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Carta del
Introducción 1. La Familia Carmelita celebra este año 2002 el 550º aniversario de la Bula Papal titulada "Cum Nulla", dada por el Papa Nicolás V y dirigida al Beato Juan Soreth, Prior General de la época, el 7 de octubre de 1452. 2. El motivo principal de esta Bula Papal era la respuesta dada una petición hecha por la Orden y por la que se reconocía y daban facultades al Prior de los Carmelitas de Florencia para poder agregar laicos a la Orden. La respuesta del Papa abría las puertas a la Orden y reconocía oficialmente algo que se venía llevando a cabo de manera no oficial desde hacía, más o menos, cien años. 3. Los orígenes de laicos asociados a las Ordenes religiosas era algo que ya se realizaba desde el siglo XI dentro de la vida monástica. Aquellos laicos que deseaban compartir el modo de vida de los religiosos, pero sin ser monjes o monjas, eran llamados "conversi" (si eran hombres) y "conversae" (si eran mujeres). Estos laicos hacían los tres votos y vivían en comunidad. Hay constancia de mujeres solitarias agregadas a la Orden desde finales del siglo XIII. El grupo más antiguo de "sorores" (hermanas) que se conoce en la Orden es del año 1300 cuando el Prior General, Gerardo de Bolonia, agregó a la Orden a un grupo de las mismas en Venecia. El grupo de "laicos carmelitas" más antiguo lo encontramos en Lucca, también en Italia, en 1284. 4. Anteriormente a la Bula "Cum Nulla" existían hombres y mujeres asociados a la Orden de modos diversos. Estaban aquellos que de forma individual o en grupo eran considerados como parte de la Orden, independientemente del estado canónico del que gozaran. La Orden fue siempre más bien creativa y compartía el carisma con aquellos que sintieran este deseo. El reconocimiento oficial vino más tarde. Este suele ser el camino normal como suceden estas cosas. También hoy, en diversas parte de la Orden, están surgiendo nuevas formas. Esto siempre es un riesgo, pero aprendiendo del pasado, podemos ver cómo Dios puede hacer que surjan cosas maravillosas con comienzos humildes. 5. La Bula "Cum Nulla" abrió la puerta para un eventual ingreso de hermanas en la Orden que de modo activo trabajaran para extender el Reino de Dios en el mundo. Estas mujeres carmelitas son un testimonio de la Buena Noticia que Jesucristo vino a traer, especialmente para los pobres. El aniversario de la Bula es un momento oportuno para que todos los Carmelitas reflexionemos sobre nuestros valores fundamentales en los distintos estilos de vida. En esta Carta deseo centrarme, particularmente, en la importancia para la Familia Carmelita de nuestras Monjas y nuestros Laicos. Las Monjas Carmelitas 6. Las Constituciones de nuestras Monjas dicen: "La Orden tuvo desde el siglo XIII, con su difusión en Europa, algunas mujeres particularmente ligadas a su espíritu y que muy pronto se comprometieron con los mismos vínculos que los religiosos. La bula "Cum nulla" de Nicolás V, en el año 1452, mientras aprobaba una situación de hecho, ponía las bases para un ordenado desarrollo del Carmelo femenino, a fin de que "la Bienaventurada Madre de Dios fuese venerada por las religiosas, como lo era por los religiosos de la Orden" (Const. n.19. Deseo expresado por las monjas de Ten Elsen al Beato Juan Soreth, en respuesta a una carta del 14 de octubre de 1453; AOC 11(1940-42),41). De este humilde comienzo surgió un movimiento de mujeres en el mundo dedicadas al servicio de Dios y del prójimo a través de una vida gozosa de oración y penitencia. Esta forma de vida ha producido innumerables ejemplos de mujeres santas, muchas de las cuales son desconocidas para nosotros, pero no para Dios. Sin embargo, la hija más famosa entre las monjas de clausura ha sido la gran Santa Teresa de Jesús, la cual, tomando los elementos tradicionales, los reelaboró con gran ingenio para sus muchas fundaciones. Viviendo en una época de gran efervescencia y agitación, incorporó lo mejor del pasado, teniendo una visión fresca y creativa de la vida contemplativa, visión que todavía tiene influencia en todas las Monjas Carmelitas. De hecho, toda Carmelita mira a Santa Teresa como una incomparable fuente de inspiración y como guía de la vida espiritual. En las Constituciones de las Monjas, las palabras de Santa Teresa son usadas para expresar la vocación que han recibido de Dios: "Nos sentimos ‘llamadas a la oración y contemplación, porque este fue nuestro principio, de esta casta venimos, de aquellos santos Padres del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita" (Santa Teresa, Moradas V, c.1, n.3 (2?)" (Const. 61). 7. La Monja Carmelita de clausura es un recordatorio para toda la Iglesia de la exigencia del amor absoluto de Dios. Ellas dan una respuesta radical a esta llamada de Dios, entregando su vida entera a la oración. La finalidad de esta vida es la contemplación, por eso a menudo las monjas de clausura son llamadas "monjas contemplativas". La contemplación entronca con el corazón del carisma carmelita. Con este modo radical de vida, son un testimonio para todos los Carmelitas del puesto central de la contemplación; su silencio es un testimonio para el mundo de cómo sólo en Dios puede haber respuesta a los infinitos deseos del corazón humano. 