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EN MEDIO DEL PUEBLO

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reflexión del Con Gen 2011

Material de reflexión del Mensaje General
“Qualiter respondendum sit quaerentibus” (Niagara Falls, 2011)

 3. […] EN MEDIO DEL PUEBLO.

  • El material es sólo orientativo, se puede adaptar según decida la comunidad.

1. Distribución de este folleto.

2. Lectura personal del Mensaje final de la Congregación General 2011.

3. Lectura personal, previa a la reunión comunitaria, de la charla de Michael Plattig, Ejemplos prácticos del significado de la espiritualidad carmelita en la Iglesia (Niágara 2011). La podéis descargar de la web site de la Orden. Las preguntas y temas que el autor plantea en esta reflexión podrían servir para orientar el diálogo de la reunión comunitaria.

REUNIÓN COMUNITARIA

4.- Oración inicial. 1 Re 17, 1-16 (Vg.). “Vive el Señor en cuya presencia estoy”.

“La Orden ha considerado siempre la contemplación como el corazón de nuestra llamada o vocación”[1]. De hecho, “seremos fieles a nuestro carisma si confrontamos las diferentes situaciones y culturas con un sentido profético y una actitud de fe, para descubrir al Dios que vive y habla en la historia. Cada opción por el servicio de nuestro prójimo debe proceder y referirse a esta actitud contemplativa”[2]. Para el contemplativo, el cual se experimenta todo él de Dios, nuestro servicio en medio del pueblo no es un añadido circunstancial al carisma; es una consecuencia lógica de la contemplación. Según nuestra historia y tradición espiritual, cualquier apostolado nace de la relación personal con Dios (cf. 1 Re 17, 1; Institutio I, 2). Nuestra misión profética, el trabajo apostólico, no podemos dejarlo a la improvisación, a la espontaneidad y a la dispersión. Nuestra RIVC, de hecho, insiste en que la formación al servicio, elemento también esencial del carisma, se ha de entender con la misma dedicación con que se forma para la contemplación, para la oración y para la fraternidad (cf. RIVC 45).

¿Qué esperan los laicos de nosotros? La profesora M.ª Dolores López Guzmán, en su reflexión“La esperanza de la vida religiosa, desde la mirada de una laica”, presentada en la Congregación General (Niagara Falls 2011), apuntaba algunos desafíos que un laico espera de un religioso: «¿Qué le pido a un religioso…? Después de todo el recorrido realizado, resulta más “fácil” pedir. Porque sólo se debería hacer desde el conocimiento del corazón. Por eso, la mayoría de las observaciones que voy a hacer sólo se pueden situar correctamente desde la reflexión anterior[3]. Así pues, de forma breve, señalaré los aspectos que, a mi parecer, sería bueno revisar para acrecentar la esperanza en un futuro mejor para todos:

a) Que seáis lo que estáis llamados a ser, que os ilusione vuestra vocación, que creáis en ella y la miméis. Resulta chocante y nada alentador encontrarse con personas religiosas continuamente cabizbajas y malhumoradas.

b) Que creáis profundamente en Dios. No es tan fácil encontrar “hombres y mujeres de fe”, y el mundo los necesita.

c) Que os guste hablar de las “cosas de Dios”. Ser personas de conversación espiritual. “De hablar de Dios u oír de Él casi nunca me cansaba” (V 8, 12), decía santa Teresa. Las personas necesitamos palabras distintas a las que el mundo nos propone. Y el Señor ofrece un lenguaje distinto que nos abre a una comprensión nueva de la realidad. Es esencial ayudar a la gente a “tratar de amistad” con Dios, pero para ello tiene que haber gente avezada en los movimientos de la interioridad y en el discernimiento espiritual.

d) Que toméis conciencia de que sois un “lugar de referencia” que genera tranquilidad en la gente. En la película “De dioses y hombres” [Xavier Beavois 2010], sobre los mártires de Tibhirine, resulta conmovedor escuchar a la gente del pueblo decir que “para ellos los monjes eran las ramas del árbol donde podían descansar”. Este hecho genera responsabilidad porque en parte os “obliga” a ser ejemplares. Pero Jesús lo dijo con claridad: Porque “os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,15).

e) Que seáis disponibles a los signos de los tiempos. Para ello resulta imprescindible no apegarse al dinero, ni a las personas, ni a las obras… y mantener así esa mirada universal que os caracteriza.

f) Que viváis con sencillez, pues, entre los tres votos, el de la pobreza es el que tiene mayor visibilidad y el primero que la gente detecta si no está bien encajado. Un estilo de vida pobre conduce al agradecimiento, pues para quien no tiene nada todo le parece mucho.

g)Que en la misión compartida cultivéis un estilo que contribuya a incrementar la confianza recíproca (laicos-religiosos), que sepa valorar la profesionalidad (y no se le exija al laico un espíritu de voluntariado, y 24 horas de servicio), y que no olvide potenciar la vocación laical».

4. Lectura del Mensaje Final, nº 7-8.

5. Diálogo comunitario.

  • ¿En nuestras predicaciones hay respeto y presuponemos la madurez de los fieles? ¿Sólo les decimos lo que tienen o no tienen que hacer?
  • ¿Brota el trabajo por la Justicia y la Paz verdaderamente de nuestra dimensión contemplativa? ¿Somos políticos o profetas y hombres de Dios?
  • ¿Cómo son nuestras eucaristías? ¿Son sólo un precepto, un lugar para instruir a la gente? ¿Son un servicio que le hacemos a Dios, o es más bien un servicio que Dios hace a su pueblo?
  • ¿En el acompañamiento espiritual conducimos a las personas al perfeccionismo moral o a la libertad espiritual?

 6. Padrenuestro.

 7. Antífona mariana.

 


[1] CHALMERS, J., El Dios de nuestra contemplación (Roma 2003) nº 7.

[2] THUIS, F.J., In wonder at the Mystery of God (Rome 1983) 40.

[3] Quien lo desee puede descargar también de la página web de la Orden y leer la reflexión “La esperanza de la vida religiosa, desde la mirada de una laica”, que la profesora M.ª Dolores López Guzmán presentó en la Congregación General (Niagara Falls 2011).

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



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