In obsequio Jesu Cristi:
Una Comunidad Orante y Profética en un Mundo que Cambia

Mensaje del Capítulo General
a la Familia Carmelita en el Mundo

Salus in Domino et benedictio Sancti Spiritus
(Salud en el Señor y la bendición del Espíritu Santo – Regla 1)


Un punto culminante del Capítulo General de la Orden Carmelita, celebrado en Sassone (Roma) entre el 4-22 de septiembre de 2007, fueron las celebraciones con la Familia Carmelita. A lo largo de cuatro días se unieron al Capítulo religiosos Carmelitas, laicos y eremitas de los cinco continentes. El centro de estas celebraciones fue la Misa, en nuestra Iglesia en Traspontina, por el centenario de la Fórmula de Vida entregada por S. Alberto de Jerusalén a los hermanos eremitas del Monte Carmelo, en los albores del S. XIII. A pesar de la brevedad de este documento – sólo 1080 palabras –, aprobado por Inocencio IV en 1247, ha demostrado ser inmensamente fructífero, como se comprueba al ver que su inspiración atrae a gente de tantos países y con estilos de vida tan diferentes. Al dirigirse al Capítulo General, el Papa Benedicto XVI señaló que «muchos hombres y mujeres han alcanzado la santidad viviendo la Regla Carmelita con fidelidad creativa» y deseó a «toda la Familia Carmelita una profusión de los dones de un Pentecostés renovado». Sobre los orígenes de la Orden afirmó: «Los primeros Carmelitas fueron al Monte Carmelo porque creían en el amor de Dios… Acogiendo la Regla de Cristo en sus vida permitieron que aquel amor les transformara». Así, al inicio del Capítulo se fijaron dos notas clave: la fidelidad y la transformación.

1. Tema

En los primeros días se estudió el tema del Capítulo: In obsequio Jesu Cristi: Una Comunidad Orante y Profética en un Mundo que Cambia. El P. John Keating de la Comisión Preparatoria dio un resumen general del estudio de este tema en las comunidades Carmelitasde todo el mundo. Varios expertos analizaron sus elementos: el exégeta Carmelita de Bética y Burkina Faso, Eugène Kaboré lo hizo especialmente desde una perspectiva bíblica; el sociólogo Prof. Romeo Ciminello se ocupó del cambio en la sociedad, el P. Timothy Radcliffe, O.P. analizó la noción de una comunidad orante y profética, y una americana laica, la Prof. Donna Orsuto habló sobre seguir a Jesús hoy. Helmut Rakowski, OFMCap dirigió el Capítulo sobre «Una Misión para el Dinero» donde resaltó la economía fraterna de su propia Orden, que trata de actuar siguiendo los valores de transparencia, participación, equidad, solidaridad y austeridad.

2. Cambio

Estamos rodeados de cambio; la Orden en la que vivimos es muy diferente de aquélla a la muchos nos unimos hace tan sólo unas décadas. Hemos de ver y comprender el cambio, y además adoptar una postura crítica. El individuo o la comunidad pueden sentirse desbordados, tanto por la cantidad como por la velocidad del cambio en la Iglesia y en la sociedad.

Cambio negativo

Existen muchos cambios negativos, como la violencia, el terrorismo, la pobreza extrema, la tortura, los conflictos raciales, la marginalidad, la drogadicción, y el consumismo. A pesar de que no son nuevas realidades, podemos sentir que se manifiestan con mayor intensidad en el momento actual y que afectan más a nuestras vidas. En algunas provincias, la falta de vocaciones y la creciente demanda ante un número reducido de miembros han derivado en un agotamiento, mientras las personas luchan fieles pero sin ser alentadas en la esperanza (ver Rom 12, 12).

Cambio positivo

Hay otros cambios que resultan positivos, como una mayor conciencia mundial sobre los problemas de hambre y enfermedad, con incipientes intentos de abordarlos. Vemos una expansión asombrosa en África y Asia, y también en Latinoamérica y el Caribe. Además, la Orden brilla a nivel internacional y son muchos los jóvenes que se sienten atraídos hacia nuestro modo de vida.

Vemos que aumenta el número de laicos que se sienten atraídos por nuestra espiritualidad: leen sobre nuestra espiritualidad y atienden a cursos y conferencias. De forma creciente, la gente encuentra una fuente satisfactoria de alimento espiritual en nuestro legado. Algunos desean compartir nuestra vida según nuevas formas de participación.