8. Podemos encontrar a través de los tiempos muchas maneras de entender la contemplación. Épocas han habido en las que ésta se confundía con una experiencia extática y emocional de la oración. La contemplación puede o no incluir estas experiencia, pero a menudo se desarrolla en un ambiente de obscuridad y sequedad. U n contemplativo tiene un relación íntima y madura con Dios. Una relación humana que llega a una verdadera intimidad pasa por varios estadios y alcanza madurez por ambas partes. Mucho más en la relación humano-divina; Dios, es cierto, no cambia nunca, pero nosotros sí, y de hecho debemos cambiar. Las relaciones humanas pueden enseñarnos de alguna manera el modo de conducirnos con Dios, pero tiene sus límites. Dios es quien nos busca y nos cerca con el fin de llevarnos por el camino de la transformación, hasta la meta de la vida humana, que es la unión con Dios, en la cual nosotros llegamos a ser semejantes a Dios. La vida de la carmelita de clausura está totalmente dirigida a responder a la llamada de Dios y crecer en esta relación. 9. La Virgen fue una verdadera contemplativa, en el sentido que estaba siempre en harmonía con Dios, aún cuando no comprendiera lo que estaba sucediendo. Ella "guardaba todo en su corazón"(Lc. 2,51) y vio siempre la voluntad de Dios en los acontecimientos de su vida. Ella es un modelo para la vida contemplativa. 10. La Iglesia ha subrayado a menudo la importancia del ejemplo de la Madre de Dios para los contemplativos, por Ej.: "Las monjas reviven y continúan en la Iglesia la obra de María. Acogiendo al Verbo con fe y en el silencio de adoración, se ponen al servicio del misterio de la Encarnación y, unidas a Jesucristo en su ofrenda al Padre, se convierten en colaboradoras del misterio de la Redención. Así como María, con su presencia orante en el Cenáculo, custodió en su corazón los orígenes de la Iglesia, así al corazón amante y a las manos juntas de las monjas se confía el camino de la Iglesia" (Verbi Sponsa, n. 4) 11. En cada momento de su vida, la monja carmelita delante de Dios ora por este mundo nuestro, con tantas necesidades. María, en el pasaje evangélico de las Bodas de Caná (Jn. 2, 1-11), es un ejemplo admirable de oración para la monja carmelita. La Virgen dijo simplemente a Jesús: "no tienen vino", y lo dejó todo, con una total confianza, en sus manos. Sus palabras al mayordomo de la fiesta: "Haced lo que él os diga", resuenan en los claustros de las monjas y llegan hasta el mundo. Tal vez el momento culminante de la vida de la Virgen, y el más representativo para la monja de clausura, pueda ser cuando estuvo silenciosa al pie de la cruz. Su silencio era más elocuente que muchas palabras. 12. El Profeta Elías es también un poderosos ejemplo de vida contemplativa para la carmelita. Transformado por la Palabra de Dios y ardiendo en celo, proclamó esta Palabra a sus contemporáneos. Se mantuvo en la presencia de Dios, dispuesto a servir y obedecer, sin importarle nadie. Desafió al pueblo para que dejara de cojear con ambos pies (cfr. I Re 18,21), significando esto el servir a dos Dioses. Todo ser humano tiene que hacer una elección. El contemplativo debe saber discernir esta sutil tentación, a fin de evitar las múltiples insinuaciones que se entremezclan en la respuesta a la llamada de Dios y que la sustituyen poniendo en su lugar la nuestra. Todo aquel que se siente seducido por la Palabra de Dios, rechaza aceptar placidamente cualquier forma de manipulación del nombre de Dios con fines meramente humanos. Elías estaba dispuesto en el Monte Horeb a encontrarse con Dios bajo cualquier modo nuevo e inesperado y también para comprender que Dios está siempre presente, aún cuando las apariencias digan lo contrario (cfr. I Re 19, 9-13). La monja carmelita tiene una vocación que es contemplativa y profética, o más bien, su vocación contemplativa incluye e inspira su vocación profética. No está llamada a predicar en público, pero el testimonio de su vida nos recuerda a todos la importancia de la escucha de la voz de Dios en la brisa suave o en el silencio (I Re 19, 12). Una vez que hayamos oído esta voz, nos sentimos cambiados para siempre. 13. La finalidad de la vida de clausura y todas las normas que regulan la misma es para poder tener la preparación ideal a fin de alcanzar la contemplación, don sublime de Dios. A través de este don, el ser humano se une con Dios y, por lo tanto, se purifica y se transforma. Tener una mirada contemplativa sobre todo lo creado, es ver todo con los ojos de Dios y amar todas las cosas con el mismo corazón de Dios. Aquí no se da la exactitud de una ciencia matemática, por eso los místicos prefieren la poesía a la prosa cuando tratan de describir sus experiencias. La contemplación no es un don para uno mismo, es un regalo para el mundo. Transforma a la persona de tal manera que ésta puede ver todo desde la perspectiva de Dios. Esto conlleva una profunda conversión del corazón, y es cuando el contemplativo puede ver claramente la injusticia y la necesidad de unidad en nuestro mundo, esforzándose cada vez más para que los valores del Reino lleguen a ser una realidad. 