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Domingo de Pascua (A)La resurrección de Jesús 1. Oración inicial 2. Lectura a) Una clave de lectura: Vamos a leer el texto en el que el evangelista, por medio de la visita de los dos discípulos al sepulcro vacío y de la aparición a María Magdalena, trata de comunicar a los lectores y a las lectoras el sentido de la fe en la resurrección. Durante la lectura, vamos a tratar de prestar atención a los mínimos detalles del relato del evangelio de Juan, cuya dimensión simbólica es muy profunda. b) Una división del texto para ayudar a la lectura: Jn 20,1-3: la desconcertante experiencia del sepulcro
vacío c) El texto: 1-3: El primer día de la semana va María Magdalena
de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra
quitada del sepulcro. Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro
discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro
al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.» Salieron Pedro y el otro
discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 3. Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. 4. Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración. a) ¿Qué te ha llamado más la atención en este texto
que describe la primera experiencia de la resurrección? 5. Una clave de lectura para aquéllos que quieran profundizar más en el tema. a) En el Evangelio de Juan, la fe en la resurrección aparece en la descripción de la pasión y muerte de Jesús: * Al describir la pasión y la muerte de Jesús, el evangelio de Juan desea indicar no la condenación de un subversivo político, sino la hora de glorificación del Hijo de Dios. A lo largo de todo el proceso que lo lleva a la muerte, Jesús es el señor de los acontecimientos, tanto de los suyos como de los de sus adversarios. Para Juan, la cruz es sinónimo de "elevación", subida hacia lo alto, para estar junto al Padre (Jn 3,14; 8,28; 12, 32-34). Es el comienzo de la resurrección que se manifestará plenamente el primer día de la semana (Jn 20,1). Por ello, en el evangelio de Juan, no hay agonía en el Huerto (Jn 18,1-2); en la hora de la prisión, los soldados se espantan cuando Jesús afirma: "¡Yo soy!" (Jn 18,6). En la hora de la muerte Jesús no grita como en los demás evangelios. Sereno, se despide de sus amigos, de su madre y luego entrega su espíritu (Jn 19,28-30). * El relato de la pasión es un ejemplo más concreto aún del hecho que Juan no narra sencillamente los hechos históricos, sino que los pasa por los Rayos-X. Trata de mostrarnos aquello que los hechos esconden: cuando Pilato, Anás, las autoridades judaicas y romanas trataban de acabar con la vida de Jesús, en realidad estaban permitiendo que Jesús fuera elevado hacia Dios. Desde su prisión Jesús dirige los acontecimientos y entrega su vida. "Yo mismo doy mi vida y la volveré a tomar, nadie me la quita, sino que yo mismo la voy a entregar" (Jn 10,17-18). Todos pueden quedarse tranquilos y esperanzados, porque Jesús ha vencido y ha sido glorificado por el Padre (Jn 17,5). b) Pedro y el Discípulo Amado van al sepulcro vacío (vv. 1-10): * La experiencia de la resurrección de las primeras comunidades fue un proceso largo, una experiencia que creció lentamente como crecen los árboles recios. Al comienzo muchos fueron los que no creyeron en el testimonio de aquéllos que habían experimentado la presencia viva de Jesús (Mt 28,17; Mc 16, 11.13.14; Lc 24, 11.36.41; Jn 20,25). Pero la experiencia de la resurrección vivida y expresada en forma de apariciones, fue tan fuerte, tan profunda y convincente que consiguió vencer la incredulidad del ser humano frente a la posibilidad de la victoria de la vida sobre la muerte. * Las mujeres fueron más fieles que los hombres. Fueron las primeras en creer en la Buena Nueva de la resurrección (Mt 28,9-10; Mc 16,9-10; Lc 24, 4-11; Jn 20,11-18). A la noticia de la Magdalena que ve el sepulcro vacío, Pedro y el Discípulo Amado van al sepulcro. El evangelio nos comunica algo extraño: el "otro discípulo" corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro, pero no entró. Miró adentro y vio los lienzos