Sábado - Tiempo de Cuaresma
1) Oración inicial
Dios, Padre Eterno, vuelve
hacia ti nuestros corazones, para que, consagrados a tu servicio, no busquemos
sino a ti, lo único necesario, y nos entreguemos a la práctica de las obras de
misericordia. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Mateo 5,43-48
Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y
odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los
que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace
salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si
amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo
también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué
hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues,
sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.
3) Reflexión
● En el evangelio de hoy vemos como
Jesús interpreta el mandamiento “No matarás” para que su observancia lleve a la
práctica del amor. Además de “No matarás” (Mt 5,21), Jesús cita otros cuatro
mandamientos del antigua ley: no cometerás adulterio (Mt 5,27), no jurarás en
falso (Mt 5,33), ojo por ojo, diente por diente (Mt 5,38) y, en el evangelio de
hoy: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo” (Mt 5,43). Así, por cinco
veces en conjunto, Jesús critica y completa la manera antigua de observar estos
mandamientos y apunta hacia un camino nuevo para alcanzar el objetivo de la ley
que es la práctica del amor (Mt 5,22-26; 5, 28-32; 5,34-37; 5,39-42; 5,44-48).
● Amar a los enemigos. En el
Evangelio de hoy, Jesús cita la antigua ley que decía: “Amarás a tu prójimo y
odiarás a tu enemigo”. Este texto no se encuentra tal cual en el Antiguo
Testamento. Se trata más bien de una mentalidad reinante, segundo la cual la
gente no veían ningún problema en que una persona odiara a su enemigo. Jesús no
está de acuerdo y dice “Pero yo les digo Amad a vuestros enemigos y rogad
por los que os persigan”. Y expone la motivación: “Pues, si amáis a los que os
aman, ¿qué recompensa vais a tener? Los cobradores de impuestos ¿no hacen eso
mismo? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular?
¿No hacen eso mismo los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es
perfecto vuestro Padre celestial.” Jesús nos lo muestra. En la hora de ser
crucificado observó aquello que enseñó.
● Padre, ¡perdona! ¡Ellos no
saben lo que hacen! Un soldado tomó la mano de Jesús en el brazo de la
cruz, clavó un clavo y empezó a dar golpes. Varias veces. Salí sangre. El
cuerpo de Jesús se contorcía de dolor. El soldado, un mercenario, ignorante, ajeno
a lo que estaba haciendo y a lo que estaba ocurriendo alrededor, continuaba
dando golpes como si fuera un trozo de pared de la casa y estuviera colgando un
cuadro. En ese momento Jesús pidió por el soldado que lo torturaba y dirigió
esta plegaria a su Padre: “¡Padre, perdona! No saben lo que hacen”. Amó al
soldado que lo mataba. Por más que quisiesen, la falta de humanidad no logró
apagar en Jesús la humanidad y el amor. Lo tomaron, escupieron en su rostro, le
rieron a la cara, hicieron de él un rey payaso con una corona de espinas sobre
la cabeza, lo torturaran, lo obligaron a ir por las calles como un criminal,
tuvo que oír los insultos de las autoridades religiosas, en el calvario lo
dejaron totalmente desnudo a la vista de todos y de todas. Pero el veneno de la
falta de humanidad no consiguió alcanzar la fuente de amor y de humanidad que
brotaba desde dentro de Jesús. El agua del amor que brotaba desde dentro era
más fuerte que el veneno del odio que venía de fuera. Mirando a aquel soldado ignorante
y bruto, Jesús tuvo dolor y rezó por él y por todos: “¡Padre perdona!” Y hasta
añadió una disculpa: “No saben lo que hacen”. Jesús se hizo solidario con
aquellos que lo torturaban y maltrataban. Era como el hermano que va con sus
hermanos ante en juez y él, víctima de sus hermanos, dice al juez: “Son mis
hermanos, sabe usted, son unos ignorantes. Perdónelos. ¡Se mejorarán!” Amó al
enemigo.
● Sed perfecto como el Padre del
cielo es perfecto. Jesús no quiere solamente un cambio superficial, porque
nada cambiaría. El quiere cambiar el sistema de la convivencia humana. La Novedad que quiere construir viene de la nueva experiencia que tiene de Dios como Padre lleno
de ternura ¡que acoge a todos! Las palabras de amenazas contra los ricos no
pueden ser para los pobres una ocasión de venganza. Jesús manda tener la
actitud contraria: “¡Amad a vuestros enemigos!" El verdadero amor no puede
depender de lo que yo recibo del otro. El amor debe querer el bien del otro independientemente
do lo que él hace por mí. Pues así es el amor de Dios por nosotros.
4) Para una
reflexión personal
● Amar a los enemigos. ¿Será que
soy capaz de amar a mis enemigos?
● Contemplar en silencio a Jesús
que, en la hora de su muerte, amaba al enemigo que lo mataba.
5) Oración final
Dichosos los
que caminan rectamente,
los que
proceden en la ley de Yahvé.
Dichosos los
que guardan sus preceptos,
los que lo buscan de todo corazón. (Sal 119,1-2)
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