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El día con María

En el Directorio para la formación de los novicios de la reforma de Turena (publicado en París, 1650-1651) se indican algunos modos de honrar a María y ofrecerle las acciones cotidianas. Entre ellos, transcribimos los siguientes:

el que tiene que cuidar de la limpieza del convento, mientras la lleva a cabo,

debe rogar así:

“Virgen Santa,

deseo aplicarme a la limpieza de tu casa con atención y cariño.

Sé mi ayuda con tu santa intercesión”.

 

el que tiene el encargo de despertar la comunidad para el oficio nocturno, ruega

así:

“Virgen Santa, este convento te está consagrado, te pertenece

y nosotros religiosos que lo habitamos somos tu familia.

Somos, por lo tanto, siervos consagrados a tu servicio.

Yo me empeño con todas mis fuerzas

en custodiar el esplendor y cuidar de tu Orden.

Te ruego, oh Madre, que consigas a este tu hijo, esta gracia».

 

• Durante las comidas, los religiosos ruegan así:

“Virgen Santa, Madre amantísima y singular Patrona,

porque estamos consagrados de modo particular a tu nombre,

recibimos, por caridad, los alimentos.

El pan, por lo tanto, que comemos, es tuyo. Con él sustentas a tus hijos.

No permitas que caigamos en la tentación de la gula ofendiendo a Dios”.

 

También en otros manuales destinados a la formación Se estimulaba a los profesos a practicar a lo largo del día este tipo de oración-jaculatoria mariana.

Por ejemplo, antes de la lectura espiritual, se acostumbraba recordar y recurrir a la Virgen, diciendo:

“Virgen Santa, comunícame tu suave devoción,

con la que leías la Sagrada Escritura,

cuando habitabas en el templo de tu casa”.

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.