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El Árbol De Navidad

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Manuel Conde, O.Carm.

Al llegar la Navidad vemos que se instala el llamado 'Árbol de Navidad" en iglesias, plazas, calles y pocas familias hay que al lado del Belén no coloquen el árbol. Pregunto: ¿qué origen tiene esta costumbre y qué significa? José Juan Ortega, Villarreal (Castellón).

El árbol navideño es más cristiano de lo que algunos creen. Jesús nacido en Belén es el verdadero árbol de la vida. En medio de los árboles muertos por la pérdida de las hojas, el abeto verde es visto como signo de Cristo viviente, que es la luz del mundo y que con su nacimiento nos conduce a Dios que habita en la luz inaccesible.

En el calendario de la liturgia bizantina se celebra, alrededor de la fiesta de Navidad, una fiesta dedicada a Adán y Eva. Tal celebración conlleva, en recuerdo del árbol del paraíso, la decoración de un árbol con manzanas rojas y bolitas de colores que recuerdan el pecado y la redención.

Alguien ha opinado que es costumbre protestante. No es cierto. Árbol y Nacimiento se colocaban juntos hasta la Reforma Protestante. La predicación protestante intentó eliminar el Belén en favor del árbol. Y para paliar el vacío que en sus iglesias dejaba la carencia del Nacimiento, imaginaron múltiples leyendas del abeto.

El árbol se impuso en muchos lugares. Se tienen noticias de que en Alemania la Navidad se celebraba con un árbol adornado, ya en el siglo XVI. En el siglo XVII, en Estrasburgo, se comienzan a colocar regalos y chucherías en las ramas del pino. En el siglo XVIII llega a Inglaterra, pero en torno al árbol se colocan las figuras de José, María, Jesús, el asno y el buey.

Por influencia americana, se populariza en Europa, y llega a España. En Roma, en la plaza de San Pedro, se coloca junto al Belén. El árbol identificaría un hogar cristiano sobre todo cuando se mantenga la costumbre de poner al pie de su tronco la imagen del Niño Jesús.

Como puede apreciar, estimado José Juan, el Belén y el árbol no son incompatibles. Ambos pueden colocarse en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en nuestros templos, en nuestras calles y plazas y en locales comerciales. Los cristianos debemos cuidar los símbolos navideños y darles un sentido religioso.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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