14. La aventura de la vida humana es un proceso de crecimiento en el amor y la parte esencial de este proceso, es la purificación del corazón. Sin este doloroso proceso, no podemos amar de verdad. La purificación es dolorosa porque, a través de esta noche obscura, todas nuestras pretensiones e ilusiones caen por tierra. Podremos ver realizado en lo más profundo de nuestro ser que sólo podemos vivir gracias a Dios. Es fácil decir esto, otra cosa distinta es comprenderlo. Este es el primer paso para entrar en la noche obscura. La noche obscura no es una punición, sino un signo del amor de Dios hacia nosotros y un signo de que Dios nos libera a fin de poder llegar a ser aquello para lo que fuimos creado. La oscuridad es más intensa cuando el amor de Dios alcanza la parte más íntima de nuestro ser, pero esta mayor oscuridad de la noche indica que la aurora está cercana. 15. El Papa ha alabado la vida contemplativa y ha declarado el gran valor de la misma para la Iglesia y para el mundo. El valor de la misma consiste en que los que están llamados a la misma entran conscientemente dentro de este proceso de purificación y transformación. San Juan de la Cruz nos dice: "…es más precioso a los ojos de Dios y de más provecho para el alma, el prójimo y la Iglesia un poco de este puro amor que todas las obras juntas" (Cánt. Espir. B, 29,2). Un ser humano, completamente purificado, hace la presencia de Cristo sea más fuerte y puede hacer mucho más de lo que él se imagina. El monasterio carmelita, de este modo, hace que el amor de Dios resplandezca y lo hace presente en el mundo. 16. Las Constituciones de las Monjas Carmelitas resaltan este punto cuando dicen: "La monja carmelita, fiel a la rica tradición de la Orden, presta un servicio inestimable al pueblo de Dios, gastando su vida en la presencia de Dios, en el ardor de la oración y del celo apostólico. A semejanza de Elías, inspirador del Carmelo, asume la línea profética como característica propia de su vida, orientada a la escucha interior de la Palabra de Dios y a dar un testimonio especial del Dios vivo y de las exigencias supremas de su Reino. En íntima unión con María, "libro en el cual está escrito nuestra Regla, porque en ella está escrito el Verbo", se propone vivir el misterio de su vida interior y de la unión intrínseca con Dios, en Cristo Jesús" (Const. 22). Ellas llegan a decir: "Una auténtica vida contemplativa es necesariamente apostólica. Por eso el espíritu apostólico penetra toda nuestra vida de modo que la oración y la inmolación están animadas por el ardor eclesial y misionero, según el ejemplo de nuestro Padre S. Elías: "Me abraso de celo por el Señor Dios de los ejércitos" (Const. 92). 17. La vida de clausura puede parecer un mundo muy pequeño, y puede ser una tentación constante de los que viven este estilo de vida, reducirse al misma. Sin embargo, la finalidad de esta vida es ensanchar el corazón de la persona llamada a la misma para que pueda abrazar a todo el mundo. Santa Teresa de Lisieux exclamaba llena de alegría: " He encontrado mi puesto en la Iglesia y este puesto es Dios quien me lo ha dado: ¡en el corazón de mi Madre Iglesia seré el amor!…así lo seré todo" (Man.B, 3v). Ella descubrió su vocación personal, y, yo diría que ésta es la vocación de todas las Monjas Carmelitas. Todo lo que hagan, hablen o piensen en el pequeño reducto del monasterio, tiene un significado eterno para el mundo. En años pasados animé a tener un mayor contacto entre los frailes y las monjas a fin de fomentar un sentido mayor de familia entre nosotros, ya que somos hermanos y hermanas. Tenemos el sagrado deber de ayudarnos unos a otros en la práctica, pero por encima de todo debemos ayudarnos a vivir plenamente nuestra vocación. El modo más importante con el cual nuestras monjas pueden ayudar al resto de la Familia carmelita es con la oración y el sacrificio diario. Desde se puesto de vigía contemplativo nos recuerdan a todos nuestra común vocación a ser testigos del amor de Dios para los pobres. 18. No tenemos medios para juzgar el valor de la oración y cómo ésta puede ayudar a los demás. Es cuestión de fe y sabemos por el Evangelio cuánto valora Jesucristo la fe. Conocemos bien la oración y el sacrificio que hizo por los demás Santa Teresita. Creyó que el amor era lo único que permitía a los apóstoles predicar y a los mártires derramar su sangre (Man. B, 3v). Toda la Familia Carmelita está unida a través de la oración y ésta es la que permite y realiza la presencia y la acción de Dios en nuestra vidas. Modelos de Monjas de Clausura 19. Las carmelitas de clausura han producido muchísimas santas mujeres, muchas de las cuales solamente son conocidas por Dios. Sin embargo, la Iglesia ha beatificado y canonizado a varias de ellas, proponiéndolas como modelos para toda la Iglesia. Ellas son una llamada, más allá del claustro, y también un testimonio de que solamente el amor de Dios basta para responder a los infinitos deseos del corazón humano. No es el propósito de esta Carta hacer un descripción de todas ellas, pero deseo brevemente resaltar algunas figuras que son modelos para la vida de clausura. Beata Francisca d’Amboise (1427-1485) 20. La fundadora de las monjas carmelitas en Francia se la conoce como la Beata Francisca d’Amboise. Junto con su marido, que se convirtió en el Duque de Bretaña en 1450, fue Duquesa durante siete años, hasta la muerte de éste. Tras varios coloquios con el Beato Juan Soreth, manifestándole su deseo