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Carta del Prior General, P. Joseph Chalmers, O.Carm. a la Familia Carmelita |
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1. El 8 de octubre de 2006 en Fiesole (Florencia) se declarará oficialmente Beata a la Venerable Madre María Teresa Scrilli (1825-1889), fundadora del Instituto de Nuestra Señora del Carmelo. Se trata de una nueva hermana que se une a la multitud de Santos, Beatos y Mártires que desde los orígenes han vivido y encarnado en las diversas situaciones de la vida, lo que puede definirse como el carisma del Carmelo y su espiritualidad. 2. De hecho, la vocación universal a la santidad que es una en la Iglesia como vida de unión con Cristo, debe cultivarse conforme a la vocación propia de cada uno, como nos recuerda la Lumen Gentium: «Una misma es la santidad que cultivan, en los diversos géneros de vida y ocupación, todos los que, movidos por el Espíritu de Dios y obedientes a la voz del Padre, adorándole en espíritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz para merecer tener parte en su gloria. Sin embargo, cada uno, según sus dones y funciones, debe avanzar con decisión por el camino de la fe viva, que suscita esperanza y obra por la caridad» (Lumen Gentium, 41). Esta llamada a la santidad es también hoy una vocación que se debe anunciar a todos, una invitación de Dios a caminar con Él y que debe convertirse en el corazón del compromiso personal de cada uno de los creyentes. Además lo recordaba Juan Pablo II en el Novo millennio ineunte, proponiéndolo como un programa pastoral para el Tercer milenio de la vida de la Iglesia: «Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este “alto grado” de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección. Pero también es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona» (Novo millennio ineunte 31). La vivencia histórica de la Madre Scrilli 3. María Scrilli nació el 15 de mayo de 1825 en una época, el siglo XIX, que vio como se producía en toda Europa una gran transformación económica, política y cultural. Ningún estado o región fue ajeno a estas innovaciones y la Toscana no fue la excepción. La elección para ocupar el solio pontificio de Pío IX en junio de 1846 y las reformas por él concedidas al Estado Pontificio provocaron una reacción en cadena que comprometió, primero entre todos, al Gran Ducado de Toscana. Pueblos enteros se movilizaron en busca de la independencia nacional. En este clima de agitación sobre todo política María Scrilli alimentó y maduró su ascesis espiritual. 4. Una misteriosa enfermedad la mantuvo inmóvil en la cama durante dos años y se curó milagrosamente por intercesión del mártir S. Florencio. Durante su convalecencia en el campo sintió la llamada del Señor a llevar una vida de entrega total a Él. 5. Al volver al pueblo, algunas familias empezaron a confiarle a sus hijas a las que impartía clases regularmente. El número de alumnas aumentaba cada vez más y para no privar de libertad a los padres decidió, junto con sus compañeras, que compartían con ella algunas prácticas de piedad, buscar un entorno adecuado para acogerlas. Comenzaba a esbozarse la futura fundación. 6. El Instituto nació en un período de insurrecciones para la unidad de Italia. Esta situación política, caracterizada por un clima claramente anticlerical y especialmente hostil a la vida religiosa femenina, arruinó la Obra que acababa de ver la luz, pero que ya estaba dando buenos frutos. El anticlericalismo y la masonería, presentes también en las autoridades políticas de Montevarchi, consiguieron que los amigos se convirtieran en enemigos y el 30 de noviembre de 1859 llegó la orden del Real Gobierno de disolver el Instituto, abandonar el local ocupado en la Escuela y secularizarse. También la comunidad de Foiano, segunda sede el Instituto, fue obligada a disolverse y a quitarse el hábito religioso a pesar de que toda la población se rebelase por el alejamiento de las hermanas del pueblo. La Madre María Teresa usó todos los medios a su alcance para salvar el Instituto, pero todo fue inútil debido a un cúmulo de intereses y por el comportamiento ambiguo de las autoridades de Montevarchi. 