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Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ (RIVC)

Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ

Formación al Carmelo:

UN ITINERARIO DE TRANSFORMACIÓN

CURIA GENERAL DE LOS CARMELITAS

Roma 2000

ÍNDICE. 3

AYUDAR A ENCONTRAR EL PROPIO CAMINO.. 3

PROVEERSE PARA EL VIAJE. 3

PONERSE EN CAMINO.. 3

EN CAMINO.. 3

EN CAMINO PARA LOS DEMÁS. 4

SIEMPRE EN CAMINO.. 4

PRESENTACION.. 7

ABREVIATURAS. 10

INTRODUCCIÓN.. 12

I PARTE. 14

EL PROCESO DE FORMACIÓN.. 14

1.    LLAMADOS AL SEGUIMIENTO DE CRISTO.. 14

«IN OBSEQUIO JESU CHRISTI VIVERE». 14

2. LLAMADOS A LA VIDA CARMELITA.. 20

FRATERNIDAD CONTEMPLATIVA EN MEDIO DEL PUEBLO.. 20

3. ACTORES Y MEDIADORES DE LA FORMACIÓN.. 32

DÓCILES A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU.. 32

II PARTE. 38

LAS FASES DEL PROCESO DE FORMACIÓN.. 38

1. EL MINISTERIO VOCACIONAL. 39

AYUDAR A ENCONTRAR EL CAMINO.. 39

2. EL PRENOVICIADO.. 41

3. EL NOVICIADO.. 44

PONERSE EN CAMINO.. 44

4. EL PERÍODO DE LA PROFESIÓN TEMPORAL. 48

EN CAMINO... 48

5. LA FORMACIÓN PARA EL SERVICIO.. 52

EN CAMINO PARA LOS DEMÁS. 52

6. FORMACIÓN PERMANENTE. 56

SIEMPRE EN CAMINO... 56

III PARTE. 60

PROGRAMA DE ESTUDIOS CARMELITAS. 60

A. Prenoviciado. 60

B. Noviciado. 61

A) Elías. 62

B. Tito Brandsma, Belleza del Carmelo. 63

C. Período de la profesión temporal y de la formación al servicio. 63

D. Especialización. 64

APÉNDICE. 65



CARTA DEL PRIOR GENERAL

 

                                                                                              25 marzo 2000

                                                                 Solemnidad de la Anunciación del Señor

                                                                                            Prot. nº 14/2000

Estimados hermanos:

Con gran alegría os presento la nueva Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ. Desde 1988 la Ratio ha sido un documento fundamental para la formación en toda la Orden. Ha sido necesaria su puesta al día después de la publicación de varios documentos pontificios sobre la vida consagrada y la aprobación de nuestras nuevas Constituciones. Deseo agradecer a cuantos han colaborado en la redacción de nuestra nueva Ratio, que el Consejo general en la sesión n° 238 de hoy, 25 marzo 2000, ha aprobado, dando las indicaciones para su publicación.

El título “Un itinerario de transformación” describe el hilo conductor del proceso íntegro de la formación. La persona que se siente llamada al Carmelo emprende un camino de fe, según el ejemplo de nuestros modelos, María y Elías. Gradualmente, durante el curso de la vida entera, el Carmelita, aceptando la voluntad de Dios, es cambiado no sólo en el plano exterior, sino que viene transformado en todos los niveles de su personalidad. Así el Carmelita viene conformado a Cristo y llega a ser en Él una nueva criatura.

En el camino espiritual la fe, la esperanza y la caridad son purificadas a través de los sucesos de la vida diaria y nuestra respuesta a ellos. Somos llamados a caminar juntos como hermanos a servir al pueblo en medio del cual vivimos. Para permanecer fieles a esta misión tenemos necesidad del fuerte soporte de la oración, mediante la cual entramos en relación con Dios y aprendemos a asumir los sentimientos de Cristo.

El proceso formativo dura toda la vida y sigue un recorrido no siempre lineal. Las alegrías y dificultades de la vida serán formativas, si intentamos discernir en cada una de ellas la mano de Dios. A través de la oración continua comenzamos a sentir la voz de Dios en el sonido del silencio absoluto y somos renovados en nuestra misión de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo en medio del pueblo.

La Ratio no se dirige sólo a la formación inicial, sino también a la permanente. Por tanto exhorto vehementemente a cada uno de los hermanos a leer con frecuencia nuestra Ratio, porque junto a la Regla y las Constituciones, ella describe la finalidad de la vida carmelita. Somos compañeros en el camino espiritual y tenemos que mantenernos mientras somos lentamente transformados, de modo que podamos mirar el mundo con los ojos de Dios y amarlo con su amor.

La Virgen del Carmen, nuestra madre y hermana, nos acompañe a cada uno en el camino de la fe y nos enseñe a hacer cuanto el Señor nos dice (cf. Jn 2, 5).

Fraternalmente

                                                                  Joseph Chalmers, O. Carm.

                                                                        Prior General

PRESENTACION

En 1988 la Orden ha publicado su primera Ratio Institutionis (RIVC) después de la renovación propuesta por el Concilio Ecuménico Vaticano II. Este documento ha sido el fruto de un largo y laborioso iter de consultaciones, reuniones y revisiones en las que han participado la mayor parte de los estudiosos y formadores de la Orden.

No creo exagerar al afirmar que la RIVC de 1988 ha sido el mejor documento que ha producido la Orden después del Vaticano II. De hecho, estoy convencido que él señala una vertiente en la comprensión y presentación de nuestro carisma. Por primera vez el carisma venía oficialmente delineado en los tres elementos de contemplación, fraternidad y servicio, a la vez que se intuía que había algo más fundamental, un elemento unificante que venía descrito como la experiencia del desierto. Esta presentación del carisma expuesta en la RIVC ha sido gradualmente aceptada en la Orden hasta dar vida y contenido a las Constituciones aprobadas en el Capítulo general de 1995.

Simultáneamente, además de nuestras Constituciones, han sido publicados varios e importantes documentos de la Iglesia, que han hecho necesaria la revisión de nuestra RIVC, por lo demás ya prevista en la misma RIVC (n. 133) y prescrita por las Constituciones (n. 129). En 1990 vio la luz el documento sobre la formación en los institutos religiosos Potissimum Institutioni. En febrero de 1994 la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica publicó el documento La vida fraterna en comunidad. El Sínodo sobre la vida consagrada en octubre de 1994 ha ofrecido una reflexión subsiguiente, elaborada en la exhortación apostólica Vita consecrata  (1996).

Una de las primeras preocupaciones del Prior General, P Joseph Chalmers, inmediatamente después del Capítulo general de 1995, ha sido la revisión de la RIVC. Esta tarea fue confiada al infrascripto como Consejero general de formación. Para ayudarme a llevar a feliz término con eficacia esta tarea al servicio de la Orden, el Consejo general nombró una comisión internacional de formación con un representante de cada una de las siguientes áreas geográficas: América septentrional (David McEvoy - PCM), América latina (Tarsicio Mª Gotay - Arag), Europa septentrional (Christian Körner - GerS), Europa mediterránea (Domenico Lombardo - Brun - para los dos primeros años, y después Giovanni Grosso - Ita), Africa (Jean Marie D’Undji - Ita/Con) y Asia-Australia (Dionysius Kosasih - Indi).

El iter seguido por la mencionada comisión para la revisión de la RIVC ha sido el siguiente:

- Cada representante regional ha organizado durante dos años consecutivos un encuentro de los formadores de su región para estudiar la RIVC, sugiriendo cambios y mejoras del texto.

- La comisión internacional se ha reunido después para estudiar estas sugerencias y adoptar las decisiones necesarias.

- Para redactar el nuevo texto la comisión ha encargado a tres de sus miembros: Giovanni Grosso, Christian Körner y el infrascripto.

- El primer borrador de la primera parte fue enviado a todos los provinciales y formadores en abril de 1998. Con las sugerencias que nos llegaron elaboramos un segundo borrador que fue enviados a los mismos en los primeros meses de 1999. En junio de 1999 terminamos y enviamos el primer borrador de la segunda y tercera parte.

En la Congregación general, celebrada en Bamberg (Alemania), del 24 de agosto al 3 de septiembre de 1999, , presenté el borrador de la nueva RIVC. Los participantes, discutiéndola en pequeños grupos, aportaron posibles sugerencias para mejorarla.

- Los formadores a su vez, han tenido la posibilidad de formular sugerencias a las últimas dos partes y de estudiar el documento completo en el congreso internacional organizado con este fin en San Felice del Benaco (Italia), del 28 de septiembre al 5 de octubre de 1999.

- La comisión internacional de formación se reunió en Roma inmediatamente después para valorar todas las sugerencias que habían llegado.

- La subcomisión para la redacción del texto se reunió por última vez en diciembre de 1999 y ha redactado el texto definitivo para presentarlo al P. General y su Consejo para ser aprobado. En esta ocasión nos hemos valido de la colaboración de Günter Benker (GerS). El índice analítico ha sido elaborado por Christian Körner.

En la elaboración del documento nuevo, la subcomisión ha tomado como texto base la RIVC 1988, tratando de conservar, en cuanto ha sido posible, la estructura y el contenido. Asimismo ha intentado contemporáneamente dar un ulterior paso en la clarificación de nuestro carisma. Además, al revisar el texto de 1988, la subcomisión ha usado los siguientes criterios:

- ha tenido presente el camino de la Iglesia y de la Orden desde 1988 hasta hoy y los nuevos documentos emanados a nivel eclesial y carmelita;

- ha tenido presente la experiencia y los intercambios sucedidos entre formadores, sobre todo en los encuentros regionales y en el congreso internacional;

- ha considerado las sugerencias formuladas durante la Congregación general de Bamberg;

- manteniendo incluso los principios antropológicos y psicológicos de la RIVC 1988, ha intentado encuadrarlos mejor en un contexto teológico-espiritual;

- ha intentado usar un lenguaje y un estilo más pedagógico;

- ha intentado un cierto equilibrio entre las varias sensibilidades presentes en la Orden.

Respecto a la RIVC 1988, el nuevo documento presenta dos novedades significativas: a) la reelaboración en función de la formación de la presentación del carisma, que en la RIVC 1988 constituía un capítulo aparte (cf. RIVC 1988, I. Don y misión de la Orden, nn. 7-34); b) un “Programa de estudios carmelitas” (la tercera parte de la nueva RIVC), nacido por la exigencia de un conocimiento más profundo y vital del carisma y de la tradición carmelita.

En el sexenio precedente circulaba la idea de publicar una Ratio Studiorum Carmelitarum. Nuestra comisión internacional de formación ha decidido, casi desde el inicio de su actividad, no publicar un segundo documento, sino incluir la Ratio Studiorum en la Ratio Institutionis. Somos conscientes que la empresa es sólo un primer intento que, a partir de la experiencia realizada en la nueva RIVC, será enriquecida en una ulterior revisión. La finalidad de este “Programa de estudios carmelitas” pretende asegurar que todos los hermanos en formación inicial, en cualquier parte de la Orden, reciban todos los elementos fundamentales de una sólida formación carmelita. Naturalmente, cada provincia deberá adaptar el programa a su situación concreta, subrayando algunos aspectos y añadiendo otros.

Quisiera precisar que este documento no lo hemos escrito exclusivamente para los formadores y formandos, sino también con la esperanza que sirva de instrumento de formación permanente para todos nosotros, ya que estamos todavía en camino hacia un ideal nunca plenamente conseguido. Esta intención se evidencia ya en la estructura del documento y en la exposición de los temas., A propósito hemos encuadrado el proceso completo formativo en el horizonte de nuestro camino de transformación que dura toda la vida y tiene siempre necesidad de ser mantenido con una formación adecuada.

Mi mayor satisfacción al preparar esta nueva RIVC ha sido haber podido implicar a la mayor parte de nuestros formadores y muchos otros hermanos en su redacción. Debo decir que la nueva RIVC no refleja sólo el pensar de la pequeña subcomisión que la ha redactado, sino de todos los hermanos actualmente ocupados en el ministerio de la formación en la Orden. Agradezco de corazón a los miembros de la comisión internacional y a todos aquellos que han colaborado de algún modo. De modo particular quiero agradecer a mis más estrechos colaboradores, Giovanni Grosso y Christian Körner, que en los últimos tres años han dedicado gran parte de su tiempo a la redacción de la nueva RIVC.

Confiando nuestro trabajo a María, nuestra madre y hermana, deseo y ruego que la nueva RIVC nos ayude a descubrir la belleza de nuestra llamada y nos estimule a abrirnos siempre más a la acción transformante de Dios en nuestro itinerario hasta la cumbre del monte.

     20 de marzo de 2000

                                                                        Alexander Vella, O. Carm.

                                                                        Consejero general

                                                                        Delegado de formación

 

ABREVIATURAS

Documentos del Concilio Vaticano II

AG:      Decreto Ad gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia, 28 oct. 1965.

GS:      Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, 7 dic. 1965.

LG:      Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, 21 nov. 1964.

Documentos de la Santa Sede

CIC:    CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO

EE:      CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES, Documento Elementos esenciales de la enseñanza de la Iglesia sobre los institutos dedicados al apostolado, 31 mayo 1983.

La colaboración:        CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Instrucción La colaboración inter-institutos para la formación, 8 dic.1998.

MR:     CONGRAGACIÓN PARA LOS OBISPOS Y CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Documento Mutuae relationes, 14 mayo 1978.

PdV:    JUAN PABLO II, Exhortación apostólica postinodal Pastores dabo vobis, 25 mayo1992.

PI:       CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Instrucción Potissimum institutioni sobre la formación de los religiosos, 2 feb. 1990.

VC:      JUAN PABLO II, Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, 25 marzo1996.

Vida fraterna:

CONGREGACIÓN PARA LOS INSITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Instrucción La vida fraterna en comunidad, 2 febr.1994.

Documentos de la Orden Carmelita

Const.: Constituciones de la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, aprobadas por el Capítulo General celebrado en Sassone (Roma) en el año 1995, Roma 1996.

El Carmelo: un lugar, un viaje:

CAPÍTULO GENERAL O. CARM. 1995, Documento final. El Carmelo: un lugar, un viaje hacia el tercer milenio, en AnalOCarm, Roma 1995, 251-265.

Regla: Regla de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

RIVC (1988): Ratio institutionis vitae carmelitanæ, Roma 1988.

Otras siglas

AAS:   Acta Apostolicæ Sedis, Città del Vaticano, desde 1909.

AnalOCarm: Analecta Ordinis Carmelitarum, Romae, desde 1910.

 

 

«El “viaje”, que bíblicamente se llama también “camino”, trae a la mente la “peregrinatio hierosolymitana” de nuestros padres hacia Jerusalén y luego su vuelta forzosa a Europa. El símbolo indica también el itinerario espiritual y evoca la exigencia de la búsqueda de Dios, la purificación mediante la experiencia del desierto y de la noche oscura, el discernimiento con nuestros paisanos y contemporáneos. El viaje, además, nos compromete a formular y realizar un proyecto de misión y de servicio eclesial, en las distintas formas de diaconía, en la solidaridad y compromiso por la justicia y la paz con todos los hombres de buena voluntad, en la comunión con todos aquellos que caminan buscando fraternidad y amor».

El Carmelo: un lugar, un viaje, 3.5

 

INTRODUCCIÓN

1. Llamados a la comunión con Dios

Dios «nos ha amado el primero»[1] y nos ha llamado a participar en la comunión trinitaria. Haciendo experiencia de su amor, reconocemos su llamada. Movidos por el Espíritu, escuchamos la Palabra de Cristo, que es el Camino que lleva a la Vida. Siguiendo sus huellas, nos ponemos en camino confiando en el amor misericordioso de Dios, hacia la cumbre del Monte Carmelo, lugar del encuentro con Dios y de la transformación en Él.

En nuestro camino hacia el Monte, Dios nos conduce al desierto, como hizo con el Profeta Elías. Allí la llama viva del amor de Dios nos transforma, quitándonos todo lo que no es suyo y oscurece su don. Ella hace emerger y resplandecer en nosotros al hombre nuevo a imagen de Cristo.

Así nuestra mente y nuestro corazón se transforman gradualmente, porque a la luz de Cristo y en diálogo con los signos de los tiempos, somos capaces de colaborar con Dios en la transformación del mundo para que venga su Reino.

2. Llamados a la fraternidad y a la misión

No estamos solos en esta dura subida al Monte Carmelo: nos acompaña la Virgen María, nuestra Hermana y peregrina de la fe, que nos anima como Madre y Maestra.

Hacemos este camino junto a los hermanos que han recibido el mismo don y la misma llamada. Con ellos intentamos construir una comunidad plasmada sobre la de Jerusalén, toda centrada en la Palabra, la fracción del pan, la oración, la comunión de bienes y el servicio[2].

Caminamos en la Iglesia y con ella por los caminos del mundo. Como Elías, nos hacemos compañeros de viaje de nuestros contemporáneos, tratando de ayudarles a descubrir en ellos la presencia de Dios. De hecho, en cada uno está presente la imagen de Dios, que debe emerger con plena libertad, incluso cuando está ofuscada por las contradicciones interiores o por las injusticias ajenas.

A este camino nos invita la Regla, que se hace eco y espejo para nosotros del Evangelio y es expresión de la experiencia fundante de nuestros Padres. Justamente esta experiencia fundante nos comunica la pasión por el mundo, por sus provocaciones, retos y contradicciones.

Nuestros Padres provenían de un occidente en evolución, con una fuerte tensión entre lucha y paz, unidad y fragmentación, expansión y crisis. Llegados a Tierra Santa, entran en contacto con personas de otras religiones y culturas; vueltos de nuevo a Europa, optaron por ponerse como testigos de atención a Dios, hermanos entre los hermanos.

3. El mundo en el que vivimos

El ambiente en el que nacieron y se desarrollaron constituyó una provocación para nuestros Padres. Así es para nosotros el mundo en el que vivimos y actuamos. Es un mundo rico de posibilidades y oportunidades en continuo desarrollo, pero a la vez lleno de contradicciones.

La comunicación facilitada por medios cada vez más sofisticados es a la vez promesa y reto. El desarrollo de la ciencia y de la técnica facilita la vida de muchos, pero oprime la de otros y no siempre respeta el medio ambiente natural, que a menudo es explotado sin ninguna consideración. Los derechos humanos, afirmados muchas veces con solemnidad, luego son pisoteados. A la mujer se le han reconocido derechos y funciones iguales a los de los hombres, pero hay demasiadas mujeres que aún son víctimas de abusos. Frente a niños demasiado mimados y viciados, hay otros violados y utilizados por la voracidad de algunos que carecen de sentido moral. La conciencia de los derechos personales hace crecer la sensibilidad hacia la igualdad fundamental de las personas y de los pueblos; pero tensiones nacionalistas y partidistas crean nuevas ocasiones de conflicto. El encuentro entre culturas diferentes, si no es fuente de conflictos, impulsa al diálogo, al respeto del otro, a nuevas soluciones de convivencia. La globalización de la economía y de la cultura, si puede ser ocasión de desarrollo armónico para todos, presenta también numerosos y serios interrogantes por la suerte de los pueblos más desfavorecidos. La sed creciente de espiritualidad contrasta con la presunción del secularismo, pero no siempre logra expresarse en auténtica vida de fe: puede convertirse en fuga de la dura realidad de cada día y derivar hacia cultos esotéricos, movimientos pseudomísticos u organizarse en sectas. Frente a la falta de sentido, de moral y ante los distintos ateísmos teóricos y prácticos de nuestro tiempo, los hombres y mujeres de fe son provocados a buscar respuestas comunes y consistentes, más allá de las barreras religiosas. Junto al deseo sincero y a experiencias de diálogo interreligioso no faltan episodios dolorosos de fundamentalismo e integrismo, con frecuencia homicidas.

Somos hijos de este mundo; compartimos sus «alegrías y esperanzas, tristezas y angustias»[3]. A él pertenecemos, participamos de sus contradicciones y gozamos de sus conquistas[4]; por él caminamos con humildad, junto con nuestros hermanos y hermanas, atentos a descubrir, como Elías, los signos escondidos de la presencia y de la obra de Dios.

4. Unidad en la diversidad

El carmelita recibe y comparte con los hermanos un único carisma común: vivir en obsequio de Jesucristo en actitud contemplativa, que plasma y sostiene nuestra vida de oración, de fraternidad y de servicio.

En virtud de este carisma, los carmelitas, en tiempos y lugares diferentes, pertenecen siempre a la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

El carisma es único en sus elementos esenciales. Su aplicación universal requiere que se supere una visión limitada y regional de la Orden, y exige un esfuerzo constante para expresar y encarnar concretamente el carisma en culturas, épocas y lugares distintos.

Ha de haber siempre un nexo íntimo entre la unidad que se deriva de la identificación con el carisma carmelita en sus aspectos esenciales y el pluralismo proveniente de las diversas culturas, que enriquece sus diversas expresiones. 

 

 

I PARTE

EL PROCESO DE FORMACIÓN

  1. LLAMADOS AL SEGUIMIENTO DE CRISTO

«IN OBSEQUIO JESU CHRISTI VIVERE»

          A. El amor de Dios nos llama

5. Llamados por el Padre a seguir a Cristo en el Espíritu

Fuente y fin de la vida religiosa, y por tanto también de la vida carmelita, es el Padre, que, mediante la moción del Espíritu Santo, nos llama a una experiencia espiritual de atracción profunda y de amor por Jesucristo, obediente, pobre y casto[5].  Es el Padre quien, mediante el Espíritu Santo, nos consagra, nos transforma y modela en nosotros el rostro de Cristo y nos guía a la comunión con él y con los hermanos.

Por nuestra parte, como personas y como comunidad, elegimos a Jesús como único Señor y Salvador de nuestra vida[6].  Nos comprometemos en un camino de conversión gradual y progresiva que abarca toda la vida,  para dejarnos conformar a Cristo por el Espíritu y llegar a la unión con Dios.

6. El seguimiento de Cristo

El compromiso de seguir a Jesucristo con toda nuestra persona y a servirlo «fielmente con corazón puro y total entrega»[7] es compromiso de vivir en él, dejando que sea él quien guíe nuestros movimientos, pensamientos, sentimientos, palabras, acciones, relaciones fraternas y el uso que hacemos de las cosas, de modo que todo provenga y sea hecho «en su Palabra»[8].

El carmelita se siente atraído por el Señor Jesucristo e invitado a una relación personal, viva, profunda y constante con Él, hasta asumir sus rasgos espirituales y revestirse de su  personalidad [9].   

El encuentro con Cristo en la oración, en su Palabra y en la Eucaristía, así como en los hermanos y en los sucesos de la vida, nos transforma y nos empuja a dar testimonio y a anunciar a Cristo por los caminos del mundo.

«Por eso, el seguimiento de Cristo permanece como ley fundamental para nosotros y marca nuestro camino hacia una experiencia más profunda del amor de Dios»[10]. El propósito de vivir una profunda relación con Cristo y a conformarse a él es, pues, el punto central de nuestra formación.

7. Convocados a la Iglesia

El Padre nos llama a la santidad y al seguimiento de Cristo, convocándonos a la Iglesia, que es su pueblo, esposa y cuerpo de Cristo, animada por el Espíritu. «Todos los fieles, en virtud de su regeneración en Cristo, comparten una dignidad común; todos son llamados a la santidad; todos cooperan a la edificación del único Cuerpo de Cristo, cada cual según su vocación y el don que ha recibido del Espíritu (cf. Rm 12, 3-8)»[11].

La Iglesia reconoce que la vida de especial consagración por medio de los consejos evangélicos «pertenece indiscutiblemente a su vida y a su santidad»[12]. Dado que la vida religiosa «refleja el mismo modo de vivir de Cristo, ... en ella se tiene una manifestación especialmente rica de los bienes evangélicos y una actuación más acabada del fin de la Iglesia, que es la santificación de la humanidad»[13]. Además, la vida religiosa, vivida en comunidad, es «signo elocuente»[14] de la Iglesia, que «es esencialmente misterio de comunión»[15], «imagen de la Trinidad»[16].

Nuestra vocación de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo es una forma de vida religiosa que pertenece a la Iglesia, en ella tiene su origen y participa de su mismo misterio.

8. Seguir a Cristo en la fraternidad para la misión

La vocación a la vida carmelita, iniciativa gratuita y libre de Dios[17], genera y exige una respuesta personal: la opción fundamental de una vida concreta y radicalmente dedicada al seguimiento de Cristo.

Estamos llamados a compartirla en una fraternidad, que es «signo elocuente de la comunión eclesial»[18].

Estamos llamados a realizar, en unión con el Señor y su Iglesia, la misión de evangelización y de salvación[19], para que todos reciban el anuncio del Evangelio y puedan formar la familia de Dios.

9. La profesión de los consejos evangélicos

Los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad, profesados públicamente, son un modo concreto y radical de vivir el seguimiento de Cristo. Ellos son «antes que nada un don de la Santísima Trinidad»[20], cuyo amor eterno e infinito «toca las raíces del ser»[21].  

Cuando se abrazan con el compromiso generoso que nace del amor, los consejos evangélicos contribuyen a la purificación del corazón y a la libertad espiritual. En efecto, por medio de ellos, el Espíritu Santo nos transforma gradualmente y nos conforma a Cristo[22]. Nos convertimos en una «memoria viviente del modo de existir y de obrar de Jesús»[23].

Lejos de convertirnos extraños al mundo, con la profesión de los consejos evangélicos nos convertimos en levadura para la transformación del mundo[24] y testigos de las «maravillas que Dios hace en la fragilidad humana»[25].

          B. Ponerse en camino para responder

10. Santidad y pecado

La llamada, don gratuito de Dios, no cae en una tierra neutra, sino que va dirigida a una persona con su historia de santidad y pecado. Cada uno de nosotros experimenta el poder de la gracia, que da fuerza y vida para realizar con alegría el proyecto de Dios, junto a un conflicto interior que influye en el proceso de crecimiento. Como dice S. Pablo: «No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero... Y, cuando quiero hacer el bien, el mal está a mi lado»[26]. Pero también en esta fragilidad, a cada uno se le dirige la palabra tranquilizadora del Señor a Pablo: «Te basta mi gracia; mi fuerza se manifiesta plenamente en la debilidad»[27].

11. Conocimiento de sí mismo

La persona humana «en su interioridad trasciende el universo»[28]. En sus tres dimensiones, física, psíquica y espiritual, siente la llamada de los valores naturales y de los espirituales. Pero los condicionamientos a los que está sometida y los límites que experimenta tienden a frenar su tensión espiritual.

Por eso hay que tener en cuenta la dimensión subconsciente de la persona para que se conozca más profundamente a sí misma y las motivaciones de su obrar y responda libremente a la llamada.

El conocimiento de uno mismo, de sus virtualidades y de sus límites ayuda a canalizar hacia el logro de los ideales vocacionales, de modo constructivo, todas las energías de que uno dispone[29].

