, sin importar en que condición nos encontramos, si somos los madrugadores o los que llegamos tarde.

La forma de pensar y actuar de Dios es muy diferente a la forma de pensar y actuar de los humanos.

La parábola también se puede interpretar como una expresión práctica de cómo amar al prójimo - con generosidad y compasión, sin considerar si merece nuestra bondad o no - porque el discípulo de Jesús debe pensar y actuar como Dios.

Esta parábola encaja perfectamente con la idea bíblica de la justicia, que está fuertemente sesgada a favor de los que "no tienen": las viudas, los huérfanos, los pobres, los ciegos, los cojos, los pecadores, etc. Nadie queda fuera de la mirada amorosa de Dios. 

La extravagante y enloquecedora generosidad de Dios es muy diferente a la forma mezquina y exigente como nos tratamos. 

El sentido de equidad y Justicia de Dios es mucho más amplio y rico que el nuestro. Eso es lo que se supone que es la vida en el Reino de Dios. 

Como el domingo pasado, la gran bondad, paciencia y misericordia en Dios en nuestra conciencia es la que nos ayuda a actuar de la misma manera: ver con los ojos de Dios, sentir con el corazón de Dios y actuar con la intención de Dios.

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