de ser monja carmelita; contribuyó con sus bienes para la primera fundación de monjas carmelitas en Francia. Esto se llevó a cabo en Bondon, cerca de Vannes, en 1463, con monjas venidas de Lieja. La Beata Francisca ingresó en 1468. In 1477 fundó ella misma un segundo monasterio en Nantes. Tuvo una gran influencia en la legislación de las Monjas Carmelitas, insistiendo en la estricta clausura, anticipándose con esto a las normas del Concilio de Trento. Beta Juana Scopelli (1428-1491) 21. La Beata Juana Scopelli nació en Reggio Emilia, Italia, y deseó desde edad temprana abrazar una vida de dedicación a Dios. Pertenece al periodo previo a la organización de las monjas carmelitas y es una de las figures principales para la implantación de la Segunda Orden en Italia. Recibió gracias mística de Dios y sufrió un largo periodo de purificación interior. Su corazón carmelita se manifestó principalmente en relación con la Virgen María. El monasterio, fundado por ella en 1485, tuvo como finalidad principal la oración por la Iglesia. La Beata Juana, junto con veintidós jóvenes compañeras, se unieron a la Congregación Mantuana de la Orden. Fue priora del monasterio, así como guía espiritual del mismo. Ella no encontró una tradición en Italia referente a monasterios carmelitas femeninos donde poder inspirarse, sin embargo, tuvo el ingenio suficiente para adaptar los valores fundamentales carmelitas a la nueva situación. Durante esta época sucedía lo mismo en Francia, como se ha dicho arriba, en Bélgica y en España. Beata Arcángela Girlani (c.1460-1495) 22. Otra figura famosa en el establecimiento de las monjas carmelitas en Italia es la Beata Arcángela, la cual ingresó en el monasterio de Parma junto con sus dos hermanas en 1477. Al entrar en el Carmelo tomó el nombre de Arcángela porque deseaba emplear su vida en la oración con Dios del mismo modo que lo hacen los ángeles en el cielo. Fue elegida Priora no mucho tiempo después de su Profesión y en breve tiempo la fama de su santidad se extendió por los alrededores. Fue requerida para hacer la nueva fundación de Mantua. Se cuenta que los ciudadanos de Parma estaban desolados al perder a su "santa", no así los de Mantua que se encontraban encantados con la misma. Quizás esta conmoción medieval no se dé en nuestros días, pero ello nos pueden dar alguna indicación de cómo un monasterio de contemplativas no es algo solamente para la santificación personal, sino que testimonia el amor que Dios tiene a todos los hombres y mujeres. Santa Teresa de Jesús (1515-1582) 23. De vez en cuando Dios hace surgir personas con dones especiales destinadas a realizar una obra especial. Las líneas principales de la vida de Santa Teresa son muy conocidas. Ingresó en el monasterio de la Encarnación de Ávila en 1536 y fue en este monasterio donde recibió su primera formación carmelita, volviendo allí después como Priora. 24. En 1554 tuvo la profunda experiencia de su conversión en este mismo monasterio e hizo voto de no abandonar la oración. En 1562 hizo su primera fundación en San José de Ávila. Aunque la fundación encontró varias dificultades de tipo local, obtuvo el permiso del Provincial de Castilla, P. Ángel de Salazar. Sabemos también que el P. Rossi (o Rubeo), Prior General de la Orden, durante su visita a España en 1568 para tratar de implantar la reforma del Concilio de Trento, tenía un alto concepto de ella y le dijo que fundara "tantos monasterios como pelos tenía en la cabeza". Ella realizó este su deseo de fundar un nuevo estilo de monasterio, no como rechazo del Carmelo, sino como un anhelo de vivir más profundamente el ideal carmelita de una manera original y creativa. Dentro de su monasterio encontró muchas monjas con el mismo deseo. 25. Santa Teresa recibió grandes dones en la oración, pero principalmente recibió el don de poder describir su experiencia para poder ayudar a muchísima gente en su camino hacia Dios. Teresa tiene un sentido práctica cuando establece lo que es necesario para la vida de oración en el monasterio, pero sobre todo pone como cosa necesaria: "amor de unas con otras; desasimiento de todo lo criado; verdadera humildad – esta última es la principal y las abraza todas" (Camino de Perfección, 4,4). Estas tres virtudes comprenden nuestra relación fundamental con Dios: los otros, el mundo que nos rodea y Dios. A menudo escribe ella de la necesidad de purificación de nuestro amor para que realmente haga bien a aquellos a quienes se dirige y para que nos ayude a nosotros a crecer. Desasimiento significa tener una relación correcta con los demás y con las cosas, lo esto incluye un proceso de purificación. 