Lectio Divina


Viernes - Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 19,27-29
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna.

3) Reflexión

• Hoy es la fiesta de san Benito, patrono de Europa. Por esto, en Europa el evangelio de hoy es diferente. Los otros continentes siguen con la meditación del Sermón de la Misión (Mt 10,16-23), iniciada el 9 de julio. En Europa, el evangelio de hoy nos presenta la invitación de Jesús a abandonar todo por su causa (Mt 19,27-29). Para entender todo el alcance de esta invitación es bueno tener presente su contexto. Jesús había dicho al joven rico: "Si quieres ser perfecto, va, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres, y sígueme, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme. Al oír esto, el joven se fue muy triste, porque tenía muchos bienes” (Mt 19,22). Ante esta reacción negativa del joven Jesús hizo aquel comentario que , es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos. “ (Mt 19,24). Esta palabra de Jesús produjo espanto entre los discípulos: "Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús respondió: "Para los hombres esto es imposible, pero a Dios nada es imposible". Enseguida viene la pregunta de Pedro que introduce el evangelio de hoy.
• Mateo 19,27: La pregunta de Pedro. “«Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» A pesar de haber abandonado todo para poder seguir a Jesús, ellos no habían abandonado la mentalidad anterior. No habían entendido el sentido de servicio y de gratuidad. Abandonarlo todo, sí, pero para tener algo en cambio: “¿Qué vamos a tener?”. La respuesta de Jesús es simbólica. El aborda dos asuntos: (a) la reconstrucción del nuevo Israel (Mt 19,28) y (b) la recompensa para quien abandona todo por amor a él (Mt 19,29).
• Mateo 19,28: La reconstrucción del nuevo Israel. "«Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
Existe la recompensa, si, pero no por mérito. La recompensa será el fruto natural del compromiso gratuito, libremente asumido, de seguir a Jesús en esta vida. Pues quien sigue a Jesús en esta vida, estará con él en otra vida. La recompensa será: sentarnos en el trono de la gloria, junto con Jesús. En el mundo renovado, anunciado por Isaías (Is 65,17-25; 66,22-23), en el que Jesús aparecerá como Hijo del Hombre, el juez universal, anunciado por Daniel (Dn 7,13-14), los apóstoles estarán con Jesús, no con poder, sino en espíritu de servicio. En el evangelio de Juan, Jesús formula la misma cosa de otro modo: “Quiero que donde yo esté ellos estén conmigo”.
• Mateo 19,29: La recompensa para quien abandona todo por amor a Jesús. “Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna”.
Se trata de una doble promesa: cien veces más en esta vida y, en el futuro, la vida eterna. Hoy, en muchas de las comunidades eclesiales de base, el pueblo reconoce la verdad de esta promesa de Jesús para esta vida. Pues, la vida en comunidad hace crecer el número de hermanos y hermanas, de padres y madres. El compartir hace crecer la ayuda mutua hasta el punto de no tener más a necesitados entre ellos. Realizan el ideal de vida de los primeros cristianos (Cf. Hec 2,44-45;4,34-35).
La opción por los pobres En el tiempo de Jesús, había varios movimientos que, al igual que Jesús, buscaban una nueva manera de vivir en comunidad: esenios, fariseos y, más tarde, los celotes. Dentro de la comunidad de Jesús, había algo nuevo que la diferenciaba de los otros movimientos. Era una actitud ante los pobres y los excluidos. Las comunidades de los fariseos y de los esenios vivían separadas. La palabra “fariseo” quiere decir “separado”. Vivían separadas del pueblo impuro. Algunos fariseos consideraban al pueblo ignorante y maldito (Jn 7,49), lleno de pecado (Jn 9,34). Jesús y su comunidad, por el contrario, vivían con las personas excluidas: pobres, publicanos, pecadores, prostitutas, leprosos (Mc 2,16; 1,41; Lc 7,37). Jesús reconoce la riqueza y el valor que los pobres poseen (Mt 11,25-26; Lc 21,1-4). Los proclama dichosos, porque de ellos es el Reino, es de los pobres (Lc 6,20; Mt 5,3). Define su propia misión como “anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4, 18). El mismo vive como pobre. No posee nada para sí, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza (Lc 9,58). Y a quien quiere seguirle para convivir con el, manda escoger: ¡o Dios, o el dinero¡ (Mt 6,24). ¡Manda hacer la opción por los pobres¡ (Mt 19,21-22) La pobreza, que caracterizaba la vida de Jesús y de los discípulos, caracteriza también la misión. Al contrario de los otros misioneros (Mt 23,15), los discípulos y las discípulas de Jesús no pueden llevar nada, ni oro, ni plata, ni dos túnicas, ni bolsa, ni sandalias (Mt 10,9-10). Tienen que confiar en la hospitalidad (Lc 9,4; 10,5-6). Y en caso de que fueran acogidos por la gente, tienen que trabajar como todos los demás y vivir de lo que reciben en cambio (Lc 10,7-8). Además de esto, tienen que ayudar a los enfermos y necesitados (Lc 10,9; Mt 10,8). Entonces podrán decir a la gente: “¡El Reino ha llegado!” (Lc 10,9). Este testimonio diferente a favor de los pobres era el paso que faltaba en el movimiento popular de la época. Cada vez que en la Biblia surge un movimiento para renovar la Alianza, ellos empiezan de nuevo a restablecer el derecho de los pobres, de los excluidos. Sin esto, la Alianza ¡no se rehace! Así hacían los profetas, así hace Jesús. Denuncia el sistema antiguo que, en Nombre de Dios, excluía a los pobres. Jesús anuncia un nuevo comienzo que, en nombre de Dios, acoge a los excluidos. Este es el significado y el motivo de la inserción y de la misión de la comunidad de Jesús, en medio de los pobres. La opción por los pobres saca de la raíz e inaugura la Nueva Alianza.

4) Para la reflexión personal

• Una persona que vive preocupada con su riqueza o que vive queriendo adquirir los productos de la propaganda en la tele, ¿podrá liberarse de todo esto para seguir a Jesús y vivir en paz en la comunidad cristiana? ¿Qué piensas?
• ¿Cómo entender y practicar hoy los consejos de Jesús al joven rico?

5) Oración final

¡Dichoso el hombre que teme a Yahvé,
que encuentra placer en todos sus mandatos!
Su estirpe arraigará con fuerza en el país,
la raza de los rectos será bendita. (Sal 112,1-2)

 
 
 
 
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Última revisión: 20 junio 2008