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5º Domingo de Pascua (A)Yo soy el camino, la verdad y la vida 1. Oración inicial 2. Lectura a) Una clave de lectura: Mientras haces la lectura, intenta escuchar como si estuvieras presente
en aquel encuentro último de Jesús con sus discípulos/as.
Escucha sus palabras como dirigidas a ti, hoy, en este momento.
c) El texto: 1-4: «No se turbe vuestro corazón. Creéis
en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre
hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy
a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar,
volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo
estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis
el camino.» 3. Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. 4. Algunas preguntas para ayudarnos en la reflexión personal. a) ¿Qué palabras de Jesús te han llegado más
al corazón? ¿Por qué? 5. Una clave de lectura para aquellos que quieran profundizar más en el tema. a) El Evangelio de Juan: un tejido hecho con tres hilos: * La palabra texto quiere decir tejido. Así,
el texto del evangelio de Juan es como un bonito tejido, hecho con
tres hilos muy distintos y, al mismo tiempo, muy parecidos. Estos tres
hilos se combinan tan bien entre ellos que nos confudimos y, a veces,
ni siquiera percibimos cuándo se pasa de un hilo a otro. * En los cinco capítulos que describen la despedida de Jesús (Jn 13 al 17), se nota la presencia de estos tres hilos: aquél en el que Jesús habla, aquél en el que hablan las comunidades y aquél en el que habla el evangelista. En estos capítulos los tres hilos están entrelazados de tal modo que el conjunto se presenta como una composición de extraña belleza e inspiración, donde es difícil distinguir qué es de uno y qué es de otro. b) Los capítulos 13 al 17 del Evangelio de Juan: * La larga conversación (Jn 13, 1 a 17, 26), que Jesús tuvo con sus discípulos en la última cena, en la vigilia de su prendimiento y muerte, es el Testamento que nos dejó. En él se expresa la última voluntad de Jesús respecto a la vida en comunidad de sus discípulos/as. Era una conversación amistosa, que quedó en la memoria del Discípulo Amado. Jesús, así quiere dar a entender el evangelista, quería alargar al máximo este último encuentro de amistad, momento de gran intimidad. Lo mismo sucede hoy. Hay modos y modos de conversar... Una conversación superficial que lanza palabras al aire y que revela el vacío de las personas, y hay una conversación que va profundamente al corazón. Todos nosotros, alguna vez, tenemos estos momentos para compartir amistosamente, lo cual ensancha el corazón y se convierte en fuerza cuando llega la dificultad. Ayuda a tener confianza y a vencer el miedo. * Estos cinco capítulos (Jn 13 a 17) son también un ejemplo de cómo la comunidad del Discípulo Amado catequizaban. Las preguntas de los tres discípulos, Tomás (Jn 14, 5), Felipe (Jn 14, 8) y Judas Tadeo (Jn 14, 22), eran también las preguntas de las comunidades de finales del siglo primero. Las respuestas de Jesús a los tres era un espejo en el que las comunidades encontraban una repuesta a sus dudas y dificultades. Así, nuestro capítulo 14 era (y aún es hoy) una catequesis que enseña a las comunidades cómo vivir sin la presencia física de Jesús. c) El capítulo 14, 1-12: Una respuesta a las eternas preguntas del corazón del hombre: Juan 14, 1-4: Las comunidades preguntaban: "¿Cómo vivir en comunidad con ideas tan distintas?". Jesús responde con una exhortación: "¡No se turbe vuestro corazón! En la casa de mi Padre hay muchas moradas". La insistencia en tener palabras de ánimo que sirviesen de ayuda para superar las turbaciones y las divergencias, es signo de que debían existir tendencias muy distintas entre las comunidades, queriendo una ser más verdadera que la otra. Jesús dice: "¡En la casa de mi Padre hay muchas mansiones!". No es necesario que todos piensen de la misma forma. Lo que importa es que todos acepten a Jesús como revelación del Padre y que, por amor suyo, tengan actitudes de servicio y de amor. Amor y servicio son el cemento que pega entre sí los ladrillos de la pared y hace que las distintas comunidades se conviertan en una Iglesia sólida de hermanos y hermanas. Juan 14, 5-7: Tomás pregunta: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino? Jesús responde: "¡Yo soy el camino, la verdad y la vida!". Tres palabras importantes. Sin camino, no se camina. Sin verdad, no se acierta. ¡Sin vida, sólo hay muerte! Jesús explica el sentido. Él mismo es el camino, porque "Nadie va al Padre sino por mí". Ya que, Él es la puerta, por la que las ovejas entran y salen (Jn 10, 9). Jesús es la verdad, porque mirándole a él, vemos la imagen del Padre. "¡Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre!". ¡Jesús es la vida, porque caminando como Jesús ha caminado, estaremos unidos al Padre y tendremos la vida en nosotros! Juan 14, 8-11: Felipe pide: Le dice Felipe: "Señor,
muéstranos al Padre y nos basta". Jesús le responde: "¡El
que me ha visto a mí, ha visto al Padre!". Felipe ha expresado
un deseo que era el de muchas personas de la comunidad de Juan y continúa
siendo el deseo de todos nosotros: ¿qué debo hacer para
ver al Padre del que tanto habla Jesús? La respuesta de Jesús
es muy bella: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no
me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre".
No tenemos que pensar que Dios sea lejano, como alguien distante y
desconocido. Quien quiera saber cómo es y quién es Dios
Padre, le basta mirar a Jesús. ¡Él lo ha revelado
en las palabras y en los gestos de su vida! "Yo estoy en el Padre y
el Padre está en mí". Por su forma de ser Jesús
revelaba un rostro nuevo de Dios que atraía al pueblo. A través
de su obediencia, estaba totalmente identificado con el Padre. En cada
momento hacía lo que el Padre le mostraba hacer (Jn 5, 30; 8,
28-29.38). ¡Por eso, en Jesús todo es revelación
del Padre! ¡Y, los signos y obras que realiza son las obras del
Padre! De la misma manera, nosotros, en nuestro modo de vivir y de
compartir, tenemos que ser una revelación de Jesús. El
que nos ve, tiene que poder ver y reconocer en nosotros algo de Jesús. Juan 14, 12: La promesa de Jesús. Jesús afirma que su intimidad con el Padre no es un privilegio sólo de él, sino que es posible para todos nosotros que creemos en Él. A través de Él, podemos llegar a hacer las mismas cosas que Él hacía por el pueblo de su tiempo. Él intercederá por nosotros. Todo lo que le pedimos, él se lo pedirá al Padre y lo obtendrá, con tal que sea para servir (Jn 14, 13). 6. Salmo 43 (42) Como anhela la cierva los arroyos, Hazme justicia, oh Dios, 7. Oración final Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén |
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