12. Madurez integral

Hay una relación dinámica y recíproca entre madurez humana y madurez religiosa: cuanto más se libera uno de las dificultades psicológicas, tanto más se es capaz de asumir decisiones personales, válidas y apropiadas. Cuanto más genuinamente se viven los valores de la vocación, tanto más se vivirá para los valores trascendentes y se sentirá uno realizado como ser humano.

Por eso la formación debe ayudar a la persona a alcanzar la madurez vocacional, o sea, a comprometerse en un proceso continuo de conversión según ideales genuinos, con relación a la vida comunitaria y del servicio, que le ayuden en el camino gradual de una transformación espiritual progresiva[30].  

Además, la formación ha de contribuir a la madurez psicológica, por la cual la persona se conozca y sepa hallar su camino para vivir los ideales elegidos sin distorsiones, a pesar de las posibles limitaciones y resistencias34.

13. Conversión y crecimiento humano

La formación es un proceso complejo que abarca a la persona durante toda la vida en todos los niveles y la empuja a la conversión, es decir, a una reorientación radical y a una progresiva transformación de sí misma, de sus relaciones con los demás y con Dios.

La maduración tiene lugar bajo la guía del Espíritu, el cual nos configura cada vez más con Cristo crucificado y resucitado y nos une gradualmente al Padre, convirtiéndonos en piedras vivas para la construcción del templo de Dios[31]

Del mismo modo el crecimiento psicológico nos hace libres para escuchar y responder a la llamada de Dios con mayor disponibilidad. En este sentido la conversión es también un camino hacia la plena libertad cristiana.

Así la conversión, a nivel intelectual, bajo forma de nueva luz o revelación de los valores evangélicos y la capacidad de interiorizarlos y reconocerlos en la vida, puede llevar a un conocimiento más profundo de uno mismo y de sus motivaciones, y viceversa.

A nivel moral, la integración de los valores del Evangelio en la vida crea convicciones radicadas que favorecen una identidad más fuerte y una personalidad más madura.

A nivel afectivo, nos hacemos capaces de entrar en relación con los otros de modo adecuado. La relación madura no es posesiva, deja espacio al otro y es comprometida y libre hasta la entrega personal.

A nivel social, reconocemos nuestra responsabilidad en la construcción de la sociedad y nos comprometemos a colaborar con otros por el bien común.

La persona tiene que ser ayudada a entrar en esta dinámica de conversión, teniendo en cuenta que los distintos niveles indicados tienen tiempos distintos e interactúan de modo diferente en cada uno. La plena transformación religiosa debería, normalmente, incluir todos los niveles, que, sin embargo, no hay que entender como prerrequisitos necesarios, porque pueden ser frutos de tal camino de transformación.

          C. El camino de la formación

14. Siempre en camino...

La formación se ha de presentar de tal modo que la persona pueda comprenderla y abrazarla como una dinámica que durará toda la vida y no como un simple modo de llegar al compromiso definitivo con la Orden.

El proceso de formación no puede darse nunca por concluido porque la maduración humana, espiritual, religiosa y carmelita va adelante con la vida misma de la persona que ha conocido a Cristo, ha respondido a su llamada y lo sigue en el Carmelo, dejándose coger y transformar por su amor.

La formación, pues, no se ha de ver como si se tratase de acumular un rico bagaje de ideas, de hábitos o un rígido estilo de vida. Se trata más bien de alcanzar una capacidad de discernimiento, de adaptación y de disponibilidad; cualidades que permiten renovar constantemente la vida y luchar continuamente por la adhesión radical a Cristo, según el género de vida carmelita.

15. Un camino personalizado

La formación debe prestar atención a la persona y tener en cuenta el camino de cada uno. Los programas de formación deben ayudar a cada uno a asimilar los valores libremente elegidos de modo progresivo y cada vez más profundo, según el modelo de la “espiral jerárquica”[32] en un clima de diálogo y de respeto. Como principio pedagógico, cuando se propone un valor, hay que ofrecer al mismo tiempo la ocasión de encarnarlo en concreto y de hacerlo propio afectiva y efectivamente.

Los valores se han de integrar, de modo que la persona pueda asumir las responsabilidades de la vida, mediante repuestas libres a la llamada de Dios, que llama a trascenderse en el amor. Desde el comienzo del proceso de formación es necesario aprender a asumir gradualmente funciones de servicio a la comunidad religiosa y eclesial.

16. En camino hacia la libertad

La formación debe ayudar a la libertad a ir más allá de la propia vida, los intereses, el propio yo egoísta y las necesidades personales, para disponerse a la acción del Espíritu y a crecer en el amor de Dios, de la Iglesia, de la Orden y del prójimo. Por otra parte, el religioso busca la trascendencia y no su propia gratificación; vive, en comunión con los hermanos, por unos valores y no por unas funciones; tiende a reflejar con fidelidad el rostro de Dios y no a la eficiencia. Es propio de los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad activar y expresar esta dinámica de liberación de la persona a todos los niveles.

Tal libertad, condicionada por factores físicos, psicológicos, educativos y sociales, no debe presuponerse, sino verificarse y alentarse en su crecimiento.

17. Caminar juntos

El proceso de formación tiene una dimensión socio-cultural. De hecho, cada uno proviene de un determinado ambiente social y eclesial, forma parte de una comunidad compuesta por personas diferentes en edad, cultura, funciones, etc., y es enviado a la sociedad como evangelizador y testigo. Por eso es necesario no sólo que se convierta a Cristo y a los valores del Reino, sino también que sepa reconocer y valorar las «semillas del Verbo»[33] presentes en la sociedad, aceptar sus retos y dejarse interpelar y evangelizar por ella, pero sin olvidar que es voz profética y conciencia crítica. Hay que ser constructores de un mundo nuevo en la justicia y en la paz[34].

18. Por las sendas del Carmelo

Desde los comienzos la formación debe ser explícitamente carmelita. La vocación y el carisma del Carmelo se han de considerar potencialmente presentes en la persona, como capacidad/don y como vocación por construir y desarrollar; no como añadidos exteriores, marginales a su identidad existencial.

La formación pretende hacer a la persona capaz de identificarse gradualmente con la Orden Carmelita y de albergar un profundo sentido de pertenencia a ella.

El proceso de identificación es complejo y se desarrolla de dos modos:

a) la adquisición del sentido de identidad, que da un sentido constante de unidad personal a través de tiempos y circunstancias cambiantes. Esto comporta la capacidad de adquirir nuevos modos de ver y de adaptarse a las nuevas situaciones, pero siempre en relación a una serie realista de valores;

b) la identificación con los demás y especialmente con la Orden, la Provincia y la comunidad. En este proceso de identificación nuestras necesidades individuales chocan con las necesidades sociales en una relación dinámica: la necesidad de pertenencia, pero sin renunciar a la propia identidad sustancial.

          D. «Este camino es santo y bueno; caminad por él»

19. Principios y criterios de la formación carmelita

La formación carmelita se inspira por eso en los siguientes principios y criterios:

a) La llamada a la vida religiosa es una iniciativa gratuita de Dios y requiere una respuesta libre del llamado.

b) Esta respuesta concretiza y desarrolla la vocación bautismal común a todos los fieles y comporta un vínculo y un compromiso con Cristo y la Iglesia más profundos y nuevos[35].

c) La vocación religiosa requiere un compromiso personal total que se concretiza en una vida según el estilo del evangelio, expresada en la práctica de los consejos evangélicos y vivida en comunidad.  No se trata de asumir un papel o de realizar una tarea, sino que es una vida entregada y abandonada a la acción transformadora de Dios y a su proyecto de salvación.

d) La formación tiene el objetivo primario de promover la integración de la persona en sus dimensiones físicas, psicológicas, espirituales, culturales y de servicio, evitando toda dicotomía entre ser religioso y ser humano, para alcanzar la madurez en Cristo.

e) La respuesta a la llamada se vive en comunión y complementariedad con la propia comunidad, la Provincia, la Orden y los miembros de la Familia Carmelita.

f) El carisma carmelita es vivido y comunicado en comunión y complementariedad con los otros dones y carismas de la Iglesia, en cuanto participa del esfuerzo común por construir el único cuerpo de Cristo en el servicio de Dios y del género humano[36].

g) El ambiente social en el que estamos llamados a vivir y las exigencias históricas reales que interpelan a la Iglesia, ofrecen ulteriores criterios acerca de los modos concretos con los cuales expresar nuestro carisma y en consecuencia acerca de nuestra formación.

h) El camino de la formación dura toda la vida: Dios renueva cada día su llamada y exige una respuesta siempre nueva.

 

 

2. LLAMADOS A LA VIDA CARMELITA

FRATERNIDAD CONTEMPLATIVA EN MEDIO DEL PUEBLO

          A. Acoger el manto de Elías

20. El don para la vida carmelita

La persona llamada al Carmelo reconoce que el carisma y la espiritualidad de la Orden hallan eco en el centro de su corazón que ha sido tocado por el Dios vivo.

El proceso de formación muestra gradualmente su identidad carmelita en relación continua con el carisma común de la Orden para su maduración y para el desarrollo de la Orden misma.

21. Partícipes de una larga historia

Entrar en la experiencia carmelita significa insertarse en una historia ya existente. Significa entrar en una larga experiencia humana, espiritual, eclesial y apostólica probada por el tiempo. Aunque hay que releer, reinterpretar y profundizar nuestro modo de entender tal experiencia, no por esto se tiene que partir de cero. Este trabajo de revisión continua dejará a la persona amplio espacio para contribuir con sus dones a enriquecer, desarrollar y rejuvenecer la vida de la Orden[37].

22. Una vocación común

Todos los carmelitas participan de la misma y única vocación del Carmelo, aunque de manera diferente y complementaria, según la llamada y los dones de cada cual. Todos han hecho la misma profesión religiosa, estén ordenados o no[38]. Por eso la formación de base a la vida carmelita es común para todos y se integra luego con la preparación apropiada y específica para los distintos ministerios y servicios[39].

          B. Contemplación: corazón del carisma carmelita

23. En camino hacia la meta

«La contemplación constituye el viaje interior del carmelita proveniente de la libre iniciativa de Dios que lo toca y lo transforma hacia la unidad de amor con él, elevándolo a poder gozar gratuitamente de ser amado por Dios y vivir en su presencia amorosa. Esta es una experiencia transformante del amor de Dios que sobrepasa. Este amor nos vacía de nuestros modos humanos limitados e imperfectos de pensar, amar y obrar, y los transforma en «modos divinos»[40] y nos habilita «no sólo después de la muerte, sino también en esta vida mortal, para saborear en el corazón y experimentar en el alma el poder de la presencia divina y la dulzura de la gloria celeste»[41].

La dimensión contemplativa no es sólo uno de los elementos del carisma (oración, fraternidad y servicio), sino que es el elemento dinámico que los unifica a todos.

En la oración nos abrimos a la acción de Dios, que nos transforma gradualmente a través de todos los sucesos, grandes y pequeños, de nuestra vida. Este proceso de transformación nos hace capaces de instaurar y mantener relaciones fraternas auténticas, disponibles al servicio, a la compasión, a la solidaridad, capaces de presentar al Padre los deseos, las angustias, las esperanzas y los gritos de los hombres.

La fraternidad es el banco de prueba de la autenticidad de la transformación que se va realizando. Nos consideramos hermanos en camino hacia el único Padre, compartimos los dones del Espíritu y nos sostenemos mutuamente en las dificultades del camino.

Del servicio gratuito y desinteresado, que sólo la persona contemplativa puede ofrecer, recibimos ayudas inesperadas para el camino espiritual que hacen crecer en la disponibilidad a dejarse trabajar por la fuerza del Espíritu y enviarnos de nuevo, constantemente renovados, al servicio de los hermanos.

24. Un camino interior

En esta progresiva y continua transformación en Cristo realizada en nosotros por el Espíritu, Dios nos atrae hacia Él en un camino interior[42] que conduce de la periferia dispersante de la vida a la celda más interior de nuestro ser, donde Él mora y nos une consigo[43].

Eso exige un esfuerzo constante y radical que dura toda la vida, mediante el cual, animados por su gracia, comenzamos a pensar, juzgar y reordenar nuestra vida mirando a la santidad y a la bondad de Dios, como se nos ha revelado y dado en abundancia en su Hijo.

Este proceso no es ni lineal ni uniforme. Comporta momentos críticos, crisis de maduración y de crecimiento, etapas en las que se hacen nuevas opciones, sobre todo cuando hemos de renovar nuestra opción por Cristo. Todo eso pertenece a la purificación de nuestro espíritu en lo más profundo para que podamos ser conformados a Dios[44].

El proceso interior que conduce a desarrollar la dimensión contemplativa hace asumir una actitud abierta a la presencia de Dios en la vida, enseña a ver el mundo con sus ojos, impulsa a buscar su rostro, a reconocerlo, amarlo y servirlo en los hermanos[45].

25. Un camino evangélico

El Carmelo entiende la vida según los consejos evangélicos como el modo más apropiado de caminar hacia la plena transformación en Cristo[46]. Él eligió para sí este estilo de vida y lo propone a sus discípulos, para que puedan descentrarse de sí mismos y abrirse al don de Dios que los conforma a Él para la construcción del Reino.

La obediencia, mediante la escucha de la voluntad de Dios y su actuación personal y comunitaria, nos permite alcanzar la verdadera libertad[47].

Viviendo la pobreza, reconocemos y aceptamos nuestra fragilidad y nuestra nada, sin buscar compensaciones y abriéndonos cada vez más a la riqueza del don de Dios[48].

La castidad libera nuestra capacidad de amar del egoísmo y del egocentrismo, de modo que, atraídos por la ternura de Dios hacia nosotros, nos hacemos cada vez más libres para entrar en relación efectiva e íntima con Dios, con nuestros hermanos, con todas las personas y con la creación[49].

Por eso el ejercicio de los consejos evangélicos, más que una renuncia, es un medio para crecer en el amor[50] y llegar así a la plenitud de la vida en Dios.

26. Un camino ascético

El proceso de transformación en Cristo exige por nuestra parte el esfuerzo continuo por «ofrecer a Dios un corazón santo y purificado de toda mancha actual de pecado. Alcanzamos este fin cuando somos perfectos y estamos en Carith, o sea, ocultos en el amor (in charitate), del que dice el Sabio: “el amor cubre todas las culpas” (Pro 10, 12b)»[51].

De hecho, este proceso no puede realizarse si se basa en la simple fuerza de voluntad, separada de la experiencia del amor transformante de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo[52] y que nos da la fuerza de responder a la invitación radical de Cristo: “Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa mía, la hallará”[53].

Por otra parte, requiere “nuestro esfuerzo y el ejercicio de las virtudes”[54]. Sostenidos por la gracia, nos comprometemos a una progresiva transformación: mediante el encuentro con Cristo y el proceso de unión con él, el hombre viejo deja sitio al nuevo y nos revestimos de Cristo[55], produciendo el “fruto del Espíritu”[56].

27. En camino por el desierto

Nuestros primeros Padres, siguiendo la espiritualidad de su tiempo (siglos XII-XIII), tratan de realizar este esfuerzo ascético retirándose a la soledad. Pero más que una realidad material, su desierto era un lugar del corazón, el contexto de una dinámica vital de quien lo centra todo en Dios solo. Ellos habían elegido seguir a Jesucristo, que se ha anonadado y vaciado a sí mismo hasta morir desnudo en la cruz. Pero, hombres de pura fe, esperaban el don de la vida nueva y eterna, fruto de la Resurrección del Señor[57]

Solitario y árido, el desierto florece[58] y se convierte en el lugar en el que la experiencia de la presencia liberadora de Dios forma la fraternidad e impulsa al servicio.

Siguiendo los pasos de los primeros eremitas de nuestra Orden, nosotros también recorremos el camino del desierto, que desarrolla nuestra dimensión contemplativa. Eso quiere decir abandonarse a un proceso gradual de autovaciamiento y despojamiento de uno mismo para ser revestidos de Cristo y llenados de Dios. Este proceso «comienza cuando uno confía en Dios, sea cual sea el modo que él escoge para acercarse a nosotros»[59]. De hecho, no entramos en el desierto por nosotros mismos, sino que es el Espíritu Santo quien nos llama y nos atrae a él, es Él quien nos sostiene en el combate espiritual, nos reviste con la armadura de Dios[60], nos llena de sus dones y de la divina presencia, hasta que somos transformados en Dios y reflejamos algún rayo de su infinita belleza[61].

Además del símbolo del desierto, la tradición carmelita ha utilizado otras expresiones e imágenes para este proceso de transformación: “puritas cordis” (pureza de corazón), “vacare Deo” (estar libres para Dios), subida al Monte Carmelo, noche oscura...

28. Por las sendas de la contemplación

Es importante no sólo conocer la teoría del proceso contemplativo, una comprensión actualizada de los votos y los valores de la espiritualidad carmelita, sino también adquirir y encarnar un estilo de vida y una actitud contemplativa.

En contacto constante con la Palabra y en la oración se aprende a encontrar a Dios en la vida cotidiana y a confiarse a Él en el camino de tansformación interior. Así se es capaz de aceptar los éxitos y alegrías como dones, y las crisis y desiertos como momentos de crecimiento, para integrar armónicamente los valores fundamentales de la vida carmelita.

          C. Oración: la experiencia de Dios que transforma

29. El encuentro de dos caminos

En la tradición carmelita, contemplación y oración se han identificado a menudo. Sin embargo, es importante hablar explícitamente de la oración, que es la puerta de la contemplación[62].

Dios viene a buscarnos, nos atrae hacia sí[63] y el Espíritu nos insta a dirigir la atención hacia Él[64], a escuchar su voz, a acoger su Palabra, a abrirnos a su acción transformante. Nuestra búsqueda de Dios es, de hecho, respuesta a su voz y el diálogo amistoso[65] en que consiste la oración es a la vez iniciativa de Dios y fruto de la colaboración humana.

Pero la oración es sobre todo obra del Espíritu Santo presente en nosotros, el cual no sólo nos sugiere qué hacer y qué decir, porque «ni siquiera sabemos qué conviene pedir»[66], sino que nos inserta en la oración de Jesús, el Hijo predilecto pendiente del Padre[67] en un continuo diálogo de amor. La oración «penetra hasta el corazón del Verbo en el seno del Padre»[68]. Jesús nos asocia a su oración y nos guía poco a poco hacia la plena comunión consigo y con el Padre en el Espíritu Santo. La fidelidad a la escucha de la Palabra y a la custodia operante del mandamiento del amor nos abre a la llegada de la Santísima Trinidad, que hace morada en nosotros[69].

30. Preparar el camino para el encuentro

La Regla nos invita a permanecer solos en la celda[70], que «calienta al hijo de la gracia como fruto de su seno, lo nutre, lo abraza y lo conduce a la plenitud de la perfección haciéndolo digno de la intimidad de Dios»[71]. Esta celda no es sólo estructura exterior, sino que se ha de construir en el interior: allí habita Dios[72] y allí nos invita a entrar para buscarlo[73].

Desde el principio, nuestra tradición espiritual nos invita a sumergirnos en el «silencio de un escondite solitario»[74]. Para que se pueda escuchar la voz del Señor y entender su Palabra, hay que saber hacer silencio: «Una Palabra dijo el Padre, que fue su Hijo y ésta la dice en un eterno silencio, y en silencio la tiene que escuchar el alma»[75]. Para aprender la lengua de Dios y poder balbucear una respuesta, hay que dejar que la persona, en todas sus dimensiones (espirituales, psíquicas y físicas) se adapte al sonido silencioso de su voz[76] y a su luz cegadora[77]. Nuestros hermanos y hermanas, maestros de vida espiritual, nos han dejado numerosas enseñanzas al respecto.

El silencio que hay que cultivar no es incapacidad o imposibilidad de comunicación, sino que es plenitud de diálogo, en el que las palabras son a menudo inútiles y pueden convertirse en un obstáculo. La soledad no es aislamiento, sino que se llena de Presencia y nos devuelve transformados a la compañía de los hermanos.

31. Solos ante Dios

La oración es esencialmente una relación personal, dialógica entre Dios y la criatura. Somos invitados a cuidarla y a encontrar el tiempo y los lugares para estar con el Señor[78]. Una relación de amistad no puede desarrollarse sino «estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama»[79].

Nuestra tradición nos sugiere varios modos de orar. En la Regla se nos propone la escucha orante de la Palabra, que debe «habitar abundantemente en la boca y en el corazón»[80]. Modelo sublime de esta oración es María, la Virgen orante que «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón»[81]. De Elías aprendemos a estar en la presencia de Dios[82]. Acostumbrándonos a ella y tomándola silenciosamente, empezamos a «respirar casi sólo la esencia de Dios, como se respira el aire»[83].

Más allá de las formas, lo importante es cultivar una relación de profunda amistad con Cristo, porque la perfección de la oración «no está en el mucho pensar, sino en el mucho amar»[84]; en ella el corazón enamorado se lanza hacia Dios[85] y en Él descansa.

32. Juntos ante Dios

La oración litúrgica celebrada comunitariamente ha constituido siempre en la tradición carmelita una fuente de crecimiento espiritual, y por tanto de transformación interior. La jornada, siguiendo el ritmo de los momentos litúrgicos, halla su centro, si no cronológico sí ciertamente espiritual, en la celebración comunitaria de la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la actividad de la Iglesia[86].

El Señor nos une en ella al ofrecimiento que hace de sí mismo al Padre «para ser perfeccionados de día en día en la unidad con Dios y entre nosotros por medio de Cristo Mediador»[87]. Del encuentro con Cristo Palabra y Pan de vida brota la fuerza que permite seguir caminando[88]. La celebración de la Eucaristía nos anima a ir al encuentro de los hermanos con gratuidad y a acogerlos con disponibilidad.

La celebración comunitaria de la Liturgia de las Horas nos une juntamente con toda la Iglesia a la alabanza incesante de Cristo al Padre[89]. Se convierte en nuestro modo, personal y comunitario, de participar en la santificación del tiempo y de la historia.

«La oración de la comunidad carmelita es un signo para el mundo de la Iglesia que ora»[90] a ejemplo de María rodeada por los discípulos en el cenáculo.

Además de la liturgia, las Constituciones nos sugieren otros momentos de oración en común, en especial la lectio divina como ocasión para compartir la experiencia de Dios en nuestro camino espiritual[91] y para buscar juntos su voluntad.

33. Por los senderos de la oración

Se han de cultivar las distintas formas de oración[92], especialmente las preferidas por la tradición carmelita, como la meditación sistemática, la lectio divina, el ejercicio de la presencia de Dios, la oración aspirativa y la oración silenciosa, y la Eucaristía se ha de considerar como fuente y culmen de la relación con Cristo .

En el proyecto comunitario se han de prever tiempos y lugares adecuados para la oración, de modo que todos los frailes puedan aprender gradualmente a orar y a adquirir un estilo personal de oración de modo que abarque toda su vida. «La oración es vida, no un oasis en el desierto de la vida» [93].

Es igualmente importante garantizar la celebración comunitaria de la Eucaristía y de la Liturgia de las Horas e insistir en la importancia de participar en ellas fielmente.

Por último, hay que crear y cultivar un clima de silencio exterior e interior y un estilo de vida sencillo que ayuden a la oración y a la reflexión[94].

          D. Fraternidad: compartir la experiencia de Dios

34. El recorrido trazado por la Regla

El autor de nuestra Regla, Alberto, patriarca de Jerusalén, se dirige a los eremitas llamándolos “fratres”[95]. Eso significa que estamos llamados a realizar nuestra vocación contemplativa no de forma individualista, sino junto con los hermanos. La actitud contemplativa, que permite descubrir a Dios presente en las personas y en los avatares cotidianos, ayuda también a valorar el misterio de cada miembro de la comunidad[96].

Tenemos un proyecto común representado por la Regla, de la cual el prior es custodio y garante[97]. La Regla propone algunas actitudes fraternas y un camino para consolidar la fraternidad vivida en concreto, según el modelo inspirador de la primera comunidad de Jerusalén. La escucha de la Palabra[98] y la liturgia común[99], especialmente la reunión cotidiana para la celebración eucarística[100]; el compartir los bienes materiales y espirituales[101] cuidando del bienestar de cada uno[102] y el discernimiento para el camino común[103]; las decisiones importantes tomadas conjuntamente[104]; el silencio como «culto de la justicia»[105], por tanto, garantía de relaciones no opresivas, no posesivas, respetuosas de la alteridad; la mesa común[106]; el trabajo[107], ayudan a alimentar la fraternidad carmelita[108].

35. En camino hacia la fraternidad

«Antes de ser una construcción humana, la comunidad religiosa es un don del Espíritu»[109], pero, como todo don espiritual, se ha de construir día a día con el esfuerzo de todos y de cada uno.

Por eso es necesario hacer madurar la conciencia de haber recibido una vocación común que se ha de hacer concreta en un proyecto elaborado, realizado y evaluado comunitariamente[110]. La tensión natural entre proyecto común y camino personal se ha de afrontar y resolver como una llamada dirigida a todos a caminar juntos como hermanos[111].

El esfuerzo por construir la fraternidad es una forma de ascesis, que requiere una continua conversión y sentido de abnegación. Nadie debe pretender nada de los demás, mientras se debe saber acoger cuanto cada uno es capaz de dar[112].

El “convenir” diario desde las celdas al oratorio que está en medio de ellas, es símbolo del esfuerzo constante por salir del propio yo para ir al encuentro de los demás y hacer comunidad con ellos: la Eucaristía transforma a los individuos en hermanos[113]. La celebración eucarística, en la que se construye, se celebra y se expresa la fraternidad, devuelve de nuevo al esfuerzo de la vida, en la que, con la fuerza proporcionada por el alimento de la Palabra y del Pan, se realizan la oblatividad y la acogida recíprocas.

36. Profetas de fraternidad

El compromiso de vida común y compartir los distintos momentos de escucha, oración, celebración, fraternidad y comunión impulsan al anuncio gratuito y gozoso de la llamada común a la santidad y a la plena comunión con Dios y entre las personas. La misma vida fraterna carmelita se vuelve así anuncio al mundo[114]. Nuestra fraternidad se convierte en signo y profecía de que es posible vivir en comunión, aunque hay que pagar su precio[115]. Los carmelitas, llamados ellos también a ser expertos en comunión[116], invitan a otros hermanos y hermanas a compartir su oración común[117] y su vida. De la escucha orante de la Palabra sacan inspiración para una presencia viva y profética en la comunidad cristiana y en el mundo. De compartir los bienes materiales y espirituales nace la exigencia de hacer partícipe al hermano o hermana de cuanto el Señor nos ha dado gratuitamente[118].

