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3º Domingo del tiempo ordinario (A)Comienzo del anuncio de la Buena Noticia 1. ORACIÓN INICIAL 2. LECTURA a) El texto:
b) Momento de silencio: Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros. 3. MEDITACIÓN a) Preguntas para la reflexión: - Jesús vino a residir junto al mar: El Hijo de Dios viene a habitar junto al hombre. El mar, este mundo tan misterioso e ilimitado, inmenso hacia el horizonte cuanto inmenso es el cielo. El uno reflejo del otro, confinantes, distintos, reflejo mutuamente de sosiego y de paz. Jesús tierra de Dios, viene a habitar junto al mar, se hace tierra del hombre. Y nosotros ¿ iremos a morar junto a Dios como estaba el Verbo antes de venir a nosotros? ¿O quizá nos baste nuestra frágil vida de carne? - El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz: Inmerso en la obscuridad, el hombre vive sus días con resignado dolor y sin la esperanza de que algo cambie para él. El mundo en el cual la fe no declina sus palabras es un mundo inmerso en las tinieblas hasta que la luz no venga a habitarlo. Cristo, luz de los pueblos, ha venido al mundo y las tinieblas se han disipado para hacer resplandecer la luz. Pero las tinieblas ¿se han disipado para nosotros? - Al instante, dejando las redes, lo siguieron: Al instante. Dejar. Seguir. Palabras difíciles para nuestro estilo de vida. Responder a Dios: sí, pero con calma. Dejar lo que se está haciendo por el Señor; sí, pero con calma. Seguir al Señor; sí pero antes es necesario pensarlo bien. ¿Y si probásemos a hacer como los apóstoles: al instante, dejándolo todo, se fueron con Él? b) Clave de lectura: El Dios del universo que ha creado el cielo y la tierra con sólo su Palabra, deja su morada y viene a residir junto al mar en tierra extranjera para pronunciar palabras que sepan a cielo. Y también el Hijo del hombre, el maestro de Nazaret, deja la casa de su juventud para caminar por la Galilea de los gentiles, más allá del Jordán. Las tinieblas de la ignorancia que se perpetúa en sus rayos con el pasar de los siglos vienen atravesadas por una gran luz. Las sombras de la muerte oyen palabras que abren caminos de novedad y de vida: “Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca”. Cambiar de itinerario, acercarse a la luz no es empresa difícil para quien tiene familiaridad con la presencia del Altísimo. Porque los ojos se acostumbran a la presencia y fácilmente el corazón humano olvida el pasado de tinieblas, cuando goza de esplendor. Convertirse ¿Cómo? La relación humana se convierte en el camino nuevo junto al mar. Hay hermanos a lo largo de las orillas, pareja de hermanos: Simón y Pedro, Santiago y Juan. Dios no viene a separar los vínculos más sagrados, sino que los asume para pescar en una vida más luminosa, su vida, su mar. Mientras caminaba... El camino es un gran secreto de la vida espiritual. No hemos sido llamados para estar firmes, quietos, sino para caminar también nosotros junto al mar, el mar del mundo donde los hombres son como peces, sumergidos en una agua amarga, salobre del no humano. Pescadores de hombres. No se puede pescar sin la red del amor, sin un padre que custodie la barca, sin una barca con la que adentrarse en el mar. La red de las relaciones humanas es la única arma posible a los evangelizadores, porque con amor se tiene una gran pesca, el amor no debe ser sólo anunciado, sino llevado. Ser llamado de dos en dos quiere decir precisamente esto, llevar un amor visible concreto, el amor de hermanos que gozan de la misma paternidad, el amor de personas por las que corre la misma sangre, la misma vida. Seguidme...llamar a otros a caminar, a pescar, a testimoniar. Las redes se rompen pero cada pescador está en grado de recomponer una red que se rompe. ¡El amor no es un objeto de adorno! ¡Usándolo se rompe! El arte de reordenar vuelve precioso todo tejido posible entre los hombres. Lo que cuenta es andar, fiarse de aquel nombre que se ha llamado siempre y ahora VIDA. Los llamados van, siguen a Jesús. ¿Pero dónde va Jesús? Camina por toda la Galilea, enseña en las sinagogas, predica la buena nueva del reino, cura toda clase de males y enfermedades en el pueblo. Todo hombre de mar, apóstol del reino, hará como Jesús: caminará por los caminos del mundo y se presentará en las plazas, proclamará las buenas noticias de Dios y cuidará de los afligidos y enfermos, hará visible la ternura del Padre para cada uno de sus hijos. 4. ORACIÓN (Is 43,1-21) «No temas, que yo te he rescatado, 5. CONTEMPLACIÓN La aguas del mar que recubren la tierra me cuentan el fluir de tu vida, Señor. Cuando en el horizonte cielo y mar se confunden, me parece ver trasbordar todo lo que eres en nuestro existir. Un fluir que es una ola tierna de presencia y una inenarrable historia de amor, hecha de nombres, de hechos, de edades, de secretos, de emociones plácidas y imprevistas turbaciones, una historia hecha de luces y de momentos grises, de entusiasmos y de sosegado sueño. Este mar que es la humanidad colmada de tu paz contiene palabras sin fin, las palabras de tu Verbo que hasta el extremo ha querido asumir el vestido de arena del tiempo. Cuántas palabras sobre las riberas que se recogen silenciosamente si sólo me dispongo a escuchar, tus palabras que las olas de la vida llevan a la orilla y que son sendas para los navegantes, palabras antiguas y palabras nuevas, palabras nunca olvidadas y palabras repletas de misterio. Señor, que las olas de la humanidad no me envuelvan, sino que sean huellas de comunión para mi frágil barca en el caminar. Que yo aprenda de ti a adentrarme en el mar para la pesca en las noches obscuras de la historia humana, cuando los peces están más dispuestos a dejarse coger. Sobre tu palabra echaré las redes, Dios mío, y llevada la barca a tierra, seguiré caminando por las pisadas que has dejado sobre las riberas de la historia cuando escogiste el vestir nuestros vestidos llenos de fango. |
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