4º Domingo de Pascua (A)
Jesús, Buen Pastor
¡He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia!
Juan 10,1-10
1. Oración inicial
Señor
Jesús, envía tu Espíritu, para que Él
nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la
has leído a los discípulos en el camino de Emaús.
Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste
a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de
tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el
final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de
vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en
la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres
y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros,
como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza
de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás
vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz.
Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado
al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
2. Lectura
a) Clave de lectura:
El evangelio de este domingo nos pone delante la figura tan familiar
del Buen Pastor. Hablando de las ovejas del redil de Dios, Jesús
usa diversas imágenes para describir la conducta de aquéllos
que se ocupan del rebaño. El texto de la liturgia se extiende
desde el versículo 1 al 10. En el comentario añadimos
a continuación los versículos del 11 al 18, porque contienen
la imagen del “Buen Pastor” que ayuda a entender mejor
el sentido de los versículos del 1 al 10. Durante su lectura,
trata de poner atención a las diversas imágenes o semejanzas
que usa Jesús para presentarse a nosotros como el verdadero
Pastor.
b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:
El texto contiene tres semejanzas ligadas entre sí:
Juan 10,1-5: La semejanza entre el salteador y el pastor
Juan 10,6-10: La semejanza de la puerta de las ovejas
Juan 10,11-18: La semejanza del buen pastor
c) El Texto:
1 «En verdad, en verdad os digo: el que no entra
por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése
es un ladrón y un salteador; 2 pero el que entra
por la puerta es pastor de las ovejas. 3 A éste le
abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama
una por una y las saca fuera.4 Cuando ha sacado todas las
suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen
su voz. 5 Pero no seguirán a un extraño, sino
que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no
comprendieron lo que les hablaba. 7 Entonces Jesús
les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta
de las ovejas. 8 Todos los que han venido delante de mí son
ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. 9 Yo
soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y
saldrá y encontrará pasto. 10 El ladrón
no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para
que tengan vida y la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las
ovejas.12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no
pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye,
y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, 13 porque es
asalariado y no le importan nada las ovejas. 14 Yo soy el
buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15 como
me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. 16 También
tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas
las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un
solo rebaño, un solo pastor. 17 Por eso me ama el Padre,
porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. 18 Nadie me
la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para
recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»
3. Un momento de silencio orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra
vida.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Qué parte del texto me ha llamado más la
atención?¿Por qué?
b) ¿Cuáles son las imágenes que Jesús se aplica
a sí mismo?¿Cómo se las aplica y qué significan?
c) ¿Cuántas veces, en el texto, Jesús usa la palabra vida y
qué dice sobre la vida?
d) Pastor-Pastoral. ¿Será que nuestra acción pastoral continúa
la misión de Jesús Pastor?
e) ¿Cómo volver límpida nuestra mirada para poder ver
al verdadero Jesús de los evangelios?
5) Para aquéllos que desean profundizar en el
tema
a) El contexto en el que fue escrito el Evangelio de Juan:
He aquí otro ejemplo de cómo fue escrito
y confeccionado el evangelio de Juan. Las palabras de Jesús
sobre el Pastor (Jn 10,1-18) es como un ladrillo colocado en una pared
casi terminada. Inmediatamente antes, en Juan 9,40-41, Jesús
hablaba de la ceguera de los fariseos. Inmediatamente después,
en Juan 10,19-21, vemos la conclusión de la discusión
sobre la ceguera. Y así las
palabras sobre el Buen Pastor nos enseña cómo hacer para
quitar de los ojos la ceguera. Con este ladrillo la pared queda más
fuerte y más bella.
Juan 10,1-5: La semejanza entre el salteador y el pastor
Jesús comienza su discurso con la semejanza de la puerta: “En
verdad, en verdad os digo: quien no entra por la puerta en el redil
de las ovejas, sino que escala por otro lado, es un ladrón y
un salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas”.
Para entender esta semejanza, debemos recordar cuanto sigue. En aquel
tiempo, los pastores se ocupaban del rebaño durante el día.