37. Los senderos que conducen a la fraternidad

Para promover una vida auténticamente fraterna, hay que acostumbrarse a la acogida y a la atención hacia los hermanos, al diálogo sincero y abierto, al interés por su vida y su persona, a la ayuda recíproca por el camino espiritual, a la colaboración diligente. La presencia en las comunidades de personas de diferentes edades constituye un importante enriquecimiento recíproco. La de frailes ancianos y enfermos, por una parte, puede ser un banco de prueba válido para la sinceridad de las motivaciones de los jóvenes, a los cuales transmiten la riqueza de su experiencia de vida. Los jóvenes, por su parte, estimulan en los más adultos el impulso necesario hacia la puesta al día y alimentan la esperanza del futuro.

El amor por la vida común, la participación activa y creativa en los momentos de oración, en las reuniones, en el refectorio y en la recreación, contribuyen a crear una sensibilidad creciente hacia la comunidad.

Poco a poco se identifica uno con la comunidad y se hace capaz de sentir como propias las decisiones tomadas conjuntamente, aunque en un principio no se compartan plenamente.

Aunque son valores el reconocimiento y el desarrollo de los dones, de las capacidades y actitudes personales, hay que formar a asumir las tareas apostólicas, misioneras y profesionales para, con y en nombre de la comunidad. En el ámbito de la comunidad, aprendemos a compartir el servicio y la misión. La labor de cada uno expresa y hace concreta la misión de toda la comunidad: se trabaja y se actúa en su nombre y como enviados suyos[119].

Pero no basta la identificación con la propia comunidad. Hay que sentirse verdaderamente parte de la Provincia y de toda la Orden. El contacto con las otras comunidades de la Provincia y las experiencias internacionales contribuyen a la identificación gradual con la Orden, con su historia, su tradición y su vida, y a cultivar una espiritualidad de comunión .

          E. Servicio en medio del pueblo: la experiencia de Dios envía a la misión

38. En la Iglesia, partícipes de la misión de Cristo

La auténtica experiencia de Dios hecha por una fraternidad contemplativa impulsa necesariamente a hacer nuestra «la misión de Jesús, enviado a proclamar la Buena Nueva del Reino de Dios y para la liberación total de todo pecado y opresión. En cuanto carmelitas, nuestra inserción en el apostolado forma parte integrante de nuestro carisma»[120].

Los carmelitas están en la Iglesia y para la Iglesia, y, junto con la Iglesia, al servicio del Reino[121]. Mientras tratamos de enriquecer a la Iglesia con la especificidad de nuestro carisma, colaboramos a construir el único cuerpo de Cristo en plena comunión con todos los demás miembros de la comunidad cristiana[122]. Esta comunión se hace concreta en la inserción en la Iglesia local[123].

39. Al servicio de la búsqueda de Dios

Nosotros los carmelitas compartimos la sed de Dios de las personas de nuestro tiempo. Esta sed de espiritualidad sobrepasa los confines del cristianismo y a menudo se halla escondida en las personas que no profesan ninguna religión. Como carmelitas, debemos ser capaces de captar esta sed de espiritualidad dondequiera que se halle y de dialogar con todos los que buscan a Dios, contribuyendo al descubrimiento que toda persona hace en su propia experiencia de «lugares santos, espacios místicos»[124] en los cuales Dios sale a nuestro encuentro[125].

Fieles al patrimonio espiritual de la Orden, dirigimos nuestro trabajo a hacer crecer la búsqueda de Dios, e invitamos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a la experiencia de la contemplación, compartiendo con ellos la riqueza de nuestra tradición espiritual[126]. Nuestra vida de fraternidad contemplativa se hace testimonio creíble de la posibilidad de conocer al Otro y a los otros por el camino del silencio, de la acogida y de la comunicación sincera[127].

40. Hermanos en medio del pueblo

La vida fraterna es ya en sí anuncio y provocación[128]. Una comunidad viva es atractiva y profética, y constituye un signo de la presencia liberadora del Señor entre los suyos.

Nuestro estilo de vida abierto y acogedor lleva a compartir con otros la comunión de corazones y la experiencia de Dios que se vive en la fraternidad[129].

Este modo de estar «en medio del pueblo» es signo profético de relaciones humanas nuevas, amistosas y fraternas. Es profecía de justicia y de paz en la sociedad y entre los pueblos. Es «opción de compartir con los “minores” de la historia, para decir desde dentro, más con la vida que con la boca, una palabra de esperanza y de salvación»[130].

Los carmelitas se ponen en camino, según la itinerancia referida por la Regla, para seguir los caminos trazados por el Espíritu del Señor[131]. Se hacen compañeros de los que sufren, esperan y trabajan por la construcción del Reino de Dios, atendiendo cualquier medio capaz de crear fraternidad.

41. Hermanos en misión

Hay que aprender a «salir de los “recintos sagrados”, “fuera del campamento”, para anunciar en los “nuevos areópagos” que Dios ama con afecto perenne a la humanidad»[132]. Evidentemente, cada situación pide un esfuerzo de respuesta adecuada a las necesidades y a las exigencias locales. Nuestro estilo de vida y nuestra espiritualidad sabrán traducirse en actitudes y gestos que comuniquen nuestro ser carmelitas en el continuo esfuerzo por inculturizar el mensaje evangélico y nuestro carisma[133]. Cada cultura en que nos insertamos enriquece nuestra comprensión del mensaje evangélico y de nuestro carisma y los modos que los expresan, porque mientras evangelizamos somos evangelizados nosotros mismos, y llevando a Cristo a los demás, lo encontramos presente en ellos.

42. La misión ad gentes

Obedeciendo el mandato de Cristo: «Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado»[134], la Orden reconoce y promueve la continuación de una larga tradición misionera, que ha alcanzado su ápice con la declaración de Santa Teresa del Niño Jesús como patrona de las misiones, y confía «que la misión "ad gentes" desvele de una manera nueva el corazón del carisma carmelita»[135].

«La actividad misionera no es ni más ni menos que la manifestación, la epifanía y la realización, del plan de Dios en el mundo y en su historia»[136]. Es «el deber más alto y más sagrado de la Iglesia»[137] porque toda la Iglesia es misionera por naturaleza.

Del mandato explícito del Señor, de las muchas y fuertes declaraciones de la Iglesia y de la tradición de la Orden, resulta claro que la actividad misionera ad gentes, para nosotros carmelitas, hoy no es una posibilidad sino una verdadera exigencia y también un privilegio. Hay que animar e incitar «la insuprimible tensión misionera que distingue y califica a la vida consagrada»[138].

43. Profetas de justicia y de paz

La dimensión contemplativa de la vida carmelita permite reconocer las huellas de Dios presentes en la creación y en la historia como don gratuito que nos compromete a realizar el proyecto de Dios para el mundo. El camino contemplativo auténtico permite descubrir la propia fragilidad, la debilidad, la pobreza, en una palabra la nada de la naturaleza humana: todo es gracia. Esta experiencia nos hace solidarios con todo el que vive situaciones de privación e injusticia. Dejándonos interpelar por los pobres y los oprimidos, somos transformados gradualmente y empezamos a ver el mundo con los ojos de Dios y a amarlo con su corazón[139]. Con Él oímos el grito de los pobres[140] y nos esforzamos por compartir su solicitud, su preocupación y su compasión por los últimos.

Esto nos impulsa a decir una palabra profética ante las exageraciones individualistas y subjetivistas presentes en la mentalidad actual, ante las múltiples formas de injusticia y de atropello, tanto de las personas como de los pueblos[141].

El trabajo por la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación no son opciones posibles, sino verdaderas urgencias y retos, ante las cuales la fraternidad contemplativa del Carmelo, a ejemplo de Elías[142]  y María[143], debe poder elevar una palabra precisa en defensa de la verdad y del proyecto divino para la humanidad y la creación. Tenemos una palabra que decir al respecto a partir de nuestro mismo estilo de vida fraterno, fundado en relaciones justas y pacíficas según el proyecto de la Regla[144], que nuestra tradición retrotrae a la experiencia de Elías, que funda en el Carmelo una comunidad en la que reinan la justicia y la paz[145].

44. Mantener vivo el recuerdo de María

El descubrimiento de la tradición mariana del Carmelo nos impulsa hoy a ofrecer el humilde servicio[146] de quien le reconoce a María, luminoso modelo de discipulado, un papel específico en la vida espiritual y eclesial. Se trata de ser promotores de una auténtica renovación mariológica, con una decidida sensibilidad bíblica, litúrgica, ecuménica y antropológica[147]. Además es necesario releer críticamente nuestra tradición mariana, para encontrar un lenguaje nuevo y una nueva manera de expresar nuestra relación con María en el camino espiritual.

45. Los senderos que llevan a servir

Nuestro servicio apostólico es algo demasiado serio para dejarlo a la improvisación, a la espontaneidad y a la dispersión[148]. La formación al servicio, elemento esencial del carisma, se ha de atender con la misma dedicación con que se forma para la contemplación, para la oración y para la fraternidad.

Por eso es preciso crear un clima de silencio y de conversión, capaz de abrir el corazón, los ojos y la mente, para que, iluminados por la Palabra de Dios, se llegue a leer los signos de los tiempos, a escuchar a los demás y la historia, a estar atentos al ambiente en el que se vive. Para evitar dispersiones inútiles en nuestro servicio, hay que aprender a programar, es decir, a discernir las verdaderas necesidades, para organizar según un proyecto elaborado conjuntamente, medios y métodos útiles para alcanzar los fines establecidos. Hay que estar disponibles y libres para poder ir allá donde el Espíritu sopla.

Educarse para la eclesialidad es una exigencia imprescindible: significa desarrollar un amor e interés especial por la Iglesia y su misión, y saber colaborar con otros al servicio del Reino.

La formación técnica, cultural y teológica debe ser adecuada para el desarrollo integral de la persona, para la preparación al servicio y también para poder dialogar y colaborar con el mundo intelectual, científico y cultural. En este sentido hay que desarrollar también el conocimiento y el uso de los medios tecnológicos y de comunicación social.

La sensibilidad por los pobres, los enfermos, los marginados, los últimos, la preocupación por la conservación de la naturaleza, son valores a desarrollar y realizar de forma dinámica, de modo que se traduzcan en un estilo de vida coherente.

          F. Elías y María

46. Tras las huellas del Profeta Elías

Algunos peregrinos que iban de Occidente a Tierra Santa eligieron el Carmelo para situar su experiencia eremítica y fraterna. Se establecieron cerca de la fuente llamada de Elías[149], conectando con una larga tradición de presencia eremítico-monástica.

En ese lugar permanece viva aún la memoria del profeta lleno de celo por el Señor, cuya palabra arde como una antorcha; el profeta que está en la presencia de Dios, siempre dispuesto a servirlo y a cumplir su Palabra; el profeta que señala al pueblo el verdadero Señor para que no cojee de los dos pies; el profeta que incita a los suyos a decidirse a orientar su existencia sólo hacia el Señor; el profeta atento a la voz de Dios y al grito de los pobres, que sabe defender los derechos del Único y los de sus predilectos, los últimos.

Los carmelitas recuerdan y en cierto modo reviven la experiencia del profeta: el ocultamiento en el desierto durante la sequía y el reto con los falsos profetas de un ídolo muerto, incapaz de dar la vida; lo siguen en el largo viaje de vuelta al desierto, tras las huellas de los Padres hasta el monte Horeb, donde halla al Señor de un modo nuevo e inesperado y comprende que está presente incluso allí donde parece estar ausente; comparten su sed de justicia; sienten en cierto modo que son, como Eliseo, herederos de aquel manto que cayó del cielo, entre las llamas del carro de fuego.

47. Junto a la fuente de Elías

Allí, «junto a la fuente»[150], los eremitas del Carmelo dieron los primeros pasos del largo camino que llega hasta nosotros por los senderos que indica el “mapa” de la Regla de S. Alberto. Elías se convirtió así, para ellos y los hermanos que les sucedieron, en la primera persona que había encarnado el ideal de vida que los había impelido a dejar su casa. Se sintieron en cierto sentido hijos suyos, herederos de una riqueza espiritual, que, por diferentes caminos, había llegado hasta ellos.

Por eso recopilaron las narraciones judías y cristianas sobre Elías; las releyeron a su manera y las acogieron saboreando su gusto vital. Elías, que ya en la tradición monástica era considerado el primer monje y el modelo de los contemplativos,  se convirtió así poco a poco para los carmelitas en el prototipo de los místicos y el profeta dedicado a cantar y enseñar las alabanzas de Dios a su comunidad de seguidores; el defensor de los derechos de Dios y el campeón en la defensa de los últimos. Los carmelitas de entonces, como los de hoy, tienen a Elías como “Padre” suyo, no en sentido histórico o material, sino por los valores que su figura expresa.

48. Guiados por María a lo largo del camino

Al dedicarle a María, Madre del Señor, su oratorio, nuestros primeros padres la eligieron como patrona y se confiaron a ella, consagrando toda su existencia a su servicio y su alabanza, realizados en la vida antes que en los ritos[151].

A lo largo de su historia, los carmelitas han experimentado y cantado la presencia solícita y permanente de la Madre-Patrona. María, mística estrella del Monte Carmelo, protege, reviste y guía a sus hijos por los senderos que conducen al gozo del encuentro transformante con Dios[152]. Ella, que ha sido la primera en vivir la unión plena con Dios en Cristo, ayuda a descubrir la belleza de la llamada y sostiene en la dura subida hasta «la cima del monte que es Cristo Señor»[153].

El escapulario es el signo y el memorial de esta protección y de nuestra entrega a ella; sus fiestas son la ocasión para dar gracias al Señor por el don de María, que es «más Madre que Reina»[154].

49. En camino con María

En este camino hacia Dios, los carmelitas reconocen en la purísima Virgen la hermana, la mujer nueva que se deja renovar por la acción del Espíritu Santo. Peregrina en la fe, María es signo de lo que ellos desean ser en la Iglesia[155].

La jovencita que en Nazaret escucha la palabra del ángel y acoge la Palabra de Dios, nos

introduce en el misterio del Hijo de Dios y enseña la docilidad al Espíritu, que hace asentir plenamente a la voluntad del Padre. Yendo deprisa a casa de Isabel, nos enseña el servicio fraterno y la caridad, fundamentos esenciales de toda comunión fraterna. Cuando en Belén nos presenta al Dios niño, la Madre de Dios nos invita a saber ser «engendradores de Dios»[156] en cualquier circunstancia de la vida. Huyendo a Egipto con el Niño y S. José, nos indica los caminos de la ascesis y de la purificación, puerta necesaria para la experiencia contemplativa de Dios. María, que todo lo conserva y medita en su corazón, nos enseña a buscar y a reconocer los signos de la presencia de Cristo en la vida diaria y a hacernos discípulos del Señor escuchando y poniendo en práctica la Palabra. En Caná, atenta a las necesidades del momento, nos indica a Jesús como el único que da el vino nuevo de la salvación, y nos invita a hacer todo lo que él dice. Al pie de la cruz, nos enseña a ser fieles hasta las últimas consecuencias. Acogida por los discípulos como Madre, se torna modelo de la Iglesia orante, siempre abierta a acoger y compartir el don del Espíritu.

Los carmelitas viven una relación íntima y familiar con María, su Madre y Hermana, presente la vida personal y fraterna.

 

 

3. ACTORES Y MEDIADORES DE LA FORMACIÓN

DÓCILES A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU

          A. Los protagonistas: Dios y la persona llamada

50. La historia de una vocación

La vida religiosa nace antes que nada de una llamada que es un don de Dios, y requiere una respuesta por parte del llamado. No se trata de una llamada y de una respuesta hechas una vez por todas, en el momento inicial, sino de un don que es hecho y recibido día a día; una llamada siempre nueva que exige una respuesta siempre nueva. Esta aventura, que tiene por protagonistas a Dios y a la persona llamada, crece en el corazón de un intercambio entre dos libertades y dos amores. Pero comporta también un cruce de responsabilidades y de influjos que mediatizan la acción de Dios y ayudan a la persona a responder a su llamada.

51. La vocación: don de Dios y respuesta del hombre

La vocación a la vida religiosa es una iniciativa de Dios Padre, «creador y dador de todo bien, que atrae hacia sí» (cf. Jn 6, 44) a una criatura suya con un amor especial y de cara a una misión especial»[157]. Esta atracción llena de amor del Padre está mediada por Jesucristo, que a algunos de sus discípulos les «pide una implicación total, que comporta el abandono de todo (cf. Mt 19, 27), para vivir en intimidad con Él y seguirlo adondequiera que Él vaya (cf. Ap 14, 4)»[158].

La persona llamada, haciendo experiencia de este amor gratuito, «eterno e infinito, que toca las raíces del ser»[159], siente el deber de responder con la entrega total e incondicionada de su vida[160].  Dejándose coger por Cristo, lo abandona todo para seguirlo[161] y trata día tras día de «identificarse con Él, asumiendo sus sentimientos y su forma de vida»[162].

La responsabilidad primaria de decir «sí» al llamamiento divino y de asumir sus consecuencias le corresponde al llamado, pero esta respuesta, tanto en su momento inicial como en el camino diario que sigue, no es posible sin la acción del Espíritu Santo, que suscita el deseo de tal respuesta y dirige su crecimiento. Es Él quien forma y modela, configurando con Cristo e impulsando a hacer propia su misión[163].

La persona llamada se confía a la acción del Espíritu Santo con la humildad de quien renuncia a comportarse según los criterios de la sabiduría humana y da amplio espacio a la sabiduría divina. Y dado que la acción de Dios es discreta, aunque continua y decisiva, cultiva el discernimiento espiritual para saber reconocer los signos y los frutos de la presencia del Espíritu en su vida y en el mundo que la rodea. La aportación de la formación inicial y permanente y el recurso asiduo a la dirección espiritual facilitan tal discernimiento[164], sin descuidar por esto la aportación de la psicología, que puede ayudar a comprenderse mejor para poder responder más libremente a la llamada de Dios.

La respuesta a la llamada divina crece con una entrega y un compromiso cada vez más totales, purificados a menudo mediante las distintas crisis de la vida.

          B. Algunas mediaciones importantes

52. La Iglesia, medio-ambiente de la vocación religiosa

La estrecha relación entre la Iglesia y la vida consagrada incide en nuestra formación. La vocación a la vida consagrada nace en el seno de la Iglesia y es ratificada por la Iglesia, que, en el rito de la profesión religiosa, «invoca sobre las personas elegidas el don del Espíritu y asocia su oblación al sacrificio de Cristo»[165]. Se alimenta con los sacramentos y la Palabra confiados a la Iglesia y se vive «en plena comunión con su doctrina, su vida, sus pastores, sus fieles y su misión en el mundo»[166].

53. María, madre y maestra

La Virgen María, modelo, imagen y miembro eminente de la Iglesia, con su belleza espiritual nos atrae a Dios. Perfecta discípula del Maestro, se convierte en maestra y guía espiritual, y nos enseña con su ejemplo a realizar en la sencillez cotidiana el ideal que ella acogió y vivió la primera. Con su amor materno nos acompaña y nos guía por los senderos que conducen a Dios, porque ella, que por voluntad del Padre y con la intervención del Espíritu concibió a Cristo, permanece asociada al Espíritu Santo en su acción misteriosa de engendrar y formar a Cristo en los creyentes[167]. Carmelitas de todos los tiempos, y especialmente los místicos, han experimentado y descrito el influjo de María en su vida espiritual[168]. El símbolo del escapulario indica que María quiere revestirnos de Cristo.

54. Complementariedad de las vocaciones

Hay que estar abiertos a la complementariedad de las vocaciones en la Iglesia.

Una vocación religiosa a menudo nace en el seno de una familia o de una asociación de laicos que siguen animando al candidato con la oración y el apoyo espiritual.

La gente en medio de la cual vivimos, con su fe, su sabiduría y su afán por ganarse la vida, a veces en situaciones de pobreza, y su modo de afrontar los retos de la vida nos anima y nos interpela.

Además, a lo largo del camino de discernimiento vocacional y de formación inicial, el encuentro, el intercambio y la colaboración con religiosos de otros institutos, con los candidatos al ministerio ordenado y con los mismos ministros contribuyen a iluminar y a precisar la propia vocación y el propio carisma. Tal relación sigue sosteniendo el camino de toda la vida religiosa.

55. La comunidad religiosa local, medio-ambiente de formación inicial

El carisma de la Orden es mediatizado a los candidatos ante todo por la comunidad en la que viven. Esto requiere que haya una cierta unitariedad entre los componentes de la comunidad en la que hay formandos[169] y han de tenerlo en consideración los superiores mayores cuando asignan a un fraile a una de estas comunidades. Después de la constitución de la comunidad, es necesario continuar el diálogo constante entre los miembros para facilitar el trabajo de la formación y evitar puntos de vista demasiado diferentes. Todos los miembros de la comunidad han de ser conscientes de la responsabilidad que tienen en la formación de los candidatos, a los cuales han de ofrecer modelos concretos de vida carmelita[170]. Pero han de estar atentos para no interferir en el trabajo específico del formador. La comunidad debe ofrecer a los candidatos una atmósfera espiritual, una coherencia de vida y un empuje apostólico capaces de atraerlos a seguir a Cristo con radicalidad[171].  La oración y la celebración eucarística comunitarias, las reuniones periódicas, el compartir la mesa y la recreación favorecen el conocimiento recíproco y la posibilidad de transmitir la memoria viva del carisma.

56. La comunidad religiosa local, lugar de formación permanente

La comunidad es el lugar privilegiado para la formación permanente de sus miembros[172] porque es el ambiente donde uno puede crecer y madurar como persona, como cristiano y como religioso que interactúa con Dios y con los hermanos. La comunidad no es un grupo de personas que viven juntas de forma que anulen la creatividad individual y el desarrollo de los carismas espirituales, como tampoco han de estimar a los demás únicamente por lo que hacen. Es más bien un grupo en el que cada hermano es valorado por ser imagen de Dios, y es animado a desarrollar su personalidad en la libertad y en la responsabilidad. Por eso hay que descubrir las ocasiones y los modos para favorecer «el crecimiento humano, intelectual, espiritual y pastoral»[173] de cada hermano. Las reuniones comunitarias pueden ser el momento para un intercambio y ocasiones de formación permanente; hay que prestar atención a la puesta al día, mediante retiros, ejercicios espirituales, cursos, conferencias, libros, revistas u otros medios. Con el fin de que pueda realizarse y todos tengan tiempo para estas cosas, hay que hacer uso del discernimiento y no sobrecargar a las personas de trabajo[174]. Para facilitar esta tarea de las comunidades, tome la Provincia iniciativas unitarias que impliquen a todos los religiosos.

57. El formador

La acción de Dios Padre que, mediante el Espíritu, modela en los corazones de las personas consagradas los sentimientos de su Hijo[175], está mediatizada por los formadores, puestos como “hermanos mayores” junto a aquellos que Él llama[176]. El éxito de la formación depende mucho de su labor[177].

La tarea del formador es muy delicada y requiere una buena preparación y un esfuerzo continuo por estar al día. La formación de buenos formadores es una de la exigencias más urgentes del momento.

A ser posible, que el formador no sea uno que acaba de concluir su camino de formación inicial, para que pueda tener un poco de experiencia práctica del camino contemplativo, de la oración, de la vida fraterna y del servicio apostólico. Se requiere del formador una cierta madurez psicológica y espiritual; debe estar relativamente libre de conflictos de personalidad, y suficientemente seguro de sí mismo, de modo que pueda compartir, dialogar y colaborar con otros.

58. Funciones y requisitos del formador

Es función del formador:

a) discernir: ayudar al candidato a percibir la llamada de Dios y su acción, a menudo discreta, en las circunstancias concretas de la vida, y a descubrir los senderos por los cuales lo está conduciendo.

Esto requiere del formador no sólo la capacidad de introspección y de intuición, sino sobre todo una cierta sabiduría espiritual, que es a la vez don de Dios y fruto de una constante costumbre de leer su vida dejándose iluminar por la Palabra y por la oración.

b) acompañar: ayudar al candidato en su crecimiento, especialmente mediante «el coloquio personal, que se ha de tener con regularidad y con cierta frecuencia, como costumbre de insustituible y probada eficacia»[178]. El formador debe ir al paso del candidato, respetando sus ritmos y sus etapas de crecimiento, sin renunciar a proponer con claridad las exigencias del seguimento de Cristo en el Carmelo.

Esta tarea requiere serenidad interior, disponibilidad, paciencia, comprensión, verdadero afecto y un respeto profundo hacia la inviolabilidad de la conciencia del candidato, así como un buen conocimiento de las leyes de la pedagogía, de la psicología y del camino espiritual y apertura y sensibilidad a la cultura o subcultura del formando.

El formador es él también un hermano en camino hacia un ideal nunca alcanzado totalmente. Conoce por experiencia los gozos y las fatigas del camino al cual Dios lo ha llamado y al cual ahora llama a otros. Por eso es  capaz de comprender a los candidatos que se le han confiado, de gozar y padecer con ellos, acompañándolos con la sabiduría de quien conoce bien los senderos de este camino.

c) alimentar: dar un sólido alimento doctrinal, espiritual y experiencial; transmitir con el ejemplo de su vida antes que con la enseñanza la tradición viva de la Orden, su carisma y su espiritualidad[179]

Esto requiere del formador una buena formación teológica y espiritual, un profundo conocimiento de la Orden y un fuerte sentido de identificación con ella.

d) evaluar: en nombre de la Iglesia y de la Orden, el formador evalúa paso a paso el progreso del candidato, tratando de obrar la verdad en la caridad[180].

Esto requiere del formador claridad acerca de los criterios de evaluación[181] a usar con discernimiento, en el respeto de la dignidad personal del candidato y por amor a la Provincia y a la Orden. Evidentemente, el formador debe tener en cuenta la gradualidad y progresión del camino, por lo que ha de mostrar compresión ante cualquier fallo o insuficiencia mostrada por el candidato, sin renunciar a ser claro con él, animándolo a continuar el camino hasta la meta.

59. Coordinación de la formación

A ser posible, cada etapa de la formación inicial tenga su formador. Sin embargo, es muy importante que haya coordinación y colaboración entre los formadores de las diversas etapas, para dar continuidad al proceso de formación[182]. Con este fin, cada Provincia ha de tener su comisión para la formación, compuesta por el prior provincial o por su delegado, por los formadores y por los promotores vocacionales. Es función de esta comisión redactar y revisar periódicamente el programa provincial de formación,que aplica los principios de esta Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ. Dicho programa será luego aprobado por el Prior provincial con su consejo. Además, la comisión evaluará la marcha de la formación y hará un intercambio de opiniones sobre los candidatos.

Es oportuno y a veces incluso necesario que el formador de cada etapa sea ayudado por un asistente o bien por un equipo que le ayude a seguir y a evaluar a los candidatos. El equipo, que puede incluir miembros no carmelitas[183], debe actuar bajo la guía y en estrechísima unidad de espíritu y de acción con el formador, que sigue siendo siempre el responsable personal de la formación[184].

