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Viernes, 31 Julio 2026 07:22

Celebrando en Familia - XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

El Reino de Dios en la vida cotidiana
(Mateo 14:13-21)

Con el Evangelio de esta semana comienza una nueva sección del Evangelio de San Mateo, que nos habla de la presencia del Reino de Dios en la historia y en la Iglesia como un signo visible del Reino.
El Reino se hace presente donde están los seres humanos. Está profundamente inmerso en el mundo de las experiencias humanas: el hambre, el miedo, la enfermedad, el silencio, la celebración, la alegría, la esperanza, el perdón, la misericordia, la justicia, en la escucha y en la guarda de la Palabra de Dios. El Reino se manifiesta especialmente cuando se escuchan las necesidades de la humanidad y son transformadas con la vida de Dios.
En el Evangelio de hoy, encontramos diversas situaciones humanas: la tristeza de Jesús por la muerte de Juan el Bautista, un grupo de personas angustiadas que lo buscan, una multitud hambrienta, un grupo de discípulos a los que se le enseñaba.
Jesús siente compasión por la multitud. Como se hacía tarde, los discípulos querían despedirlas; en cambio, Jesús desea alimentarla e invita a los discípulos a reflexionar un momento, les enseña a tener confianza, a tomar decisiones y a ser líderes.
Jesús utiliza el ritual de los judíos para la comida: bendice, parte y da alimento a la multitud con solo cinco panes y dos peces. Dejándose llevar por Jesús y confiándole lo poco que se tenía, se pudo alimentar a una gran multitud. Lo que, al principio, era poca cosa, al final, se volvió más que suficiente.
Al Igual que Jesús, los discípulos tienen que aprender a transformar las necesidades del mundo con la vida de Dios
Como la gran multitud, podemos olvidarnos de la acción de Dios manifestada en la bondad de las otras personas.
A veces, nosotros necesitamos levantar la cabeza para enterarnos lo que realmente está sucediendo y reconocer cuántas veces, en las circunstancias normales de la vida, Dios nos favorece con muchos momentos de gracia. Dios nos invita continuamente a mirar lo que está pasando y lo extraordinario que puede ser lo ordinario cuando lo vemos con los ojos de Dios.

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