Skip to Content

Anclados en la esperanza (cf. Hb 6,18-19)

anchores.jpg

 

“Si queremos construir comunidades con “vida en abundancia”, tenemos que empezar siendo conscientes de quiénes y qué somos, y qué significa para nosotros tener vida... Las comunidades religiosas son como los sistemas ecológicos… Por ejemplo, un especimen raro de rana necesita su propio ecosistema para crecer... Si la rana se ve amenazada de peligro de extinción, hay que preparar un medio ambiente con alimento, una charca, y un clima en el que pueda crecer. La vida [carmelita] requiere también su propio ecosistema si queremos “vivir en plenitud” y predicar una palabra de vida. Pero, no basta con hablar de ello; tenemos que planificar y construir diligentemente estos ecosistemas [carmelitas]. Les toca a los hermanos que viven juntos crear comunidades en las que no solamente se sobrevive, sino que se “florece”. Por eso, todas y cada una de las Provincias deben proponer un plan de renovación gradual de las comunidades para que los hermanos que vivan en ellas y puedan “florecer”… Las Provincias morirán a no ser que planifiquen la construcción de estas comunidades. Una Provincia con tres comunidades donde los hermanos avanzan en su vida carmelita tienen, con la gracia de Dios, futuro. En cambio, una Provincia con veinte comunidades donde apenas se sobrevive, no tiene futuro”. (Timothy Radcliffe, Sing a New Song: The Christian Vocation, Dublín 2000, 121-124) [Superiores mayores carmelitas, Sassone 2006,].

1.- Repensar el sentido de identidad: “ser carmelita”. Este momento de nuestra historia en Europa es providencial para repensar nuestra identidad carmelita. Teresa de Jesús afirmó: ¿Qué tales habremos de ser? (CP 4,1). Acentúo el ser. Los clásicos latinos afirmaban: Operari sequitur esse. “El obrar sigue al ser”. La identidad, la esencia condicionará siempre lo que hacemos. ¿Quiénes somos? ¿Qué podemos ofrecer como carmelitas a los otros? ¿Hay diversidad de visiones sobre lo que es “ser carmelita” en nuestras Provincias? La fidelidad creativa a nuestro carisma nos impulsará a regenerar la vida fraterna de nuestras comunidades.

2.- Renovar la vida fraterna.
La renovación de la vida comunitaria implica valentía evangélica (parresía) a la hora de afrontar el reto de cómo componer nuestras comunidades provinciales. Criterios a tener en cuenta para favorecer este proceso de revitalización: a) que sean comunidades acogedoras y abiertas (a los miembros de la Familia carmelita, a los candidatos a la vida religiosa, a los laicos, a otros.) b) donde haya un liderazgo (prior) que ayude a buscar un sano equilibro entre el trabajo apostólico y la vida fraterna y de oración, que potencie un proceso de diálogo y de apertura a la novedad y al cambio, y donde se respete al hermano en su diversidad, c) con un número de hermanos que ayude a mejorar la calidad de la vida religiosa (5?), e) que acompañe y anime la formación permanente de los hermanos, especialmente a los que hace poco que han emitido su  profesión solemne. La renovación de la vida fraterna necesita realizar un proceso maduro de discernimiento.

3.- Establecer procesos de discernimiento.
Constatamos la dificultad que entraña, a veces, en la vida de nuestras comunidades, el salto generacional. Desde nuestra realidad en Europa, consideramos que nuestro tiempo nos ofrece una oportunidad para establecer procesos de discernimiento a nivel personal, comunitario, Provincial / Comisariado / Delegación, y de Orden (Europa). La situación actual nos impulsa a abrirnos sin pesimismos, ni perfeccionismos, a un futuro con esperanza. En este proceso de discernimiento consideramos importantes las siguientes preguntas: ¿Quiénes somos? [cf. pto. 1] ¿Qué hacemos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos de esta manera?

4.- Potenciar la riqueza de la internacionalidad. Apertura hacia la misión, hacia la colaboración con otros, saliendo de nosotros mismos y rompiendo las fronteras de nuestra realidad geográfica. ¿Cómo? a) Estando disponibles, si llega el caso, a formar parte de comunidades internacionales e interprovinciales. Sería un ejemplo de cómo hacer grandes las pequeñas cosas. b) Integrando el aprendizaje de idiomas  ya en la formación inicial.

Jóvenes carmelitas europeos, profesos solemnes (últimos 10 años)

Convento de S. Andrés (España)

Salamanca, 4-7 de abril de 2013

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



ocarmpage | by Dr. Radut