C. La responsabilidad de los superiores mayores y las estructuras de colaboración

60. La Orden

Con la profesión religiosa, la persona se incardina ante todo a la Orden como tal y subordinadamente a la Provincia o al Comisariado General[185]. Por tanto, toda la Orden debe implicarse en la formación inicial y permanente de sus miembros. El único carisma y los vínculos de fraternidad que nos unen hallan expresión concreta en la colaboración a nivel internacional, regional y nacional, y, si es oportuno, con otros miembros de la Familia Carmelita. Además, la necesidad de tener formadores cualificados, preparados expresamente para esta función, y la de seguir aclarando e inculturando el carisma, requieren que se promueva esta política de colaboración.

Con este fin, el Prior general con su consejo instituyen una comisión internacional para la formación, compuesta por miembros representativos de las diversas regiones de la Orden. La comisión trabaja bajo la dirección del delegado del Prior General para la formación, que normalmente es uno de los consejeros generales. Es función de la comisión promover la colaboración en la formación inicial, coordinar la revisión periódica de la Ratio Institutionis Viatæ Carmelitanæae, organizar encuentros y congresos de formadores y ayudar al consejero general o al delegado a desarrollar las funciones que se enumeran en el n. 61.

Otro grupo, que tiene como cabeza al mismo delegado del Prior general, será responsable de la organización regular de cursos de formación permanente abiertos a los miembros de toda la Orden y de la Familia Carmelita[186].

Son siempre dignas de apoyo las iniciativas de formación inicial o permanente promovidas por Provincias de la misma nación o de la misma región. Quizá hoy lo más necesario es la apertura de las estructuras de formación de una Provincia a personas provenientes de otras Provincias, favoreciendo así el intercambio, eventualmente la internacionalidad y una mejor valorización de los recursos. Evidentemente, no es un modo de eludir las propias responsabilidades.

61. El Prior general y su delegado

La dirección y la guía de cuanto se refiere a la formación en toda la Orden es competencia del Prior general[187], que ejerce esta función principalmente con la atención especial que dedica a la formación en sus visitas a las Provincias. Es función suya y de su consejo aprobar la Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ, para cuya puesta al día periódica convocará, al menos una vez al sexenio, una reunión de todos los formadores de la Orden[188].

Para ayudar al Prior general a realizar su ministerio en el campo de la formación, el consejo general atribuirá a uno de sus componentes este sector de responsabilidad[189]. Donde se viera la necesidad, el Prior general puede nombrar a un delegado distinto del consejero[190]. Es función de este consejero general o del delegado:

- dirigir la formación en acto en la Orden, promoviendo la aplicación de la Ratio Institutionis Vitaæ Carmelitanæ en toda la Orden;

-  conocer y seguir los distintos programas de formación de las Provincias;

-  promover que las provincias compartan en el campo de la formación inicial y ayudar al intercambio de formadores y formandos;

-  desarrollar y organizar un programa de preparación para los formadores;

-  prestar atención especial a las exigencias de la formación en las áreas emergentes;

-  convocar y presidir la comisión internacional para la formación.

62. El Prior provincial y su delegado

La dirección y la guía de todo lo que se refiere a la formación en una Provincia es competencia del Prior provincial o de un delegado suyo[191], que él normalmente elegirá entre sus consejeros. El Prior provincial y su consejo están directamente implicados en la formación inicial, no sólo en el momento de las decisiones que hay que tomar para la admisión de cada candidato a cada etapa de la formación, sino también mediante visitas, coloquios, informaciones y evaluaciones a realizar regularmente junto con la comisión para la formación[192]. El Prior provincial elige con gran atención los formadores y comparte la carga de su delicada tarea, animándolos, sosteniéndolos y pensando también en su salud general[193].

La responsabilidad de los superiores mayores hacia la formación de sus hermanos no acaba con la profesión solemne o la ordenación al ministerio. Nuestra formación ha de durar toda la vida, y los superiores son también responsables de procurar la formación permamente humana, espiritual, teológica y pastoral, interesándose personalmente de cada hermano y favoreciendo estructuras que ayuden a la formación.

 

II PARTE

LAS FASES DEL PROCESO DE FORMACIÓN

63. Una vida en camino

Las fases del proceso de formación inicial constituyen la iniciación a la vida carmelita y sirven para empezar, de modo progresivo y gradual, el camino de transformación de la persona, que dura toda la vida.

El horizonte en el que se colocan las fases iniciales del proceso está constituido, pues, por la formación permanente194, que es trabajo de conversión del corazón y de transformación espiritual, que tiende a la plena madurez en Jesucristo195.

64. Las fases de la formación

La formación inicial consta de las siguientes fases: prenoviciado, noviciado y período de la profesión temporal.

Cada fase forma parte de una serie más profunda de niveles sucesivos de desarrollo y de crecimiento; es la continuación de la precedente, pero se caracteriza por su propia fisonomía particular, que deriva de su propio objetivo.

El ministerio vocacional, aunque no es formalmente una fase de la formación, se inserta porque prepara el terreno para la formación sucesiva. Gracias a él, la persona descubre la llamada de Dios y responde entrando en la Orden.

 

 

1. EL MINISTERIO VOCACIONAL

AYUDAR A ENCONTRAR EL CAMINO

A. Objetivo y descripción

65. Naturaleza y finalidad del ministerio vocacional

La vocación a la vida religiosa carmelita, como cualquier otra vocación, es un don de Dios, pero se reconoce concretamente gracias a diversas mediaciones humanas. De hecho, las vocaciones suelen nacer al contacto con algún religioso, con nuestra vida, o con una de nuestras actividades, o quizá simplemente de la lectura de nuestros clásicos espirituales.

El amor por el don que el Espíritu ha hecho a la Iglesia por medio del Carmelo nos empuja a compartirlo con los demás. Por tanto, hemos de estar atentos para captar los signos del carisma carmelita presentes en otras personas y tener el valor de hacerles la propuesta específica.

El principal objetivo del ministerio vocacional es ayudar a las personas a descubrir el don que llevan y a responder a él eligiendo el estilo de vida que les corresponde. Su función es, pues, acompañar en el camino de maduración espiritual y ayudar en el discernimiento.

B. Responsables

66. Las comunidades y la Provincia

Como carmelitas, somos mediadores de la llamada del Señor, viviendo y dando testimonio de los valores de nuestro carisma, compartiendo las alegrías y las dificultades de nuestro estilo de vida. No sólo el animador vocacional y la comunidad de acogida, sino todas las comunidades y los religiosos personalmente tratarán de suscitar vocaciones con el entusiasmo de su vida y la presentación de los valores de la tradición y del carisma.

El responsable de la animación vocacional provincial tenga un colaborador en cada comunidad.

El Prior provincial debe asegurar que las vocaciones sean una prioridad en el proyecto de la provincia. Él se encargará de que se elabore, ponga en marcha y se revise un proyecto vocacional específico para la Provincia.

67. El animador vocacional

Cada provincia ha de tener un responsable de la promoción vocacional. Su cometido es:

  1. animar a las comunidades para que, desarrollando el carácter vocacional en la vida y en todas las formas de servicio, sean promotoras de vocaciones;
  2. promover y coordinar con los colaboradores locales las actividades vocacionales, implicando en ellas sobre todo a los carmelitas en formación inicial;
  3. discernir los signos vocacionales de las personas y hacerles la propuesta de entrar en la Orden;
  4. acompañar a las personas en su camino de crecimiento vocacional196;
  5. mantener la conexión con los organismos diocesanos y nacionales de animación vocacional197.

C. Estructura y contenidos

68. El camino vocacional

La propuesta vocacional carmelita se ha de hacer a personas en búsqueda que intentan dar un sentido a su vida. A ellos se les ha de proponer la persona de Jesús, su palabra y su estilo de vida. Su inserción en la vida eclesial, a través de las parroquias, grupos, movimientos y actividades de compromiso ayuda a revisar su camino y su maduración humana y cristiana. La vida sacramental, la oración y la dirección espiritual son necesarias para un discernimiento auténtico de su vocación. La presentación y el conocimiento inicial del Carmelo y de sus valores son motivo de atracción que empujan a responder positiva y concretamente a la llamada del Señor.

69. Metodología, medios e instrumentos

  1. Las comunidades han de desarrollar su carácter carmelita para que sea reconocible y atractivo, de modo que puedan decir: «¡Ven y verás!», para que quien se hace preguntas o está buscando pueda hacer experiencia concreta de vida carmelita durante un período de tiempo más o menos largo. Así la comunidad se convierte en el ambiente en el que la persona puede encaminarse hacia una decisión, reconociendo que posee capacidades y valores típicos de nuestro carisma.
  2. Cada provincia puede constituir una comunidad específicamente dedicada a este ministerio de acogida vocacional, la cual organiza, bajo la dirección del animador vocacional provincial, actividades, encuentros y momentos de experiencia dirigidos a favorecer la propuesta, el acompañamiento y el discernimiento vocacional198.

En algunas Provincias esta tarea la realizan, al menos en parte, los seminarios menores u otras formas de asociación que pueden llevar a ingresar en la Orden.

  1. La dimensión vocacional, como la capacidad de engendrar, es intrínseca a nuestra vida, por lo que ha de emerger en todo lo que hacemos. Las parroquias promuevan su propia fisonomía carmelita, los santuarios sean fuente de vida espiritual animada por los valores del Carmelo, escuelas y colegios no olviden que forma parte de su misión educadora la orientación vocacional de sus alumnos. Incluso en las actividades realizadas individualmente nos hemos de preocupar por transmitir nuestro propio ser carmelita.

Para favorecer la difusión de la propuesta, se han de privilegiar algunos medios: la atención a la vida espiritual y en particular a la dirección espiritual, a la cual cada religioso debe dedicar un tiempo adecuado; la difusión de la prensa y literatura carmelitas, medios audiovisuales, multimediales, internet...

  1. El animador sigue a cada persona en búsqueda, con coloquios y encuentros regulares; promueve momentos de reflexión y discernimiento junto con otros candidatos.
  2. La propuesta ha de incluir las diversas posibilidades de vida y de actividad ofrecidas por toda la Familia carmelita.

D. Criterios de discernimiento

70. El discernimiento vocacional

Para ser admitido al prenoviciado, el candidato ha de mostrar que posee una cierta madurez humana, una relación vital con Jesús, Señor de su vida, una decidida sensibilidad eclesial y social y signos de vocación carmelita. La valoración de tales signos la ha de hacer el animador vocacional, o al menos, en diálogo con él, quien ha acompañado a la persona en el camino.

Es importante que el candidato sea conocido por quien juzga su admisión, a través de contactos con la familia, el ambiente, la parroquia de proveniencia, asociaciones o movimientos responsables de su formación. En el caso de que él ya haya hecho una experiencia en seminarios diocesanos u otros Institutos religiosos, hay que pedir informaciones y recomendaciones de sus anteriores responsables199.

 

 

2. EL PRENOVICIADO

PROVEERSE PARA EL VIAJE

A.Objetivo y descripción

71. Naturaleza y finalidad del prenoviciado

El prenoviciado es el período de tiempo destinado a preparar a la persona para entrar en el noviciado, con el cual iniciará el camino de la vida religiosa carmelita200.

El prenovicio ha de profundizar y hacer suya de modo más personal la fe para poder escuchar la voz de Jesús que lo llama a seguirlo.

Él profundiza también el conocimiento de sí mismo, de su historia personal y social, de su ambiente, de su comunidad cristiana. Un primer acercamiento a la vida comunitaria permite experimentar su capacidad de vivir junto con otros.

La conciencia inicial de su vocación carmelita se completará con un conocimiento y experiencia al menos inicial de los valores del carisma y de la espiritualidad carmelita. Esta experiencia, unida al discernimiento general sobre su vocación, llevará al prenovicio a un primer esbozo de respuesta y a pedir entrar en el noviciado.

B.Responsables

72. El prenovicio

La persona que pide iniciar el camino de formación carmelita se siente llamada por Dios y desea responder positivamente. Ha de estar dispuesto a dar los pasos y hacer las opciones que el proceso vocacional y formativo le propongan. Por esto ha de confiar en la guía de sus responsables, en la comunidad que le acoge o con la que entra en contacto y en los compañeros de viaje que el Señor quiera poner a su lado. Sobre todo aprenderá a ser discípulo del Señor, que lo invita a seguirlo de manera concreta y verificable.

El prenovicio ha de saber acoger el reto que el camino de formación le propone con fuerza y optar por seguir libre y responsablemente su vocación carmelita, para la que se reconoce suficientemente maduro.

73. El formador

El formador es el referente más directo del prenovicio: lo ayuda a discernir y a reconocer los signos de la llamada a la vida carmelita que lleva dentro, para poder seguir a Cristo de modo personal. El formador es quien ejerce de enlace entre la comunidad y el prenovicio. El formador hace visible y comprensible la comunidad a los ojos del candidato.

El formador acompaña al prenovicio en el crecimiento humano y cristiano, ayudándolo a descubrir en sí valores y dotes que lo hacen idóneo y maduro para vivir la vida carmelita, y, si no encuentra en él tales valores y dotes, ha de saber indicar al hermano otro camino.

74. La comunidad

En esta fase la comunidad tiene la función de ayudar al prenovicio a experimentar inicialmente los valores que caracterizan nuestra fraternidad carmelita. Por eso ha de ser flexible, no rígida, y acogedora, sin invadir ni oprimir. Pero ha de haber una distinción entre la vida de la comunidad y la de los prenovicios. Es fundamental el ejemplo de vida que los religiosos dan diariamente a los prenovicios.

75. La comisión para la formación

Para garantizar la unidad del camino de formación, es útil la colaboración entre los distintos formadores.

El diálogo con el animador vocacional ayuda al formador en el acompañamiento de los prenovicios y a completar el discernimiento de su vocación; por otra parte, el intercambio y el contacto con el maestro de novicios permite orientar mejor el camino de los prenovicios. Es bueno que éstos conozcan al maestro de novicios y, si es posible, la casa de noviciado.

76. El Prior provincial

Es cometido del superior mayor admitir, directamente o a través de un delegado, a un candidato al prenoviciado, oído el parecer del animador vocacional. Es también función suya garantizar el ambiente y las posibilidades de formación necesarias para un desarrollo serio del prenoviciado201.

77. Otros agentes

Durante el prenoviciado es esencial la presencia del director espiritual, elegido de acuerdo con el formador, el cual contribuye al discernimiento y acompaña al prenovicio en su camino espiritual.

Para facilitar el conocimiento de sí mismo y de sus capacidades, talentos, deficiencias y límites, es aconsejable la consulta de un psicólogo.

Así también es útil la integración en el programa de prenoviciado de la aportación de expertos y colaboradores religiosos y laicos.

C. Estructura y contenidos

78. El camino del prenoviciado

En el caso de jóvenes que se acercan a la vida carmelita, el prenoviciado es sobre todo un momento de crecimiento humano y cristiano. Éstos han de tomar plena conciencia de su identidad, de sus dones y límites; han de aprender a abrir los ojos al ambiente humano en el que viven, con su realidad social y cultural, para entrar en relación con él; han de crecer en las relaciones interpersonales.

En cambio, en el caso de adultos, hay que recordar que son personas que ya han hecho una experiencia significativa de la vida, por lo que se ha de valorar su bagaje de experiencias humanas, cristianas y profesionales. En su caso, más que desarrollar la maduración humana, entendida en sentido reductivo, hay que ayudarles a reorganizar los valores que tienen, con miras al nuevo estilo de vida que están abrazando. Sobre todo a los que estaban acostumbrados a vivir solos, hay que acompañarlos en la inserción en una comunidad. Habrá que trabajar sobre el temperamento adquirido, apreciando sus valores e indicando sus límites. Se han de tener en cuenta los talentos profesionales, la capacidad de iniciativa, de colaboración y de inserción en un proyecto.

Todos han de profundizar su camino de fe, creciendo en una relación con Dios cada vez más auténtica y personal y desarrollando la conciencia eclesial. Adquirirán los oportunos conocimientos de base y harán las experiencias necesarias para sostener la opción que están madurando.

Cada Provincia organizará el prenoviciado de la forma que considere más oportuna y acorde con sus exigencias202. La duración del prenoviciado depende del camino de crecimiento y de maduración de cada cual.

79. Metodología, medios e instrumentos

  1. El prenovicio no es religioso todavía. Por eso es inserido en la experiencia carmelita y en la vida comunitaria de forma gradual. Además, las relaciones de tipo económico y práctico se han de regular según las circunstancias y las oportunidades con un acuerdo previo203.
  2. En los coloquios regulares con el prenovicio, el formador, partiendo de la reflexión sobre sus experiencias concretas, lo ayuda a conocerse a sí mismo y sus opciones fundamentales, a medir sus fuerzas frente a la llamada de Dios y a reflexionar sobre la posibilidad de vivir tal llamada de un modo libre, objetivo y personal.
  3. Se dará especial importancia a la paticipación del prenovicio en una vida sana litúrgico-sacramental y a su oración personal.
  4. La inserción en la vida comunitaria, con los momentos y las tareas que la caracterizan, se experimenta de modo gradual, para dar al prenovicio la posibilidad de conocer desde dentro, en su concreción y en sus exigencias, la vida a la que se siente llamado.
  5. El diálogo y la relación con otros prenovicios favorece el intercambio de experiencias, contribuye a la creación de vínculos que se desarrollarán en el futuro, ayuda a clarificar las opciones de cada uno y permite un primer ejercicio de la fraternidad.
  6. El prenoviciado deberá ofrecer momentos oportunos de experiencia de servicio, tanto dentro de la comunidad como fuera de ella. Será preferible escoger sobre todo servicios de carácter eclesial o social.
  7. Es necesario asegurar la adquisición de una cultura básica equivalente a la de quienes han concluido los estudios en su país204. Si alguien no ha completado esta formación antes del prenoviciado, hay que asegurarse de que se concluya dentro de esta fase y antes de la admisión al noviciado.
  8. Los contenidos prescritos por el Programa de estudios carmelitas serán presentados oportunamente en los tiempos y momentos oportunos. Estos cursos pueden ser realizados en colaboración con otros Institutos205.
  9. Desde el principio, se intentará suscitar en el candidato el sentido de un sano equilibrio entre las distintas dimensiones de la vida: oración, vida fraterna, trabajo, estudio, servicio, tiempo libre, cuidado de la salud...

D. Criterios de discernimiento

80. El discernimiento

El prenoviciado es de por sí un período de discernimiento: el prenovicio coteja su vocación con la experiencia que le propone el formador y la comunidad carmelita. Retiros y ejercicios espirituales son útiles para crear el clima adecuado para examinar la llamada.

Durante el prenoviciado, pero con más atención y claridad en el momento de evaluar la admisión al noviciado, el formador, oyendo la comunidad, implicará al prenovicio en la evaluación, para la cual utilizará, además de los criterios indicados por el derecho común206, las Constituciones207 y el Apéndice, estos otros.

Ante todo hay que preguntarse si el candidato da o no signos de vocación a la vida carmelita y si muestra las cualidades humanas y cristianas necesarias para poder vivirla208. Es bueno ser claros desde el principio: si se observan signos de vocación inauténtica o errada, hay que indicar al candidato otro camino; y si se trata de una respuesta prematura a la llamada de Dios, hay que dar el tiempo necesario para el crecimiento.

El prenovicio es libre de dejar el prenoviciado en cualquier momento. Igualmente, el superior mayor, consultado el formador, puede enviarlo a su casa.

 

 

3. EL NOVICIADO

PONERSE EN CAMINO

A. Objetivo y descripción

81. Naturaleza y finalidad del noviciado

El fin del noviciado es la iniciación gradual del candidato a la vida en el Espíritu según el carisma del Carmelo, en vista de un primer compromiso con la profesión temporal. Con el noviciado comienza la vida religiosa en la Orden carmelita209.

La iniciación del novicio comporta el crecimiento en profundidad, en el sentido que la experiencia del novicio está firmemente centrada en el misterio de Dios. Es un crecimiento en amplitud porque el novicio no debe limitarse a la devoción o al culto formal, sino que es animado a desarrollar una actitud contemplativa y se le pide que se afiance en su vocación y en el celo apostólico, en la fe, en la esperanza y en la caridad.

En este proceso son importantes el examen, la evaluación y la purificación de las motivaciones y de las perspectivas personales de vida, para que el novicio aprenda a fundar su existencia en Dios.

Por eso el novicio  necesita tiempo y espacio para crecer en la clarificación de su vocación e idoneidad para vivir la vida religiosa carmelita. Esto implica un proceso de identificación con nuestra vida y se realiza en una comunidad concreta de hermanos comprometidos en la oración y en el servicio, más que mediante el adoctrinamiento y la transmisión de nociones. La experimentación de la nueva forma de vida en la realidad cotidiana ha de conducir a una primera decisión por la Orden.

B. Responsables

82. El novicio

El novicio es el primer responsable de su formación: al responder al Padre que lo ha llamado a seguir a Cristo en la vida carmelita, acoge su Palabra, elige modelar su vida según la de Cristo y vivir en su obsequio. Por eso la cualidad fundamental del novicio es la docilidad a las mociones del Espíritu. En diálogo con el formador y la comunidad, el novicio se dejará conducir y acompañar en la experiencia cotidiana de la vida carmelita. Desarrollará su capacidad de discipulado aprendiendo cada día, como María, a conjugar Palabra y vida. El novicio profundizará gradualmente en él la dimensión contemplativa, creciendo en la relación personal con Dios a través de la oración y la escucha de la Palabra. Emprenderá con decisión los senderos del proceso de transformación interior que lo conducirá a caminar cada día en presencia de Dios, a reconocerlo en los hermanos, a ver las personas y las cosas con sus ojos y a anunciarlo en medio del pueblo.

83. El maestro de novicios

El formador, nombrado por el Prior provincial y por su Consejo, es el responsable principal del acompañamiento de los novicios210. Su personalidad, su formación y sus cualidades son propuestas importantes para el camino de los novicios. Por la importancia de su servicio, el formador debe dedicarse principalmente al noviciado. Él es para los novicios no sólo mediador de conocimientos, sino antes que nada un acompañante que ayuda con su vida a aclarar la vocación y a tomar una decisión. Él acompaña al novicio en el camino de transformación interior, ayudándolo a discernir los signos de la acción del Espíritu en su vida, a conseguir y desarrollar una actitud contemplativa.

El formador es el primer referente para los novicios, tanto por lo que se refiere a su camino personal como a la vida cotidiana de la comunidad de noviciado y para la reflexión sobre las experiencias hechas por los novicios.

El formador informe cada tres meses a la comunidad sobre cómo va el noviciado y sobre el progreso de cada uno y escuche las impresiones y sugerencias de la misma.

84. La comunidad

Aunque el noviciado es un tiempo especial de la vida religiosa, ha de vivirse en el contexto cotidiano de una comunidad. Sólo así los novicios pueden tener una visión realista de cómo viven juntos los hermanos en una comunidad carmelita. Tienen también la posibilidad de experimentar y reflexionar sobre su comportamiento en una comunidad. En especial, esta experiencia es muy importante para los novicios que hasta este momento han vivido solos, por su cuenta.

Los hermanos de la comunidad de noviciado tienen una gran corresponsabilidad en el ejemplo y el testimonio, el ambiente y el éxito del noviciado211. Esta corresponsabilidad, que se ejerce especialmente en el momento de las informaciones periódicas sobre la marcha del noviciado y de la evaluación de los novicios, ha de ser tenida en cuenta al momento de elegir los miembros de la comunidad.

85. La comisión para la formación

Para la continuidad del proceso de formación, es importante el intercambio y la comunicación dentro de la comisión provincial para la formación. Para el formador, que es el responsable del año de noviciado, estas reflexiones y este intercambio con los responsables de las distintas fases pueden ser una ayuda para la solución de situaciones difíciles y problemáticas.

86. El Prior provincial y su Consejo

El gobierno provincial es corresponsable del acompañamiento de los novicios y eso no se limita al aspecto jurídico212, sino que atañe también al proceso de formación y al desarrollo personal de los novicios. Por eso son necesarias visitas y coloquios con los novicios, el formador y los frailes de la casa de noviciado, salvado el principio de subsidiaridad.

El Prior provincial y su Consejo tienen también la responsabilidad de crear las condiciones para la buena marcha de la comunidad de noviciado, que ha de ser mantenida en lo material también. En efecto, la Provincia tiene que preparar y proveer el personal idóneo, los medios adecuados y velar sobre su funcionalidad.

87. Otros agentes

El novicio escoge un director espiritual idóneo, de acuerdo con el formador.

El formador puede enriquecer su labor formadora pidiendo la colaboración de otros religiosos y laicos expertos, teniendo en cuenta las actividades realizadas en colaboración con otros institutos213.

C. Estructura y contenidos

88. El camino del noviciado

En el noviciado, el novicio empieza a conocer la vida carmelita, sus valores y su realización concreta. Por su parte, la comunidad conoce al novicio con su personalidad, sus dotes y capacidades.

Durante el noviciado se da amplio espacio a la presentación del carisma, los modelos, la tradición, la historia y la vida actual de la Orden. Los novicios aprenden a estimar y hacer suyos los valores del Carmelo, identificándose gradualmente con ellos. Tienen la posibilidad de recorrer los primeros pasos en el seguimiento de Cristo, según los consejos evangélicos, para comprobar su capacidad real de vivirlos.

Será importante ayudar a los novicios a concretizar estos valores en una actitud y en un estilo de vida que permitan a Dios realizar gradualmente su transformación. Los novicios han de darse cuenta de que su meta, más allá de la profesión que harán al final del año de noviciado, es sobre todo una tarea constante de conversión, que durará toda la vida y que los abrirá a la posibilidad de la unión transformante con Dios para ser en el mundo testigos coherentes de su presencia.

Para la validez del noviciado se requieren doce meses214. Éste puede prolongarse, pero no ha de durar más de dos años215.

89. Metodología, medios e instrumentos

  1. El noviciado no es la continuación o un nuevo tipo de enseñanza, sino un proceso en el que teoría y praxis interactúan y se iluminan recíprocamente. La organización del noviciado depende mucho de lo que los novicios son y llevan consigo216. Conocimientos teóricos, práctica de la vida carmelita, actividades y posibilidades para la experiencia práctica han de verse como una unidad. Para favorecer un comportamiento responsable, conviene implicar a los novicios en la realización del programa de noviciado y en las tareas concretas de la vida comunitaria. Se han de tener en cuenta las posibilidades y los intereses personales de los novicios.
  2. El noviciado es un diálogo gradual entre la visión que la Orden tiene de ella y la posibilidad del novicio de tomar libremente una decisión basada en su experiencia de Dios, de sí mismo y de la comunidad.