7. La Madre Scrilli no vivió la alegría de ver florecer su Instituto. Escondida con Cristo en Dios ella imprimirá con su renuncia – humanamente hablando – y con su derrota, la verdadera espiritualidad del Instituto: la total oblación a la supremacía de Dios y de su Palabra como nos recuerda la Regla de Alberto, fuente del carisma del Carmelo, y la disponibilidad completa hacia la Iglesias y hacia los hermanos. Esta postura suya puede encontrarse plasmada en algunas de sus expresiones en la oración del lugar secreto del corazón, dejando entrever su evangelio interior y que conduce a la verdadera sabiduría de la vida: «Te amo, oh mi Dios, en tus dones; te amo, en tu nulidad, ya que también en ésta comprendo, tu infinita sabiduría: te amo en las múltiples vivencias variadas o extraordinarias, de las que has acompañado mi vida... Te amo en todo, en el trabajo, en la paz; porque no busco, nunca busqué, tus consuelos, sino a Ti, Dios, de los consuelos. Por eso nunca me glorifiqué, ni me complací, de aquello que me hiciste probar en tu Divino amor como única gracia gratuita, ni me angustie ni turbé, si me vi abandonada en la aridez y pobreza» (Autobiografía, 62). El Instituto hoy 8. Actualmente el Instituto cuenta con 250 hermanas distribuidas en 40 comunidades en Italia, Brasil, India, Indonesia, Israel, Polonia, Canadá, Filipinas, Estados Unidos y la República Checa. A la educación de la juventud en las escuelas, en la catequesis, en los grupos parroquiales y de los modos más coherentes en los países en los que viven sus misiones, se ha añadido la asistencia a los enfermos desde antes de la primera guerra mundial. Las hermanas también trabajan en las casas de reposo para ancianos, donde manifiestan el mismo amor y premura a todos los que han caracterizado la vida de la Madre María Teresa. Los valores de su espiritualidad 9. Por circunstancias personales y por vocación la Madre María Teresa está profundamente vinculada a la espiritualidad carmelita. En el monasterio de S. María Magdalena permaneció poco tiempo, pero descubrió y se enraizó en su vocación carmelita vivida en el mundo a través de la actividad apostólica y entró en la Tercera Orden Carmelita. Su contacto con los Padres Carmelitas Descalzos de S. Paolino de Florencia le ayudó en este sentido. Los comienzos de la Obra estuvieron marcados por un espíritu de favor y de oración propio de la Orden y el espíritu de contemplación siempre permaneció vivo en ella. Su oración, que emana del total abandono, confianza y disponibilidad plena a la voluntad divina, asumió un aspecto de reparación de las ofensas infligidas a Dios, de alabanza, de alegría en la relación con Dios, de unión y de profunda fe en Dios en las pruebas y en la tentación, todo de acuerdo con las experiencias conocidas de las almas contemplativas carmelitas, de las que la Madre asumiendo el nombre de Teresa, quiso seguir en concreto de la Santa de Ávila: «…y perseverando en este ejercicio santo, tengo mucha confianza en la misericordia de ese Dios que nadie ha tenido nunca en vano como amigo, ya que la oración mental, para mí, no es otra cosa que una relación íntima de amistad, un entretenimiento habitual frente a frente con Aquel que sabemos que nos ama» (Vida de S. Teresa de Jesús, 8,5). 10. La búsqueda de Dios ha dominado en la Madre desde su más tierna juventud. Ha llevado a cabo esa búsqueda a través de la oración, pero también a través de la conformación de su vida a la voluntad de Dios siempre y en cualquier circunstancia y desde muy joven se convirtió en su programa de vida. «Señor, por mí misma no soy nadie; y aunque lo fuese, no querría, porque mi único deseo es que se cumpla en mí… voluntas tua. Fiat» (Autobiografía, 90). Éste es el hilo de oro que atraviesa toda la vida de la Madre: el abandono confiado en Dios y la obediencia total, incondicional, a su voluntad. «Siempre repetiré: Fiat». 