Desde el Capítulo General de 1971 el llamado a la Justicia y Paz aparece frecuentemente en los documentos y en los compromisos de la Orden del Carmen. Durante estos años los Carmelitas han trabajado en el tema de la justicia en el mundo a través del estudio, la reflexión y el ministerio con los pobres y otras víctimas de la injusticia del mundo. Los Carmelitas reconocen la necesidad de responder a la situación de los pobres, a las interpelaciones del Evangelio, a la doctrina social de la Iglesia y al descubrimiento de la identidad y carisma de la Orden en los años que han seguido al Concilio Vaticano II. Este
modo de concebir las cosas es el resultado de numerosos encuentros,
muchas investigaciones y un profundo deseo de ser fieles a la llamada
de los Carmelitas en el mundo de hoy. Unidos en la oración y en la
fraternidad, este empeño en favor de la justicia, constituye el
modelo de vida para los Carmelitas de hoy: oración, fraternidad
y servicio integrados en una única trabazón de la vida
del convento y entre la gente.
En el curso de los años han surgido varias formas de servicio. En muchas comunidades de la Orden existen Comisiones por la Justicia y Paz cuyo deber es el de motivar a los miembros, recordándoles lo que la Orden y la Iglesia han dicho y para guiar algunas iniciativas que los miembros deseen asumir. En muchos lugares existen centros que se preocupan de los pobres con distribución de alimentos, vestidos, consejos, salud e higiene. Muchas iglesias de la Orden se encuentran en lugares donde la gran mayoría de la gente es pobre. Basando su predicación en la Sagrada Escritura, y atentos a cuanto está sucediendo en la sociedad, los Carmelitas comunican un mensaje que mira a la conversión de las personas que conduce también a la acción a favor de la justicia. En algunos casos, como en las Filipinas, en Zimbabwe y en Brasil, los Carmelitas han tomado parte en la lucha del pueblo contra los regímenes opresores. Algunos religiosos sobresalen por la natural radicalidad de su compromiso. Para los Carmelitas esta llamada ha llegado a ser parte de su identidad. Las Constituciones de la Orden hablan claramente al respecto. Para los Carmelitas este modo de estar en medio del pueblo "es signo y testimonio profético de nuevas relaciones, amistosas y fraternas entre hombres y mujeres en todo lugar. Es profecía de justicia y de paz en la sociedad y entre los pueblos, realizada, como elemento constitutivo de la Buena Nueva, en el compromiso efectivo de colaborar por la transformación de los sistemas y estructuras de pecado en sistemas y estructuras de gracia." (C.24). El compromiso carmelita por la justicia y la paz está dirigido hacia la edificación de una relación liberadora entre el pueblo y Dios, entre la misma gente, entre la gente y todo lo creado. La Regla carmelita, aunque cumpla ya 750 años, presenta todavía este tipo de integración y equilibrio en las relaciones, uniendo la sabiduría de 13 siglos con la sabiduría y necesidad de hoy. Para otras informaciones contactar
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