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MENSAJE FINAL DE LA CONGREGACIÓN GENERAL

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Con Gen 2011

“Qualiter respondendum sit quaerentibus”
¿Qué responderemos 
a los que nospregunten?

A todos los miembros de la familia carmelita: Paz y bien en el Señor.

“Vivid, pues, según Cri sto Jesús, el Señor, tal como lo habéis recibido; enraizados y edificados en él; apoyados en la fe, tal como se os enseñó, rebosando en acción de gracias” (Col 2, 6 -7). Con estas palabras d el apóstol S. Pablo , proclamadas en la eucaristía del primer día, y pidiendo a Dios la sabiduría de su Espíritu Santo , el Prior General, P. Fernando Mi llán Romeral, inauguró la Congregación General d e 2011.

1.-    Los días 5 al 15 de se ptiembre de 2011 se ha celebrado en el Mount Carmel Spiritual Center de Niagara Falls la Congregación General , bajo el lema“Qualiter respondendum sit qua erentibus” (¿Qué responderemos a los que nos pregunten?) . Son las palabras de apertura de la llamada Rubrica prima, que se encuentran en las Constituciones de 1281, las más antiguas que conservamos. Sin embargo, este documento puede remontarse, en cierto modo, a 1247, cuando la Orden en su migración a Europa adaptó un estilo de vida mendicante. La Norma de Vida y nuestra Regla presentaban ya una eclesiología implícita. LaRubrica prima, nuevamente, desde el punto de vista eclesiológico, fue la respuesta oficial a quienes nos preguntaban sobre el origen de nuestra Orden. La pregunta actual, por supuesto, no intenta responder a cómo nacimos y cómo fueron nuestros orígenes, pero sigue desafiándonos al cuestionarnos : ¿quiénes somos?, ¿qué hacemos aquí? (cf. 1 Re 19, 10) y ¿por qué hacemos lo que hacemos en la Iglesia?

2.-    Siguiendo las orientaciones del Consejo General hemos abordado la segunda parte de la reflexión iniciada ya en el Capítulo General de 2007: In obsequio Iesu Christi. Comunidades orantes y proféticas en un mundo que cambia . La primera parte “Comunidades orantes y proféticas ” se trató en el Consejo de las Provincias (S. Felice del Benaco 2009) y durante estos días, con un criterio fundamentalmente eclesiológico, hemos abordado la segunda parte “en un mundo que cambia” . Para ello, tres expertos, desde diferentes perspectivas, nos han ayudado a profundizar en nuestra identidad carmelita. Fr. Richard Rohr OFM, como religioso franciscano, presentó algunas pistas de lo que la vida religiosa puede ofrecer a la Iglesia y al mundo; la Profesora Mª Dolores López Guzmán, desde el punto de vista de una mujer laica comprometida en la Iglesia, nos describió la esperanza de la v ida religiosa en diálogo con los otros estados de vida, y Fr. Michael Plattig , O. Carm. , expuso algunas cuestiones y ejemplos prácticos de lo que nuestra espiritualidad carmelita puede brindar a la Iglesia .

3.-    Hemos recordado estos días cómo a la largo de nuestra historia, y con el aval de nuestra tradición espiritual, la contemplación no sólo es el corazón del carisma carmelita, sino el mejor regalo, el tesoro escondido , la perla preciosa (cf. Mt 13, 44 -46) que podemos ofrecer al mundo y a la Iglesia . Se es contemplativo allí donde el amor se hace activo. La contemplación es un proc eso de transformación gradual del falso yo (hombre viejo) al yo verdadero(hombre nuevo) , escondido en Cristo ( cf. Col 3, 3), y realizado en nosotros por el Espíritu Santo, hasta alcanzar la unión con Dios en el amor (cf. RIVC 1 ). Es el amor el que transforma nuestras obras, pensamientos y sentimientos (cf. Const. 17; RIVC 23) : el amor que procede de Dios y el amor con el que servimos a la humanidad . Es el amor el que purifica nuestros pensamientos, sana nuestras heridas, nos une a los hermanos /as, nos alivia en el sufrimiento, denuncia la injusticia , abre caminos de reconciliación ... En definitiva, es el amor el que cambia y transforma nuestro mundo. No lo olvidéis, recordarán nuestros místicos, e s el amor el que da valor a todas las obras, pues “Dios no mira sino el amor con que hacéis lo que hacéis ” (Sta. Teresa de Jesús, Exc. 5). El amor es la vocación del contemplativo : “amarte y hacerte amar” (Sta. Teresita de Lisieux , Cta 119).