26. En el momento que Teresa describió sus trabajos y esfuerzos, era una gran mística; había pasado por momentos buenos y malos en su experiencia de oración y a través de los mismos pudo ir más allá de sí misma. Desde esta perspectiva estaba capacitada para mirar hacia atrás y poder ayudar a otros en sus dificultades en la oración. Hablaba con gran autoridad y con profundo conocimiento de la condición humana. Abandonó la oración personal casi durante veinte años, en el sentido de una intima conversación con Dios. Cuando la volvió a tomar, prometió no dejarla nunca por ningún motivo. Su finalidad principal, cuando escribe o reza, es estar abierta a recibir el don de la contemplación. Insiste en el conocimiento propio para todo este camino (Castillo interior 1,8). No dialogamos en la contemplación con el misterio de Dio, sino que estamos inmersos en el misterio de Dios. Nos preparamos para recibir este don y Dios eligirá el momento para darlo a través de la fidelidad en la oración y en la vida diaria. Cuando individualmente se recibe este don de la contemplación, cambia todo. El signo autentico del crecimiento en la oración se conoce porque la persona es cada vez más sencilla, humilde, tiene más amor y así todo lo demás. Es vital que la persona busque a Dios y no a sí misma. Santa Teresa es siempre muy práctica. Da advertencias contra autocomplacencia en la oración. El camino de la unión con Dios no depende de lo que una sienta, sino cómo se responde a Dios en la vida diaria. Santa Maria Magdalena de Pazzi (1566-1607) 27. Ingresó en el monasterio carmelita de Santa María de los Ángeles a la edad de dieciséis años en 1582, año de la muerte de Santa Teresa. Era un monasterio lleno de vida con casi ochenta monjas. Los primeros cinco años de la vida religiosa de Magdalena estuvieron marcados por visiones, éxtasis y otros fenómenos. Los miembros de la comunidad escribieron sus manifestaciones extáticas y gracias a esto podemos conocer a Santa María Magdalena. 28. Una de las características de la espiritualidad de Santa María Magdalena fue su gran amor a la Iglesia, pasión grande por su reforma y por la reforma de la vida consagrada. Fue un testigo eminente de celo apostólico y de dimensión eclesial, que es el fruto de la verdadera contemplación. 29. El monasterio carmelita es una parte vital de la Iglesia local y no un refugio frente al mundo. La monja carmelita, como Santa María Magdalena de Pazzi, se sumerge más profundamente en el corazón de la Iglesia y en su misión de extender el reino de Dios. La clausura es una separación física del mundo cuya finalidad es dar una mayor libertad a la monja carmelita para estar espiritualmente unida con cada ser humano. "De este modo, su vida se convierte en una misteriosa fuente de fecundidad apostólica y de bendición para la comunidad cristiana y para el mundo entero "(Sponsa Verbi, n.7). 30. Santa María Magdalena de Pazzi tuvo una profunda devoción a la Pasión de Cristo y vio en ella el camino por el cual el ser humano es recreado. Su espiritualidad es cristocéntrica y al mismo tiempo mariana. Comprendió que la vuelta del ser humano a Dios se debate entre dos amores: el amor propio y el de Dios. El orgullo destruye la unión entre Dios y el ser humano y entre los seres humanos entre sí. La humildad restablece esta unión. El amor es la clave para la relación humano-divina. La vida espiritual para la monja florentina es circular: comienza y acaba en Dios. La persona transformada vive la vida de Dios y esto es un gran beneficio para toda la Iglesia. 31. Muchos de los éxtasis de Santa María Magdalena de Pazzi tuvieron lugar durante celebraciones litúrgicas. A menudo le suceden después de haber recibido la Sagrada Comunión, que la percibe como el sacramento del amor y la hace sumergirse en una oración profunda. La Liturgia es un momento esencial para la vida de la monja carmelita. Como los ermitaños del Monte Carmelo, la monja carmelita va desde la soledad de su celda a la capilla, en el corazón del monasterio, y de allí vuelve a su celda. Lleva a la oración comunitaria, que es la oración de Cristo, cabeza y miembros, un corazón que ha sido purificado por la comunión con Dios en la soledad de la celda. Es impulsada por la oración comunitaria a una contínua búsqueda de Dios. 32. La fiel celebración de la Liturgia divina es una parte integrante de la misión de la comunidad de clausura. La diaria celebración de la Eucaristía y del Oficio Divino es una parte de la oración contínua de Cristo al Padre. Todo el ser de la carmelita se alarga a través de su vida de unión con Dios y así está abierta a todas las necesidades de Iglesia y del mundo y los presenta por medio de Cristo al Padre por el poder del Espíritu Santo. Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897) 33. La hija más conocida de Santa Tersa de Jesús es, sin lugar a dudas, la Santa de Lisieux. Aunque ella es un miembro de las Carmelitas Descalzas, sus enseñanzas y su ejemplo son válidos, no solo para toda monja carmelita, sino también para cualquier cristiano. Vivió contrariamente a la espiritualidad de su tiempo, que veía a Dios como un juez duro y la vida espiritual como una serie de obstáculos que hay que vencer; comprendió que Dios era un Padre cuyo amor es infinito y que desea hacerla santa; no tenía, pues, que hacer esfuerzo arduos para subir a estas altas montañas de la espiritualidad, sino que el mismo Jesús la llevaría hasta allí. Enseñó que todo lo que hacía falta era tener una gran confianza en Dios. A través de esta confianza, Teresa llegó a ser una gran santa y Doctora de la Iglesia. Siempre quiso ser misionera y este deseo se puede ver plenamente cumplido en nuestros días puesto que sus reliquias son veneradas por millones de personas en numerosos países. 