Sábado - Tiempo de Cuaresma
1) Oración inicial
Llenos de alegría, al celebrar un año más
la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales y sentir en
nosotros el gozo de su eficacia. Por nuestro Señor.
2) Lectura del Evangelio
Del Evangelio
según Lucas 18,9-14
A algunos que se tenían por justos y despreciaban a
los demás les dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno
fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta
manera: ¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces,
injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por
semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.' En cambio el publicano,
manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que
se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy
pecador!' Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo
el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado.»
3) Reflexión
• En el Evangelio de hoy, Jesús cuenta la
parábola del fariseo y del publicano para enseñarnos a rezar. Jesús tiene una
manera distinta de ver las cosas. Ve algo positivo en el publicano, aunque todo
el mundo decía de él: “¡No sabe rezar!” Jesús vivía tan unido al Padre por la
oración que todo se convertía para él en expresión de oración.
• La manera de presentar la parábola es
muy didáctica. Lucas presenta una breve introducción que sirve de clave de
lectura. Luego Jesús cuenta la parábola y al final Jesús aplica la parábola a
la vida.
• Lucas 18,9: La introducción. La
parábola es presentada por la siguiente frase: "A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les
dijo esta parábola.” La frase es de Lucas. Se refiere al tiempo de Jesús, pero se
refiere también a nuestro tiempo. Hay siempre personas y grupos de personas que
se consideran justas y fieles y que desprecian a los demás, considerándolos
ignorantes e infieles.
• Lucas 18,10-13: La parábola. Dos
hombres van al templo a rezar: un fariseo y un publicano. Según la opinión de
la gente de entonces, los publicanos no eran considerados para nada y no podían
dirigirse a Dios, porque eran personas impuras. En la parábola, el fariseo
agradece a Dios el ser mejor que los demás. Su oración no es que un elogio de sí
mismo, una exaltación de sus buenas cualidades y un desprecio para los demás y
para el publicano. El publicano ni siquiera levanta los ojos, pero se golpea el
pecho diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador!" Se
pone en su lugar ante Dios.
• Lucas 18,14: La aplicación. Si
Jesús hubiera dejado opinar a la gente y decir quién de los dos volvió justificado
a su casa, todos hubieran contestado: "¡El fariseo!" Ya que era
ésta la opinión común en aquel tiempo. Jesús piensa de manera distinta. Según
él, aquel que vuelve a casa justificado, en buenas relaciones con Dios, no es
el fariseo, sino el publicano. Jesús da la vuelta al revés. A las autoridades
religiosas de la época ciertamente no les gustó la aplicación que él hace de
esta parábola.
• Jesús reza.
Sobretodo Lucas nos informa de la vida de oración de Jesús. Presenta a Jesús en
constante oración. He aquí una lista de textos del evangelio de Lucas, en los
que Jesús aparece en oración: Lc 2,46-50; 3,21: 4,1-12; 4,16; 5,16; 6,12;
9,16.18.28; 10,21; 11,1; 22,32; 22,7-14; 22,40-46; 23,34; 23,46; 24,30. Leyendo
el evangelio de Lucas, es posible encontrar otros textos que hablan de la
oración de Jesús. Jesús vivía en contacto con el Padre. La respiración de su
vida era hacer la voluntad del Padre (Jn 5,19). Jesús rezaba mucho e insistía,
para que la gente y sus discípulos hiciesen lo mismo, ya que en el contacto con
Dios nace la verdad y la persona se encuentra consigo misma, en toda su
realidad y humildad. En Jesús, la oración está íntimamente enlazada con los
hechos concretos de la vida y con las decisiones que tenía que tomar. Para
poder ser fiel al proyecto del Padre, trataba de permanecer a solas con El para
escucharle. Jesús rezaba los Salmos. Como cualquier otro judío piadoso, los
conocía de memoria. Jesús compuso su propio salmo. Es el Padre Nuestro. Su
vida era una oración permanente: "¡Yo no puedo
hacer nada por mi cuenta!" (Jn 5,19.30). Se
aplica a él lo que dice el Salmo: "¡Me acusan, mientras yo rezo!" (Sal
109,4).
4) Para la reflexión personal
• Mirando de cerca esta parábola, ¿yo soy
como el fariseo o como el publicano?
• Hay personas que dicen que no saben
rezar, pero hablan todo el tiempo con Dios. ¿Conoces a personas así?
5) Oración final
Piedad de mí,
oh Dios, por tu bondad,
por tu
inmensa ternura borra mi delito,
lávame a
fondo de mi culpa,
purifícame de
mi pecado. (Sal 51)
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