Estas dos realidades se han de examinar periódicamente:

- en los momentos de vida comunitaria, en la cual participa el novicio y en los cuales empieza a experimentar concretamente la vida carmelita: la liturgia eucarística y de las horas, la lectio divina, las reuniones comunitarias, el trabajo común, las recreaciones...;

- en la oración personal y en la lectura espiritual, a la que tiene que dedicar amplio espacio;

- en los días de retiro y de ejercicios espirituales;

- en los coloquios regulares con el maestro, en los cuales se habla de la vocación, de las motivaciones, del estado actual, de las expectativas y perspectivas del novicio y también de sus puntos de fuerza y de sus debilidades. Para crear una auténtica relación entre los valores de nuestro carisma y la vida cotidiana, es necesario reflexionar y dialogar con los novicios sobre la experiencia de la vida concreta y de su comportamiento en situaciones concretas. El novicio necesita ayuda y acompañamiento en la gestión de su nueva situación de vida de carmelita que vive en comunidad. Es importante además animar en las situaciones difíciles y favorecer la apertura en los momentos de crisis. En momentos especiales puede ser importante para el novicio tener coloquios con expertos y con el director espiritual.

  1. Los temas propuestos y descritos detalladamente en el Programa de estudios carmelitas para el noviciado,  han de ser adaptados por los programas provinciales de formación, según la situación cultural específica y han de presentarse en tiempos y modos adecuados a las condiciones personales de los novicios.
  2. La situación propia de una Provincia y el hecho de compartir una lengua y cultura con otras provincias, aconsejan a veces tener un noviciado común. La organización, las cuestiones personales, jurídicas y las formas de comunicación se han de aclarar previamente entre los responsables de las Provincias.
  3. Para enriquecer las experiencias de los novicios, se aconseja el intercambio y la colaboración con noviciados de otros Institutos. Estos encuentros con religiosos y religiosas ensanchan el horizonte, crean contactos y, en el cotejo, ayudan a fortalecer la propia identidad carmelita217.
  4. El maestro de novicios participará en los encuentros de formación permanente y de intercambio organizados a nivel diocesano, nacional e internacional para formadores218.

D. Criterios de discernimiento

90. El discernimiento

El formador hará periódicamente, junto con el novicio, una evaluación, incluso escrita, de su camino. Así se pueden poner de relieve puntos positivos y críticos y la posibilidad de crecimiento para el futuro.

Para la evaluación en vista de la admisión a la profesión temporal, teniendo en cuenta las sugerencias ofrecidas por el Apéndice, la pregunta fundamental es si el novicio ha conocido el carisma carmelita, lo reconoce presente en él, lo ha experimentado y ha empezado a identificarse con la Provincia y con la Orden.

Además, hay que preguntarse si está bastante maduro, humana y espiritualmente, para vivir con suficiente fidelidad la vida consagrada carmelita y da suficientes esperanzas de poder crecer en el camino contemplativo en una comunidad de hermanos al servicio de la Iglesia.

91. Procedimiento

El programa provincial de formación determinará cuánto tiempo antes del final del noviciado ha de presentar el novicio al superior mayor la petición escrita de ser admitido a la profesión temporal. El superior mayor, examinado el informe del maestro de novicios y oído el capítulo local, decidirá al respecto con el voto deliberativo de su Consejo. Por lo que se refiere al procedimiento y los requisitos para la admisión a la profesión temporal, se envía al derecho común y a las Constituciones219.

 

 

4. EL PERÍODO DE LA PROFESIÓN TEMPORAL

EN CAMINO...

A. Objetivo y descripción

92. Naturaleza y finalidad del período de la profesión temporal

Con la profesión temporal, ya es uno partícipe «de la consagración propia del estado religioso»220 y está insertado en la Orden Carmelita221, participando en su vida y su misión en la medida de sus capacidades. La temporalidad del compromiso garantiza la gradualidad del camino de formación.

Durante este período, los profesos siguen desarrollando la dimensión contemplativa según el estilo propio del Carmelo. A través de la liturgia, la escucha de la Palabra y los momentos de oración personal, los frailes profundizan su diálogo con Dios; con la inserción en una comunidad, serán animados a vivir la vida fraterna de modo concreto y responsable; a través de las experiencias iniciales de servicio y apostolado, aprenderán a compartir con los hermanos la experiencia de Dios.

La formación dentro de la comunidad será coordinada con los estudios teológicos, humanos y técnicos, las experiencias prácticas y de servicio necesarias para completar el camino. En este período normalmente se procede a la formación en los diversos tipos de servicio, para la cual enviamos al capítulo siguiente.

B. Responsables

93. El profeso simple

La historia vocacional va adelante con la respuesta cotidiana del fraile, el cual escucha la voz del Padre que le habla, lo reconoce presente y operante en su vida y en la de los hermanos, intensifica y profundiza su experiencia del seguimiento de Cristo y se deja guiar por el Espíritu Santo en el camino de transformación interior.

La apertura a los hermanos en la comunidad y de fuera de ella, compartir sus alegrías, esperanzas, sufrimientos, expectativas y necesidades, la participación en el camino de santidad y purificación de la Iglesia, así como en su misión, son disposiciones necesarias para que el camino de formación sea auténtico y verdadero.

94. El formador

La tarea específica del formador en esta fase es ayudar a los profesos simples a profundizar en la conciencia de su vocación carmelita, de modo que su seguimiento del Señor Jesús se exprese concretamente en las distintas dimensiones de la vida personal y comunitaria. El formador los acompaña y los guía, indica oportunas temáticas de profundización y caminos de experiencia en las distintas áreas vitales: antropológica, espiritual, carmelita, práctica, intelectual y de servicio.

El formador es también responsable de los estudios y ayuda en el camino de formación cultural, técnica y teológica, favoreciendo opciones adecuadas a las inclinaciones personales y en sintonía con el camino de la Provincia y de la Orden.

95. La comunidad

Los profesos simples caminan junto con la comunidad religiosa de la que son miembros. Ella los acoge con sus cualidades e incertidumbres. Los demás miembros de la comunidad se dan a conocer gradualmente y ayudan a los neoprofesos a introducirse en el ritmo de la vida comunitaria y de servicio. Por su parte, los profesos simples son portadores de ideas y fuerzas nuevas, que la comunidad ha de saber escuchar y valorar.

El formador informará regularmente a la comunidad sobre el progreso de los profesos simples y escuchará sugerencias e impresiones.

La comunidad es convocada por el Prior provincial para expresar su parecer en el momento de la admisión a la profesión solemne.

96. La comisión para la formación

Para la continuidad del proceso de formación es útil el intercambio con los responsables de otras fases. Esto ayuda al formador a conocer mejor a los profesos simples y a acompañarlos hacia la meta de la profesión solemne en momentos difíciles y críticos.

97. El prior provincial y su Consejo

El prior provincial se preocupará de conocer a los profesos simples en vista de las evaluaciones periódicas para la renovación de los votos y para la final antes de la admisión a la profesión solemne, que hará junto con su Consejo222. Le ayudará en ello la información regular que recibirá de parte del formador.

98. Otros agentes

Los profesos simples forman parte viva de la comunidad eclesial, y, en diálogo con otros miembros del pueblo de Dios, descubren su especificidad carismática y misionera.

El formador puede ser ayudado por expertos y especialistas, que contribuyan al crecimiento humano y espiritual del profeso. Se pueden considerar posibles colaboraciones con otros Institutos religiosos223.

El director espiritual, elegido de acuerdo con el formador, contribuye a acompañar al fraile por los caminos de Dios, reconocidos por ambos en el discernimiento, para que su vida interior y exterior esté cada vez más unificada224.

Cuando se vea la necesidad, es bueno proponer el apoyo de un psicólogo, que ayude a la persona a conocerse, a superar o integrar sus deficiencias, a entrar en relación con las exigencias del nuevo estado de vida, a crecer de forma madura en las relaciones interpersonales.

C. Estructura y contenidos

99. El camino después de la profesión temporal

El período de la profesión temporal ha de prever la posibilidad de profundizar el conocimiento y la experiencia de los valores esenciales de la vida carmelita: los formandos han de ser ayudados a hacer un camino de apropiación de la vida religiosa, de la consagración, de los votos, de la vida fraterna y del servicio según la perspectiva ofrecida por el carisma carmelita y por la espiritualidad vivida por los carmelitas que los han precedido225.

Durante este período, los profesos temporales seguirán avanzando en las distintas áreas vitales: antropológica, espiritual y carmelita, práctica, intelectual y del servicio. Es importante que los profesos capten la unidad intrínseca de las diversas áreas y crezcan integrándolas de modo progresivo y gradual226. El crecimiento en el camino contemplativo favorece esta integración. Es fundamental formar para la fidelidad, la generosidad y la entrega, que ayuda a afrontar y superar los momentos de crisis.

Para la validez de la profesión solemne se necesitan al menos tres años de profesión temporal227.

100. Metodología, medios e instrumentos

a) Los profesos simples han de implicarse en la realización del programa de formación y       deben empezar a sumir responsabilidades en el grupo y en la comunidad.

b) La vida litúrgica, la oración personal, así como los ejercicios espirituales anuales y los días de retiro, alimentan la vida de los profesos, haciéndoles crecer en la dimensión contemplativa, que permite reconocer los caminos de Dios en los senderos tortuosos de la historia humana, en la belleza de la vida, así como en sus contradicciones y deficiencias.

c) La inserción en una comunidad ayudará a crecer y a hacer más realistas y concretas las relaciones humanas y fraternas, permitirá llegar, donde fuera necesario, a una madurez de relaciones, de capacidad de decisión y de asunción de responsabilidades.

d) Éste es el momento oportuno para realizar experiencias más específicas de apostolado, de anuncio y de compromiso por la justicia y la paz228, que han de ser escogidas y hechas de acuerdo con el formador, de modo que haya un estudio y una verificación común. Se han de privilegiar los sectores de evangelización más cercanos a la espiritualidad y al carisma carmelita. Un ámbito que habitualmente puede ser más adecuado para los profesos simples es el de la animación vocacional. Éstos seguirán conociendo el ambiente social en el que están insertados para saber dialogar con las personas, para conocer su situación y sus problemas y caminar con ellas.

e) En los coloquios periódicos con el formador, además de la ayuda de experiencias y aportaciones apropiadas, los profesos siguen creciendo en el conocimiento de sí mismos. Descubren dotes y capacidades, afrontando e integrando posibles deficiencias; hacen suya de nuevo y en su caso se reconcilian con su historia. Crecen en la integración serena y positiva de la afectividad y la sexualidad en la vida espiritual; desarrollan la capacidad de establecer relaciones maduras y la de vivir y colaborar con otros. El camino espiritual los ayuda a purificar su imagen de Dios. Verificarán, además, el camino de apropiación de la vida religiosa según el carisma carmelita, la unificación gradual de las diversas dimensiones de la vida y la preparación para las tareas futuras.

f) Es bueno que todos los religiosos carmelitas conozcan, según su capacidad, al menos a nivel básico, la Sagrada Escritura, los principales temas teológicos y los de la vida espiritual y religiosa229. Todo fraile ha de poder desarrollar los dones que ha recibido del Señor. Las dotes técnicas, artísticas o musicales pueden ser un don para toda la comunidad, además de un medio eficaz de evangelización. Cada uno debe recibir una formación adecuada al servicio o a la actividad para la cual se prepara. Para los que son llamados a los ministerios ordenados, se requiere una adecuada preparación filosófico-teológica. Los contenidos específicos para esta fase se hallan en el Programa de estudios carmelitas.

g) Es oportuno ofrecer la ocasión de desarrollar la capacidad de gestión práctica de la casa, así como el mantenimiento de las instalaciones y de las estructuras. El conocimiento de la gestión económica de la comunidad y de la Provincia favorece la participación responsable y activa en la vida comunitaria.

D. Criterios de discernimiento

101. Evaluaciones periódicas y final

El profeso simple, junto con el formador, hará anualmente una evaluación de su camino; ésta será comunicada a la comunidad y al Prior provincial.

En el momento oportuno, antes de que acabe el trienio de votos temporales, el fraile, hecho el discernimiento con su formador, decide si presentar al Prior provincial la petición de ser admitido a la profesión solemne230, o si conviene renovar la profesión temporal231. La renovación está permitida hasta los seis años; en casos especiales puede prolongarse todavía, pero de modo que el período de la profesión temporal no supere los nueve años232.

El superior mayor decidirá, con el voto deliberativo de su Consejo y el consultivo del capítulo local, si admitir al religioso a la profesión solemne233. Para los requisitos y procedimientos, se envía al derecho común y a las Constituciones234.

102. El discernimiento con miras a la profesión solemne

La pregunta central es si el profeso simple puede prudentemente comprometerse o no a vivir para siempre en la Orden y si ésta está suficientemente dispuesta a aceptarlo.

La cuestión es vital, fundamental y definitiva. Por tanto, el informe con el que el candidato es presentado ha de ser preciso, detallado, realista y sincero. Los puntos fuertes y los débiles se han de observar con claridad y se ha de manifestar de qué modo el religioso los ha afrontado y aceptado. Se tendrán en cuenta las sugerencias propuestas en el Apéndice.

Es útil hacer referencia a los informes presentados al término de las etapas precedentes, indicando progresos, cualidades, límites confirmados y alcanzados y áreas de crecimiento.

103. Preparación para la profesión solemne

Teniendo en cuenta que la preparación para la profesión solemne empieza ya en el noviciado, hacia el final del período de profesión temporal hay que intensificar la preparación para el paso definitivo. El fraile ha de tomar plena conciencia de la seriedad de este acto y del carácter definitivo de su consagración al Señor e incardinación a la Orden. Evidentemente, se ha de recordar la continuidad de la vida religiosa, que comporta la necesidad de una formación continua.

Durante al menos un mes antes de la profesión solemne235, los profesos simples se preparan a ella con la oración y la reflexión sobre temas específicos de la vida religiosa carmelita. Este período se ha de organizar con uno o más responsables, que sigan a los candidatos y los acompañen en la reflexión y en la evaluación. En el Programa de estudios carmelitas se indican temas y métodos.

Este mes de preparación inmediata y específica puede organizarse a nivel nacional, regional o de toda la Orden.

 

 

5. LA FORMACIÓN PARA EL SERVICIO

EN CAMINO PARA LOS DEMÁS

A. Objetivo y descripción

104. Llamados a servir

El servicio forma parte integrante de nuestro carisma236. A partir del modo carmelita de entender y vivir la contemplación, estamos dispuestos para todo servicio, apostolado o profesión. Y dado que «nosotros los carmelitas hemos de realizar nuestra misión en medio del pueblo ante todo con la riqueza de nuestra vida contemplativa»237, nos orientamos hacia los servicios más típicamente espirituales. Por eso, hagamos lo que hagamos, atendemos especialmente el camino espiritual de las personas. Sobre todo el compromiso continuo de vivir el carisma contemplativo no sólo es la fuente de nuestro servicio238, sino que es en sí mismo el mejor servicio que podemos ofrecer porque constituye el corazón de la misión que hemos recibido de Dios239.

Si el carisma carmelita nos hace partícipes de una única familia religiosa, los carismas personales la enriquecen expresando su múltiple belleza. Ellos construyen la comunidad y determinan el servicio que cada uno está llamado a realizar, teniendo siempre en cuenta las necesidades de la Provincia y de la Orden. Entre estos carismas están los relativos a los ministerios ordenados; quien es llamado y aceptado por la Iglesia y por la Orden, recibe el diaconado o el presbiterado.

Aun en su diversidad, los carismas son esencialmente equivalentes: «Hay diversidad de carismas, pero uno solo es el Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero uno solo es el Señor; hay diversidad de actividades, pero uno solo es Dios, que obra todo en todos. Y a cada uno se le da una manifestación particular del Espíritu para utilidad común»240. Esta visión supera toda distinción injustificada entre nosotros según el espíritu del Concilio Vaticano II, que subraya: «Entre todos rige una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y a la acción para edificar el cuerpo de Cristo, que es común a todos los fieles»241. Eso refleja y toma en serio nuestra comprensión de la fraternidad: «Ser fratres significa para nosotros crecer en la comunión y en la unidad, superando distinciones y privilegios»242. Cada hermano tiene su lugar y su función específica en la Orden y en la Iglesia, para contribuir a la difusión del Reino de Dios.

105. Naturaleza y finalidad de la formación al servicio

La formación al servicio, más que una fase de formación, es una dimensión que reviste todas las fases. Por tanto, formar al servicio quiere decir ayudar a tomar conciencia de la llamada personal y de su consonancia con la vocación del Carmelo, para evitar cualquier división entre el servicio específico de cada uno y su vida espiritual y fraterna. Eso para responder a la tentación actual de hacer del trabajo individual un ídolo y una compensación de otras necesidades humanas. La formación al servicio, además, empuja a responder con autenticidad y disponibilidad al Señor, que nos llama a ser siervos unos de otros y nos envía a evangelizar con el estilo de vida y el servicio específico.

Es importante formar para asumir con responsabilidad y competencia suficientes el servicio al que está uno llamado, desarrollando sus caracteres espirituales típicos. Se han de tener en cuenta también los servicios a desarrollar dentro de las comunidades, como por ejemplo, ecónomo, bibliotecario, portero, sacristán, cocinero... Habrá que estar atentos para descubrir las aptitudes para la guía y la formación, para dirigir a las personas y ayudarlas a desarrollar tales capacidades, sabiendo ponerlas a disposición de la comunidad.

La formación al servicio se ha de dar de forma gradual a lo largo de las etapas de formación. Con todo, tal preparación se concentra habitualmente durante el período de profesión temporal e inmediatamente después de la profesión solemne.

Es también muy importante tener en cuenta la edad de las personas, sus presupuestos, sus capacidades; los candidatos de más años necesitan modos de formación diferentes a los utilizados con jóvenes que han acabado sus estudios recientemente.

B. Responsables

106. El candidato

La persona, en el proceso de clarificación de su vocación, descubre también que es llamada a servir y empieza a responder preparándose adecuadamente con la oración, el estudio y la experiencia, aprendiendo desde el principio a vivir de forma unitaria el carisma carmelita y el servicio: dos dimensiones de su única vocación243.

107. La comunidad

Cualquier servicio se ejerce en una comunidad, en su nombre y en favor de ella. Ya durante la formación inicial se ha de crear la capacidad de colaborar y la convicción de que el trabajo de evangelización es propio de la comunidad y no un hecho primordialmente individual. La persona ha de ser ayudada a discernir los servicios a ofrecer en diálogo con la comunidad y en sintonía con su vida. También el análisis de la tarea realizada se ha de hacer junto con la comunidad. Nuestra vida contemplativa y fraterna ha de determinar tiempos, modos e intensidad de nuestro servicio y no al revés244.

108. El formador

El formador ayudará a los candidatos a descubrir la dimensión del servicio, acompañándolos en el reconocimiento y la valoración de sus dones, con experiencias significativas y favoreciendo la preparación especializada para los diversos tipos de servicio. Además, evaluará junto con ellos actitudes, cualidades y talentos para que comprendan si son llamados a un ministerio ordenado.

El formador ha de preocuparse de favorecer en los candidatos la integración de la dimensión del servicio en la única vocación carmelita. Así también él deberá ayudar a crecer en la capacidad de colaborar y a sentirse parte de la comunidad en lo tocante al servicio.

También en esta labor el formador es ayudado por la comisión provincial para la formación.

109. El Prior provincial

El Prior provincial sigue el proceso de formación para el servicio, sobre el cual es informado regularmente por el formador. Además es responsable de que los candidatos a los ministerios ordenados consigan la preparación académica y pastoral exigida por el derecho común245.

En cuanto ordinario, el Prior provincial es responsable tanto de la admisión al camino formativo con miras a los ministerios, como de la admisión a cada ministerio instituido y ordenado, después de haber comprobado que se cumplen los requisitos necesarios246. Es él quien confiere los ministerios del lectorado y del acolitado247, y es él quien da las cartas dimisorias a quien ha de ser ordenado diácono o presbítero248.

110. Otros agentes

El director espiritual, elegido de acuerdo con el formador, ayudará sobre todo a unificar las distintas dimensiones de la vida, hallando el justo equilibrio entre ellas, y a madurar las aptitudes espirituales necesarias para el ejercicio del servicio.

Los profesores de teología y los demás profesores tienen en esta fase una función importante en el ofrecimiento de contenidos para el crecimiento y la maduración de la persona249.

También la familia, las comunidades cristianas, parroquiales y de base, los grupos y los movimientos en los que actúan los religiosos, contribuyen a su crecimiento; los ayudan a tomar contacto con la realidad del tejido humano en el que viven y actúan, aprendiendo a caminar junto con los hermanos y hermanas como testigos, siervos y guías espirituales250.

C. Estructura y contenidos

111. El camino de formación para el servicio

El compromiso de configurarse con Cristo, que el carmelita ya vive por vocación, es de por sí la mejor preparación para el servicio.

Todo candidato ha de ser preparado adecuadamente con los conocimientos de tipo teórico y las competencias de orden práctico necesarias para su servicio específico, en estrecha correlación con la espiritualidad y el estilo de vida carmelitas. Para los que se encaminan al lectorado, acolitado, diaconado o presbiterado, se han de tener en cuenta las indicaciones de la Iglesia universal251 y las de las Conferencias episcopales acerca de los estudios y la preparación pastoral.

112. Metodología, medios e instrumentos

a) A cada fraile se le confiere el ministerio o se le confía otro tipo de servicio que mejor corresponda a su vocación específica, como se revela en el proceso de discernimiento descrito. Sin embargo, se ha de evitar desnaturalizar la dignidad de la vocación religiosa, que tiene valor intrínseco en el seno de la Iglesia, más allá de su vínculo con algún ministerio o servicio.

b) Durante las etapas de la formación inicial, y especialmente en el período después de la profesión solemne, se hacen experiencias de colaboración en el servicio y en el apostolado. Compartir estas experiencias puede favorecer el sentido de comunión y de colaboración en el que hemos de formarnos.

c) Todos los carmelitas, especialmente los llamados al presbiterado y al diaconado, han de ser formados en la comunión eclesial, para que puedan prestar su servicio en comunión con la Iglesia local, aportando la riqueza de su carisma y la llamada a la universalidad de la Iglesia252.

d) Para los que se encaminan a los ministerios ordenados, la recepción del lectorado y del acolitado tiene una función pedagógica253, porque su ejercicio ayuda a desarrollar el sentido de eclesiología de comunión y de sacramentalidad de la Iglesia; además, hace experimentar la complementariedad entre sacerdocio común y sacerdocio ministerial. Tales ministerios no se deben infravalorar o considerar solamente pasos obligatorios, sino que se han de ejercer realmente. El lectorado da la ocasión de desarrollar la dimensión de la escucha y del anuncio de la Palabra, propia del Carmelo; el acolitado, por su parte, refuerza y hace más íntima y concreta la centralidad de la Eucaristía, impulsando a servir a los más débiles y enfermos.

Los ministerios instituidos, dado que son esencialmente laicales, pueden conferirse también a frailes que no son llamados al presbiterado o al diaconado permanente254, donde se vea la necesidad y se dé una llamada real.

e) Algunos frailes son llamados al diaconado permanente, mientras que los encaminados al presbiterado lo reciben con vistas a él. Todos deben hacer experiencias concretas de servicio de la caridad, de la palabra y de la liturgia. Por eso es oportuno que el diaconado sea ejercido en todas sus dimensiones, sin limitarse al puro servicio litúrgico.

f) Los que se encaminan al presbiterado, además de la preparación académica y de experiencias pastorales, hallan una preparación válida en los mismos elementos esenciales de la vida carmelita. La Eucaristía, puesta en el centro de la vida comunitaria y personal, culmen y fuente de la vida de la Iglesia, los ayuda a crecer en la capacidad de entregarse a Dios para el servicio de la comunidad de los hermanos y hermanas. La escucha diaria de la Palabra los transforma gradualmente y los capacita para el anuncio con la vida y el servicio que realizarán. La oración continua hace crecer en ellos la sensibilidad para la intercesión y la alabanza en favor de toda la comunidad. La cercanía al pueblo de Dios y la participación en su vida hacen nacer y desarrollarse la necesaria caridad pastoral. La dirección espiritual y la confesión, además de sostener el camino espiritual personal, los ayudan a desarrollar la escucha y la acogida, que les serán útiles cuando sean llamados a servir a los demás en el ministerio.

D. Criterios de discernimiento

113. Discernimiento para la admisión a los servicios y a los ministerios

Los candidatos a cualquier ministerio o servicio harán la petición al Prior provincial, el cual, escuchado el formador y la comunidad, con el parecer de su Consejo, juzgará y decidirá255, teniendo en cuenta también los resultados de las experiencias hechas por los candidatos durante la formación.

Por lo que respecta a los ministerios, el discernimiento versará especialmente sobre las aptitudes específicas del candidato al ejercicio de tal ministerio. Se han de considerar también los posibles ecos y opiniones del pueblo cristiano sobre la persona del candidato y sobre su capacidad de servicio.

Se han de seguir las indicaciones para los escrutinios que sugiere la Congregación para el culto divino y la disciplina para los sacramentos256. Pueden ser útiles los criterios recogidos en el Apéndice para la dimensión del servicio. Naturalmente, se han de tener en cuenta siempre los requisitos previstos por el derecho común257.

 

 

6. FORMACIÓN PERMANENTE

SIEMPRE EN CAMINO...

A. Objetivo y descripción

114. Naturaleza y finalidad de la formación permanente

La formación es una tarea que dura toda la vida. En este sentido, la formación permanente no es una fase especial, sino el marco dentro del cual se organiza todo el proceso de formación en todos sus aspectos. De ahí se sigue que la formación permanente es el modo de vivir nuestra identidad carmelita como un proceso continuo de transformación hasta alcanzar la plena madurez en Cristo: «La persona consagrada no podrá considerar nunca que ha completado la gestación de aquel hombre nuevo que experimenta dentro de sí, en todas las circunstancias de la vida, los mismos sentimientos de Cristo»258.

El Padre nos llama cada día por caminos siempre nuevos, pero no siempre lineales, a seguir a Cristo y a estar atentos a las sugerencias del Espíritu259. De hecho, nuestra vida cambia continuamente, y es normal atravesar momentos difíciles y de crisis. Por eso hay que aprender a ser creativos en la fidelidad, atentos a lo que el Espíritu nos dice en los acontecimientos de la vida y del mundo en que vivimos260.

Nuestro camino no es un camino solitario. Formamos parte de la fraternidad carmelita, y por tanto hemos de cuidar la puesta al día, el interés y el conocimiento de cuanto sucede en la Orden. Somos parte de la Iglesia, y en ella y con ella, estamos al servicio del mundo. Por eso, junto con toda la Orden, hemos de percibir los cambios y responder de una forma siempre nueva a las expectativas de la Iglesia y del mundo, renovando espiritualidad, estilo de vida, tipos de servicio y métodos pastorales.

B. Responsables

115. El carmelita

Cada carmelita es responsable de su propia formación para su bien, de la Iglesia, de la Orden y del pueblo al que sirve. Ha de aprender a formarse de modo integral y unitario261.

La actitud que hay que cultivar es el sentido de humildad y de pobreza, por el que el religioso nunca considera terminada su formación y permanece abierto siempre a nuevas experiencias, a cuanto le depare el futuro, disponible a todo posible cambio.