Cuando llegaba la noche, llevaban las ovejas a un gran redil o recinto
comunitario, bien protegido contra salteadores y lobos. Todos los pastores
de una misma región llevaban allí sus rebaños.
Había un guardián que se ocupaba del redil toda la noche.
Por la mañana venía el pastor, tocaba las palmas de las
manos sobre la puerta y el guardián abría. El pastor
se acercaba y llamaba a sus ovejas por su nombre. Las ovejas reconocían
la voz del pastor, se levantaban y salían detrás de él
a pastar. Las ovejas de los otros pastores oían la voz, pero
se quedaban donde estaban, porque para ellas no era conocida la voz.
Todos los días había peligros de asaltos. Los ladrones
entraban por una hendidura, quitando las piedras del muro que rodeaba,
para robar las ovejas. No entraban por la puerta, porque allí estaba
el guardián vigilando.
Juan 10, 6-10: La semejanza de la puerta de las ovejas
Aquéllos que escuchaban, los fariseos, (Jn 9,40-41), no entendían
lo que significaba “entrar por la puerta”. Entonces Jesús
lo explica: “¡Yo soy la puerta!” Todos los que han
venido delante de mí son ladrones y salteadores”. ¿De
quién está hablando Jesús con esta frase tan dura?
Probablemente, por su manera de hablar de los salteadores, se refería
a los jefes religiosos que arrastraban a la gente detrás de ellos,
pero no respondían a las esperanzas de la gente. No estaban interesados
en el bien del pueblo, sino más bien en su propio dinero y en
sus intereses. Engañaban a la gente y la abandonaban a su suerte.
El criterio fundamental para discernir entre el pastor y el salteador
es la defensa de la vida de las ovejas. Jesús dice: “¡Yo
he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia!” Entrar
por la puerta significa imitar la conducta de Jesús en defensa
de la vida de las ovejas. Jesús pide a la gente tomar la iniciativa
de no seguir a quien se presenta como si fuese pastor, pero que no está interesado
en la vida de la gente.
Juan 10,11-15: La semejanza del Buen Pastor
Jesús cambia la semejanza. Antes Él era la puerta,
ahora es el pastor. Todos sabían cómo era un pastor
y cómo vivía y trabajaba. Pero Jesús no es un
pastor cualquiera, es ¡el buen pastor! La imagen del buen pastor
viene del Antiguo Testamento. Diciendo que es el Buen Pastor, Jesús
se presenta como aquél que viene a cumplir las promesas de los
profetas y las esperanzas del pueblo. Hay dos puntos en los que insiste:
(a) En la defensa de la vida de las ovejas: el buen pastor
da su vida. (b) En el mutuo entendimiento entre el pastor y las
ovejas: El Pastor conoce a sus ovejas y ellas conocen al pastor.
Y el falso pastor, que quiere vencer su ceguera, debe confrontar
su propia opinión con la opinión de la gente. Esto era
lo que no hacían los fariseos. Ellos despreciaban a las ovejas
y las llamaban gente maldita e ignorante (Jn 7,49; 9,34). Al contrario,
Jesús dice que la gente tiene una percepción infalible
para saber quién es el buen pastor, porque reconoce la
voz del pastor (Jn 10,4). “Ellas me conocen” (Jn 10,14).
Los fariseos pensaban que poseían la certeza en discernir las
cosas de Dios. Pero en realidad eran ciegos.
El discurso sobre el Buen Pastor encierra dos importantes reglas para quitar
la ceguera farisaica de nuestros ojos: (a) Los pastores están muy atentos
a la reacción de las ovejas, porque reconocen la voz del pastor. (b)
Las ovejas deben prestar mucha atención a la conducta de aquéllos
que se dicen pastores para verificar si verdaderamente les interesa la vida
de las ovejas, sí o no, o si son capaces de dar la vida por las ovejas. ¿Y
los pastores de hoy?
