Author(s)/Editor(s):
ocarm
Sources:
http://www.carmeloargentino.org.ar
Así comienza la Regla (n. 2): «Muchas veces y de diversas maneras (Hb 1,1) los santos Padres dejaron establecido el modo como cada uno, ¬ sea cual fuere su estado o el género de vida religiosa que abrace-, ha de vivir en obsequio de Jesucristo (2 Co 10,5) y servirle fielmente con co¬razón puro y buena conciencia» (1Tm 1,5; 1Pe 1,22).
Jesús en su vida pública iba llamando a los que formarían parte de su Colegio Apostólico: «El que quiera venir en pos de mí niéguese a sí mis¬mo, tome su cruz y sígame». «Ven y sígueme», etc... Estas palabras que son dirigidas a todo cristiano lo son de un modo especial a los que llama el Señor para seguir sus Consejos en la vida religiosa.
Desde antiguo hubo cristianos que, no sólo siguieron a Cristo en el sentido espiritual que Él propuso, sino que, haciéndose peregrinos, ca¬minaron tras sus huellas en la misma Tierra Santa donde Él se encarnó, vivió, padeció y murió por nosotros.
Llegó un tiempo que la Tierra del Señor fue ocupada por los seguido¬res de Mahoma. Fue entonces cuando toda la cristiandad, puesta en pie, organizó las Cruzadas con el fin de reconquistar aquella tierra considera¬da patrimonio de Cristo. Muchos de aquellos peregrinos iban con áni¬mo de quedarse de por vida en aquella tierra santificada por Jesús de Nazaret.
Muchos cruzados, que habían ido a Tierra Santa con la intención de reconquistarla por la fuerza de las armas, bien fueran vencedores o ven¬cidos quisieron quedarse en aquellos sagrados lugares y se entregaron para siempre a Cristo en una vida de soledad, penitencia y oración.
El cristocentrismo de la Regla albertina da sentido y plenitud a todo lo demás. La vida en obsequio de Jesucristo implica abrirse desde el fondo de su ser a la palabra, escuchándola juntos, (n. 7) interiorizándola, for¬mando un cuerpo con ella (nn. 10, 18, 19, 22, 23). Es un conocer la pa¬labra viviéndola (nn. 18-23) y celebrándola (nn. 11 y 14).
El papel central, y en cierto modo único, de la liturgia eucarística se pone de relieve por la disposición estructural que sitúa el oratorio en medio de la celdas (c.14).
Quiere la Regla que el carmelita esté pendiente de la venida del Se¬ñor con diversas referencias en los números 18, 19, 21, 23 y 24. El pre¬sente no es tiempo de cumplimiento y plenitud, sino de provisionali¬dad y espera. El meditar día y noche en la ley del Señor se presenta casi como un axioma.
«Aquí estamos también en el camino, pues el Carmelo es una alta montaña, que hay que escalar”.
EDITH STEIN (N. 59)
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