Domingo 3º de Cuaresma (A)
El encuentro de Jesús con la Samaritana
Un diálogo que genera vida nueva
Juan 4,5-42
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para
que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual
Tú la has leído a los discípulos en el camino de
Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú
les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos
dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía
ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente
de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación
y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo
en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que
también nosotros, como los discípulos de Emaús,
podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar
a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como
fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí,
Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y
enviado tu Espíritu. Amén.
2. Lectura
a) Una clave de lectura:
El texto describe el diálogo entre Jesús
y la Samaritana. Diálogo muy humano, que demuestra cómo
Jesús se relacionaba con las personas y cómo Él
mismo aprendía y se enriquecía hablando con otros. Durante
la lectura, intenta prestar atención a lo que más te
sorprende en la conducta tanto de Jesús como de la Samaritana.
b) Una división del texto para ayudar
a la lectura:
Jn 4,5-6: Crea el escenario donde se entabla el diálogo
Jn 4,7-26: Describe el diálogo entre Jesús y la Samaritana
7-15: Sobre el agua y la sed
16-18: Sobre el marido y la familia
19-25: Sobre la religión y el lugar de la adoración
Jn 4,27-30: Describe el resultado del diálogo en la persona de
la Samaritana
Jn 4,31-38: Describe el resultado del diálogo en la persona de
Jesús
Jn 4,39-42: Describe el resultado de la misión de Jesús
en la Samaría
c) El texto:
5-6: En aquel tiempo: Jesús llegó
a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra que
Jacob dio a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de
Jacob. Jesús, cansado por la caminata, se sentó al borde
del pozo. Era cerca del mediodía.
7-15: Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para
sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.» Los discípulos
se habían ido al pueblo para comprar algo de comer. La samaritana
le dijo: «¿Cómo tú, que eres judío, me pides de
beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe que los judíos
no tratan con los samaritanos). Jesús le dijo: «Si conocieras
el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber,
tú misma le pedirías agua viva y él te la daría.»
Ella le dijo: «Señor, no tienes con qué sacar agua y el
pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? Nuestro
antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él,
sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?»
Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener
sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá
a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él
en un chorro que salta hasta la vida eterna.» La mujer le dijo: «Señor,
dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré
que volver aquí a sacar agua.»
16-18:
Jesús le dijo: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.»
La mujer contestó: «No tengo marido.» Jesús le dijo: «Has
dicho bien que no tienes marido, pues has tenido cinco maridos, y el
que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»
19-26: La mujer contestó: «Señor, veo que eres
profeta. Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para adorar a
Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es
el lugar en que se debe adorar a Dios?» Jesús le dijo: «Créeme,
mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya
no será "en este cerro" o "en Jerusalén". Ustedes, los
samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos,
adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Entonces serán
verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu
y en verdad.» La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías,
(que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos enseñará
todo.» Jesús le dijo: «Ese soy yo, el que habla contigo.»
27-30: En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron
al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué
quería ni de qué hablaba con ella. La mujer dejó
allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la
gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.
¿No será éste el Cristo?» Salieron, pues, del pueblo y
fueron a verlo.
31-38: Mientras tanto los discípulos le insistían:
«Maestro, come.» Pero él les contestó: «El alimento que
debo comer, ustedes no lo conocen.» Y se preguntaban si alguien le habría
traído de comer. Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer
la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su obra. Ustedes
han dicho: "Dentro de cuatro meses será tiempo de cosechar".
¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y miren los
campos: ya están amarillentos para la siega. El segador ya recibe
su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador
también participa en la alegría del segador. Aquí
vale el dicho: Uno es el que siembra y otro el que cosecha. Yo los he
enviado a ustedes a cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros
se han fatigado y ustedes han retomado de su trabajo.»
39-42: Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él
por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me ha dicho todo lo
que he hecho.» Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron
que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron al oír su palabra, y decían
a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros
mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente
el Salvador del mundo.»
3. Un momento de silencio
orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros
e iluminar nuestra vida.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Qué nos ha llamado más la atención
en la conducta tenida por Jesús durante el diálogo con
la Samaritana? ¿Qué pedagogía ha usado para ayudar a la
Samaritana a percibir una dimensión más profunda de la
vida?
b) ¿Qué nos llama más la atención en la conducta
de la Samaritana durante el diálogo con Jesús? ¿Qué
influencia ha tenido ella en Jesús?
c) En el Antiguo Testamento ¿dónde está asociada el agua
al don de la vida y al don del Espíritu Santo?
d) ¿En qué puntos la conducta de Jesús, me interroga,
interpela, provoca o critica?
e) La Samaritana ha llevado el tema de la conversación hacia
la religión. Si tú pudieras hablar con Jesús y
hablar con Él, ¿qué temas quisieras tratar con Él?
¿Por qué?
f) ¿Será verdad que adoro a Dios en espíritu y verdad
o me apoyo y oriento más sobre ritos y prescripciones?
