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Misión y Nueva Evangelización: "El Carmelo más vivo que nunca"

<p style="text-align: right;"><em>P. Alejandro Peñalta, O. Carm. </em></p>

Como cuenta la historia, desde los inicios del Carmelo, en torno a nuestras comunidades, surgen grupos de laicos que desean vivir nuestro Carisma. Esta ha sido la experiencia que a lo largo de estos once años de presencia en Burkina Faso los Carmelitas han constatado. Poco a poco los laicos se han acercado a nosotros, nos han ido conociendo, han compartido nuestro estilo de vida y, en un momento determinado, han pedido vivir nuestra espiritualidad. Son personas sencillas, llenas de fe, con un profundo amor a María y un deseo enorme de ser orientados hacia el encuentro con Dios. 

Hoy son ya una realidad que camina junto a nosotros como Familia Carmelita, pero no quieren quedarse ahí; desean hacer todo el proceso para llegar a ser un día Tercera Orden, como forma de estar totalmente integrados en el Carmelo. Ser testigo de la pureza de corazón de estos hombres y mujeres que buscan a Dios, llamando a nuestra puerta, supone una enorme alegría y responsabilidad. 

El encuentro con esta realidad africana me da fuerza para denunciar una situación opuesta que vive Occidente. Hoy el laicismo que estrangula la fe de la Iglesia y que se ha introducido en nuestras vidas, robándonos la esperanza y la capacidad de reacción, no puede vencernos. Nuestra sociedad está enferma porque le están intentando robar el sentido de la vida que nos viene de Dios. Mientras buscamos la manera de llenar nuestros vacios vitales con actividades de todo tipo que nos ocupan el tiempo, aunque no nos llena a nivel existencial y esta realidad es tan agresiva, que es parte de nosotros, quitándonos la confianza en nosotros mismos e incluso en la fuerza del Anuncio del Evangelio. 

Hermanos y hermanas que amáis el Carmelo, la realidad que todos constatamos, y que cualquiera de vosotros podría expresar mejor, quiere servir de preámbulo para haceros participes de un convencimiento personal que desearía saberos manifestar: la Iglesia nos necesita y el Carisma del Carmelo, como hace ocho siglos, está más vigente que nunca, porque podemos enseñar a esta generación la manera de llenar el vacío del alma que les está destruyendo.

No es una “idea luminosa” de hoy, es la experiencia de ver cómo el encuentro con Dios libera y da sentido a la vida del hombre y éste es el tesoro que nos han transmitido Nuestros Padres en el Carmelo, que no puede permanecer encerrado en los libros sino que ha de ser vivido. No es momento de mirarse a sí mismo, ni siquiera pensar en una “gran cruzada”, sino de vivir el Evangelio con simplicidad y radicalidad, como lo que somos, carmelitas al servicio del hombre y de la Iglesia, en una sociedad que busca a Dios aunque ella misma no lo sabe y a la que nosotros podemos ayudar. 

Donde estés, aunque te sientas cansado o cansada, te invito a salir y a recuperar el Amor, la vida y la ilusión por el que siempre nos ha amado y al que un día decidimos entregarnos, recuperando lo más esencial de nuestra vida que es el encuentro con Dios y con el hermano a través de una vida de oración, pobreza y donación de sí. Tenemos que vivir con entusiasmo este momento difícil, pero apasionante, de la Iglesia, porque, aunque el reto es grande, mayor es la fuerza del que nos envía. No tengamos miedo a dejarlo todo y a comenzar de nuevo si fuera necesario. 

Desde Burkina Faso, junto a toda nuestra familia carmelita, os deseamos un feliz encuentro con María en este mes de julio que, en el Carmelo, dedicamos especialmente a Ella. 

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.