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La Solemnidad de la Virgen del Carmen 16 de julio de 2019

La Solemnidad de la Virgen del Carmen 16 de julio de 2019
48/2019 - 06 - 07

CARTA DEL PRIOR GENERAL CON MOTIVO DE LA SOLEMNIDAD DE LA VIRGEN DEL CARMEN 2019

          Queridos hermanos y hermanas de la familia carmelita:

          Un año más, se acerca la solemnidad de la Virgen del Carmen y, por ello, quiero enviaros una muy cordial felicitación a todos los que, de un modo u otro, formáis parte de la gran familia del Carmelo. En estas fechas no sólo recordamos y celebramos a la Madre del Señor bajo la advocación entrañable del Carmelo, sino que también nos sentimos parte de una familia que vive su fe con ese cariz especial, “en carmelita”, al servicio de la Iglesia y de la Humanidad.

          Este año, mi felicitación tiene un tono especial, ya que, tras doce años de servicio a la Orden como Prior General, próximamente dejaré este puesto en el Capítulo General que celebraremos en Sassone (Roma Italia) del 9 al 29 de septiembre. Y éste es el primer mensaje que quisiera enviaros este año: que todos (religiosos, monjas contemplativas, religiosas de vida activa, terciarios, laicos de diversos grupos, etc.) nos sintamos muy unidos en la oración para que el Capítulo General sea un tiempo de gracia, de reflexión profunda, de discernimiento y de fraternidad. El tema que hemos elegido para nuestro Capítulo, como ya probablemente sabréis, es: "Vosotros sois mis testigos" (Is 43,10); de una generación a la otra: llamados a ser fieles a nuestro carisma carmelita. Este tema que se ha propuesto viene dado por el hecho de que la Orden ha crecido mucho geográficamente en los últimos decenios. Este crecimiento ha sido una verdadera bendición para la Orden y un motivo de gozo para todos nosotros. Pero estas “misiones” o nuevas presencias suponen también un reto, sobre todo en lo referente a la formación de los futuros carmelitas, una formación que deberá combinar lo específico de las culturas locales con la tradición más genuina de la Orden a la que debemos ser fieles y de la que debemos ser trasmisores.

          Se trata, sin duda, de un desafío fascinante, pero también complejo. Asimismo, es una responsabilidad grande que debemos afrontar con mucha seriedad, ya que de ello dependerá en gran medida la configuración y la vitalidad del Carmelo del siglo XXI. Por ello, es importante que nuestro Capítulo debata esta cuestión (entre otras) con hondura, con criterios evangélicos, con seriedad y con generosidad.

          Asimismo, el Capítulo de 2019 abordará la tarea de revisión de las Constituciones que le fue encomendada en el Capítulo de 2013. Como he repetido en muy diversos ámbitos, no se trata de elaborar unas nuevas Constituciones, sino de incluir algunos aspectos que estaban ausentes (y de los que hemos ido tomando conciencia con el tiempo) o de añadir algunas referencias a los últimos documentos oficiales de la Iglesia, o de perfilar mejor algunos números que -con el trascurrir del tiempo- han podido quedar desfasados o resultan insuficientes para las nuevas problemáticas y desafíos de nuestra sociedad.

          No es necesario señalar la importancia que tiene esta tarea. Las Constituciones no son solamente un documento jurídico o administrativo, sino que deben mostrar lo que somos y, más aún, lo que queremos ser. No son normas vacías y desencarnadas, fruto de un legalismo trasnochado, sino que muestran nuestro humilde empeño en vivir como Carmelitas del siglo XXI que -con gozo, con generosidad, con creatividad- se ponen al servicio de la Iglesia y de la Evangelización. Además, aunque afectan directamente a los religiosos, en cierto modo influyen también en la vitalidad de toda la familia carmelita.

          Asimismo, el Capítulo deberá elegir a los hermanos que animarán la vida de la Orden en los próximos seis años. Ya desde ahora, nos ponemos en una actitud de colaboración generosa y afectuosa con los hermanos que serán elegidos para esta delicada labor y que asumirán el reto de dirigir la Orden para que sea cada vez más fiel a su misión y al carisma recibido.

          En no pocas ocasiones he subrayado la importancia de nuestra estructura capitular, propia de las órdenes mendicantes. No es sólo un modo de organización o de administración (tan válido como otros), sino que conlleva toda una “cultura capitular” y, más aún, una “espiritualidad capitular”. Incluso, esta dinámica capitular conlleva una teología, una forma de entender los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta, una forma de entender el discernimiento espiritual, la autoridad, la sinodalidad, etc.

          Por ello, en las festividades que vamos a celebrar, tened muy en cuenta esta intención ante la Madre y Hermana, ante la Estrella del Mar, que nos ha guiado y acompañado durante ocho siglos y que, sin duda, lo seguirá haciendo ahora que nos adentramos en este tercer milenio, lleno de desafíos, de necesidades de todo tipo y también de esperanzas. ¡De la oración sincera y fraterna de todos nosotros, dependerá en gran medida el éxito de nuestro Capítulo General!

