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Declaración final de la Congregación General 2016

Declaración final de la Congregación General 2016

“... más con nuestra vida que con nuestras palabras (Con. 24):

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  1. Nosotros, los miembros de la Ord en Carmelita, reunidos para el encuentro de la Congregación General, en la Casa Sao Nuno, Fátima, Portugal, del 18 al 30 de septiembre de 2016, damos gracias a Dios por este momento adecuado para poder evaluar y discernir con motivo del año jubilar extraordinario de la Misericordia.
  2. Damos gracias a los miembros del Comisariado General de Portugal por su cálida acogida y su hospitalidad.
  3. Queremos expresar nuestra admiración a nuestros hermanos y hermanas que viven en diversas situaciones en las que testimonian valientemente los valores carmelitas de oración, contemplación, fraternidad y servicio. Traducir el Carisma a las distintas culturas requiere una participación activa, creativa, generosa y entusiasta por parte tanto de los carmelitas como de las comunidades.
  4. Las distintas propuestas de nuestros conferenciantes nos han conmovido profundamente. Lo que compartieron con nosotros fue muy enriquecedor y queremos transmitiros lo que hemos escuchado, reflexionado y rezado. Sabemos que el mundo en que vivimos es frágil. Tenemos que reconciliarnos con nuestras propias fragilidades y las fragilidades de nuestras comunidades para poder estar más atentos a las fragilidades de aquellos que viven alrededor nuestro. Las heridas piden ser sanadas. Esto debe ocurrir en nuestras propias vidas y en las vidas de nuestras comunidades para que por medio de la corrección fraterna lleguemos así a ver y a tocar las heridas de nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo.
  5. La mayor parte de nuestra gente, comparte la experiencia del sufrimiento del dolor y de las heridas debido a los estragos de la guerra, la violencia, los abusos y la manipulación. Si estuviéramos abandonados nos sentiríamos abrumados y aplastados por estos desafíos del mundo contemporáneo. Sin embargo, miramos a Jesucristo nuestro Señor y salvador buscando inspiración, fuerza y ser sanados. Jesús con su vida, ministerio, muerte y resurrección, realizó una revolución de ternura y amor. El rehusó ser indiferente, duro de corazón o unirse a los abusos despiadados y a manipular al pueblo. Durante la última cena Jesús transformó una noche de traición en una noche de gracia. En la Eucaristía experimentamos al Señor resucitado como fuente de nuestra vida y de la vida del mundo. El nos muestra sus heridas y nos invita a tocarlas en nuestras propias heridas y en las heridas de aquellos que nos rodean. En respuesta a su tierno amor hacemos una opción preferencial por los que lloran y sufren, especialmente aquellos que son pobres y afligidos (cf. GS.1) escuchando su grito y caminando junto a ellos de modo solidario. Estamos llamados al ministerio de la evangelización y mediante el testimonio de nuestras vidas testificar que Dios cuida de todos aquellos que están perdidos porque él ama y cuida de todos.
  6. Este año celebramos el 450 aniversario del nacimiento de Santa María Magdalena de Pazzi. Según sus enseñanzas no conocemos ni deseamos lo suficiente el don de Jesucristo; si lo hiciéramos aprenderíamos a conocer y amar al Amor y haríamos todo por amor. Si comprendiésemos el amor de Dios saldríamos de nosotros mismos para ser misioneros del Evangelio del amor para compartir y dar testimonio de este amor incluso en las periferias geográficas y existenciales.[1]
  7. En la figura del profeta Elías encontramos nuestra inspiración profética para llegar desde los centros de poder hasta las periferias con su doble pasión por Dios y el pueblo. Como Elías que profetizó desde la intimidad con el Dios de la Alianza, nuestra propia relación con Dios debe también ser el fundamento de nuestra misión. En la persona de la Bienaventurada Virgen María, nuestra Madre y Hermana, se revela la imagen de una mujer contemplativa que se lanza con prontitud a ponerse al servicio de los demás. Este ejemplo de la Bienaventurada Virgen María, nos desafía a escuchar el grito del pobre. Gracias a estas figuras inspirativas sabemos que los carmelitas estamos llamados a cultivar un encuentro personal con Cristo el Señor y a servirlo fielmente con puro corazón y recta conciencia " (Regla 2). Es a partir de este encuentro que podemos aprender a vivir y ser testigos de nuestra llamada a ser heridos que pueden sanar a los demás siendo misioneros del amor y la misericordia divina con aquellos que viven en las periferias tanto geográficas como existenciales. Creemos que saliendo a las periferias encontraremos que Jesús ya está allí presente.
  8. Estando aquí en Fátima, somos conscientes de que estamos en vísperas de las celebraciones del centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima. Recordamos que durante la última aparición del 13 de octubre de 1917, N uestra Señora se apareció como Nuestra Señora del M onte Carmelo. Nos encomendamos a su intercesión a fin de que podamos evangelizar viviendo nuestro Carisma en fidelidad a Jesucristo y con la ayuda del Espíritu Santo.

 


[1] Las periferias geográficas son lugares situados lejos del los centros de poder e influencia y las periferias existenciales son situaciones de marginación y necesidad: material, espiritual, psicológica, etc

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.