116. El Prior provincial y la Provincia

El Prior provincial es responsable del bienestar y de la salud espiritual de sus frailes. Por eso se preocupará de poner en marcha iniciativas oportunas para garantizar el camino de cada uno. Los coloquios con los frailes pueden ser una ocasión para favorecer tal proceso. La Provincia ha de tener un programa de formación permanente, en el que se ordenan, según prioridades, los objetivos y se analizan los sectores de crecimiento y de renovación262. Es bueno que uno de los consejeros provinciales sea el responsable de los programas de formación permanente. El Prior provincial confiará a un hermano la labor de acompañar los primeros pasos de los que salen de la formación inicial.

117. El prior local y la comunidad

El Prior local favorecerá momentos de encuentro, de intercambio, de puesta al día, retiros y momentos de espiritualidad; dará información y oportunidad de participar en momentos de formación organizados a otros niveles263.

C. Estructura y contenidos

118. El camino de formación permanente

La formación permanente es un proceso que requiere esfuerzo continuo y cotidiano y no desemboca en actividades ocasionales. La formación integral de la persona ha de implicar la dimensión espiritual y del carisma, humana, comunitaria, apostólica, cultural y profesional264.

Hay momentos y situaciones especiales en las que es oportuno y a veces necesario ofrecer posibilidades de formación específica para acompañar adecuadamente el paso de una situación a otra de la vida, o para la asunción de nuevas responsabilidades265.

119. Metodología, medios e instrumentos

Para favorecer el crecimiento integral, es preciso:

– A nivel personal:

a) Cuidar el camino espiritual mediante la vida sacramental, la participación en la oración comunitaria, la asiduidad a la oración personal, los ejercicios espirituales anuales y la dirección espiritual.

b) Participar en cursos periódicos de renovación y puesta al día sobre temas bíblicos, teológicos, pastorales y espirituales, en especial de espiritualidad carmelita; dedicar tiempo a la lectura y al estudio; seguir las publicaciones de la provincia y de la Orden; estar al día de cuanto sucede en el Carmelo, en la Iglesia y en el mundo.

c) Cuidar el bienestar físico y psicológico, con una dieta apropiada, ejercicios físicos regulares razonables; cuidar las relaciones de amistad, el tiempo libre, los intereses artísticos y las aficiones.

– A nivel local:

a) Construir comunidades evangélicas, vivas y dinámicas.

b) Dar la posibilidad a cada uno de participar en momentos de formación organizados a distintos niveles.

c) Poner al día las bibliotecas conventuales.

– A nivel provincial:

a) Ofrecer actividades de formación orgánicas, sirviéndose de una comunidad que se ocupe específicamente de ellas.

b) Organizar momentos de formación por grupos homogéneos (priores, párrocos, formadores...).

c) Organizar en cada Provincia una biblioteca especializada en temas carmelitas.

– A nivel de Orden:

a) Organizar encuentros por grupos homogéneos (priores, formadores, párrocos, rectores de santuarios...).

b) Organizar cursos internacionales de formación permanente.

c) Coordinar los institutos carmelitas de cultura e investigación.

D. Momentos especiales

120. El paso de la casa de formación inicial a otra comunidad

El momento en que un fraile termina su formación inicial coincide también con el paso de la comunidad de formación a comunidades compuestas por religiosos quizá más ancianos, con mentalidades y formas de actuar que pueden ser diferentes; el paso del idealismo del período de formación a la realidad de la vida comunitaria y provincial; de los caminos preparados y acompañados a la responsabilidad de la autonomía; de las reflexiones teóricas a la experiencia concreta. Son sólo ejemplos de cómo es necesario en esta fase de paso que la persona sea acompañada por un hermano al que dirigirse para hacerle preguntas y dialogar sobre dificultades y problemas. Este responsable puede organizar momentos de encuentro, de intercambio y de formación entre frailes que se hallan en esta fase.

121. Cuando uno se acostumbra...

Después de algunos años de profesión solemne y de servicio, hay que hacer de nuevo balance de la vida, encontrar motivaciones e impulso para evitar fijarse en situaciones de individualismo, de rutina o de tentación ante el desencanto por la escasez de resultados o por la indiferencia. Hay que reencontrar la unidad de la vida en torno al núcleo vocacional y a la persona de Cristo, dejándose transformar ulteriormente hasta la plena madurez en Él. Este es el momento para hacer cursos de actualización, para un año sabático u otras iniciativas de formación realizadas en colaboración con otras Provincias.

122. Los momentos de crisis

Si tomamos en serio la vida espiritual, en el camino de una amistad creciente con Dios, toparemos con momentos de crisis espiritual, que quizá pueden afectarnos a nivel existencial. De hecho, lejos de ser regular y lineal, el proceso de transformación interior comporta frecuentes rupturas o saltos y el crecimiento espiritual no es una simple renovación de la oración o de otras actividades, sino que implica a toda la persona.

En estos períodos, cuando experimentamos tinieblas y aridez, existe siempre la tentación de dejar la oración o de reducirla a una mera formalidad. Por eso es importante reflexionar sobre las propias experiencias de crisis con la ayuda de un director espiritual o de un compañero espiritual. Eso puede ayudar a descubrir si no se trata de un signo de que la persona ha alcanzado una fase decisiva en el camino de transformación y Dios la está invitando a perseverar en la oración personal y a ir más allá de una actitud de completa apertura y confianza en su amor transformante para poder guiarla a una nueva experiencia de Él266.

Además de estas crisis normales de la vida espiritual, es posible atravesar momentos de crisis existencial. Toda situación, incluso la más trágica, si se vive de forma madura, puede ser ocasión de formación y de transformación ulterior.

Para comprender esto y para abrirse a la acción de Dios, es útil la ayuda del director espiritual. La aportación de otros expertos, como psicólogos o psicoterapeutas, puede ayudar a la persona a comprenderse mejor a sí misma y a proseguir el camino. En estos momentos es importante ser sostenidos por la simpatía, la confianza y el apoyo de los hermanos. La comunidad no ha de juzgar o culpar, sino animar y empujar para descubrir y dar nueva vida a los recursos personales.

123. La asunción de nuevas funciones

La asunción de un nuevo ministerio o servicio ha de ser sostenida con una preparación adecuada. Quien es llamado a asumir responsabilidades y funciones nuevas, ha de hacer suyas las cualidades espirituales y asumir las capacidades técnicas y prácticas necesarias para su ejercicio.

Por la delicadeza de su labor, sobre todo para los formadores, es necesario prever un momento de formación específico antes de que empiecen su servicio y ocasiones periódicas de puesta al día267.

Cuando un religioso deja un cargo, también necesita una cierta atención por parte de los superiores y de los hermanos, para que la transición sea sostenida y se convierta en ocasión de nuevo impulso para otras metas.

124. La edad avanzada

Hay que saber envejecer y prepararse para saber dejar cosas, cargos y vínculos. Hay que saber gozar de las nuevas generaciones y estar contentos de dejarles espacio y libertad de acción. La capacidad de comunicar con delicadeza y respeto la sabiduría personal y la experiencia de la vida, así como saber transmitir la memoria histórica, son dones propios de esta fase de la vida.

Hay que integrar a los ancianos en las comunidades, cuidarlos con atención y simpatía268. Se pueden organizar encuentros específicos para los más ancianos y momentos de fraternidad o espirituales para ellos.

El camino contemplativo de transformación habrá conducido al carmelita hasta la configuración con Cristo en su misterio pascual, preparándolo para ir con esperanza hacia el abrazo con el Padre, llegando así a la meta de la unión transformante con Dios, hacia la cual un día se había puesto en camino269.

 

 

III PARTE

PROGRAMA DE ESTUDIOS CARMELITAS

125. Por qué un programa de estudios

El presente programa de estudios es un marco orgánico de referencia, en el que están colocadas las materias de estudio necesarias para una formación integral de los candidatos a la vida carmelita.

Los modos de comunicación y la organización de cada punto los tienen que determinar los formadores, según las exigencias y las necesidades de cada Provincia y de cada ámbito cultural.

A. Prenoviciado

126. Fundamentos antropológicos de la vida espiritual personal y comunitaria

  • Antropología cristiana.
  • Elementos de psicología.
  • Dinámica del crecimiento humano y espiritual.
  • Dinámica de grupo.
  • Afectividad y sexualidad.
  • Conocimiento del ambiente social.
  • Visión de la realidad a escala mundial.
  • Sensibilización para la ecología, la justicia y la paz.

127. Educación general

  • Preparación cultural suficiente, mejor si es humanística. Un título de estudio que dé acceso a la universidad o a institutos de estudios superiores, o bien completar un curso técnico o profesional.
  • Conocimiento de la cultura y de la historia del país de origen y del país en que uno se forma. Conocimiento de la cultura de los compañeros de formación.
  • Conocimiento de la literatura cristiana más importante.
  • Estudio de lenguas. Al menos una de las tres lenguas oficiales de la Orden (italiano, español o inglés); lenguas clásicas; lenguas útiles para la misión de la Provincia.
  • Desarrollo de las cualidades técnicas, prácticas, profesionales, artísticas y musicales.
  • Elementos de informática.
  • Si es necesario, elementos de medicina, cuidado de la salud y de la higiene personal.

128. Fundamentos de vida cristiana

  • Catequesis y formación cristiana; en especial, sobre los sacramentos de la iniciación y de la reconcialiación.
  • Introducción a la Sagrada Escritura.
  • Jesús y su Evangelio.
  • Vista panorámica de la historia bíblica y de la Iglesia.
  • Iniciación a la liturgia.
  • Iniciación a la oración.

129. El Carmelo

  • Elementos básicos de teología de la vida consagrada (vocación, discernimiento, decisión, votos...).
  • Información general sobre la Orden y la Provincia.
  • Información general sobre la historia del Carmelo.
  • Primer contacto con figuras y textos significativos.
  • Primer contacto con el carisma y la espiritualidad del Carmelo.
  • Elías y María en la Escritura.
  • Estudio de la Ratio institutionis Vitæ Carmelitanæ (Parte I y fase del prenoviciado).

130. Experiencias prácticas

  • Alguna experiencia de las formas de apostolado más significativas desarrolladas en la Provincia.
  • Alguna experiencia de servicio social y sucesiva reflexión sobre ella.

B. Noviciado

131. Fundamentos antropológicos de la vida espiritual personal y comunitaria

  • Profundización y desarrollo de lo que se hizo en el prenoviciado, con el fin de interiorizarlo e integrarlo en la vida.

132. Fundamentos de vida cristiana

  • S. Escritura: introducción a los Salmos, al profetismo y a los Evangelios.
  • Elementos de cristología.
  • Elementos de eclesiología
  • Elementos de espiritualidad.
  • Elementos de liturgia.

133. Teología de la vida religiosa

  • Consagración y seguimiento: fundamentos bíblicos, teología, espiritualidad.
  • Votos: fundamentos bíblicos, teología, espiritualidad, derecho, práctica.
  • Vida comunitaria: fundamentos bíblicos, teología, espiritualidad, práctica.
  • Historia, formas y legislación de la vida religiosa.
  • Documentos conciliares y posconciliares sobre vida religiosa270.
  • Eclesialidad de la vida religiosa y su misión en la Iglesia y en el mundo.

134. Regla, Constituciones y documentos de la Orden

  • Contexto histórico, autor, aprobación definitiva de la Regla.
  • Valores centrales de la Regla.
  • Las diversas interpretaciones y lecturas de la Regla.
  • Las Constituciones.
  • Estudio de la Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ (Parte I y fase del noviciado).
  • Los documentos principales de la Orden después del Concilio Vaticano II.

135. El carisma carmelita

  1. Contemplación
  • Dinamismos de la vida interior.
  • Contemplación en la tradición carmelita.
  • Ascesis y purificación.
  • Dirección espiritual.
  1. Oración
  • Teología de la oración.
  • Oración en la tradición espiritual del Carmelo.
  • Eucaristía y liturgia de las Horas.
  • Iniciación a las diversas formas de oración de nuestra tradición (lectio divina, experiencia de la presencia de Dios, oración aspirativa, oración silenciosa, meditación...).
  1. Fraternidad
  • Estructuras y dinámica de la vida fraterna propuestas por la Regla y la tradición del Carmelo.
  • Formación al diálogo en el Espíritu: proyecto comunitario, revisión de vida, corrección fraterna...
  1. Servicio en medio del pueblo
  • Educación a la escucha y a la lectura de la realidad emergente de la Iglesia, del mundo y del territorio: ventajas y problemas.
  • Unicidad del carisma y diversos servicios.
  • Tipologías de servicio emergentes de la tradición carmelita.
  • Posibilidad de alguna experiencia concreta de servicio y sucesiva reflexión sobre ella.

136. Historia del Carmelo

  • Los orígenes hasta la plena afirmación de la Orden (s. XIII- comienzos XIV).
  • Desarrollo: vida, legislación, espiritualidad, cultura, misión y servicio.
  • Geografía de la Orden antigua y moderna.
  • Las reformas:
  1. ¿Por qué reformar la Orden?
  2. La Congregación Mantuana.
  3. La reforma de los generales (Soreth, Audet, Rubeo, el Concilio de Trento...).
  4. La reforma teresiana.
  5. La reforma de Touraine y la «más estricta observancia».
  • Crisis dramáticas: Reforma protestante, Revolución francesa, supresiones (napoleónica y nacionales), Guerra civil española.
  • El renacimiento (s. XIX-XX).
  • La Familia Carmelita (monjas, hermanas, laicos).
  • La Orden desde el Vaticano II en adelante (documentos, hechos y tendencias)
  • Líneas históricas de la propia Provincia.

137. Elías y María

A) Elías

  • Elías en la Biblia.
  • Elías en la tradición judía, patrística y monástica.
  • Elías en la tradición carmelita:
  1. Elías, modelo de vida.
  2. Elías, «fundador».
  3. La crítica histórica.
  4. Elías para los carmelitas de hoy.

B) María

  • María en la Biblia.
  • Elementos de mariología.
  • María en la tradición carmelita:
  1. La «Señora del Lugar».
  2. La Patrona-Madre.
  3. La Virgen purísima-Hermana.
  4. La Virgen del Escapulario.
  5. Función de María en el camino contemplativo del carmelita.
  6. María para los carmelitas de hoy.

138. Santos y figuras emergentes

  • Santos del Carmelo: conocer la vida y la obra de los que figuran en el calendario propio de nuestra Orden, en especial:

San Alberto de Jerusalén.

Sta. Teresa de Jesús.

San Juan de la Cruz.

Sta. María Magdalena de Pazzi.

Sta. Teresa del Niño Jesús.

B. Isabel de la Trinidad.

Sta. Teresa Benedicta de la Cruz – Edith Stein.

B. Tito Brandsma.

  • Algunas informaciones sobre los siguientes escritores carmelitas:

Nicolás Gálico.

Siberto de Beka.

Juan Baconthorpe.

Felipe Ribot.

Miguel Aiguani.

Arnoldo Bostio.

Miguel de la Fuente.

Juan de S. Sansón.

Miguel de S. Agustín.

Juan Brenninger.

Bartolomé Xiberta.

  • Figuras emergentes de la propia Provincia.
  • Se aconseja la lectura de los siguientes textos:

Nicolás Gálico, Ignea sagitta.

De institutione primorum monachorum.

Sta. Teresa de Jesús, Libro de la Vida.

S. Juan de la Cruz, una antología.

Sta. María Magdalena de Pazzi, una antología.

Sta. Teresa del Niño Jesús, Manuscritos autobiográficos.

B. Tito Brandsma, Belleza del Carmelo.

Lorenzo de la Resurrección, Práctica de la presencia de Dios.

C. Período de la profesión temporal y de la formación al servicio

139. Educación general

Retomar y profundizar cuanto se empezó y se hizo en el prenoviciado y en el noviciado. Préstese especial atención al estudio de las lenguas, de la música y las artes, elementos de informática, economía y archivística.

140. Formación filosófica y teológica

Quienes no frequentan un curso regular de teología deben partícipar en un curso fundamental de formación teológica, según las capacidades personales.

Para la formación a los ministerios instituidos y ordenados, se seguirán las indicaciones de la S. Sede y de las Conferencias episcopales.

Se debe garantizar la continuación de la formación a la vida religiosa.

141.  Formación carmelita

Se ha de proseguir la profundización de todos los temas presentados en el noviciado.

  • Estudio de la Regla, Constituciones y de la Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ (Parte I, fases de la profesión temporal, de la formación al servicio y de la formación permanente).
  • Textos importantes de la tradición carmelita:

Nicolás Gálico, Ignea sagitta.

De institutione primorum monachorum.

Medieval Carmelite Heritage, ed. A. Staring, Rome 1989.

Arnoldo Bostio, De patronatu et patrocinio B. V. Mariæ.

B. Juan Soreth, Expositio paraenetica in regulam carmelitanam.

  • María y Elías: retomar los temas presentados en el noviciado y profundizarlos con la ayuda de textos como:

 · Para Elías: Emanuel Boaga, Nello spirito e nella vitù di Elia. Antologia di documenti e sussidi, Roma 1990.

· Para María: Emanuele Boaga, Con Maria en los caminos de Dios. Antologia de la marianidad carmelita, Roma 2000.

· Para ambos: los textos litúrgicos.

  • Maestros del Espíritu: profundizar la espiritualidad y las obras de:

Sta. Teresa de Jesús.

S. Juan de la Cruz.

Sta. María Magdalena de Pazzi.

Juan de s. Sansón.

Sta. Teresa del Niño Jesús.

Sta. Teresa Benedicta de la Cruz – Edith Stein.

Otras figuras.

-    Historia de la Orden.

-    Liturgia carmelita.

  • Temas de espiritualidad.
  • Los diversos apostolados y servicios de la Orden en relación con el carisma.
  • La aportación de la Orden en la misión “ad gentes”.

-    Relación y colaboración con los demás componentes de la Familia carmelita.

142. Experiencias internacionales

- Estudio de las lenguas en otros países.

- Participación en encuentros regionales e internacionales.

- Posibilidad de intercambios para el estudio.

143. Experiencias prácticas y pastorales

- Posibilidad de experiencias prolongadas de vida carmelita y de servicio fuera de la casa de formación.

- Posibilidad de alguna experiencia de trabajo.

144. Mes de preparación inmediata a la profesión solemne

- Clima de silencio y de oración.

- Relectura y evaluación de la propia historia vocacional a la luz de la Palabra de Dios.

- Retomar e integrar los temas fundamentales de la vida consagrada, de los votos, del carisma y de la espiritualidad carmelita (Regla, Constituciones, Ratio Institutionis Vitæ Carmelitanæ, Parte I).

- Ocho días de ejercicios espirituales.

D. Especialización

145. Preparación específica

A todos los que tienen capacidad y posibilidades, hay que animarlos a proseguir los estudios y la preparación profesional o técnica necesaria para su formación y el servicio de la Orden y de la Iglesia. Además de las aptitudes e intereses personales, se ha de tener presente las necesidades concretas de la Provincia.

Para los criterios de elección de las especializaciones teológicas, se sugiere dar la preferencia a las siguientes áreas más próximas al carisma y a la vida de la Orden:

- Sagrada Escritura.

- Espiritualidad.

- Mariología.

- Liturgia.

- Vida religiosa.

- Misionología.

- Historia de la Iglesia.

- Patrística.

Todo servicio y apostolado específico se ha de preparar adecuadamente. Es fundamental la formación de los futuros formadores.

 

 

APÉNDICE

Para ayudar a los formadores a hacer las evaluaciones periódicas y sobre todo las que atañen a la admisión al noviciado y a las profesiones temporal y solemne, proponemos un esquema de referencia, que no pretende ser ni exhaustivo ni completo, y habrá de adaptarse a las personas y a las situaciones locales y culturales.

Además, hay que tener siempre presente la regla de la gradualidad y del progreso en el proceso de formación y la posibilidad, siempre presente en la persona, de poder crecer, madurar y cambiar. En otras palabras,  no hay que esperar que las cualidades indicadas a continuación estén totalmente desarrolladas en el prenovicio, sino que es necesario que aparezcan al menos en potencia; la referencia a las mismas dimensiones y cualidades en la evaluación para la admisión a la profesión temporal y a la solemne, deberá tener claramente un nivel y una intensidad diferentes.

Para cada etapa hay que tener en cuenta lo que se dice en los números sobre los criterios de discernimiento, en los cuales se proponen las cuestiones específicas relativas a cada paso.

a. Dimensión antropológica

El candidato:

1) Está dispuesto a entrar en un proceso humano y espiritual de maduración y a dejarse guiar en él; es capaz y está dispuesto a examinar su personalidad y su historia con sano realismo; ha profundizado el conocimiento de sí mismo; muestra un buen equilibrio entre capacidades afectivas e intelectuales.

2) Reconoce y acepta su sexualidad y trabaja por integrarla; está dispuesto a establecer relaciones maduras con hombres y mujeres, a comunicar con apertura y sinceridad; es sensible, capaz de extrañarse y de empatía, es capaz de aceptar la alteridad.

3) Tiene sentido de la responsabilidad; sabe tomar decisiones; lleva a término las cosas; da prueba de estabilidad y autocontrol; es capaz de afrontar conflictos, críticas, frustraciones y momentos de crisis; muestra un justo equilibrio entre atención a las necesidades personales y atención a los demás.

4) Sabe aceptar otras culturas; es tolerante y trata de superar los prejuicios; muestra interés por la vida, la historia, el ambiente en el que vive y sus problemas; está atento a la realidad social, política, cultural, a los problemas de la justicia y de la paz, a la salvaguardia de la creación.

5) Es capaz de integrar armónicamente vida de oración, fraternidad, servicio, estudio y recreación, organizando su tiempo de modo significativo y sabe permanecer solo.

6) Durante el período de formación transcurrido ha mostrado interés y confianza en las experiencias hechas.

b. Dimensión espiritual y carmelita

El candidato:

1) Tiene una buena vida de oración y mantiene una relación personal con Dios presente en su Palabra, en la Eucaristía, en sus propia interioridad, en su pueblo y en las circunstancias diarias; ha hecho una clara opción por Jesucristo y lo manifiesta en la vida cotidiana; tiene un sano sentido eclesial;

2) acepta de modo personal y activo la consagración religiosa como se expresa en nuestra Regla, en las Constituciones y en los demás documentos de la Orden; está convencido de cada uno de los votos y de que la fidelidad a ellos contribuye al pleno desarrollo de su persona; reconoce en sí la capacidad de vivir el carisma carmelita;

3) vive la vida comunitaria con fantasía y tesón; muestra interés por la vida de la Orden y de la Provincia, que conoce y cuya vida y misión comparte.

c. Dimensión intelectual

El candidato:

1) muestra capacidad para los estudios, y estudia regularmente con resultados suficientes; tiene otros intereses diferentes de los estrictamente académicos;

2) ha tratado de aprender una o más lenguas;

3) es capaz de integrar de manera personal teoría y práctica en el campo teológico, social, profesional, etc.

d. Dimensión práctica

El candidato:

1) ha reconocido, acogido y desarrollado los dones recibidos del Señor y ha sabido ponerlos a disposición de la comunidad;

2) se ha mostrado interesado en la casa y en su gestión; ha adquirido alguna capacidad técnica o práctica, útil para la vida de la comunidad.

e. Dimensión del servicio

El candidato:

1) comprende la misión de la Orden y se muestra disponible a participar en las diversas formas de servicio en la Provincia y en la Orden; muestra capacidades, cualidades e intereses que valorar;

2) es sensible al grito de los pobres y quiere trabajar por la evangelización, la justicia y la paz; tiene interés por la misión ad gentes.

3) ha tratado de realizar, en el período en cuestión, algunas formas particulares de servicio, que se han de valorar oportunamente.

Al final de su informe, el formador expresa su juicio personal y lo que se espera del candidato. Además, anotará el punto de vista de la comunidad local, exponiendo de forma clara posibles valoraciones divergentes.

INDICE ANALÍTICO

Se citan los números de la RIVC

A

Acolitado: se han de tener en cuenta las indicaciones de la Iglesia universal 111; función pedagógica 112d; puede conferirse también a frailes que no son llamados al presbiterado ni al diaconado permanente 112d.

Actitud contemplativa: ver: contemplación.

Admisión: competencia del Prior provincial 62; al prenoviciado 70; al noviciado 80; a la profesión temporal 90, 91; a la profesión solemne 95, 97, 101; de cara a los ministerios 109, 113; apéndice.

Afectividad: en las relaciones con los demás 13; apropiación de los valores 15; en la relación con Dios 25; crecer en la integración serena y positiva 100e; programa de estudios: prenovicado 126; apéndice; ver también: sexualidad.

Amor de Dios: llama y transforma 1; hacer experiencia 1, 6, 51; crecer en él 16; ocultos en el amor 26; amor transformante 26.

Animador vocacional: miembro de la comisión de formación 59; tenga un colaborador en cada comunidad 66, 69b; funciones 67, 69b, 69d.

Apostolado: ver: misión, servicio en medio del pueblo.

Ascesis: camino ascético 26; compromiso ascético 27; esfuerzo por construir la fraternidad 35; María, modelo 49; programa de estudios: noviciado 135.

C

Camino espiritual: descripción general 1, 51; acompañados por María 2; junto con los hermanos 2, 35; como Elías, compañeros de viaje de nuestros contemporáneos 2; a él nos invita la Regla 2; un camino de conversión gradual y progresiva 5; ayuda de la formación 12; conversión 13; la contemplación constituye el viaje interior 23; ayudas del servicio gratuito para el camino 23; camino interior 24; camino evangélico 25; camino ascético 26; un camino en el desierto 27; la confrontación con la Palabra de Dios y la oración 28, 32; compartir con los hermanos el camino personal 32; ayuda recíproca 37; permite descubrir la propia fragilidad y hace solidarios con quienes viven en la estrechez y la injusticia 43; función de María 44, 48, 49; labor en el camino cotidiano 51; el formador ha de tener un poco de experiencia práctica 57; tareas del formador y de otros agentes 58, 65, 77, 78, 83, 90, 93, 99, 100, 101; dura toda la vida 63; cuidamos el camino espiritual de las personas 104; dirección espiritual y confesión 112f; responsabilidad del Prior provincial 116; en la formación permanente 119; crisis en el camino 122; la meta 124.

Carisma de la Orden: descripción 20-49; es único 4; identificación 4; potencialmente presente en la persona 18; se vive en comunión y complementariedad con los demás carismas 19f; halla un eco en el centro del corazón de la persona llamada 20; partícipes del mismo carisma según la llamada de cada uno 22; elementos 23; contemplación como elemento dinámico 23; el apostolado, parte integrante del carisma 38, 45; enriquecer a la Iglesia con su especificidad 38; inculturarlo 41;  enriquecido por todas las culturas 41; la misión ad gentes desvela de modo nuevo su corazón 42; mediado a los candidatos por la comunidad 55; transmitido por el formador 58c; expresado en la colaboración 60; atentos a captar los signos del mismo en otras personas en el ministerio vocacional 65; todos los carmelitas son mediadores y testigos de él 66; iniciación al carisma en el noviciado 81; amplio espacio a su presentación durante el noviciado 88, 89; profundización de su conocimeinto y experiencia en el período de la profesión temporal 92, 99; sectores de la evangelización más próximos al carisma se deben privilegiar 100d; verificación de la apropiación del carisma en el período de la profesión temporal 100e; fuente de nuestro servicio 104; primer encuentro en el prenoviciado 129; programa del noviciado 135.