Juan 10,16-18: La meta a la que Jesús quiere llegar: un
solo rebaño y un solo pastor
Jesús abre el horizonte y dice que tiene otras ovejas que
no son de este redil. Y ellas no oyen la voz de Jesús, pero
cuando la oigan, se darán cuenta que Él es el pastor
y lo seguirán. Aquí aparece el comportamiento ecuménico
de las comunidades del “Discípulo Amado”.
b) Ampliando el tema:
i) La imagen del Pastor en la Biblia:
En Palestina la supervivencia del pueblo dependía en gran parte
de la posesión de cabras y ovejas. La imagen del pastor que
guía a sus ovejas para que pasten era conocida de todos, como
hoy todos conocemos la imagen del conductor del autobús o del
maquinista. Era normal usar la imagen del pastor para indicar la función
de quien gobernaba y conducía el pueblo. Los profetas criticaban
a los reyes porque eran pastores que no se preocupaban de su grey y
no la conducía a pastar (Jer. 2,8; 10,21; 23,1-12). Esta crítica
sobre los malos pastores creció en tal medida que, por culpa
de los reyes, el pueblo se vio arrastrado hacia la esclavitud (Ez 34,1-10;
Zac 11,4-17).
Ante la frustración sufrida por la falta de guía por
parte de los malos pastores, crecía el deseo o la esperanza
de tener, un día, un pastor que fuese verdaderamente bueno y
sincero y que imitase a Dios en el modo de conducir al pueblo. Nace
así el salmo “¡El Señor es mi pastor, nada
me puede faltar! (Sal 23,1-6; Jer 48,15). Los profetas esperan que
en el futuro, Dios mismo sea el Pastor que guíe a su rebaño
(Is 40,11; Ez 34,11-16). Y espera que a partir de esto el pueblo sepa
reconocer la voz de su pastor: “¡Escuchad hoy su voz!” (Sal
95,7). Esperan que Dios venga en calidad de Juez que juzgue a las ovejas
del rebaño (Ez 34,17). Nace el deseo y la esperanza de que un
día Dios suscite buenos pastores y que el Mesías sea
un pastor para el pueblo de Dios. (Jer 3,15; 23,4)
Jesús cambia esta esperanza en realidad y se presenta como
el Buen Pastor, delante de los salteadoras que robaban al pueblo. Él
se presenta como un Juez que, al final, juzgará como un pastor
que separa las ovejas de las cabras (Mt 25,31-46). En Jesús
se cumple la profecía de Zacaría, según el cuál
el buen pastor será perseguido por los malos pastores, incomodados
por la denuncia que Él hace: Hiere al pastor y se dispersará el
rebaño” (Zac 13,7). Y finalmente Jesús lo es todo: ¡es
la puerta, es el Pastor, es el cordero!.
ii) La comunidad del Discípulo Amado: abierta, tolerante
y ecuménica:
Las comunidades que están detrás del evangelio de Juan
estaban formadas por diversos grupos. Había en ellas judíos
de mentalidad abierta, con un talante crítico hacia el Templo
de Jerusalén (Jn 2,13-22) y la ley (Jn 7,49-50). También
había samaritanos (Jn 4,1-42) y paganos (Jn 12,20) que se convirtieron,
ambos con los mismos orígenes históricos y sus costumbres
culturales muy diversas de las de los judíos. Aun estando formadas
por grupos humanos tan diferentes, las comunidades de Juan entendieron
el seguimiento de Jesús como una vida de amor concreto y solidario.
Respetando las recíprocas diferencias, sabían darse cuenta
de los problemas de la convivencia entre paganos y judíos, que
azotaban a otras comunidades de la época (Act 15,5). Retados
por la realidad del propio tiempo, las comunidades trataban de profundizar
en su fe en Jesús, enviado del Padre que quiere que todos sean
hermanos (Jn 15,12-14.17) y que afirma: “¡ En la casa de
mi Padre hay muchas moradas!” (Jn 14,2) . Esta profundización
facilitaba el diálogo con otros grupos. Y por consiguiente eran
comunidades abiertas tolerantes y ecuménicas (Jn 10, 16).
6. Salmo 23 (22)
Yahvé es mi pastor
Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.
Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.
Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.
Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.
7. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos
ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu
ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo
que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María,
tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner
en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el
Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de
los siglos. Amén.
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