34. Una vida encerrada en un monasterio puede aparecer como muy restringida, pero Santa Teresita nos enseña con su ejemplo y con su "Caminito" que podemos demostrar nuestro amor a Dios en las cosas pequeñas y Dios utilizará este amor para la salvación de todos. Santa Teresita nos lleva a un nuevo nivel que ya antes había enseñado Santa Teresa: "El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen" (Moradas, 7,4,15). La carmelita está llamada a vivir enteramente para Dios para la salvación del mundo. Haciéndolo todo con un amor grande, se convertirá en aquello para lo que ha sido creada y será un poderoso apóstol del amor de Dios hasta los confines de la tierra. El Futuro 35. A través de la actual situación de Europa y Norte América, las monjas de clausura sufren a causa de la falta de vocaciones. Sin embargo, en otras partes del mundo están surgiendo y recientemente dos nuevos monasterio han sido fundados en Filipinas. La Orden también ha hecho una fundación en África (Machakos, Kenya) en los últimos años. El Consejo General se ha comprometido a ayudar a las Monjas en la elaboración de una Ratio para la formación, inicial y permanente, de las que entren y de las que vivan la vida carmelita de clausura. Este proceso ya ha comenzado: un Encuentro de los Asistentes Religiosos de las Monjas con alguna representación de los Monasterios tendrá lugar en Febrero del 2003. Todas las Monjas están involucradas en este proceso antes de la publicación de la Ratio, lo cual espero se haga a finales del año 2005. 36. En la mente de mucha gente, el Carmelo está inexorablemente unido a la vida de oración. Los testimonios de una vida dedicada enteramente a Dios son cada más necesarios en nuestro mundo, lacerado como está por el odio y las guerras. Santa Edith Stein, copatrona de Europa, fue victima de un odio racial y religioso, pero venció abrazando la cruz de Cristo. La vida de clausura testimonia el amor hacia Dios, que es más poderoso que el odio, y hará que un día conquiste el corazón humano. El Documento Postsinodal, Vita Consecrata, va en esta línea: "Las comunidades claustrales, puestas como ciudades sobre el monte y luces en el candelero (cf. Mt 5, 14-15), a pesar de la sencillez de vida, prefiguran visiblemente la meta hacia la cual camina la entera comunidad eclesial que, « entregada a la acción y dada a la contemplación »,se encamina por las sendas del tiempo con la mirada fija en la futura recapitulación de todo en Cristo, cuando la Iglesia « se manifieste gloriosa con su Esposo (cf. Col 3, 1-4) »,y Cristo « entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad [...], para que Dios sea todo en todo » (1 Co 15, 24.28). Los Laicos Carmelitas 37. En este 550º aniversario de la Bula Cum nulla también celebramos la incorporación de los laicos a la familia Carmelita. Una gran mayoría de laicos carmelitas que pertenecen a lo que comúnmente llamamos "Tercera Orden". Los términos "Primera", "Segunda" y "Tercera" están tomados de la Orden de los Servitas desde principios del siglo XVI. Nunca se trató de indicar con ello una jerarquía, sino que expresa históricamente que algunos grupos han sido fundados antes que otros. 38. En algunas Provincias de la Orden los miembros de la Tercera Orden son conocidos sencillamente por el nombre de "laicos carmelitas", aún cuando este ultimo término comprende otros muchos grupos y realidades. En varios Países existen Hermandades y Cofradías muy antiguas. Hay muchos nuevos grupos que están floreciendo en distintas partes del mundo. Estos nuevos grupos testimonian la energía creativa que hay dentro de la Orden. Sin olvidar los millones de personas que llevan el Escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo. El carisma carmelita ha inspirado a muchas personas en el mundo para vivir el Evangelio profundamente, a veces de un modo heroico. 39. Deseo centrarme en esta Carta en los miembros de la Tercera Orden, independientemente del término que se utilice en los distintos países. Creo que el laico carmelita, en el sentido de Tercera Orden, tiene una verdadera vocación y es un testimonio para los demás del carisma carmelita, igual que muchos de los frailes, monjas o hermanas. 40. Los elementos fundamentales del carisma carmelita son bien conocidos: oración fraternidad y servicio. Estos tres elementos están unidos por la contemplación. Ante todo, los carmelitas están llamados a seguir a Jesucristo y a vivir el Evangelio en la vida diaria. En el seguimiento a Cristo nosotros nos inspiramos en dos figures bíblicas: La Virgen María y el Profeta Elías. Cada carmelita, religioso o laico, está llamado a vivir este carisma. El modo en el que ponemos estos tres elementos juntos se diferencia de acuerdo con el estado de vida de cada cual. El laico debe vivir el carisma carmelita como laico. Jesucristo dijo que no pedía al Padre que sacara a sus discípulos del mundo, sino que los librara del maligno (Jn 17,15). Todo carmelita se encuentra en el mundo, pero la vocación del laico es precisamente la de transformar el mundo. La Regla y los laicos carmelitas 41. La Regla de San Alberto es un documento carismático que está en el origen de cualquier forma de vida carmelita. En este breve texto se encuentran en embrión los elementos esenciales del carisma carmelita. Estos elementos han sido elaborados en los años sucesivos y principalmente a través de la tradición carmelita, enriquecido por la vida de muchas personas y, sobretodo, a través de nuestros santos. Cada persona llamada a vivir el carisma carmelita tiene una aportación especial en la tradición y esta pasa a los demás. 