Ambigüedades del cambio

Otros cambios resultan más ambiguos, como la globalización, el secularismo y la secularización: pueden marginar a la fe, pero también pueden suponer un desafío y purificar a la fe de crecimientos insanos. La globalización guiada por el capitalismo despiadado puede explotar aún más a los oprimidos. Pero la globalización también brinda nuevas posibilidades de educación y el alivio de la miseria y la enfermedad. La implicación Carmelita en una ONG [Organización no gubernamental] de Naciones Unidas es una importante contribución. Se puede observar que, en un sentido positivo, la globalización es un valor Cristiano. Cristo ha trascendido todas las diferencias en una nueva humanidad: «No hay entre vosotros, judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer: todos sois uno en Cristo Jesús» (Gál 3, 28).

También asistimos a cambios inmensos en las comunicaciones, con el creciente dominio de Internet y sus enormes posibilidades para lo bueno y para lo malo. Nuestros sitios Web Carmelitas atraen a cientos de visitantes cada año. Pero cambio puede significar o no renovación; a menudo el cambio resulta imperceptible; la Orden puede resultar fácilmente influenciada para bien o para mal por el Zeitgeist (espíritu de los tiempos) de nuestros día: nuestros valores pueden caer fácilmente, alejándose de los ideales del evangelio y de nuestra tradición, si permitimos que el consumismo, la competitividad y el individualismo entren en nuestras vidas e influyan en nuestras comunidades. Las numerosas buenas obras realizadas por miembros de la Orden también implican el defecto del activismo.

También hay cambios que significan morir. No podemos seguir siendo como somos, porque la fidelidad al Espíritu Santo puede estar pidiéndonos que abandonemos actividades, fundaciones y sueños que ahora pertenecen a nuestro pasado. Algunas de estas muertes resultan evidentes: por eso necesitamos abandonar el clericalismo y una actitud muy extendida, según la cual la Orden Carmelita consta básicamente de la Primera Orden de frailes. Debemos buscar el carisma Carmelita reuniendo todas las manifestaciones de la Familia Carmelita, que conforman su expresión auténtica. Una vez más, tenemos que dejar de mirar atrás hacia algún momento ideal imaginado en el Carmelo, en el que había numerosas vocaciones y las nuevas fundaciones eran constantes. De nuevo, y debido a los escándalos, hemos perdido credibilidad en algunos países y culturas. Debemos dejar que se vayan cosas que hemos atesorado; se debe permitir que nuestros miembros lloren por lo que amaron en el pasado, como edificios y obras apostólicas concretas; se les debe ayudar para que lo dejen ir, con valentía y generosidad, en lo que será para muchos una nueva experiencia de pobreza.

3. Experiencia de cambio en el Carmelo

En el Capítulo, en el encuentro con tantos Carmelitas de todo el mundo vimos a jóvenes frailes de países que de otro modo no hubieran estado representados. Observamos caras sonrientes de todo el mundo en una presentación multimedia. Actualmente la Orden Carmelita está presente en siete países de África, y cuenta con fundaciones en el Caribe, Vietnam y Oceanía. Desde el último Capítulo General se ha creado un Comisariado General en Filipinas y una Provincia en India. La formación y la educación en estas nuevas áreas reviste una importancia fundamental, y van surgiendo recursos personales y económicos. La distribución en cuatro áreas para la elección de consejeros indica que la Orden cambia rápidamente. En lo sucesivo habrá un consejero para toda Europa, uno solo para Norteamérica y Latinoamérica, uno para Asia, Australia y Oceanía, y uno para África. Es en Asia y África donde tal vez percibimos la mayor resonancia.

El Capítulo fue consciente de la vida en la Orden, jóvenes miembros claramente visibles, delegados y ayudantes de todo el mundo, lo que supuso una experiencia enriquecedora. A pesar de que las iniciativas llevadas a cabo en comunidades surgidas recientemente pueden parecer más impactantes, también las antiguas provincias llevan a cabo nuevas empresas, enfoques frescos de la evangelización, para compartir nuestra espiritualidad y cuidar de quienes padecen hambre en diversas formas. Durante el Capítulo, con frecuencia oímos hablar de transformación, una palabra que se ha hecho muy común en la reflexión Carmelita, especialmente desde la década de los 80. En nuestra mística ocupa un lugar precioso. Sin embargo, la espiritualidad es un proceso de transformación para responder a la llamada de Cristo. Desde hace poco vamos tomando consciencia de que debemos dejar que Dios nos transforme, dignificándonos en una unión divina; pero además hemos de mirar hacia Él para que nos dé fuerzas para trabajar por la transformación social. Nuevamente, la Prof. Orsuto nos recuerda el poder transformador de la compasión, en un mundo que a menudo resulta violento y duro.

