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B. Bartolomé Fanti, Sacerdote (m)

Litúrgico: 
Lunes, 5 Diciembre, 2016
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Nació en Mantua, y en 1452 ya era sacerdote carmelita de la Congregación Mantuana. Durante 35 años, en la iglesia carmelita de su ciudad, fue director espiritual y rector de la cofradía de la bienaventurada Virgen María, para la cual escribió la regla y los estatutos. Sencillo y humilde, fue para todos un ejemplo de oración, generosidad y fidelidad en el servicio del Señor. Se distinguió por su amor a la Eucaristía, centro de su vida apostólica, y su devoción mariana. Murió en 1495.


En Mantua, de la Lombardía, beato Bartolomé Fanti, presbítero de la Orden de Carmelitas, el cual, con palabras y con el ejemplo, incitó los corazones de los fieles al santo amor de Dios y a la filial devoción a María, Madre del Señor.

Nació en Mantua (Italia), aunque se desconoce el año, que podría estar en torno a 1428. Entró desde muy joven a formar parte de la Orden del Carmen. En su ciudad habían establecido los carmelitas, recientemente, una célebre Reforma que produciría una pléyade de hombres y mujeres famosos por la ejemplaridad de sus vidas y por sus elocuentes escritos. Esta Congregación Mantuana, aprobada aquellos años -1442- por el papa, estaba en todo su apogeo de fervor y fecundidad, llegando a ser el Beato una de sus glorias junto con otros santos varones y ejemplares religiosas que la ilustraron en sus primeros tiempos.

Su actividad pastoral se centró durante casi toda su vida en el gobierno de una cofradia de laicos del Carmen, de la que fue padre espiritual. Sabemos que desde 1452 -que ya era sacerdote- hasta su muerte -1495-, se dedicó de lleno a dar vida a esta Cofradía de la Virgen, que radicaba en la misma iglesia del Carmen. En 1460 fue nombrado director y padre espiritual. Para el mejor gobierno de esta Cofradía, escribió una sencilla Regla, unos Estatutos y un Registro o Crónica de los hechos más notables.

El Señor dispuso que pasara por el crisol de la prueba enviándole una gravísima enfermedad, que aceptó con santa resignación. La ciudad entera se conmovió como si temieran todos perder un miembro de su familia. Con actos fervorosísimos de amor se dispuso a recibir los últimos sacramentos y el santo viático. Luego todo fueron anhelos por entrar en la gloria hasta que con la mayor serenidad entregó su espíritu al Señor. Era el 5 de diciembre de 1495. Desde su fallecimiento comenzó Dios a demostrar la santidad de su siervo con muchos prodigios y milagros. Su cuerpo incorrupto se conserva en la catedral de Mantua en la capilla de la Virgen Coronada. SS Pío X confirmó su culto en 1909.

Se le suele representar con un grupo de novicios a los que habla fervorosamente de la Santísima Eucaristía. Esta fue sin duda una de las notas más características de su espiritualidad. Celebraba la Santa Misa con tanto recogimiento y devoción de lágrimas que edificaba grandemente. Toda ocasión le era oportuna para infundir en las almas sus amores eucarísticos, y sus mejores ratos, según decía, los pasaba haciendo compañía a su Señor sacramentado.

Otra devoción muy marcada del Beato fue la que profesó con la mayor ternura a la Santísima Virgen. En su honor ayunaba frecuentemente. La visitaba en sus altares y hablaba con entusiasmo de ella. La vida de este Beato fue también según sus biógrafos vida de mortificación, de penitencia, de humildad y amor de Dios y del prójimo. Era incansable en oír confesiones, en recordar a todos sus deberes y en exhortar a la práctica de una vida auténticamente cristiana. Su ascendiente moral y su influencia en la ciudad de Mantua llegó a ser considerable por su abnegación, sus consejos y sus ejemplos. Tuvo especial don para reconciliar enemistados y conseguir el mutuo perdón.

Aunque en rasgos generales la noticia reproduce lo poco qeu se sabe del beato y que, con más o menos palabras, dicen todas las biografías, el original se mostraba especialmente confuso en al cronología, consignando, por ejemplo, dos fechas de muerte distinta a dos líenas de distancia. He adoptado la cronología más generalmente aceptada.

fuente: Los santos carmelitas - P. López-Melús, O.Carm.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.



date2 | by Dr. Radut