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Alegría en la comunidad contemplativa - Alegrarse viviendo en comunión con Jesús

por Alegría en la comunidad contemplativa

Vivir en obsequio de Cristo significa, para mí, vivir en comunión con Él.

Escuchar la Escritura

Más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo y ser hallado en él. (Flp 3,8-9)

Escuchar la Tradición Carmelitana

Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor. Y aunque sea muy a los principios y nosotros muy ruines, procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar; porque si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor, sernos ha todo fácil y obraremos muy en breve y muy sin trabajo. (Sta. Teresa, Vida 22,14).

“Como carmelitas, buscamos vivir en obsequio de Jesucristo y servirlo con corazón puro y recta conciencia. Cristo se hace presente a todos nosotros en la liturgia de las horas y esta presencia llega a su culmen cada día en la celebración comunitaria de la Eucaristía. Está presente a lo largo de toda nuestra jornada, sobretodo en el contacto continuo y en la actuación de la Palabra de Dios; en la convivencia con los hermanos, que tiene momentos fuertes en la comunión de bienes y en el diálogo comunitario; en el misterio de comunión con la voluntad del Padre del cielo y en la total orientación de nuestra vida, pues por él vivimos, actuamos y con fe esperamos su venida”. (V Consejo de las Provincias, 1979: Pellegrini verso l’autenticità, p. 62, Ed. Emmanuele Boaga, Edizioni Carmelitane, Roma, 1993).

Escuchar la Tradición de la Iglesia

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una dirección decisiva” (Deus Caritas est, 1; Evangelii Gaudium, 7).

A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno… No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su

Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo…Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie. (Evangelii Gaudium, 265-266).

Para la reflexión

¿Cómo experimento la alegría del encuentro y del seguimiento de Cristo?

¿Cómo comunico a los demás esta alegría?

Salmodia (del Salmo 1)

Dichoso el hombre

    que no sigue el consejo de los impíos

ni camina por las sendas de los pecadores

    ni toma asiento en grupos de necios,

sino que se complace en la ley del Señor

meditando su ley día y noche.

Oración

Oh llama viva de amor, despierta en mí un deseo intenso de conocer a Jesús y de consagrarme a Él. Sin Él nada puedo hacer, nada puedo ser. Despierta en mi corazón el deseo de ansiar vivir no para mí, sino sólo para Él, de manera que pueda entregar mi vida como generoso servicio a todos los que Él ama. Amén.

Doxología

Paz a los hermanos, y caridad con fe de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo, con un amor incorruptible (Ef 6,23-24).

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.