Las Constituciones de 1995 fueron el primero elemento para desarrollar la noción de la Familia Carmelita (nº 28). Más de cuarenta personas procedentes de diecisiete países se unieron a las discusiones del Capítulo General sobre este tema. Participaron laicos de diversos grupos, que atraídos por el carisma Carmelita están asociados formalmente a la Orden, así como monjas de clausura y hermanas Carmelitas de diversas congregaciones y representantes de los eremitas Carmelitas, que aportaron comentarios vivos sobre la Regla Carmelita y el carisma que ha sido su inspiración. Ningún grupo tiene el monopolio sobre el carisma. La Orden, la Iglesia y el mundo necesitan su contribución particular. Quedó claro que la idea de Familia Carmelita implica un emocionante proceso, que se debe alentar con energía y entusiasmo. En una de las fases se nos invitó a «pensar en Familia» durante la organización de acontecimientos y la creación de estructuras y comisiones. Para que la Orden sea profética en un mundo cambiante necesitamos todos los dones, talentos y experiencia de la Familia Carmelita en su totalidad. Ante el cambio, debemos practicar el discernimiento.

4. Muerte y Resurrección

Si somos llamados a morir en algunas áreas de nuestro trabajo e instituciones, también somos llamados a la transformación y a la resurrección. Pero si en décadas recientes se ha puesto tanto énfasis en la resurrección y su fruto, tal vez ahora corremos el riesgo de omitir las profundas enseñanzas sobre la Cruz de todos nuestros grandes escritores espirituales, desde Santa Teresa de Jesús hasta P. Titus Brandsma. Como nos recordó la Prof. Orsuto, «Los símbolos operativos del Carmelo – desierto, noche, nada –, todos ellos conducen a la centralidad de la Cruz». En un mundo que busca la recompensa y la satisfacción instantáneas, puede que hablar sobre la Cruz no resulte grato (ver 1Cor 1,18-25). En una homilía se nos dijo: «Mi oración es que el nuevo vino del Evangelio pueda liberarnos de nuestras propias preocupaciones y nos envuelva en nosotros mismos». Si en algunos lugares parece que la Orden atraviesa sombras y tristeza, debemos recordar que la noche oscura es vista por San Juan de la Cruz como una bendición, ¡Oh dichosa ventura! Las noches oscuras son la cariñosa purificación de Dios, no sólo a nivel individual, sino también a nivel de las comunidades, y ciertamente, de toda la Orden. Pero, de la misma forma que la noche precede al amanecer, con el Espíritu de santidad (ver Rom. 1, 4), la muerte da paso a la resurrección.

5. Fidelidad al afrontar el cambio: una comunidad orante y profética

En el transcurso de las discusiones siguieron surgiendo ideas clave sobre cómo tenemos que actuar. Paradójicamente, el P. Timothy Radcliff nos deseó: «¡Que tengáis una buena crisis!» Hemos de enfocar el cambio como Carmelitas con nuestro legado como un valor que debemos proteger, pero también como una guía para nuestras actitudes y decisiones futuras. Es necesario que estudiemos profundamente los signos de los tiempos y seamos proactivos al dirigir los problemas de un mundo que cambia rápidamente. No podemos resolver todos los problemas de este mundo del S. XXI que cambia tan rápidamente. Pero hay algunos indicadores o vías evidentes.

Una comunidad orante y fraterna

Un tema coherente del Capítulo fue el lugar central que ocupa la dimensión contemplativa de nuestro carisma. Está claro que nuestra especial contribución a la Iglesia y a la sociedad seguramente implica ser comunidades de oración, una oración de varios tipos: Eucaristía, Liturgia de las Horas, oración personal y comunitaria, con énfasis en la lectio divina. El Capítulo General señaló la urgencia de la oración y la contemplación. Hay un hambre en la sociedad que va más allá de la adquisición y el consumismo; debemos atesorar la perla de gran precio (ver Mat 13, 44-46) que se nos ofrece y estar preparados para invertir todo en una relación de amor con Jesucristo y en aliviar el hambre de nuestros contemporáneos.

Siendo comunidades verdaderamente orantes nuestra atención se dirigió y se dirige nuevamente al valor del silencio (ver Regla 21). En nuestro mundo actual hay un exceso de ruido, de información y de mensajes. El silencio es, ante todo, una cuestión de escucha. Como individuos y como comunidades, necesitamos silencio en el que escuchar a Dios, para leer los signos de los tiempos, para adquirir sabiduría y discernimiento y para adoptar una actitud contemplativa. En la Regla el silencio estaba protegido por mandatos específicos; actualmente puede que aún necesitemos la ayuda de normas establecidas, para que el silencio pueda ser una realidad a nivel comunitario e individual.