4.-    ¿Qué es específico de la vida religiosa carmelita? La vida religiosa en sí misma ya es un referente que habla de la bondad del Señor, y, visiblemente, ofrece al mundo un mensaje claro: “sólo Dios basta” (Sta. Teresa de Jesús, P) .No hay que hacer nada especial para que así sea, simplemente ser, p ues “la dignidad de la vocación religiosa tiene un valor intrínseco en el seno de la Iglesia, más allá de su vínculo con cualquier ministerio o servicio” (cf. RIVC 112). El mejor icono de la vida religiosa es la presencia misma de la persona consagrada . La vida consagrada, como apunta la LG 44 nos invita a los carmelitas a vivir nuestra actitud contemplativa, imitando     “más de cerca” (pressius) aquella forma de vida que el Hijo de hombre escogió al venir al mundo...”. El comparativo pressius, traducido en nuestras lenguas vernáculas como “más de cerca”, pierde la intensidad del término latino. Pressius procede del verbo presso, que significa más bien “prensar”, “apretar”, “unir muy estrechamente”. Llevados por esta imagen, nuestra consagración nos “conforma” m ás al estilo de vida de Jesús de Nazaret. Sabemos mejor quiénes somos cuando entramos en diálogo permanente con el resto de estados eclesiales, pues ninguna vocación en la Iglesia agota la hondura del misterio de Crist o. “El Carmelo entiende la vida según los consejos evangélicos como el modo más apropiado de caminar hacia la plena transformación en Cristo” (RIVC 7, 9, 19c; 25) y hacia la “libertad” (RIVC 16). De aquí que el ejercicio de los consejos evangélicos, “más que una renuncia” o perfeccionismo mora l “es un medio para crecer en el amor y llegar así a la plenitud de la vida en Dios” (RIVC 25) . Nos convertimos en un don para Dios (“in obsequio Jesu Christi vivere debeat”, Reg. 1) y para todos, haciendo de la vida una entrega.

5.-    La pregunta que esto s días hemos planteado , no es tanto, ¿qué esperamos nosotros?, cuanto ¿qué espera Dios de nosotros? Nuestra esperanza, nuestra alegría, se fundamenta en Jesucristo, principio y fin de toda realidad. El presente, aunque esté lleno de fatigas, se puede vivir con entusiasmo si lleva hacia un fin y si esa meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino ( cf. Spes Salvi 1). La esperanza cristiana es teologal. El apóstol san Pablo recuerda q ue la comunidad de Éfeso estaba sin esperanza porque vivían en es te mundo como “sin Dios” ( cf. Ef 2, 12). Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero (cf. 1 Re 18), al Crucificado que ha Resucitado (cf. Lc 24, 5 -6), ahí radica nuestra esperanza. Entre las cosas esperables , aunque de entrada nos produzca rechazo, está también la cruz del Señor. Sólo siendo amigos de la cruz del Señor (cf. Flp 3, 18-19), viviremos felices y podremos ser esperanza para los débiles . La causa principal de no avanzar en la vida espiritual recordarán nuestros santos es que, a veces, somos enemig os de la cruz del Señor : “habrá muchos que comenzaron y nunca acaban de acabar. Y creo es gran parte este no abrazar la cruz desde el principio” (Sta. Teresa de Jesús, V 11, 15). Curiosamente, n uestro lema, “Zelo zelatus sum, pro Domino Deo exercituum”, no es un grito triunfal del profeta Elías, sino más bien el comienzo de una “oración de lamentación ”, en la que el profeta reconoce su impotencia y expresa su crisis y sus dudas, teniendo como interlocutor directo a Dios. Nuestras pobrezas, nuestras limitaciones no deberían ser consideradas una desgracia ni una resignación , sino una auténtica escuela de transformación y contemplación.Es más, reconocer nuestra debilidad es imprescindible para conocer quién es Dios y para dejarnos salvar por Él (cf. 2 Cor 12, 9). El Dios de la revelación , que se ha manifestado potente en la creación, ha querido manifestar se como débil y pequeño en la redención. Y sólo así es nuestro Redentor y nuestra E speranza.

6.-    La experiencia de Dios vivida en fraternidad nos impulsa a h acer nuestra “la misión de Cristo”: ser profetas de esperanza. El auténtico contemplativo es portador  de la luz de Cristo resucitado en medio de las noches de la humanidad. Hay muchas formas de desiertos en medio de la noche: el desierto de la pobreza y de l abandono, el de la soledad y del amor quebrantado . Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, el del olvido de la dignidad del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido las noc hes de los desiertos inter iores. Nuestra misión no consiste en esperar pasivamente, sino en acelerar la venida del Reino de Dios (cf. 2 Pe 3, 12). Todo lo que hemos recibido en nuestro carisma carmelita, historia, espiritualidad, por la misma lógica del don, no nos pertenece, lo hemos recibido “para darlo”, y “darlo del mismo modo como a nosotros nos lo dieron” (cf. S. Juan de la Cruz,Llama 3, 78). Y a nosotros nos lo dieron gratis, sin tasa, de forma remecida,