Castidad: Jesús modelo 5, 9; expresión de una dinámica de liberación 16; libera nuestra capacidad de amar 25; ver también: consejos evangélicos.

Colaboración: en la fraternidad 37; en el curso del discernimiento vocacional 54; en la coordinación de la formación 59; con la Famlia carmelita 60, 141; estructuras de colaboración a todos los niveles 60-62; del animador vocacional con sus colaboradores 67; capacidad del prenovicio 78; con otros Institutos durante el prenoviciado 79h; de religiosos y laicos expertos durante el noviciado 87; con noviciados de otros Institutos 89e; formación a la colaboración 112b; iniciativas de formación tomadas con otras provincias 121; ver también: director espiritual, Familia carmelita.

Comisión internacional de formación: instituida por el Prior general con su consejo 60; funciones 60; convocada por el consejero general o por el delegado para la formación 61.

Comisión provincial de formación: miembros y funciones 59; en el prenoviciado 75; en el noviciado 85; en el tiempo de la profesión temporal 96.

Comunidad: modelada según la de Jerusalén 2; elige a Jesús como único Señor 5; signo elocuente de la Iglesia 7; hay que aprender a asumir gradualmente funciones de servicio a ella 15; compuesta por personas diferentes 17, 37; identificación con ella 18b; la respuesta a la llamada se vivie en ella 19c; signo de la Iglesia que ora 32; actitudes fraternas en la Regla 34, don del Espíritu 35; construirla con el compromiso constante de salir del propio yo 35; contacto con las demás comunidades de la Provincia 37; signo de la presencia liberadora del Señor 40; fundada por Elías en el Carmelo 43; media el carisma 55; ambiente de formación inicial 55; favorece la memoria viva del carisma 55; lugar de formación permanente 56, 119; su responsabilidad en el ministerio vocacional 66, 69a; su responsabilidad en el prenoviciado 74; la inserción en ella durante el prenoviciado 79d,f; su responsabilidad en el noviciado 84, 88, 89; su participación responsable y activa en la vida comunitaria 100g; servicios a realizar dentro de ella 105; su responsabilidad en la formación al servicio 107; el paso de la casa de formación inicial a otra comunidad 120; integración de los ancianos en las comunidades 125; ver también: fraternidad.

Consejos evangélicos: Jesús, modelo 5, 9; la vida de especial consagración con los consejos evangélicos pertenece a la vida y a la santidad de la Iglesia 7; modo concreto y radical de vivir el seguimiento de Cristo 9, 25; nos sirven de levadura para la transformación del mundo 9; expresan la dinámica de liberación de la persona 16; un medio para crecer en el amor y llegar así a la plenitud de la vida en Dios 25; comprensión actualizada 28, recorrer los primeros pasos en el seguimiento de Cristo según los consejos evangélicos en el noviciado 88; profundización del conocimiento y de la experiencia de los consejos evangélicos en el período de la profesión temporal 99; programa de studios: prenoviciado 129, noviciado 133, período de la profesión temporal 144; apéndice; ver también: castidad, obediencia, pobreza.

Consejero general de formación: funciones 60, 61.

Contemplación: plasma y sostiene nuestra vida de oración, fratenidad y servicio 4; corazón del carisma carmelita 23-28; constituye el viaje interior del carmelita 23; elemento dinámico del carisma 23; lleva al servicio gratuito y desinteresado 23; se desarrolla en un proceso interior 24; se desarrolla por el camino del desierto 27, es importante encarnar un estilo de vida y una actitud contemplativos 28; la Regla nos compromete a realizar nuestra vocación contemplativa junto con los hermanos 34; ayuda a descubrir la presencia de Dios 34, 43; impulsa a la misión 38; testimonio e invitación a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a compartir nuestra experiencia de Dios 39; y compromiso por la justicia y la paz 43; Elías, modelo de los contemplativos 47; el formador ha de tener un poco de experiencia práctica del camino contemplativo 57; el novicio es animado a desarrollar una actitud contemplativa 81, 82; ayuda del formador en el noviciado 83; en el discernimiento durante el noviciado 90; su desarrollo en el período de la profesión temporal 92, 100b; y servicio 104, 107; en la edad avanzada 124; programa de estudios: noviciado 135.

Conversión: un camino gradual y progresivo 5; para alcanzar la madurez vocacional 12; nos hace libres de escuchar y responder a la llamada 13; a varios niveles 13; a los valores del Reino 17; para construir la fraternidad 35; hay que crear un clima de conversión 45; la formación permanente es una tarea de conversión del corazón 63; labor constante que durará toda la vida 88; ver también: transformación; purificación.

Crisis: en el camino interior 24, 122; momentos de crecimiento 28, 122; purifican la respuesta a la llamada 51; en el noviciado 89b; formación que ayuda a afrontar y a superar los momentos de crisis 99; buscar ayuda profesional en las crisis 122; crisis existenciales 122.

Culturas diferentes: efectos del encuentro entre culturas 3; expresar y encarnar el carisma 4, 41; dimensión socio-cultural de la formación 17; pueden enriquecer nuestra comprensión del mensaje evangélico y de nuestro carisma 41; sensibilidad del fomador en su tarea de acompañar 58b.

D

Delegado del Prior provincial para la formación: miembro de la comisión para la formación 59; sus competencias 62.

Desierto: Dios nos conduce a él 1, 27; nuestro camino por el desierto 27; Elías se esconde en el desierto 46; ver también: crisis.

Diaconado: entre los carismas 104; formación según las indicaciones de la Iglesia 111; formación a la comunión eclesial 112c; diaconado permanente 112e; ver también: ministerios ordenados.

Dios: ver: amor de Dios, imágenes de Dios, Palabra de Dios, presencia de Dios, Reino de Dios, unión con Dios.

Dirección espiritual: recurso permanente 51; en el camino vocacional 68, 69c; durante el prenoviciado 77; en el noviciado 89b, en el tiempo de la profesión temporal 98; en la formación al servicio 110, 111; en el cuidado del propio camino espiritual durante toda la vida 119.

Discernimiento: en el proceso de formación 14; en la Regla 34; para reconocer la presencia del Espíritu 51; vocacional 54; en la vida comunitaria 56; función del formador 58d; en el ministerio vocacional 65; en el discernimiento vocacional 70; aportación del director espiritual 77; en el prenoviciado 80; en el noviciado 90; de cara a la profesión solemne 102; revela la vocación al tipo de servicio específico 112a; para la admisión a los servicios y a los ministerios 113; apéndice; ver también: verificación.

E

Educación general: programa de estudios: en el prenoviciado 127, en el período de la profesión temporal y de la formación al servicio 139.

Elías, profeta: conducido al desierto 1; modelo de acompañamiento espiritual 2; modelo de vida en la presencia de Dios 3, 31; modelo en compromiso por la justicia y la paz 43; funda en el Carmelo una comunidad en la que reinan la justicia y la paz 43; Elías y los carmelitas 46-47; la «fuente de Elías» 46, 47; «Padre» 47; programa de estudios, prenoviciado 129, noviciado 137A, período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141.

Ejercicios espirituales: como ocasión de formación permanente 56; útiles para crear el clima adecuado de valoración de la llamada en el prenoviciado 80; en el noviciado 89b; anuales: en el período de la profesión temporal 100b, durante toda la vida 119; en el mes de preparación inmediata a la profesión solemne 144.

Experiencias internacionales: programa de estudios: período de la profesión temporal y de la formación al servicio 142.

Experiencias practicas: de los novicios 89a; necesarias para el camino de formación 92; programa de estudios: prenoviciado 130; período de la profesión temporal y de la formación al servicio 143.

Edad: distinta en la comunidad 17, 37; de los candidatos al prenoviciado 78; importante a tener en cuenta en la foramción al servicio 105; paso de la comunidad de formación a otra comunidad 120; la edad avanzada 124.

Especialización: 145.

Espíritu Santo, acción y guía: nos mueve a escuchar la Palabra de Cristo 1; mediante su moción, el Padre nos llama, nos consagra, nos transforma y nos conforma a Cristo 5, 9, 24, 57; alma de la Iglesia 7; guía a la madurez 13; la formación ha de ayudar a disponerse a su acción 16; compartir de sus dones en la fraternidad 23; dejarse trabajar por su fuerza 23; nos da la fuerza de responder a la invitación radical de Cristo 26, el fruto del Espíritu 26, nos atrae al deseierto y nos sostiene en el combate espiritual 27; nos llama a dirigir la atención hacia Dios 29; la oración es su obra 29; comunión con Jesús y el Padre en el Espíritu 29; la comunidad religiosa es su don 35; los carmelitas siguen los caminos trazados por él 40; disponibles y libres para poder ir adonde sopla 45; María se deja transformar por su acción 49; María nos enseña la docilidad al Espíritu 49; María, modelo de la Iglesia orante siempre abierta a acoger y compartir sus dones 49; su acción suscita el deseo de la respuesta a la llamada y guía su crecimiento 51; la persona llamada se confía a su acción 51; discernimiento espiritual para reconocer la presencia del Espíritu 51; sus dones son invocados en el rito de la profesión religiosa 52; María está asociada a su acción misteriosa de engendrar y formar a Cristo en los creyentes 53; mediante el Espíritu, el Padre plasma en los corazones de las personas consagradas los sentimientos del Hijo 57; ha dado a la Iglesia el carisma carmelita 65; gradual iniciación del novicio a la vida del Espíritu 81; cualidad fundamental del novicio y la docilidad al Espíritu 82; el formador acompaña al novicio a discernir los signos de su acción en su vida 83; su guía en el camino de transformación interior 93; diversidad de carismas pero un solo Espíritu 104; estar atentos a sus sugerencias 114; fidelidad a lo que nos dice en los acontecimientos de la vida y del mundo 114.

Eucaristía: fuente y culmen de la vida de la Iglesia 32, 112f; colocada en el centro de la vida comunitaria y personal 32, 112d,f; de ella brota la fuerza que permite seguir el camino 32, 35; en ella el Señor nos une a su ofrecimiento al Padre 32, 122f; nos impulsa a la acogida y al servicio de los demás 32, 35, 112d; fuente y ápice de la relación con Cristo 33; es importante garantizar su celebración comunitaria 33; en la Regla 34; crea y expresa la fraternidad 35; su celebración comunitaria favorece el conocimiento recíproco 55; en el ejercicio del acolitado 112d; en la formación al presbiterado 112f.

F

Familia carmelita: la respuesta a la llamada se vive en comunión y complementariedad con ella 19f; colaboración en la formación 60; cursos de formación permanente abiertos a toda la Familia carmelita 60; propuesta a realizar en el ministerio vocacional 69e; programa de estudios: noviciado 136, período de la formación temporal y de la formación al servicio 141.

Fases del proceso de formación: 63-124; introducción 63-64; el ministerio vocacional 65-70; el prenoviciado 71-80; el noviciado 81-91; el período de la profesión temporal 92-103; la formación al srvicio 104-113; la formación permanente 114-124.

Fundamentos antropológicos de la vida espiritual y comunitaria: programa de estudios: prenoviciado 126, noviciado 131.

Fundamentos de vida cristiana: programa de estudios: prenoviciado 128, noviciado 132.

Formador: figura y función 57; tarea y requisitos 57-58; colaboración y coordinación de la formación 59; su asistente o equipo 59; miembro de la comisión para la formación 59; reunión de todos los formadores de la Orden 61; en el prenoviciado: figura y función 73, colaboración con la comisión de formación 75, elección del director espiritual 77, coloquios con los prenovicios 79b, discernimiento 80; en el noviciado: diálogo con los novicios 82, figura y función 83, colaboración con la comisión de formación 85, diálogo con el provincial 86, elección del director espiritual 87, coloquios con los novicios 89b, discernimiento y pasos a dar 90-91; en el período de la profesión temporal: figura y función 94, informa a la comunidad 95, colaboración con la comisión de formación 96, informa al provincial 97, puede ser ayudado por expertos 98, en la elección del director espiritual 98, coloquios con los profesos 100e, evaluaciones periódicas y final 101, discernimiento de cara a la profesión solemne 102; en la formación al servicio: figura y función 108, en la elección del director espiritual 110, discernimiento 113.

Formación a la contemplación: 28; programa de estudios: prenoviciado (dinámica del crecimiento humano y espiritual) 126, noviciado 135A.

Formación a la fraternidad: 37; programa de estudios: prenoviciado 126, noviciado 135C.

Formación a la oración: 33; programa de estudios: prenoviciado 128; noviciado 132, 135B.

Formación al servicio: 45; objetivo y descripción 104; naturaleza y finalidad 105; el candidato 106; la comunidad 107; el formador 108; el Prior provincial 109; admisión al camino de formación de cara a los ministerios 109; otros agentes 110; la preparación 111; metodología, medios e instrumentos 112; vocación a un srvicio específico 112a; experiencia práctica 112b; programa de estudios: prenoviciado 126, 127, 130, noviciado 135D, 136, período de la profesión temporal 139-143.

Formación carmelita (en general): principios y criterios 19, ver también: carisma de la Orden.

Formación cultural, técnica, práctica y teológica: ha de ser adecuada para el desarrollo integral de la persona 45; en el período de la profesión temporal 92; responsabilidad del formador en el período de la profesión temporal 94; responsabilidad del formador en la formación al servicio 108; programa de estudios: prenoviciado 126, 127, 128, 130, noviciado 131, 132, 133, período de la profesión temporal y de la formación al servicio 139, 140, 143.

Formación permanente: horizonte en el que se colocan las fases iniciales del proceso de formación 63; del maestro de novicios 89f; nauraleza y finalidad 114; cada carmelita es responsable en primera persona de su propia formación 115; responsabilidad del Prior provincial 116, responsabilidad del Prior local 117; un proceso que requiere un compromiso continuo y cotidiano 118; metodología, medios, instrumentos 119; el paso de la formación inicial a una comunidad 120; puesta al día y reemprendimiento 121; momentos de crisis 122; la asunción de nuevas funciones 123; la edad evanzada 124.

Fraternidad: en camino junto con los hermanos 2, 3; Cristo nos guía a la comunión consigo y con los hermanos 5, 6; encontramos a Cristo en los hermanos 6; elemento del carisma 23; banco de prueba de la autenticidad de la transformación 23; función de la castidad 25; formada por la presencia liberadora de Dios 24; función del silencio y de la soledad 30; función de la Eucaristía 32, 35; descripción general 34-37; en la Regla 34; tensión entre proyecto común y camino personal 35; requiere una continua conversión 35; profetas de fraternidad 36, compartir 36; formación a la fraternidad 37, hermanos en medio del pueblo 40; hermanos en misión 41; la experiencia de la faternidad durante el prenoviciado 79e; en el noviciado 89b, profundización del conocimiento y de la experiencia de la fraternidad en el período de la profesión temporal 92, 99, 100c; evitar división entre servicio y fraternidad 105; determina tiempos, modos e intensidad de nuestro servicio 107; programa de estudios: noviciado 135C; ver también: comunidad.

H

Historia del Carmelo: entrar en la experiencia carmelita significa insertarse en ella 21; identificación con ella 37; relación con María a lo largo de la historia de la Orden 48; presentación durante el noviciado 88; programa de estudios: prenoviciado 129; noviciado 136; período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141.

I

Iglesia: en camino con y en ella 2; convocados a ella 7; la comunidad religiosa es signo elocuente de ella 7; nuestra vocación participa de su misterio 7; realizar la misión en unión con ella 8; hay que aprender a asumir funciones de servicio 15; proveniencia de un determinado ambiente eclesial 17; nuestra vocación comporta un vínculo nuevo y más profundo con ella 19b; el carisma carmelita se vive en unión y complementariedad con los demás carismas suyos 19f, 54; insertarse en una larga historia eclesial 21, unidos a la Iglesia mediante la celebración de la Liturgia 32; la Eucaristía es culmen y fuente de su vida 32, 112f; junto con la Iglesia al servicio del Reino 38; inserción en la Iglesia local 38; es misionera 42; desarrollar una sensibilidad eclesial 45, 78, 112c,d; María es signo de lo que deseamos ser en la Iglesia 49; ambiente de la vocación religiosa 52; estrecha relación entre vida consagrada y la Iglesia 52, 112a; el formador valora al candidato en su nombre 58d; compartir el don hecho a ella por medio del Carmelo 65; la inserción en la vida eclesial ayuda en el camino vocacional 68; el prenovicio ha de mostrar sensibilidad eclesial 70; el prenovicio hace experiencias de servicio de carácter eclesial 79f; participación en su camino de santidad y purificación 93; los profesos simples forman parte viva de la comunidad eclesial 98; quien es llamado y aceptado por la Iglesia recibe los ministerios ordenados 104; todo hermano tiene su propio lugar y función en ella 104; tener en cuenta sus indicaciones para los ministerios 111; responder a las expectativas de la Iglesia de un modo siempre nuevo 114; responsabilidad de ponerse al día por su bien 115; estar al día de cuanto sucede en ella 119b; programa de estudios: prenoviciado 128, noviciado 132, 133, 135, especialización 145; apéndice.

J

Jesucristo, conformación a: el hombre nuevo a imagen de Cristo 1; conformados por el Espíritu a Cristo 5; punto central de nuestra formación 6; asumir los rasgos espirituales de Cristo y revestirse de su personalidad 6; mediante los consejos evangélicos 9, 26; conformados a Dios 25; mejorar  la preparación al servicio 112; la meta final 124.

Jesucristo, seguimiento de: obsequio de Jesucristo 4; el compromiso de seguirlo y la relación con él 6; en la Iglesia 7; seguirlo en la fraternidad para la misión 8; realizado y expresado mediante los consejos evangélicos 9; primeros pasos durante el noviciado 88; el profeso simple profundiza su experiencia de seguimiento de Cristo 93.

Justicia y paz: constructores de un mundo nuevo 17; vivir en medio del pueblo es profecía de justicia y paz 40; profetas de justicia y paz 43; justicia y paz y nuestro carisma contemplativo 43; urgencia y reto 43; nuestro estilo fraterno, fundado en relaciones justas y pacíficas según el proyecto de la Regla 43; sensibilidad por los pobres, los enfermos, los marginados, los últimos, la salvaguardia de la creación 45; experiencias más específicas en el período de la profesión temporal 100d.

L

Lectio Divina: forma de oración 32; se ha de cultivar 33; inspiración para una presencia viva y profética 36; en el noviciado 89b; ver también: Palabra de Dios.

Lectorado: se han de tener ne cuenta las indicaciones de la Iglesia universal 111; función pedagógica 112d; puede ser conferido a frailes que no son llamados al presbiterado o al diaconado permanente 112d.

Libertad: la conversión es un camino hacia la libertad 13; formación a la libertad 16; la escucha de la voluntad de Dios, camino para llegar a la libertad 22; la historia vocacional como intercambio entre dos libertades 56; espacios y libertad de acción para las nuevas generaciones 124.

Liturgia: fuente de crecimiento espiritual 32; oración en común 32; en la Regla 34; sensibilidad litúrgica en la renovación mariológica 44; participación del prenovicio 79c; en el noviciado 89b; en el período de la profesión temporal 92, 100b; en la formación al servicio 112e; programa de estudios: prenoviciado 128, noviciado 132, 135B; período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141; especialización 145.

Llamada: a participar en la comunión trinitaria 1; la misma de los hermanos 2; a una experiencia espiritual de atracción profunda y de amor por Jesucristo 5; se dirige a una persona con su historia de santidad y pecado 10; don gratuito de Dios 10, 19a; el crecimiento psicológico ayuda a responder 13; la respuesta a la llamada 19, 51; Dios la renueva cada día 19h; el carisma y la espiritualidad hallan eco en el corazón de la persona llamada 20; partícipes del mismo carisma según la llamada de cada uno 22; llamados a caminar juntos como hermanos 35; llamada común a la santidad 36; María ayuda a descubrir su belleza 48; la historia de una vocación 50; crecimiento de la respuesta 51; complementariedad de las vocaciones 54; ayuda del formador 58, 73, 79b; el ministerio vocacional ayuda a descubrirla 64; la mediación de los carmelitas 66; motivos de atracción que impulsan a responder 68; del prenovicio 72, 80; llamada al servicio y su consonancia con la vocación del Carmelo 105, 106; a los ministerios instituidos 112d.

M

Maestro de novicios: ver: formador, en el noviciado.

María: Hermana, Madre y Maestra, nos acompaña y nos guía en el camino espiritual 2, 48, 49, 53; peregrina en la fe 2, 49; modelo de oración 31, 49; modelo de compromiso por la justicia y la paz 43; redescubrimiento de la tradición mariana de la Orden 44; modelo de discipulado 44, 49, 53, 82; los carmelitas han de promover una auténtica renovación mariana 44; Madre-Patrona, mística estrella del Monte Carmelo 48; vivió la plena unión con Dios en Cristo 48; ayuda a descubrir la belleza de la llamada 48; el escapulario, signo y memorial de su protección 48; transformada por la acción del Espíritu Santo 49; signo de lo que deseamos ser en la Iglesia 49; modelo de la Iglesia 49; los carmelitas viven una relación íntima y familiar con María 49; su función en la formación 53; engendra y forma a Cristo en los creyentes 53; el escapulario indica que María quiere revestirnos de Cristo 53;  modelo de discipulado para el novicio 82; programa de estudios: prenoviciado 129; noviciado 137B; período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141.

Madurez/maduración: integral 12; sucede bajo la guía del Espíritu en un proceso de conversión 13; proceso nunca concluido 14; la madurez en Cristo, objetivo de la formación 19d, 63, 114, 121; crisis de maduración 24; la comunidad, ambiente donde madura la persona 56; requisito del formador 57; el ministerio vocacional acompaña en el camino de maduración espiritual 65, 68; en el discernimiento vocacional 70; del prenovicio para vivir la vida carmelita 73; su crecimiento en el noviciado 81; en el discernimiento para la profesión temporal 90; ayuda de un psicólogo 98; la inserción en una comunidad ayudará a crecer 100c,e; la ayuda del director espiritual 110; función de los profesores de teología 110; apéndice.

Metodología: ministerio vocacional 69; prenoviciado 79; noviciado 89; fase de la profesión temporal 100; formación al servicio 112; formación permanente 119.

Ministerios instituidos: admisión 109; formación específica e indicaciones de la Iglesia 111, 140; función pedagógica de cara a los ministerios ordenados 112d; posibilidad de conferirlos a todos los frailes que son llamados; ver también: acolitado, lectorado.

Ministerios ordenados: se requiere una adecuada preparación filosófica y teológica 100f, 109; responsabilidad del Prior provincial 109; formación específica e indicaciones de la Iglesia 111; función pedagógica de los ministerios instituidos con miras a los ministerios ordenados 112d.

Ministerio vocacional: insertado entre las fases de formación 64; descripción general 65-70; naturaleza y fin 65; responsables 66-67; estructura y contenidos 68-69; metodología, medios e instrumentos 69; discernimiento 70.

Misión: de los carmelitas 2, 38-44,104; de evangelización 8; se aprende en el ámbito de la comunidad 37; en la Iglesia partícipes de la misión de Cristo 38; apertura misionera 41; ad gentes 42; misionología 145; discernimiento de la propia misión 98.

Mundo: colaborar con Dios en su transformación 1, 9; en la Iglesia por sus caminos 2; en continuo desarrollo 3; constructores de un mundo nuevo 17; verlo con los ojos de Dios 24; la vida fraterna carmelita es anuncio al mundo 36; presencia profética en el mundo 36; misión ad gentes 42, 141; presencia del Espíritu 51; testigos coherentes de la presencia de Dios en el mundo 88.

N

Noviciado: estudios necesarios para la admisión 79g; admisión 80; descripción general 81-91; naturaleza y fin 81; el novicio 82; el maestro de novicios 83; la comunidad 84; la comisión para la formación 85; el Prior provincial y su consejo 86; otros agentes 87; el camino de formación 88; validez 88; metodología, medios e instrumentos 89; discernimiento 90; programa de estudios 131-138.

O

Obediencia: Jesús, modelo 5, 9; expresa la dinámica de liberación 16; nos permite alcanzar la verdadera libertad 25; por mandato de Cristo: "Id y enseñad..." 42; ver también: consejos evangélicos.

Orden carmelita: unidad en la diversidad 4; crecer en el amor 16; identificación con ella 18b, 37, 58c, 90; la respuesta a la llamada se vive en comunión y complementariedad con ella 19e; su carisma y su espiritualidad hallan eco en el centro del corazón de la persona llamada 20; partícipes de una larga historia 21; enriquecer, desarrollar y rejuvenecer la Orden 21; se requiere en el formador un profundo conocimiento y una fuerte identificación con ella 58c; el formador valora al candidato en su nombre 58d; incardinación 60; responsabilidad en la formación 60; competencia del Prior general 61; reunión de todos los formadores 61; la vida en ella empieza con el noviciado 81; diálogo entre el novicio y la Orden 89b; inserción en ella con la profesión temporal 92; discernimiento de cara a la profesión solemne 103; formación permanente 119; programa de estudios: prenoviciado 128, noviciado 134-138, período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141.

P

Palabra de Dios: la comunidad se centra en ella 2; todo provenga y se haga en ella 6; el confronto con ella ayuda al camino de transformación 9, 28; escucha y acogida 29, 31, 34; hay que saber hacer silencio para entenderla 30; inspiración para una presencia viva y profética 36; iluminados por ella en el silencio se llegue a leer los signos de los tiempos 45; Elías, siempre dispuesto a seguirla 46; María la escucha y la pone en práctica 49; el formador se deja iluminar por ella 58a; en el lectorado 112d; ver también: Lectio Divina.

Período de la profesión temporal: descripción general 92-103; naturaleza y fin 92; el profeso simple 93; el formador 94; la comunidad 95; la comisión para la formación 96; el Prior provincial y su consejo 97; otros agentes 98; el camino de formación 99; metodología, medios e instrumentos 100; evaluaciones periódicas y final 101; admisión a la profesión solemne 101; el discernimiento con miras a la profesión solemne 102; la renovación se permite hasta seis años 102; programa de estudios 139-144.

Persona humana: historia de santidad y pecado 10; dimensiones 10, 30; conocimiento de uno mismo 11; en el proceso de formación 14, 15; se adapta a Dios 30; la formación debe ser adecuada para su desarrollo integral 45.