5. Una clave de lectura
para aquellos que quieran profundizar más en
el tema.
a) El simbolismo del agua:
* Jesús usa la palabra agua, en dos sentidos:
en sentido material, normal del agua que quita la sed y en sentido
simbólico del agua como fuente de vida y don del Espíritu.
Verdaderamente Jesús usa un lenguaje que las personas entienden
y que, al mismo tiempo, despierta en ellos la voluntad de profundizar
y de descubrir un sentido más profundo de la vida.
* El uso simbólico del agua tiene su raíz
en la tradición del Antiguo Testamento, donde es frecuente la
mística del agua como símbolo de la acción del
Espíritu de Dios en las personas. Jeremías, por ejemplo,
opone el agua viva del manantial al agua de la cisterna (Jr 2,13). Cisterna
cuanto más agua sacas, menos agua habrás. Manantial, cuanto
más agua sacas, más agua tendrás. Otros textos
del Antiguo Testamento: Is 12,3; 49,10; 55,1; Ez 47,1-3, etc. Jesús
conoce las tradiciones de su pueblo y sobre ellas se apoya en la conversación
con la Samaritana. Sugiriendo el sentido simbólico del agua,
evoca en ella (y en los lectores y lectoras) todo un conjunto de episodios
y frases del Antiguo Testamento.
b) El diálogo entre Jesús y
la Samaritana:
* Jesús encuentra a la Samaritana cerca del
pozo, lugar tradicional para los encuentros y las conversaciones (Gén
24,10-27; 29,1-14). Él parte de la necesidad muy concreta de
su propia sed y obra de modo que la mujer se sienta necesaria y servidora.
Jesús se hace el necesitado de ella. Por la pregunta, hace de
modo que la Samaritana pueda descubrir que Él depende de ella
para resolver el problema de su sed. Jesús despierta en ella
el gusto de ayudar y servir.
* El diálogo de Jesús y la Samaritana
tiene dos niveles.
(i) El nivel superficial, en el sentido material del agua
que quita la sed a las personas y del sentido normal de marido
como padre de familia. A este nivel, la conversación es tensa
y difícil y no tiene continuidad. Quien tiene ventaja es la Samaritana.
Al principio, Jesús ha intentado un encuentro con ella a través
de la puerta del trabajo cotidiano (sacar agua), pero no lo ha
logrado. Después, ha intentado la puerta de la familia (llamar
al marido), y tampoco ha tenido resultado. Finalmente, la Samaritana
ha tomado el tema de la religión (lugar de la adoración).
Jesús ha logrado entrar por la puerta que ella ha abierto.
(ii) El nivel profundo, en el sentido simbólico
del agua como imagen de la vida nueva traída por Jesús
y del marido como símbolo de la unión de Dios con
su pueblo. A este nivel, la conversación tiene una continuidad
perfecta. Después de haber revelado que Él mismo, Jesús,
ofrece el agua de la nueva vida, dice: "Ve, llama a tu marido y luego
regresa acá". En el pasado, los samaritanos tuvieron cinco maridos,
ídolos, ligados a cinco pueblos que fueron llevados a aquel lugar
por el rey de Asiria (2Re 17,30-31). El sexto marido, el que tenía
ahora, no era el verdadero: "¡el que tienes ahora no es tu marido!"
(Jn 4,18). No realizaba el deseo más profundo del pueblo: la
unión con Dios, como marido que se une a su esposa (Is 62,5;
54,5). El verdadero marido, el séptimo, es Jesús, como
fue prometido por Oseas: "Y te haré mi esposa para siempre; y
te desposaré conmigo en justicia, en juicio, en piedad y misericordia.
Y te haré mi esposa fiel, y ¡reconocerás que soy el Señor!"
(Os 2,21-22). Jesús es el esposo que llega (Mc 2,19) para llevar
la vida nueva a la mujer que lo ha buscado toda la vida y, hasta ahora,
no lo había encontrado. Si el pueblo acepta a Jesús como
"esposo", tendrá acceso a Dios en cualquier parte que esté,
tanto en espíritu como en verdad (vv.23-24).
* Jesús declaró su sed a la Samaritana,
pero no tomó el agua. Señal de que su sed era simbólica
y tenía relación con su misión, la sed de realizar
la voluntad del Padre (Jn 4,34). Esta sed está todavía
presente en Él, y lo estará por toda la vida, hasta la
muerte. Dice Él en la hora de la muerte: "Tengo sed" (Jn 19,28).
Declara que tiene sed por última vez y así puede decir:
"¡Todo se ha cumplido!" Después inclinando la cabeza entregó
el espíritu (Jn 19,30). Realizó su misión.
c) El relieve de la mujer en el Evangelio
de Juan:
* En el Evangelio de Juan, las mujeres se destacan
en siete momentos, decisivos para la divulgación del Evangelio.
A ellas se le atribuyen funciones y misiones, algunas de las cuáles,
en los otros evangelios, son atribuidas a las hombres.