En todas las discusiones del Capítulo volvimos sobre la necesidad de fomentar la comunidad. La calidad de nuestra vida comunitaria testifica ante la sociedad que las relaciones humanas sanas no pueden estar basadas en la atracción superficial, sino que deben vivir los valores evangélicos del perdón, el respeto y la entrega de nuestra vida por los demás.

Una comunidad profética

Desde la década de los 70 nos hemos dirigido cada vez más hacia el Profeta Elías como modelo e inspiración de muchos aspectos de nuestra vida Carmelita. Ahora contamos con un retrato mucho más rico del Profeta (ver Const 12, 25-26, 96), en comparación con momentos anteriores, en los que se le veía principalmente como un modelo de oración. Cuando nos preguntamos cómo hemos de ser para ser proféticos, una respuesta frecuente es: viviendo nuestro compromiso de los votos en comunidad. En julio de 1936, varios Carmelitas que vivían de forma sencilla su vocación en varios lugares en Cataluña (España) – sacerdotes, novicios, y una monja de clausura – fueron asesinados in odium fidei; los diecisiete serán beatificados como mártires en Roma, el 28 de octubre de 2007. Estamos familiarizados con la enseñanza del Vaticano II acerca de que todos los bautizados comparten el oficio profético de Jesucristo (Iglesia, LG 35). También está el carisma de la profecía, esto es, un don especial del Espíritu Santo para decir la palabra de Dios.

Pero, ¿podemos ser más concretos acerca de nuestra llamada? Somos comunidades proféticas por nuestra dedicación a la Palabra de Dios. La Orden Carmelita tiene que ser profética en el sentido de que sus miembros buscan continuamente la Palabra de Dios, escuchan a Dios en silencio y están deseosos de hablar alto en defensa de la causa de Dios y en defensa de su gente (ver 1Reyes 19, 14). Debemos buscar continuamente las señales de los tiempos, e interpretarlas a la luz de las Escritura. Así, nuestras comunidades de oración se distinguirán por un constante amor y devoción por la Escritura. Sobre todo con la Palabra de Dios, estaremos en situación de discernir y manejar el cambio de nuestro mundo.

6. Una llamada a la alegría y esperanza

Con su destacada dirección, el P. Joseph Chalmers nos pidió que considerásemos qué significa realmente ser fieles a nuestro carisma en un mundo que se encuentra en la agonía de un gran cambio cultural. En algunos casos puede ser demasiado pronto para aplicar las normas evangélicas a los cambios dentro de la Orden, «por sus obras los conoceréis» (ver Mat 7, 16-20). El recién elegido Prior General, P. Fernando Millán Romeral, en la primera Misa celebrada después de la elección del nuevo Consejo General atrajo nuestra atención sobre el texto de Filipenses 2, 5-11. Advirtió que la Orden Carmelita no es lo suficientemente grande como para asumir los grandes problemas del mundo, pero que modelada según la humildad kenótica de Cristo, con pequeñez y debilidad será capaz de servir al Reino, con el poder y la sabiduría de Dios. También compartió su visión del nuevo Concilio de la Orden: ser felices con el amor y la gracia de Dios. El Superior General de los Carmelitas Descalzos, P. Luis Aróstegui Gamboa, también nos llamó a buscar la alegría y la felicidad en Dios.

En el momento actual tenemos que ser personas de esperanza. La esperanza se alcanza con la confianza en Dios, diciendo un sí a lo que no sabemos exactamente; la esperanza implica confianza y fe. A pesar de estar orientados hacia el futuro de Dios, podemos reconfortarnos con nuestra historia del pasado. Se han producido enormes cambios en el mundo y en la Iglesia desde que los hermanos eremitas recibieron su Fórmula de Vida de S. Alberto, hace 800 años y desde el fallecimiento de Santa María Magdalena de Pazzi hace 400 años. Guiada por el Espíritu Santo, protegida por las oraciones de la Madre del Carmelo, y con ayuda de su legado, la Orden ha adaptado y esbozado respuestas a los cambios impuestos por la Europa renacentista, la Ilustración, la agitación de la sociedad y las guerras, la opresión de los pobres y la llamada a la justicia y a la paz. Confiamos en que nuestros dos patronos, Elías y María, guiarán y reconfortarán a la Orden ante los cambios que nos rodean y ante aquellos que nos esperan.

Sassone, Roma
22 de septiembre 2007

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Ultima revisión: 30 noviembre 2007