11. En la espiritualidad de la Madre María Teresa es fundamental la adhesión a Dios en el arduo camino de la cruz que comenzó desde la infancia y lo abrazó con el único deseo de reparar las ofensas que le hacían. Sus escritos expresan de manera sencilla, una profunda sabiduría centrada en el misterio de la cruz. A los sufrimientos morales, a la soledad, siguió con frecuencia la enfermedad, sin impedirle, sin embargo, ofrecerse continuamente a Dios hasta el consummatum est. Probó a ofrecer todo por amor y con amor. «Sufrir por amor» ella dice. «Se os ha concedido la gracia no sólo de creer, sino también de sufrir por él» (Fil 1,29). Maria Scrilli creyó y sufrió; recordándonos que ninguna cruz carece de sentido y que toda cruz aceptada llena y madura la vida; ha demostrado que servir al Señor da libertad y que la fe en él nos vuelve capaces de ser fraternales y compartir. «En la Oración, considerando las grandes ofensas que se hacían a Dios, fue tanta la pena, que le pedí con gran insistencia, que me hiciese sufrir; que con este sufrimiento, presentándome como víctima ante Él, quería compensarlo; quería complacerlo en contrapartida por los agravios que recibía de sus ingratos ofensores» (Autobiografía, 61). El carisma del Instituto 12. La tenaz, humilde y silenciosa historia de María Scrilli transcurrió en las complejas vivencias de la unidad de Italia, del liberalismo anticlerical, antirreligioso y el triunfo de la revolución industrial. Atenta a uno de los problemas más graves de dicha sociedad, quiso dar a las jóvenes, especialmente las más necesitadas, una preparación humana completa desde el punto de vista cultural, escolar y religioso que respondiese a las necesidades de su vida específica, como mujeres, preparándolas para un trabajo digno e independiente. En esta perspectiva se puede comprender el carisma contemplativo-educativo vivido por la Madre Scrilli y transmitido a sus hijas. Quiso realizar su vocación en un monasterio carmelita, encarnando la espiritualidad y, sin embargo, entendió que, sin perder la profunda exigencia contemplativa, podía comprometerse en el campo educativo porque era un «dejar a Dios por Dios; es decir, dejar a Dios en la contemplación de Magdalena, para volver a encontrarlo en los deberes propios, de los cuidados de Marta; como si le hubiese cedido su lugar, y no más; y por lo tanto si no se hubiese volcado toda en ella, por el Divino Maestro, creo yo, no habría sido corregida: que goce o que dejamos de disfrutar de Él, para sufrir por Él: y luego volver a descansar en Él» (Autobiografía, 37). 13. Como para cada persona enamorada de Cristo y como prescribe la Regla de Alberto, el corazón y el centro de la existencia de la Madre Scrilli era la Eucaristía, el Pan divino, que muy pronto le fue suministrada a diario. 14. También fue grandísima su devoción a la Virgen, su «querida Mamá», que no era devoción de naturaleza intimista y alienante, sino experiencia de profunda familiaridad. Esta presencia mariana nace en un contexto de oración, se extiende fuera de ella, se expresa en forma de amor afectuoso, encuentra en él su complacencia y el consuelo, alcanza su cumplimiento en el afán de unirse con María en el cielo. Esta presencia mariana y carmelita introduce a la Madre María Teresa en la mística de la Pasión, tanto que el amor a María «comenzó a hacerme dulce el sufrimiento». La Mamá querida le hacía saborear sus cuidados y la dulzura de su amor. La relación con la Virgen se caracteriza por rasgos filiales de hija a Madre y pone el Instituto bajo su protección desde el inicio. Trata con la Virgen Madre como persona presente en la propia vida, advierte la materna y continua presencia a lo largo del día, en las actividades y hasta en el reposo nocturno. El papel de la educación 15. La exhortación Vida consagrada recuerda que «La historia de la Iglesia, desde la antigüedad hasta nuestros días, es rica en admirables ejemplos de personas consagradas que han vivido y viven la tensión en la santidad mediante el compromiso pedagógico, proponiendo al mismo tiempo la santidad como meta educativa. De hecho, muchas de ellas han realizado la perfección de la caridad educando. Éste es uno de los dones más valiosos que las personas consagradas pueden ofrece también hoy a la juventud, haciéndola objeto de un servicio pedagógico lleno de amor, siguiendo el sabio consejo de Juan Bosco: «Los jóvenes no sólo deben ser amados, sino que deben saberlo que lo son» (Vita Consecrata, 96). También se inspira en esta espiritualidad la Madre María Teresa de Jesús, la cual tuvo oportunidad en varias ocasiones de confrontarse en persona con San Juan Bosco, y se legan también algunos mensajes que propuesto sobre todo a sus hijas, y con los cuales puede fecundamente cotejarse quien hoy está comprometido en el campo educativo. De hecho, María Teresa Scrilli testimoniando heroicamente la esperanza cristiana y la capacidad de resurgir del dolor, invita a considerar la educación como servicio, como una relación personalizada y un saber ponerse en relación. 