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La Biblia es la Palabra de Dios siempre viva
y nueva. La Lectio Divina es un modo tradicional de orar la Sagrada
Escritura de modo que la Palabra de Dios pueda penetrar en los
corazones y poder crecer en una relación íntima con el Señor.
Es un modo muy sencillo de orar, desarrollado y practicado por
los primeros monjes, como también por los primeros Carmelitas.
Por algunos siglos leer la Biblia en la propia lengua fue casi imposible y esto condujo a una disminución en la práctica de la Lectio Divina. En estos últimos años, por fortuna, junto a toda la Iglesia, los Carmelitas han redescubierto la importancia de la Lectio Divina como un modo privilegiado de crecer en relación con Jesucristo. A través de la práctica individual y comunitaria de la Lectio Divina nos preparamos a la Palabra de Dios de modo que podamos mirar al mundo con los ojos de Dios y amar lo que vemos con el corazón de Dios. La frase latina "Lectio Divina" significa "lectura divina" y describe el modo de leer la Sagrada Escritura: alejarse gradualmente de los propios esquemas y abrirse a lo que Dios nos quiere decir. En el siglo XII, un monje cartujo, llamado Guigo, describió las etapas más importantes de la "lectura divina". La práctica individual o en grupo de la Lectio Divina puede tomar diversas formas, pero la descripción de Guigo permanece como fundamental.
Estas etapas de la Lectio Divina no son reglas fijas que hay que seguir, sino simples orientaciones sobre cómo desarrollar normalmente la oración. Se encuentra una mayor simplicidad y una disposición mayor en escuchar que no en hablar. Gradualmente las palabras de la Sagrada Escritura empiezan a librarse y la Palabra se revela delante de los ojos de nuestro corazón. El tiempo dedicado a cada etapa dependerá si la Lectio Divina se hace individualmente o en grupo. Si el método se desarrolla para la oración en grupo, es evidente que será necesaria un mínima estructura. En la oración en grupo la Lectio Divina puede permitir el diálogo sobre las implicaciones de la Palabra de Dios en la vida cotidiana, pero no se debe reducir a esto. La oración tiende más hacia el silencio. Si el grupo se siente llevado más al silencio, entonces se puede dedicar más tiempo a la contemplación. Por muchos siglos la práctica de la Lectio Divina, como un modo de orar la Sagrada Escritura, ha sido una fuente de crecimiento en la relación con Cristo. En nuestros días son muchos los individuos y grupos que la están redescubriendo. La Palabra de Dios es viva y activa, y transformará a cada uno de nosotros si nos abrimos a recibir lo que Dios nos quiere dar. |
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