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Somos llevados…

Somos llevados a valorar el misterio de aquellos con quienes compartimos nuestra vida. Nuestra Regla nos pide ser esencialmente “hermanos” y nos recuerda que la calidad de las relaciones dentro de la comunidad carmelita se ha de desarrollar y mejorar,  siguiendo el ejemplo inspirador de la primera comunidad de Jerusalén. 

(Constituciones Carmelitas)

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.