16. Para su Instituto, el camino de caridad que debe recorrer es el de la educación de la juventud, especialmente la más pobre, «desde la más tierna infancia hasta la completa adolescencia». Por eso pide a las hermanas que hagan además de los tres votos habituales un cuarto voto, el de «ser de utilidad al prójimo mediante la instrucción moral cristina y civil que se debe conferir el sexo femenino» (Reglas y Constituciones ,1854-55,1). La fidelidad creativa en la Iglesia 17. La experiencia histórica y espiritual de la Madre Scrilli como testimonio de una vida concedida a los demás a través de Cristo, nos muestra a todos nosotros cómo ser santos para construir una nueva civilización del amor, de hombres y mujeres que acogen el don de Dios, y responden sin medida a su infinito amor con una dinámica de vida espiritual que invade cualquier dimensión humana y que forja al santo actual. De hecho, uno no se convierte en santo extrañándose de la situación del mundo, ignorándola, sino que uno puede llegar a ser santo hoy al verlo con los ojos de Dios y al amarlo con el corazón de Dios. 18. La época de la Madre Scrilli puede tener algunos aspectos comunes con nuestra época, en cuanto a la inquietud de la pregunta sobre la fe. El diálogo entre creyentes y no creyentes se presenta como un reto entre las más altas y ricas en la cultura marcada por la falta de creencia y por la desconfianza religiosa. Como creyentes y como Iglesia estamos invitados a aceptar este reto y a vivirlo sin miedo, con espíritu y corazón, confiados en la fidelidad de Dios. Siguiendo el ejemplo de la Madre Scrilli somos llamados a afrontar retos y a realizar las elecciones de nuestro compromiso en la línea del Señor Jesús como personas individuales y como Familia Carmelita. Son dos los elementos que fluyen con preponderancia: el testimonio y el diálogo. 19. El testimonio consiste en ser sujeto de la verdad y, tratándose de una verdad cuya practica es el ágape, es ser sujeto del amor. El testimonio del amor es contagioso pero no violento; no es opresor sino paciente y benigno «no le falta respeto, no busca su interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no disfruta con la injusticia, sino que se complace en la verdad» (1Cor 13, 5-6). «El testimonio evangélico al que el mundo es más sensible es el de la atención a las personas y de la caridad hacia los pobres y más pequeños, hacia los que sufren. La gratuidad de este planteamiento y de estas acciones, que contrasta ampliamente con el egoísmo presente en el hombre, hace que surgen preguntas concretas orientadas a Dios y al Evangelio. También el compromiso por la paz, la justicia y los derechos humanos son un testimonio del Evangelio, si la persona le presta atención y se orienta al desarrollo íntegro del hombre» (Redemptoris missio, 42). Pero «la acción práctica es insuficiente si no se percibe en ésta el amor por el hombre, un amor que se alimenta del encuentro con Cristo. La participación íntima y personal en la necesidad y en el sufrimiento de los demás se convierte en una participación de sí mismo: para que el ofrecimiento no humille a la otra persona, debo darle no sólo algo mío, sino yo mismo, debo estar presente en el regalo como persona» (Deus caritas est, 34). 20. El segundo elemento es el diálogo. Por diálogo se entiende un método de búsqueda de la verdad, mediante la comparación con las opiniones de los demás, la discusión abierta y el intercambio de ideas. Joseph
Chalmers, O. Carm. 8 de septiembre de 2006 |
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