Lectio Divina


Viernes - Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,45-48
Entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!»
Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban modo de hacerlo, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy describe cómo Jesús entró en el Templo y expulsó de allí a los vendedores. La religión era usada para explorar a la gente y para enriquecer a una élite.
• Lucas 19,45: La expulsión de los vendedores del templo. Llegando al Templo, Jesús hace un gesto violento: “comenzó a echar fuera a los que vendían”. En el evangelio de Marcos se dice que “se puso a expulsar a los que allí vendían y compraban, y derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas; no permitía que nadie transportase objeto alguno por el Templo” (Mc 11,15-16). Y en el evangelio de Juan llegó a usar un azote de cuerdas para amenazar al personal (Jn 2,15). Según el gesto simbólico de Jesús, descrito por Marcos, (Mc 11,12-14), el Templo de Jerusalén, como estaba funcionando, no pasaba de ser un árbol frondoso, bonito, lleno de hojas, pero sin ofrecer fruto para el pueblo hambriento que buscaba al Dios de la vida. Por esto, en un gesto violento de la autoridad, Jesús declara terminado el expediente del Templo y pone fin al culto así como se estaba realizando. Había dejado de tener sentido: “¡Nunca más nadie coma de tu fruto!” (Mc 11,14.20).
• Lucas 19,46: ¿Qué es lo que estaba equivocado en el culto del Templo? Y dijo: "Está en las Escrituras: '¡Mi casa será casa de oración!'. Y vosotros habéis hecho de ella una cueva de bandidos”. Jesús cita a dos profetas: Isaías y Jeremías. Isaías decía que el Templo tenía que ser una casa de oración para todos los pueblos (Is 56,7). Sin embargo, la realidad, era otra. Extranjeros, mujeres y personas consideradas impuras no podían entrar en el Templo. Eran excluidas. Por medio de este texto de Isaías, Jesús enseña que el Templo no tiene que ser un lugar de exclusión, pero sí de inclusión. Debe estar abierto para todos. Jeremías decía que el Templo había sido transformado en una “cueva de ladrones” (Jr 7,11). Lo mismo estaba aconteciendo en el tiempo de Jesús. Así, al citar a Jeremías, Jesús denuncia el mal uso del Templo. La religión no puede ser usada para explotar a la gente, ni para sustentar y legitimar los privilegios de la clase dirigente.
• Lucas 19,47-48: Las autoridades deciden matar a Jesús. Los jefes de los sacerdotes, los doctores y los ancianos, incomodados por el gesto de Jesús, deciden matarlo. Pero temen a la gente que estaba maravillada ante la enseñanza de Jesús. Por la tarde, ante las amenazas de las autoridades, Jesús sale de nuevo de la ciudad y vuelve a Betania, cuyo nombre significa Casa de la Pobreza.
La contradicción del Templo: casa de oración y cueva de ladrones. En la fiesta de Pascua la gente romera iba caminando, de los lugares más lejanos para encontrarse con Dios en el Templo. El Templo quedaba en lo alto de un pequeño cerro, en la zona noreste de la ciudad, llamado Monte Sión. La gente observaba la belleza del Templo, la firmeza de las murallas y la grandeza de las montañas alrededor. Ese conjunto imponente hacía recordar la protección de Dios. Por esto rezaba: "Los que confían en Yavhé son como el monte de Sión, que es inconmovible y está sentado para siempre".(Sal 125,1-2). En Jerusalén estaban también la sede del Gobierno, el palacio de los jefes y la casa de los sacerdotes y doctores. Todos estos decían ejercer el poder en nombre de Yahvé, pero en realidad muchos de ellos explotaban a la gente con tributo e impuestos. Usaban la religión como un instrumento para enriquecerse y para fortalecer su dominio sobre la conciencia de la gente. Transformaron el Templo, la Casa de Dios, en una “cueva de ladrones” (Jer 7,11; cf. Lc 19,46; Mc 11,17). Una contradicción pesaba sobre el Templo. Por un lado, lugar de encuentro y de reabastecimiento de la conciencia y de la fe. Por otro, fuente de alienación y de explotación de la gente. Hoy también permanece la misma contradicción: por un lado debemos contribuir a la conservación de las iglesias y a la digna manutención del culto. Por el otro, hay gente que se aprovecha de esto para enriquecerse. La expulsión de los vendedores ayuda a comprender el motivo por los cuales los hombres de poder decidirán matar a Jesús. El Templo, aquella higuera bonita y frondosa, debería dar fruto, pero no lo estaba dando, pues una élite de sacerdotes, ancianos y escribas se había apoderado del Templo y lo había transformado en una fuente de lucro y en un instrumento de dominio de las conciencias (cf. Mc 11,13-14). El comercio de los animales, destinados a los sacrificios en el Templo, era controlado por las familias de los Sumos Sacerdotes a un precio más alto que en el mercado común en la ciudad. ¡Solamente la noche de Pascua, eran inmoladas miles y miles de ovejas! Con este lucro injusto ellos hacían la caridad a los pobres. El Reino anunciado por Jesús coloca un punto final a esta explotación, simbolizada por los vendedores, compradores y cambistas del Templo: “¡Nadie jamás coma de este fruto!” Jesús nos presenta un nuevo tipo de religión, en la que el acceso a Dios se hace a través de la fe (Mc 11,22-23), de la oración (Mc 11,24) y de la reconciliación (Mc 11,15-26). Por esto mismo, a los jefes no les gusta la manera de actuar de Jesús y deciden eliminarlo.

4) Para la reflexión personal

• ¿Conoces casos de personas o de instituciones que se aprovechan de la religión para enriquecerse o para llevar una vida más fácil? ¿Cuál ha sido tu reacción ante estos abusos?
• Si Jesús apareciera hoy y entrara en la iglesia o en el templo de nuestra comunidad, ¿qué diría y qué haría?

5) Oración final

Señor, me recreo cumpliendo tus dictámenes
más que en toda riqueza.
Tus dictámenes hacen mis delicias,
tus preceptos son mis consejeros. (Sal 119,14.24)

 
 
 
 
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Última revisión: 29 octubre 2008