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          Quisiera también aprovechar esta carta con motivo de la festividad de Nuestra Madre del Carmen para compartir con vosotros algunos sentimientos al terminar mi período como Prior General de la Orden. Permitidme este apunte personal sin mayores pretensiones y hecho en un tono fraterno e informal.

          Si tuviera que destacar lo que siento en estos momentos, la palabra que mejor lo expresaría es “gratitud”. Gratitud al Señor por haberme llamado al Carmelo y por haber tenido la ocasión (el enorme honor) de servir a los hermanos a nivel internacional; gratitud por las hermosas experiencias de fraternidad, de misión, de servicio y de solidaridad que he tenido oportunidad de conocer durante estos años. Os confieso que (sin negar los problemas, las carencias y las dificultades que se han dado en estos años), en no pocas ocasiones he sentido el orgullo profundo de ser carmelita y de pertenecer a esta familia. No quiero destacar ninguna experiencia concreta (¡serían tantas!), pero sí os puedo decir que muchos carmelitas, con su trabajo generoso, alegre, sencillo, sin mucha publicidad e incluso de forma casi anónima… me han edificado y enriquecido, me han ayudado a seguir caminando y me han renovado en mi vocación. Por todos ellos, por nuestras hermanas contemplativas, por las religiosas de vida activa que se entregan a la enseñanza, a las misiones, a los enfermos, por nuestros laicos que muchas veces viven con enorme ilusión y generosidad su pertenencia al Carmelo… ¡merece la pena seguir sembrando y seguir creciendo como carmelitas del siglo XXI!

          Quisiera también pediros disculpas a los que en algún momento os hayáis podido sentir decepcionados o a los que esperabais algo diferente. Los que me conocéis bien, sabéis que esta petición de disculpas no es un formalismo, un género literario que siempre se utiliza al final de una misión, sino que lo digo de todo corazón.

          El Carmelo sigue procesos muy diversos en las diferentes partes del mundo donde estamos. Mientras que Asia se ha convertido en la zona geográfica más grande de la Orden, Europa y Norteamérica se ven inmersas en un proceso que dura ya varias décadas de falta de vocaciones y de disminución alarmante de nuestras provincias. América Latina continúa creciendo a un ritmo sostenido y las jóvenes presencias de África, pese a su fragilidad, se van consolidando y dejan entrever un futuro muy prometedor.

          En cada caso, la estrategia de la Orden debe ser diferente. El gobierno general no puede actuar solo desde los criterios o desde la coyuntura de una determinada zona geográfica. Sería frustrante dejarnos llevar por el pesimismo, ignorando que hay zonas del mundo donde el Carmelo crece con mucha fuerza. Sería irresponsable ignorar que hay carencias y dificultades por la falta de personal (y que ello supone reestructurar nuestras presencias) en otras zonas del mundo. Aunque la Curia General está en Roma, en Italia, en Europa… es la Curia de toda la Orden, en su riqueza y diversidad.

          Pero, en cualquier caso, en todos estos procesos debemos mantener un estilo evangélico, propio de hombres de fe que actúan movidos por otros valores. Con mucha humildad, realismo, coraje y esperanza, nos sentimos orgullosos y agradecidos de esa internacionalidad, de esa diversidad de culturas y lenguas que consideramos una bendición y una riqueza enorme y asumimos el reto de ofrecer y compartir el carisma carmelita con todos.

          En este sentido, he intentado mantener durante estos años un sano equilibrio entre la presencia activa en Roma y la presencia en las periferias de la Orden (por usar la expresión tan querida del Papa Francisco), desde donde la vida eclesial se puede ver con otras sensibilidades, con otros acentos y otros matices, lo que (¡indudablemente!) enriquece y completa nuestro servicio a la Iglesia universal. Para ello, he contado con la ayuda inestimable de los diversos consejeros y del p. Christian Körner, Vice-General que ha mantenido con gran generosidad y eficacia, la actividad propiamente curial. Asimismo, han sido de gran ayuda para mantener ese contacto con las diversas realidades vivas de la familia carmelita, tanto el Procurador General, como el Delegado de Monjas, el Webmaster y la Postuladora General. A todos ellos va dirigida mi más sincera gratitud.

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          Por último, y como suelo hacer todos los años, me gustaría recordaros algunos aniversarios que celebramos este año, que no dejan de ser significativos acerca de nuestra historia e identidad (sobre todo, en lo referente a la dimensión mariana del carisma) y que, a su vez, nos proyectan hacia un futuro lleno de retos.

          En primer lugar, quiero mencionar el primer centenario de la coronación canónica de la imagen de la Virgen del Carmen (Nossa Senhora do Carmo) de Recife, que al mismo tiempo fue nombrada Patrona de la ciudad y de la Provincia Eclesiástica de Pernambuco, en el Nordeste de Brasil. No creo exagerar si digo que se trata de la fiesta de la Virgen del Carmen más multitudinaria del mundo. Cada año, en torno a la solemnidad del 16 de julio, cientos de miles de personas participan en las celebraciones y en la procesión y honran a la Virgen del Carmen con gran devoción. A pocos kilómetros de Recife se encuentra el convento de Olinda, considerado la primera fundación carmelita del continente americano y cuya restauración y rededicación celebramos solemnemente hace algunos años.