abundante... (cf. Lc 6, 38). Benedicto XVI, en el diálogo que mantuvo con el Prior General, P. Fernando Millán Romeral, en agosto de 2010, durante la Peregrina ción de la Esperanza, en Castel gandolfo, nos recordaba: “los carmelitas sois los que nos enseñáis a rezar”. Cualquier apostolado y misión carmelita nos tiene que e nseñar no a acumular oraciones, haciendo de las devociones pura superstición y magia, o mero coleccionismo , sino a rezar, es decir, a crear una relación madura con Dios y con lo demás. Las expresiones con que los místicos hablan de la relación con Dios son de una  gran frescura y simplicidad, y, precisamente, por eso, conectan poderosamen te con el corazón de Dios y con las cosas esenciales de la vida.

7.-    Estos días hemos recordado cómo la práctica de vivir en la presencia de Dios (cf. 1 Re 17, 1), el misterio de dejar a Dios que sea Dios, el redescubrimiento de la espiritualidad de la celda, el equilibrio entre el silencio y la palabra, la soledad, el “vacare Deo”, la “noche oscura” y nuestro estilo de vida mendicante, son levadura que fecunda a la Iglesia y a nuestro mundo y nos ofrecen pistas de reflexión para nuestra vida pastoral. Nos damos cuenta de que somos ricos en tradición y modelos teológicos, pero, quizás, necesitemos revitalizar itinerarios mistagógicos que , en la práctica, sirvan para transmitir a ot ros la riqueza del Carmelo y la belleza de haber visto al Señor . El carmelita en medio del mundo está al servicio del cultivo del jardín de Dios, el Carmelo, creando lugares sagrados, espa cios místicos donde Dios brille. Nuestra pastoral nos debe llevar a replantear nos una serie de preguntas:

a)      ¿En nuestras predicaciones hay respeto y presuponemos la madurez de los fieles? ¿Sólo les decimos lo que tienen o no tienen que hacer?

b)      ¿Brota el trabajo por la Justicia y Paz verdaderamente de nuestra dimensión contemplativa? ¿Somos políticos o profetas y hombres de Dios?

c)      ¿Cómo son nuestras eucaristías? ¿Son sólo un precepto, un lugar para instruir a la gente? ¿Son un servicio que le hacemos a Dios, o es má s bien un servicio que Dios hace a su pueblo ?

d)     ¿En el acompañamiento espiritual conducimos a las personas al perfeccionismo moral o a la libertad espiritual?

 

El carmelita trabaja sin apropiarse del resultado de sus obras. Mengua para que Dios crezca (cf. Jn 3, 30). Ilumina sin eclipsar la acción de Dio s, consciente de que si en la misión empequeñecemos a Dios, nos empequeñecemos a nosotros mismos. No anunciamos al mundo una espiritualidad de la eficacia, del éxito y de la productividad, sino una espiritualidad del empequeñecimiento, donde nuestra confia nza está siempre puesta en Dios.

8.-    El Bto. Tito Brandsma, d esde este mismo lugar , el año 1935, durante su periplo en América del Norte (Washington , Chicago, New York, Allentown , etc.), quedó sorprendido por el espectáculo de las cataratas en Niagara Fa lls y escribía en su diario: “Estoy contemplando las impresionantes cataratas del Niagara. Desde la parte más alta del cauce las veo discurrir... Lo que más me sorprende es la compleja y maravillosa combinación de las aguas... Veo a Dios en la obra de sus ma nos y las huellas de su amor en todo lo visible. Me siento invadido por un alegría desbordante que está por encima de cualquier alegría”.Sin embargo, el P. Tito no redujo la contemplación a mera autocomplacencia privada y narcisista , sino que se sintió solidario con los hombres y mujeres de su tiempo. De hecho, en su famoso Discurso con ocasión de la investidura como Rector Magnífico de la Universidad Católica de Nimega, el 17 de octubre de 1932 se preguntaba: “¿Por qué la imagen de Dios se ha oscurecido h asta tal punto que a muchos ya no les dice nada... Entre las muchas preguntas que me planteo ninguna me preocupa más que el enigma de por qué tantas personas cultas, orgullosas y henchidas con el progreso, se alejan de Dios”. También nosotros compartimos la s dudas y preocupaciones de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

9.-    Los carmelitas saludamos a María, la Madre de Dios, como “E strella del mar”. La vida es como un viaje por el mar de la historia , en la que María nos indica la ruta. Santa María, Madre de la Esperanza , enséñanos a creer, esperar y amar. Ave Maris Stella ilumínanos y guíanos en nuestro camino.

Dado en Niagara Falls (Canadá), el 15 de septiembre, fiesta de Nuestra Señorade los Dolores , del año 2011

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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