En las Bodas de Caná, la Madre de Jesús reconoce los límites
del Antiguo Testamento y reafirma la grande ley del Evangelio: "¡Haced
todo lo que Él os diga!" (Jn 2,1-11). La Samaritana es la
primera persona que recibe de Jesús el más grande secreto,
a saber, que Él es el Mesías: "Soy yo, que hablo contigo!"
(Jn 4,26). Y se convierte en la evangelizadora de la Samaria (Jn 4,28-30,
39-42). La mujer, llamada la adúltera, a la hora de ser
perdonada por Jesús, se convierte en juez de la sociedad patriarcal
(o del poder masculino) que la quería condenar (Jn 8,1-11).
En los otros evangelios es Pedro el que hace la profesión de
fe en Jesús (Mt 16,16; Mc 8,29; Lc 9,20). En el evangelio de
Juan, quien hace la profesión de fe es Marta, hermana de María
y Lázaro (Jn 11,27). María, hermana de Marta, unge
los pies de Jesús para el día de su sepultura (Jn 12,7).
En aquel tiempo, quien moría en la cruz, no tenía sepultura,
ni podía ser embalsamado. Por esto, María anticipó
la unción del cuerpo de Cristo. Esto significa que ella aceptaba
a Jesús como el Mesías-Siervo que debería morir
en la cruz. Pedro no aceptaba a Jesús como Mesías-Siervo
(Jn 13,8) y trató de disuadirlo (Mt 16,22). Así, María
se presenta como modelo para los otros discípulos. A los
pies de la Cruz: "¡Mujer, he ahí a tu hijo!". "¡He ahí
a tu Madre!" (Jn 19,25-27). Nace la Iglesia de los pies de la cruz.
María es el modelo de la comunidad cristiana. La Magdalena
debe anunciar la Buena Nueva a los hermanos (Jn 20,11-18). Ella recibe
una orden sin la cuál todas las otras órdenes dadas a
los apóstoles no hubieran tenido fuerza ni valor.
* La Madre de Jesús aparece dos veces en el
evangelio de Juan: al principio, en las bodas de Caná (Jn 2,1-5)
y al final, a los pies de la Cruz (Jn 19, 25-27). En los dos casos ella
representa al Antiguo Testamento que espera la llegada del Nuevo y,
en los dos casos, contribuye a fin de que el Nuevo pueda llegar. María
es el anillo de unión entre lo que era antes y lo que debería
venir después. En Caná, es ella, la Madre de Jesús,
símbolo del Antiguo Testamento, la que percibe los límites
del Antiguo y da los pasos para que el Nuevo pueda llegar. En la hora
de la muerte es la Madre de Jesús, la que acoge al "Discípulo
Amado". Aquí, el Discípulo Amado es la nueva Comunidad
que ha crecido en torno a Jesús. Es el hijo que ha nacido del
Antiguo Testamento. A petición de Jesús, el hijo, el Nuevo
Testamento, acoge la Madre, el Antiguo Testamento, en su casa. Los dos
deben caminar juntos. Porque el Nuevo no se puede entender sin el Antiguo.
Sería un edificio sin fundamento. Y el Antiguo sin el Nuevo sería
incompleto. Sería un árbol sin frutos.
6. Salmo 19 (18)
Dios dialoga con nosotros por medio de la Naturaleza y de la Biblia
Los cielos cuentan la gloria del Señor,
proclama el firmamento la obra de sus manos.
Un día al siguiente le pasa el mensaje
y una noche a la otra se lo hace saber.
No hay discursos ni palabras
ni voces que se escuchen,
mas por todo el orbe se capta su ritmo,
y el mensaje llega hasta el fin del mundo.
Al sol le fijó una tienda en lontananza,
de allí sale muy alegre,
como un esposo que deja su alcoba,
como atleta, a correr su carrera.
Sale de un extremo de los cielos
y en su vuelta, que alcanza al otro extremo,
no hay nada que se escape a su calor.
La ley del Señor es perfecta, es remedio para el alma,
toda declaración del Señor es cierta y da al sencillo
la sabiduría.
Las ordenanzas del Señor son rectas y para el corazón
son alegría.
Los mandamientos del Señor son claros y son luz para los ojos.
El temor del Señor es un diamante, que dura para siempre;
los juicios del Señor son verdad, y todos por igual se verifican.
Son más preciosos que el oro, valen más que montones de
oro fino;
más que la miel es su dulzura, más que las gotas del panal.
También son luz para tu siervo,
guardarlos es para mí una riqueza.
Pero, ¿quién repara en sus deslices?
Límpiame de los que se me escapan.
Guarda a tu siervo también de la soberbia,
que nunca me domine.
Así seré perfecto
y limpio de pecados graves.
¡Ojalá te gusten las palabras de mi boca,
esta meditación a solas ante ti,
oh Señor, mi Roca y Redentor!
7. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra
que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu
ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que
Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu
Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en
práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos.
Amén
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