|
Nacido en 1642 en Argigliano, en la Lunigiana, ya de pequeño se privaba de los alimentos para dárselos a los compañeros más necesitados. Entró a los 18 años en los carmelitas, donde se hizo sacerdote. Vivió en varios conventos de la provincia Toscana, donde se dedicó a una caridad continua y heroica, sirviendo a sus hermanos, a los pobres y a los enfermos, de muchas maneras, hasta dar lo suyo y ceder su propio lecho. Mereció por eso ser conocido como el “Padre de los pobres”.
Llamado por el prior general a Roma, permaneció 32 años, hasta su muerte acaecida en 1720. Fue responsable del cuidado de dos hospitales, director perpetuo del conservatorio de las Visperesche y fundó un hospicio para convalecientes pobres. Continuó visitando a los enfermos y encarcelados y ayudando a otros muchos necesitados. Indujo a miembros de muchas familias nobles romanas a seguirlo en el cuidado personal de los enfermos y de los pobres, superando las distancias sociales con la caridad de Cristo, y anticipó lo que más de un siglo después de su muerte serían las “Conferencias de San Vicente” de F. Ozanam. Su heroísmo brilló particularmente durante la carestía de 1716. A él se debe, entre otras, la reconsagración como lugar sagrado, con la erección de la cruz en su interior, del Coliseo. Amado por todos, estimado por los dignatarios de la curia romana, querido especialmente por el papa Clemente XI, murió con fama de santidad. El proceso canónico para su beatificación ha llegado al decreto sobre virtudes heroicas. |