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Un mensaje para Navidad

Un mensaje para Navidad

Feliz Navidad,
hermanos frailes de nuestra orden, hermanas contemplativas de nuestra orden, hermanos y hermanas carmelitas de la vida apostólica, laicos y laicas carmelitas de todo el mundo,
es el momento de desearles todos, en nombre mío y en nombre del Consejo General de los frailes, muy felices pascuas.

Las circunstancias cambian,
pero el mensaje navideño no cambia nunca.
"El Verbo se hizo carne y vino a habitar entre nosotros".
Es el mensaje que cada año renueve nuestro ánimo y nuestro espíritu.  

Jesús ha venido, como salvador y hermano de todos.
La Navidad de este año 2020
nos encuentra más pobres, más enfermos, más asustados,
pero también más fuertes y animados
por lo que hemos visto de la verdadera bondad de las personas
que sacrifican su vida cada día por el bien de los demás,
en las circunstancias tan difíciles causadas por el Coronavirus.
Y eso no es todo. Por un lado asistimos cada vez mas a muertes violentas, muertes en el mar, muertes por delitos, muertes por el hambre y por la guerra,
y por otro lado, vemos personas humildes
que salvan vidas, respetan la vida, hacen todo por vivir la vida en plenitud, respetando la dignidad de todos y de la misma casa común.

Démonos el regalo este año de una Navidad más sencillo, más evangélica, más pura, mas alimentada de oracion, más sensible a las necesidades de los demás: los pobres, los enfermos, los migrantes, los que no tienen hogar no para ellos ni para sus familias.

Confiemos unos a otros y a toda la humanidad
al amor tierno de María y de José
en cuanto acogemos el don de Jesús,
Dios hecho hombre
que nos une en una sola familia, con una sola voz
que canta con los ángeles,
"Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra entre aquellos y aquellas que el Señor ama".
Que el Dios de la paz,
Padre de Nuestro Señor Jesucristo,
en estos días santos, llene vuestras vidas con su alegría y su paz. Asi sea.

 

 

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.