Pobreza: en la construcción de una comunidad modelada según la de Jerusalén 2; plasmada por la actitud contemplativa 4; encuentro con Cristo 6; elemento del carisma 23; en ella nos abrimos a la acción de Dios 23; ayuda al camino espiritual 28; descripción general 29-33; a menudo identificada con la contemplación 29; puerta de la contemplación 29; obra del Espíritu en nosotros 29; inserción en la oración de Jesús 29; silencio y soledad como condiciones 30; diálogo personal con Dios 31; varias formas de orar 31, 33; María como modelo 31, 49; Elías como modelo 31, 46, 47; oración litúrgica y comunitaria 32, 36, 37, 55; formación a la oración 33; tiempos y espacios en el proyecto comunitario 33; participación activa y creativa en la comunidad 37; para el candidato por parte de la familia o una asociación de laicos 54; la oración comunitaria, medio de conocimiento recíproco y de formación 55; ilumina el discernimiento del formador 58a; en el prenoviciado 79c; en el noviciado 82, 89; en el período de la profesión temporal 92; en el camino espiritual de cada uno durante toda la vida 119; programa de estudios: noviciado 135B; ver también: Lectio Divina.

Prenoviciado: descripcion general 71-80; naturaleza y fin 71; el prenovicio 72; el formador 73; la comunidad 74; la comisión para la formación 75; el Prior provincial 76; otros agentes 77; estructura y contenidos 78; metodología, medios e instrumentos 79; discernimiento 80; programa de esudios 126-130.

Presbiterado: admisión 104; estudios y preparación 111; sentido eclesial 112c; ver también: ministerios ordenados.

Presencia de Dios: ayudamos a nuestros contemporáneos a descubrirla 2; descubrir los signos ocultos 3, presencia amorosa en la contemplación 23; el proceso interior hace adquirir una actitud abierta a ella 24; en el desierto 27; en el silencio 30; aprendemos de Elías a estar en la presencia de Dios 31, 46; ejercicio de la (como método de oración) 33, 135B; en la fraternidad 34, 40; en la creación y en la historia 43; María la reconoce en su vida cotidiana 49.

Prior general con su consejo: responsabilidad en la formación 60; funciones 61; su delegado 61.

Prior local: guardián y garante del proyecto común representado por la Regla 34, responsabilidad para la formación permanente 117.

Prior provincial: participa en la comisión de formación 59; responsabilidad y funciones 62; ha de asegurar que las vocaciones sean una prioridad en el proyecto de la provincia 66; admite al prenoviciado 76; puede despedir del prenoviciado 80; corresponsabilidad en la fase del noviciado 86; admisión a la profesión temporal 91, admisión a la profesión solemne 96, 101; responsabilidad en la formación al servicio 109; admisión a los servicios y a los ministerios 113; responsabilidad para la formación permanente 116.

Profesión religiosa: fundamento de igualdad entre los frailes 22; invocación del Espíritu en el rito 52; asociación a la oblación de Cristo 52; ratificación eclesial de la opción 52; incardinación a la Orden 60; ver también: Consejos evangélicos.

Profesión solemne: admisión 95, 96, 97, 101; requisitos para la validez 99; discernimiento 102; preparación inmediata 103, 144; algunos años después 121.

Profesión temporal: objetivo del noviciado 81; verificación de cara a ella 90; admisión 91; inserción en la Orden 92; renovación 101.

Profecía: ser voz profética 17, profetas de fraternidad 36, 40; inspiración desde la escucha orante de la Palabra 36; profetas de justicia y paz 43.

Progrma provincial de formación: aplica los principios de la RIVC 59; aprobado por el Prior provincial con su consejo 59; adapta el programa de estudios 89c; determina los pasos al final del noviciado 91; para la formación permanente 116.

Purificación: en el camino interior 24; en el camino ascético 26; María, modelo 49; las crisis de la vida nos purifican 51; de las motivaciones en el noviciado 81; participación en la purificación de la Iglesia 93; de la propia imagen de Dios 100e; programa de estudios: noviciado 135A.

R

Ratio Institutionis Vitae Carmelitanae (RIVC): aplicación en el programa provincial 59; revisión periódica 60, 61; aprobación 61; programa de estudios: prenoviciado 129; noviciado 134; período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141.

Reino de Dios: colaborar con Dios en la transfromación del mundo 1; conversión a sus valores 17; conformarse con Cristo para su construcción 25; proclamar la Buena Nueva del Reino 38; junto con la Iglesia, a su servicio 38; colaborar con otros al servicio del Reino 45; cada hermano tiene su lugar y función específica para contribuir a su difusión 104.

Regla: invita al camino espiritual 2, nos invita a la soledad 30, esucha orante 31; fraternidad 34; proyecto común 34; itinerancia aludida por la Regla 40, relaciones justas y pacíficas según su proyecto 43; senderos indicados por el «mapa» de la Regla 47; programa de estudios: en el noviciado 134; en el período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141.

S

Santos, místicos y figuras emergentes: Elías prototipo de los místicos 47; han experimentado y descrito el influjo de María en su vida espiritual 53; programa de estudios: noviciado 138; período de la profesión temporal y de la formación al servicio 141.

Servicio en medio del pueblo: según el modelo de la comunidad de Jerusalén 2; plasmado y sostenido por la actitud contemplativa 4, comprometerse en un proceso continuo de converssión respecto a él 12; la contemplación lo unifica a los demás elementos del carisma 23; el proceso de transformación hace más disponibles al servicio 23; gratuito y desinteresado 23, la experiencia liberadora de Dios en el desierto impulsa al servicio 23; lo aprendemos en la comunidad 45; María, modelo 49; durante el prenoviciado 79f; profundización del conocimiento y de la experiencia del servicio en el período de la profesión temporal 92, 99, 100; forma parte integrante del carisma 104; programa de estudios: noviciado 135B, período de la profesión temporal y de la formación al servicio 144.

Soledad: compromiso ascético 27; «escondite solitario» 30; no es aislamiento 30; llena de Presencia 30; nuestro camino no es solitario 114.

T

Transformación: cima del monte Carmelo, lugar de la transformación en Dios 1; la realiza en nosotros el Espíritu Santo 5, 9, 24; en el encuentro con Cristo 6; mediante los consejos evangélicos, somos transformados gradualmente en Cristo 9, 25; la ayuda de la formación para la transformación 12; mediante la conversión 13; hay que dejarse transformar por el amor de Cristo en un proceso que durará toda la vida 14, la vocación religiosa requiere un abandono a la acción transformante de Dios 19c; la contemplación, experiencia tranformante del amor de Dios 23; la fraternidad es banco de prueba de su autenticidad 23; la transformación, un camino interior 24; exige un camino ascético 26; sucede en el desierto 27; imágenes de transformación amadas por nuestra tradición 27; función del discernimiento 28; en la oración nos abrimos a la acción tranformante de Dios 29; en la soledad 30; de los individuos en hermanos en la Eucaristía 35; para ver el mundo con los ojos de Dios 43; María, la mujer nueva que se deja transformar por el Espíritu Santo 49; en las fases del proceso de formación 63; el novicio se encamina con decisión en el proceso de transformación 82; el maestro de novicios acompaña en el camino de transformación 83; encarnación de los valores para permitir a Dios que realice nuestra transformación 88; la formación permanente, un proceso continuo de transformación en Cristo 114; hay que dejarse transformar ulteriormente hasta la plena madurez en Cristo 121; cada situación puede ser ocasión de ulterior transformación 122; la unión transformante con Dios meta de la vida 124.

U

Unión con Dios: llamados a participar en la comunión trinitaria 1; se alcanza dejándose conformar a Cristo por el Espíritu 5, 13; Dios nos une a Él en lo más íntimo de nuestro ser, donde Él mora 24; en el proceso de unión con Cristo, nos revestimos de Él 26; en la oración, Jesús nos une consigo al Padre 29; la fraternidad carmelita anuncia al mundo la llamada común a la plena comunión con Dios 36; vivida por María 48; la labor permanente de conversión que los novicios han de tener como meta 88; meta de la vida alcanzada en la muerte 125; ver también: transformación.

V

Verificación: del crecimiento en la libertad 16; del proyecto comunitario 35; del proyecto vocacional de la Provincia 66; en el camino vocacional 68; implicación del prenovicio 80; de las motivaciones y de las perspectivas del novicio 81; de la capacidad del novicio de vivir los consejos evangélicos 88; de cara a la admisión a la profesión temporal 90; responsabilidad del Prior provincial 97; de las experiencias específicas de apostolado 100d; del camino de profundización de la vida religiosa según el carisma carmelita 100e; periódicas y final del período de la profesión temporal 101; en la preparación a la profesión solemne 103; de la labor desarrollada, se ha de hacer junto con la comunidad 107; ver también: discernimiento.

Vocación a la vida carmelita: convocados a la Iglesia 7, don de Dios 8, 50, 51, 65; se ha de considerar potencialmente presente en la persona llamada 18; concretiza y desarrolla la vocación bautismal 19b; requiere un compromiso personal total 19c; vocación común 22, 35; Dios y la persona llamada, protagonistas de la historia vocacional 50, 51; renovada día a día 50; requiere una respuesta 50, 51; la Iglesia como ambiente 52; nace a menudo en el seno de una familia o una asociación de laicos 54; el ministerio vocacional 65-70; el camino vocacional 68; discernimiento vocacional 70; conciencia inicial y confronto con la vida carmelita en el prenoviciado 71; el prenovicio ha de seguirla libre y responsablemente 72; en el discernimiento del prenovicio 80; a clarificar en el noviciado 81, 83, 89b; respuesta cotidiana 93; ayuda del formador en el período de la profesión temporal 94; llamada personal al servicio 105; clarificación de la propia vocación al servicio 106; integración del servicio en la única vocación carmelita 108; la vocación carmelita es ya preparación al servicio 111; relectura de la propia historia vocacional en el mes de preparación inmediata a la profesión solemne 144; ver también: llamada.

Votos: ver: consejos evangélicos.

 

[1] 1 Jn 4, 19.

[2] Cf. He 2, 42-48; 4, 32-35.

[3] GS, 1.

[4]  Vida fraterna, 4.

[5] Cf. VC, 1; 17-19.

[6] Cf. Regla, 2, 19, 23; Const. 2, 3, 14.

[7] Regla, 2.

[8] Regla, 19; cf. también Const., 20.

[9] Entre otros muchos textos de la tradición carmelita, podemos citar: S. TERESA DE JESÚS, Vida, 9,4; 22, 4-7; S. JUAN DE LA CRUZ, Subida, 1.13, 3; 2.7,18-12; Cántico B 1,2-6.10; Llama 2,16-20; S. MARÍA MAGDALENA DE PAZZI, Prueba, 780; Enseñanzas, XXXVI; JUAN DE S. SANSÓN, L’Aguillon, 3, 854-886 (f. 362rº); MIGUEL DE S. AGUSTÍN, Introductio ad vitam internam, tractatus tertius, sive Brevis Instructio ad vitam mysticam, 27.

[10] El Carmelo: un lugar, un viaje, 2.2.

[11] VC, 31; LG, 32.

[12] LG, 44; cf. VC, 29.

[13] VC, 32.

[14] VC, 42.

[15] VC, 41.

[16] Vida fraterna, 9.

[17] Cf. VC, 17.

[18] Cf. VC, 42 y todo el cap. II Signum fraternitatis; cf. también Vida fraterna, 10; 54-57.

[19] Cf. VC, 72 y todo el cap. II Servitium caritatis; cf. también Vida fraterna, 58.

[20] VC, 20.

[21] VC, 18.

[22] LG, 46.

[23] VC, 22.

[24] Cf. LG, 46.

[25] VC, 20.

[26] Rm 7, 14-25; cf. Ga 5, 13-14.

[27] 2Cor 12, 9.

[28] GS, 14.

[29] Cf. TERESA DE JESÚS, Vida 13, 15; Fundaciones 5, 16; Camino 39,5; Moradas 1.2,8.

[30] Cf. Const., 118.

34  Cf. Ibidem.

[31] Cf. 1 Pe 2, 5.

[32] Cada fase de la formación absorbe las fases precedentes y hace que el formando proceda hacia un nivel más alto de integración e interiorización de los valores.

[33] Cf. AG, 11.

[34] Cf. GS, 39.

[35] Cf. VC, 30-32.

[36] Cf. VC, 74; cf. también 49-50.52-54.

[37] Cf. MR, 12; Const., 120; El Carmelo: un lugar, un viaje, 4.6.

[38] Cf. Const., 175 § 2.

[39] Cf. Const., 161-162.

[40] Const., 17. Cf. también  S. JUAN DE LA CRUZ, Cántico B, 22, 3-5; 26, 1; 39, 4.

[41] Institutio primorum monachorum, 1.2.

[42] Entre otros muchos textos de nuestra tradición, cf. Institutio primorum monachorum, 1.2-8.

[43] Cf. STA. TERESA DE JESÚS, Moradas, 1.1,3; 7.1,5; S. JUAN DE LA CRUZ, Cántico B, 1,6-8.

[44] Cf. S. JUAN DE LA CRUZ, Noche 1.11, 3.

[45] Cf. Const., 15; 78.

[46] Cf. Institutio primorum monachorum, 1,3-5.

[47] Cf. Const., 45-49.

[48] Cf. Const. 50-58.

[49] Cf. Const., 59-63.

[50] Cf. Institutio primorum monachorum, 1,6.

[51] Cf. Institutio primorum monachorum, 1,2.

[52] Cf. Rm 5,5.

[53] Mt 16, 25.

[54] Cf. Institutio primorum monachorum, 1,2.

[55] Cf. Rm 13, 14; Ga 3, 27; Ef, 2, 15; 4, 24; cf. también EE, 45.

[56] Ga 5, 22-23.

[57] También el lugar escogido, con las celdas esparcidas alrededor del oratorio, podría expresar este milagro del renacimiento, realizado en el desierto de la vida por la presencia del Resucitado, como testimonia el rito litúrgico del Santo Sepulcro, celebrado durante mucho tiempo en la Orden.

[58] Cf. Is 32, 15.

[59] Const., 17.

[60] Cf. Regla, 18-19.

[61] Cf. S. JUAN DE LA CRUZ, Cántico B, 36, 5; cf. también 2Co 3, 18.

[62] Cf. STA. TERESA DE JESÚS, Moradas, 1,7.

[63] Cf. Os 2, 16.

[64] Cf. DOMINGO DE S. ALBERTO, Exercitatio, 24: «Cultivar la santa oración consiste en una verdadera, total y actual atención a Dios».

[65] Cf. STA. TERESA DE JESÚS, Vida, 8,5.

[66] Rm 8,26.

[67] Cf. Jn 1,1.

[68] STA. MARÍA MAGDALENA DE PAZZI, los Coloquios, 50º, 922.

[69] Cf. Jn 14, 15-23.

[70] Regla, 10.

[71] B. JUAN SORETH, Expositio paraenetica in Regulam Carmelitanam, 13.

[72] Cf. Ibid.

[73] Cf. STA. TERESA DE JESÚS, poesía “Búscate en mí”; S. JUAN DE LA CRUZ, Cántico, 1,6-10.

[74] Institutio primonum monachorum, 1,5.

[75]  S. JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y amor, 99.

[76] Cf. 1Re 19,12; S. JUAN DE LA CRUZ, Cántico B, 15,26.

[77] Cf. S. JUAN DE LA CRUZ, Subida, 2,9,1; Noche, 2,5,3 y 5.

[78] Cf. Regla, 10; Const., 80.

[79] STA. TERESA DE JESÚS, Vida, 8,5.

[80] Regla, 19; cf. 10; cf. también Const., 82.

[81] Lc 2, 19.51.

[82] Cf. 1Re 17, 1; 18, 15.

[83] MIGUEL DE S. AGUSTÍN, Introductio ad vitam internam, tractatus quartus, seu Fruitiva Praxis vitæ mysticæ, 14.

[84] STA. TERESA DE JESÚS, Fundaciones, 5,2; Moradas, 4.1,7.

[85] JUAN DE S. SANSÓN, Le vrai esprit du Carmel, 122,1; STA. TERESA DEL NIÑO JESÚS, Ms C, 25rº.

[86] Cf. SC, 10; LG 11; Const. 70.

[87] Const. 70; cf. SC, 48.

[88] Cf. 1Re 19, 5-8.

[89] Cf. Const. 72.

[90] Cf. Const., 64.

[91] Cf. Const., 82.

[92] Cf. Const., 66.

[93] B. TITO BRANDSMA, Godsbegrip Rede uitgesporken..., 26.

[94] Cf. Const., 67.

[95] Regla, 5, 6, 8, 12, 15, 22, 23.

[96] Cf. Const., 19.

[97] Regla, 4, 5, 6, 8, 9, 12, 22, 23.

[98] Cf. Regla, 7, 14.

[99] Cf. Regla, 11, 14.

[100] Cf. Regla, 14.

[101] Cf. Regla, 12.

[102] Cf. Regla, 12, 15, 16, 17.

[103] Cf. Regla, 15.

[104] Cf. Regla, 4, 5, 6, 15.

[105] Regla, 21.

[106] Cf. Regla, 7.

[107] Cf. Regla, 20.

[108] Cf. Const., 20

[109] Vita fraterna, 8.

[110] Cf. Regla, 15; Const., 31e.

[111] Cf. Vita Fraterna, 24-25; cf. también Const., 30.

[112] Cf. Vita fraterna, 21-22.

[113] Cf. Regla, 14; cf. Const., 20; 31 a.

[114] Cf. Vita fraterna, 54-55; cf. también VC, 25, 42; 46.

 

[115] Cf. Vita fraterna, 56.

[116] Cf. PI, 25.

[117] Cf. Const., 20.

[118] Cf. Vita fraterna, 56; VC, 51.

[119] Cf. Const., 32-33.

 

[120] Cf. Const., 91.

[121] Cf. Const., 21. El amor a la Iglesia y a su misión es una constante en el Carmelo. Citamos solamente: STA. MARÍA MAGDALENA DE PAZZI, Renovación de la Iglesia; STA. TERESA DEL NIÑO JESÚS, Ms B, 2vº-3vº.

[122] Cf. VC, 31; 46-56.

[123] Cf. VC, 48-49; Const., 97-98.

[124] El Carmelo: un lugar, un viaje, 3.3.

[125] Cf. Const., 96.

[126] Cf. Const., 95, 99.

[127] Cf. El Carmelo: un lugar, un viaje, 4.5.

[128] Cf. Vita fraterna, 54-56; VC, 51.

[129] Cf. Regla, 9; Const., 23.

[130] CONGREGACIÓN GENERAL 1980, Los pobres nos interpelan, 3, en AnalOCarm, XXXV, 1-2 [1980], 23; cf. también Const., 24.

[131] Cf. Regla, 17; cf. también Const., 22.

[132] El Carmelo: un lugar, un viaje, 1.3.

[133] Cf. El Carmelo: un lugar, un viaje, 4.2.

[134] Mt 28, 19-20.

[135] Const., 105.

[136] AG, 9.

[137] AG, 29.

[138] VC, 77.

[139] Cf. Const., 15.

[140] Cf. Ex 3, 7.

[141] Cf. El Carmelo: un lugar, un viaje, 4.3.

[142] Cf. 1Re 21.

[143] Cf. Lc 1, 46-55.

[144] Cf. Regla, 21.

[145] Cf. Institutio primorum monachorum, 3, 3.5.

[146] Cf. Const., 86; 95.

[147] Cf. Marialis cultus, 29-39, específicamente, para el aspecto bíblico, cf. STA. TERESA DEL NIÑO JESÚS, Dernières entretiens, 21 agosto, 3; la poesía “Por qué te amo, oh María” (PN 54).

[148] Cf. NICOLÁS GÁLICO, Ignea sagitta, 4.

[149] Cf. para éste y el próximo número: Const., 26.

[150] Regla, 1.

[151] Cf. Const., 27.

[152] Cf. Prefacio II de la Misa votiva de la B. V. M. del Monte Carmelo.

[153] Cf. Colecta de la Misa de la Conmemoración solemne de la B. V. M. del Monte Carmelo, cf. PABLO VI, Allocutio 22 Junii 1967, en AAS LIX (30 sept. 1967) n. 12, 779.

[154] STA. TERESA DEL NIÑO JESÚS, Derinières entretiens, 21 agosto, 3.

[155] Cf. Prefacio I de la Misa de la Conmemoración solemne de la B. V. M. del Monte Carmelo.

[156] B. TITO BRANDSMA, Relación al Congreso mariano de Tongerloo (agosto 1936), en SCAPIN S., Nella notte la libertà, Roma 1985, 194, cf. también TITUS BRNADSMA, Carmelite Mysticism. Historical Sketches, Chicago (Ill.) 1936, Lecture IV, 52-53.

[157] VC, 17.

[158] VC, 18.

[159] Ibid.

[160] Cf. VC, 17.

[161] Cf. Mc 1, 16-20; 2, 14; 10, 21.28.

[162] VC, 18.

[163] Cf. VC, 19.

[164] Cf. PI, 19.

[165] VC, 30.

[166] Vita fraterna, 10.

[167] Cf. LG, 63; PI, 20.

[168] Cf. STA. MARÍA MAGDALENA DE PAZZI, Probatione 728-730; rapto 30 octubre 1600; Coloquios 361-362; MIGUEL DE S. AGUSTÍN, De vita Mariae-formi et mariana in Maria propter Mariam; STA. TERESA DEL NIÑO JESÚS, Ms A, 56vº-57vº; 75rº; 77r; PN 5, 11.

[169] Cf PI, 27.

[170] Cf. Const., 120, 144.

[171] Cf. PI, 27.

[172] Cf. Vita fraterna, 43-46.

[173] Const., 33.

[174] Cf. Ibidem.

[175] Cf. Fil 2, 5.

[176] Cf. VC, 66.

[177] Cf. PI, 30.

[178] Cf. VC, 66.

[179] Cf. PI, 30.

[180] Cf. Ef 4, 15.

[181] Cf. Apéndices.

[182] Cf. PI, 32.

[183] Cf. Const., 123.

[184] Cf. PI, 32.

[185] Cf. Const., 175.

[186] Cf. Const., 171.

[187] Cf. Const., 125.

[188] Cf. Const., 129.

[189] Cf. Const. 303.

[190] Cf. Const. 129, 303.

[191] Cf. Const. 125.

[192] Cf. Const., 124.

[193] Cf. Const., 122.

194 Cf. VC, 69; Const., 134.

195 Cf. Const., 118.

196 Cf. Const., 131.

197  Cf. Const., 133.

198  Cf. Const., 132.

199 Cf. CIC, c. 645 §2, §4.

200 Cf. PI, 42; Const., 135.

201 Cf. Const., 136.

202 Cf. Const., 137; PI, 44.

203 Cf. Const., 415.

204 Cf. PI, 43.

205 Cf. La colaboración, 13.

206 Cf. CIC, cc. 641-645.

207 Cf. Const., 138.

208 Cf. PI, 43.

209 Cf. CIC, c. 646; Const., 139; 151.

210 Cf. CIC, c. 651; Const., 144.

211 Cf. Const., 144.

212 Cf. Const., 138-155, passim.

213 Cf. La colaboración, 14; 16.

214 Cf. CIC, c. 648 §1.

215 Cf. CIC, c. 648 §2-3; Const., 147-149.

216 Cf. PI, 51.

217 Cf. La colaboración, 14-16.

218 Cf. Ibidem, 25.

219 Cf. CIC, cc. 653-656; Const., 153-155.

220 SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES, Instrucción Renovationis Causam sobre la puesta al día de la formación a la vida religiosa, 6 enero 1969, 7; Cf. PI, 59.

221 Cf. Const., 175-176.

222 Cf. Const., 157 §1c.

223 Cf. La colaboración, 17.

224 Cf. PI, 63; EE, 11, 47.

225 Cf. PI, 59.

226 Cf. PI, 60-62.65.

227 Cf. CIC, 655; 657; Const., 155; 157, § 1b.

228 Cf. PI, 62.

229 Cf. PI, 61.

230 Cf. Const., 155; 157.

231 Cf. Const., 155.

232 Cf. CIC, cc. 655; 657, 2; Const., 155, § 1.2.

233 Cf. Const., 157, § 1c.

234 Cf. CIC, cc. 656; 568; Const., 157.

235 Cf. Const., 156.

236 Cf. Const., 91.

237 Const., 92; cf. también 64, 68, 95.

238 Cf. Const., 18.

239 Cf. Const., 92.

240 1Co 12, 4-7; cf. también LG, 7.

241 LG, 32.

242 Const., 19; cf. también El Carmelo: un lugar, un viaje, 3.4.

243 Cf. PI, 108.

244 Cf. Const., 32-34.

245 Cf. PI, 104-105.

246 Cf. CIC, c. 1025.

247 Cf. Ministeria quaedam, 9.

248 Cf. CIC, c. 1019.

249 Cf. Pdv, 67.

250 Cf. Pdv, 68.

251 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto sobre la formación sacerdotal Optatam totius, 28 septiembre 1965; Decreto sobre el ministerio y la vida de los presbíteros Presbyterorum ordinis, 7 diciembre 1965; Pablo VI, Carta ap. Sacrum diaconatus ordiem, 18 mayo 1967; Carta ap. motu prorio Ad pascendum, 15 agosto 1972; Juan Pablo II, Exhort. Ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 25 marzo 1992; CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA Y CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, 19 marzo 1985; Directorium pro presbyterorum ministerio et vita, 31 enero 1994; Ratio fundamentalis diaconorum permanentium y Directorium ministerii et vitae diaconorum permanentium, 22 febrero 1998.

252 Cf. PI, 108; 109.

253 Cf. Ministeria quaedam, 11.

254 Cf. Ministeria quaedam, 3.

255 Cf. CIC, c. 1051.

256 CONGREGACIÓN PARA EL CULTO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Carta circular sobre los Escrutinios acerca de la idoneidad de los candidatos a las Órdenes sagradas, 10.11.1997.

257 Cf. CIC, cc. 1024-1052.

258 VC, 69.

259 Cf. PI, 67; Const., 168.

260 Cf. PI, 67, cf. también VC, 70.

261 Cf. VC, 71.

262 Las atribuciones del Provincial y de la Provincia se indican resumidas en RIVC, 62.

263 Las atribuciones del Prior y de la comunidad se indican resumidas en RIVC, 56.

264 Cf. PI, 68; VC, 71.

265 Cf. PI, 70; VC, 70.

266 Cf. S. JUAN DE LA CRUZ, Noche, 1, 9-10.

267 Cf. VC, 66; La colaboración, 23-26.

268 Cf. Const., 38.

269 Cf. S. JUAN DE LA CRUZ, Llama, 1, 29-36.

270 En especial: Lumen gentium 43-47, Perfectæ caritatis, Christus Dominus 33-35, Evangelica testificatio, Mutuæ relationes, Código de derecho canónico 1983 (Libro II, parte III), Redemptionis donum, Potissimum institutioni, La vida fraterna en comunidad, Vita consecrata.

Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.