en el suelo. Tras haber entrado vio también el sudario enrollado, en un lado. Y el evangelio dice: "¡Vio y creyó!" Pero no nos dice nada de la reacción de Pedro que había entrado primero en el sepulcro vacío. Al final, el evangelio añade esta frase: "Aún no habían comprendido la Escritura, según la cual Jesús debía resucitar de entre los muertos" (Jn 20,9). Esto significa que el Antiguo Testamento no comunica por sí sólo la comprensión total de lo que encierra. La luz para entender el verdadero sentido del Antiguo Testamento se ve en el preciso momento en que el Discípulo Amado "vio y creyó". Su experiencia de la resurrección fue como una luz que entró en los ojos de los discípulos y de las discípulas y les reveló el sentido total y completo del A.T. Y es la luz en los ojos la que libera el sentido de las palabras del A.T. * Una comparación para entender la mudanza. Entre un grupo de amigos, uno de ellos muestra una foto en la que se ve a un hombre con un semblante muy severo, con el dedo levantado, casi agrediendo al público. Todos piensan que se tratara de una persona inflexible, antipática, que no deja lugar a intimidades. En ese momento llega un muchacho y exclama: "¡Es mi padre!" Los demás lo miran y dicen: "¡Vaya padre severo, eh!" Y él contesta: ¡No, no en absoluto! Es muy cariñoso. Mi padre es abogado. Esa foto se la sacaron cuando estaba denunciando un crimen de un latifundista que quería expropiar a una familia pobre de un terreno baldío y que tenía desde hace años. Mi padre ganó el pleito. Los pobres se quedaron con la tierra". Todos se miran de nuevo y dicen: "¡Qué bonita foto!". Casi de manera milagrosa, la foto se ilumina y asume un aspecto nuevo. Aquel rostro tan severo se cubre de una inmensa ternura. Las palabras del hijo cambian todo, ¡sin cambiar nada! Las palabras y los gestos de Jesús, nacidos de su experiencia de hijo, acogido y resucitado por el Padre, sin cambiar una letra o una coma, cambiaron todo el sentido del Antiguo Testamento (Mt 5,17-18). Dios mismo, que parecía tan lejano y severo, asumió los rasgos de un Padre bueno, lleno de ternura. c) La aparición de Jesús a María Magdalena: * María Magdalena fue una de las pocas personas que tuvo el valor de quedarse con Jesús hasta la hora de su muerte en la cruz. Vuelve al sepulcro para estar en el lugar donde había encontrado al Amado por última vez. Ella busca al Jesús con quien había convivido durante tres años. Los discípulos de Emaús verán a Jesús, pero no le reconocerán (Lc 24,15-16). Lo mismo ocurre con María Magdalena. Ella ve a Jesús, pero no le reconoce. Piensa que es el jardinero. Pero ella busca al Jesús del pasado, el mismo que hace tres días. La imagen de Jesús del pasado le impide reconocer al Jesús vivo, presente ante ella. * Jesús pronunció el nombre "¡María!". Fue la señal de reconocimiento: la misma voz, la misma manera de pronunciar el nombre. Ella contesta: "¡Maestro!" Jesús que vuelve, es el mismo que ha muerto en la cruz. La primera impresión es que la muerte fue apenas un incidente doloroso del recorrido, y que ahora todo vuelve a ser como antes. María abraza a Jesús con fuerza. Es el mismo que Jesús a quien había conocido y amado. * Y es cierto, es el mismo Jesús, pero la manera de estar junto a ella no es la misma. Jesús le dice: "Suéltame, pues aún no he vuelto donde mi Padre". El irá donde su Padre. María Magdalena ha de soltar a Jesús y debe asumir su misión: anunciar a los hermanos que él, Jesús, ha subido al Padre. Jesús nos abrió el camino y hizo como si Dios estuviera, de nuevo, a nuestro lado. * En la manera de describir la aparición de Jesús a María Magdalena descubrimos las etapas del camino que ella ha de recorrer, desde la búsqueda dolorosa hasta el nuevo encuentro de la Pascua. Y son éstas también las etapas por las que debemos pasar nosotros todos, a lo largo de la vida, en busca de Dios y en la vivencia del Evangelio. 6. Salmo 27 (26) Dios es mi fuerza victoriosa Yahvé es mi luz y mi salvación, 7. Oración final Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén
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