42. Los religiosos carmelitas tiene las Constituciones a través de la cual la Regla de San Alberto se aplica a las condiciones de nuestros días. Del mismo modo, la Tercera Orden tiene su Regla, la primera que conocemos fue publicada en 1675 por Felipe de la Visitación. Se cree que habría sido compuesta originalmente por el Beato Juan Soreth en 1455, pero esto no es muy seguro. La presente Regla de la Tercera Orden, como las Constituciones de los religiosos, trata de conectar el ideal carmelita y la presente realidad de aquellos que han de vivirla. Durante varios años se ha discutido a niveles nacionales e internacionales con miras a una puesta al día de la Regla de la Tercera Orden. Espero que pronto estemos en grado de presentar a la Santa Sede un texto adecuado para su aprobación y publicación. 43. Hay muchos sacerdotes y diáconos permanentes a través del mundo que son miembros de la Tercera Orden. Su vocación es diferente de aquellos que son laicos. Sin embargo, para todos los miembros la espiritualidad carmelita es la inspiración para vivir el mensaje evangélico en sus vidas diarias. 44. La Regla de la Tercera Orden se centra en la misión del laico carmelita, la cual está enraizada en el Bautismo y a través del cual cada cristiano participa del común sacerdocio de Cristo, de la dignidad real y del ministerio profético. El laico ejercita estas funciones tomando parte en la vida de la Iglesia y extendiendo los beneficios de la liturgia en la vida diaria. Con esto contribuye a la santificación del mundo. 45. Dentro de esta vocación bautismal común, algunos laicos está llamados a participar del carisma de alguna familia religiosa en particular. La Profesión como miembro del laicado carmelita es una más intensa repetición de las promesas del bautismo. Al entrar en la Orden ellos participan del carisma carmelita, el cual está marcado profundamente por la oración. Por tanto, la oración, sea la litúrgica como la personal, es una parte integral de la vida del laico carmelita. La participación diaria, si es posible, en la celebración de la Eucaristía, es la fuente de la vida espiritual y de los frutos apostólicos. El Oficio divino, como una participación en la oración de Cristo, está recomendado para el laico carmelita y es también una fuente de gran ayuda para su camino espiritual. La oración personal es vital para la vida de los laicos carmelitas y los modos tradicionales, fundados en la tradición carmelita, son una fuerte motivación, sobre todo la Lectio Divina, oración de escucha de la Palabra de Dios, dirigida a abrirnos a una intima relación con Dios a través de Jesucristo. La devoción a la Virgen María es una señal concreta del laico carmelita, puesto que Ella es la Madre del Carmelo. 46. Como todos los carmelitas, el laico está llamado de alguna forma al servicio, que es una parte integrante del carisma dado a la Orden por Dios. Los laicos tienen la misión de transformar la sociedad secular. Ellos pueden hacer esto de diferentes modos de acuerdo con sus posibilidades. El gran ejemplo para la acción profética es Elías, cuya actividad tuvo como fuente una profunda experiencia de Dios. 47. La fraternidad es también un elemento esencial del carisma carmelita. Los laicos carmelitas pueden formar comunidad de muchos y diferentes modos: en su propias familias, en donde han de fundar la iglesia doméstica; en sus propias parroquias, donde oran a Dios en unión con los demás `parroquianos y donde toman parte de las actividades comunitarias; en sus comunidades laicales carmelitas en las cuales ellos encuentran la ayuda y el sostén para el camino espiritual; en sus lugares de trabajo y donde ellos vivan. Estos últimos necesitan el testimonio de aquellos a quienes les fue encomendado amar a su prójimo, como Cristo enseña, y también a contribuir a la transformación del mundo de acuerdo con el plan de Dios. 48. La contemplación es lo que une todos los elementos del carisma. Como todos los miembros de la Familia Carmelita, los laicos carmelitas está llamados a crecer en su propia relación con Cristo hasta que se conviertan en sus amigos íntimos, lo cual tendrá una poderosa influencia transformante del mundo. Las cosas que ayudan tradicionalmente a la contemplación están ausentes, muy a menudo, de nuestro mundo, el cual está marcado por una actividad frenética. Por tanto los laicos carmelitas deben buscar, fuera del tiempo que dediquen a las obligaciones de la vida diaria, momentos que les permita hablar a Dios en el silencio de sus corazones. Robustecidos con este alimento, podrán continuar su camino y mirar al mundo con ojos nuevos. Los contemplativos pueden ver a Dios en diferentes situaciones; Dios siempre nos precede y está presente en cada situación antes de que ésta suceda. Es deber nuestro descubrir la presencia de Dios en el situaciones que nos rodean y proclamar esta presencia a nuestro mundo. El Reto 49. Ser un laico carmelita no es una devoción añadida a la vida; es una manera de vivir; es una vocación. Por esta razón, es esencial una buena formación, igual que lo es para los frailes, las monjas y las hermanas. El principal reto que afrontan los laicos carmelitas es traducir los elementos