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Provincia Arago-Valentina Ex

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El origen de la Orden en España está envuelto en el misterio, aunque las investigaciones de los estudiosos, como los PP. Otger Steggink, Pablo Garrido y Balbino Velasco, han contribuido mucho a la clarificación del tema.

Según un Carmelita inglés del siglo XVI, las fundaciones de las casas en España fueron decretadas por el Capítulo General celebrado en Londres en 1254. De hecho algunas casas tienen su origen poco tiempo después de este año. Este movimiento fue iniciado por las Provincias del Sur de Francia, : Provenza y Aquitania, que estaban parcialmente bajo la Corona de Aragón.

En el Capítulo General de 1281 encontramos ya la existencia de una Provincia Española. En 1354 la Provincia de Cataluña se separó de la Provincia de España y en 1416 esta última se dividió en dos Provincias, la de Aragón y la de Castilla. La Orden Carmelita en España recibió configuración definitiva en 1498, cuando Andalucía se separó de Castilla. La Provincia de Aragón tiene la precedencia entre las otras Provincias en cuanto a antigüedad. En el siglo XVIII esta Provincia alcanzó su máximo desarrollo con 24 conventos y 745 religiosos.

Tras la supresión del 1835, el año 1890 los conventos de Onda y Caudete de la Arago-Valentina, junto con el de Jerez de la Frontera, de Andalucía, dieron nueva vida a la Provincia Española. A partir de 1906 Aragón, con el título de Arago-Valentina, pasó a ser de nuevo una Provincia con 50 religiosos. La Provincia recibió un duro golpe durante la Guerra Civil de 1936-1939, en la que fueron asasinados 28 de sus miembros. A pesar de todo ello, la Provincia ha recobrado vida y ha extendido su actividad más allá del océano, en Puerto Rico y la República Dominicana.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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