del carisma carmelita dentro de la vida diaria. Pongamos como ejemplo la devoción a la Virgen María. Esta es una parte íntima de la tradición carmelita. ¿Qué dice esta devoción a comienzos del siglo XXI? En el año 2001 la Orden celebró el 750º aniversario del Escapulario. El Papa señaló en su Carta para el Año Mariano, que el escapulario era esencialmente el hábito de la Orden y llevarlo debía conectar con la Orden y su espiritualidad. El escapulario es un poderoso símbolo de la presencia de María, no solamente en esta vida, sino también en el tránsito de esta vida a la eterna con Dios. El escapulario tiene también un doble cometido: La Virgen es la Patrona, la Hermana y la Madre de los Carmelitas y como tal cuidad de nosotros. Por otra parte, nosotros debemos tratar de poner sus virtudes en práctica en la vida de cada día. Por tanto, la devoción del carmelita a la Virgen no está justificada simplemente por la recitación de algunas oraciones, ya sean éstas muchas o pocas. 50. En los últimos años, nosotros como Orden, hemos redescubierto la Lectio Divina como poderoso medio de oración y verdaderamente como un modo de vivir. La Lectio Divina es una oración en la que escuchamos la Palabra de Dios, la cual, como toda oración, nos abre verdaderamente a la contemplación. La Virgen es el modelo de alguien que escucha la Palabra de Dios. Dicho de otro modo: no basta escuchar la Palabra, María la puso en práctica y así debemos hacer nosotros (cf. Lc 8,21). Tradicionalmente, en este movimiento de la Lectio Divina, hay un momento para la meditación de la Palabra que se ha escuchado y habiéndola repensado, conduce a la oración, la cual a su vez nos conduce al silencio, un silencio profundo abierto a la contemplación. "Busca en la lectura y encontrarás en la meditación. Conoce en la oración y te será abierta la contemplación" (Máximas y Consejos, 79) 51. María, la Madre del Carmelo, escuchó la Palabra y vivió de ella. Escuchó esta Palabra y la meditó en cualquiera de los caminos por los que Dios la condujera y en los acontecimientos de su vida. En la Anunciación, ella aceptó y cooperó con la voluntad de Dios, venida a través de las palabras del ángel; al pie de la cruz cooperó con la voluntad de Dios en medio del sufrimiento. En las palabras del Magnificat encontramos a María, la contemplativa, que mira al mundo con los ojos de la fe y glorifica a Dios por el cumplimiento de los planes divinos. 52. Todo carmelita tiene una relación especial con María; los laicos carmelitas tienen que vivir esta relación, imitando sus virtudes, oyendo la Palabra de Dios y a través de su vida diaria. El mundo en el que vivimos nos plantea muchos retos. La estructura social que sostenía la fe, ha desaparecido en muchas zonas, y hace falta animar a la gente en su opción de seguir a Jesucristo. La vocación del laico cristiano, por encima de todo, es ser fermento en el corazón de este mundo secularizado. Los laicos carmelitas viven esta vocación inspirados en la tradición carmelita. En el Magnificat, la Virgen glorifica a Dios porque ella sabe que Dios actúa transformando la realidad, incluso aún cuando las apariencias puedan sugerir otra cosa. Los laicos carmelitas también están con María al pie de la cruz, cooperando con la misteriosa voluntad de Dios, el cual quiere que todos los hombres y mujeres se salven. Viviendo el Evangelio en la vida diaria, como María, nuestra Patrona, Hermana y Madre, los laicos carmelitas tienen su parte en la transformación del mundo. Conclusión 53. En estos ultimo años el concepto "Familia Carmelita" forma parte de nuestra manera de pensar. Todos los carmelitas, religiosos y laicos, son miembros de la misma familia y viven la misma vocación de modos diferentes, de acuerdo con los distintos estados de vida. Somos herederos de una gran tradición y tenemos el sagrado deber de pasar esta tradición a otros. Hagamos esto cada uno, de acuerdo con la vocación particular que tengamos. 54. Como miembros de la misma familia estamos unidos los unos con los otros a través de la oración y de la ayuda mutua. De esta manera, testimoniamos de forma potente en la Iglesia y en el mundo, que el carisma carmelita esta vivo y que continua inspirando a personas para vivir el mensaje de Jesucristo. A través de los siglos de existencia de la Orden, ha habido muchos modos a través de los cuales cada uno ha encontrado inspiración en el carisma carmelita. La Iglesia ha aprobado algunos de estos caminos, mientras que algún otro ha preferido vivir desconectado de la Familia. Algunas de estas nuevas formas de ser carmelitas, que están emergiendo en nuestros propios días en varias partes del mundo, pueden ser el comienzo de la acción del Espíritu. Permanezcamos abiertos a las inspiraciones del Espíritu y, con discernimiento, sepamos leer los signos de los tiempos. El carisma de nuestra Orden contiene gran creatividad. Damos gracias a Dios por habernos llamado al Carmelo, y también damos gracias a Dios por todos nuestros hermanos y hermanas. 55. Que Dios bendiga nuestra Familia y nos conceda
la patria celestial. Que Nuestra Señora del Monte Carmelo nos enseñe
cómo escuchar la Palabra de Dios y a ponerla en práctica
en la vida diaria.
P. Joseph Chalmers O.Carm.
25 de mayo del 2002
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