          Esa profunda conexión entre la misión y una sana devoción mariana nos debe motivar para seguir trabajando en nuestros días en esa misma línea. La piedad popular mariana no puede distraernos de la misión fundamental del cristiano de anunciar la buena noticia de la salvación, más aún, esa piedad -si es auténtica- nos envía, nos interpela, nos lanza a ser testigos vivos del Evangelio y a vivirlo con gratitud y generosidad.

          Felicidades a la Provincia Carmelita Pernambucana y a todo el Carmelo brasileño por este centenario y que Nuestra Madre del Carmen haga crecer la Orden y la familia carmelitana en aquellas tierras.

          En segundo lugar, quiero destacar que -como ya sabéis por las comunicaciones oficiales de la Orden- están comenzando los actos conmemorativos del octavo centenario de la muerte de San Ángel de Sicilia, para lo que se han organizado una serie de celebraciones religiosas y culturales que se desarrollarán en los próximos meses. San Ángel es sin duda una de las figuras señeras de los primeros tiempos de la historia de nuestra Orden. Por los escasos datos que tenemos de su vida, sabemos que con toda probabilidad vino de la Tierra Santa (de hecho, se le conoce también como San Ángel de Jerusalén) y que dedicó su vida a la predicación. Asimismo, se le suele vincular, incluso iconográficamente, con Santo Domingo de Guzmán y con san Francisco de Asís, destacando así la inserción del Carmelo entre las órdenes mendicantes.

          La figura de San Ángel nos invita a una predicación genuinamente evangélica (precisamente ahora que nos disponemos a celebrar la Novena en honor de la Virgen del Carmen) y nos recuerda nuestros orígenes en la Tierra Santa, en la tierra del Señor. Que la celebración de este centenario nos ayude en nuestra misión y nos haga, también a nosotros, anunciadores del Misterio de salvación. Felicidades al Carmelo universal y especialmente al Carmelo italiano por este centenario, así como a la ciudad de Licata que guarda celosamente la memoria del santo carmelita.

          Este año celebramos también 50 años de la restauración de la Provincia Británica, una de las más antiguas de la Orden y suprimida en el siglo XVI, tras la ruptura en tiempos de Enrique VIII. Por este motivo, celebraré allí (en Aylesford y luego en Gales, uno de los lugares donde comenzaron su labor restauradora los carmelitas irlandeses) la Solemnidad de la Virgen del Carmen de este año. La Provincia (conocida ahora como Britannia Maioris) está dedicada a la Asunción de la Virgen María, el misterio mariano que nos recuerda que la Virgen nos precede en el camino y que Ella es prenda y garantía de esa llamada universal a la salvación. En países de minoría católica, pero también en todo el mundo, la Iglesia nos pide hoy un esfuerzo para vivir nuestra devoción mariana con autenticidad, con sensibilidad ecuménica y con la misma humildad que hizo grande a María (Lc 1, 48-49). Quizás en estos países se haga realidad de forma más evidente que Dios actúa en lo pequeño y que, sólo desde lo pequeño, se puede construir su Reino. Con este motivo quiero felicitar a la Provincia Británica por este aniversario y a la Provincia de Irlanda que, con gran generosidad, se embarcó en esta aventura de restaurar el Carmelo en Gran Bretaña.

          Por último, quiero también mencionar la celebración de los 25 años de la beatificación de Isidoro Bakanja, el joven congolés que fue salvajemente golpeado por negarse a renunciar a su fe y a quitarse el escapulario de la Virgen del Carmen que llevaba al cuello y que para él era un signo tangible de la fe que profesaba. Más aún, aquel escapulario que venía a ser como un pequeño recordatorio de su bautismo, le llevó a la actitud verdaderamente heroica de perdonar a quien le había herido mortalmente, le llevó, en definitiva, al testimonio sublime de la caridad evangélica llevada al grado sumo, al martirio. Su testimonio, propuesto a la Iglesia hace 25 años en la solemne ceremonia de beatificación que tuvo lugar en Roma, debe seguir siendo para nosotros hoy una verdadera inspiración. Los humildes, como Isidoro, nos muestran lo más genuino y lo más auténtico de nuestra devoción mariana.  

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          En 2020, será un nuevo Prior General el que firmará esta carta de felicitación por la fiesta de la Virgen del Carmen, Nuestra Madre y Hermana, la Domina loci que está en el centro de nuestras vidas y que nos inspira y anima a vivir nuestro carisma carmelita al servicio del Evangelio, del pueblo de Dios y de toda la humanidad.

          Ya desde ahora le deseamos todo lo mejor y un fructífero servicio a la familia del Carmelo. Ponemos bajo la protección maternal de María, tanto el Capítulo General, como el próximo sexenio. Ella sabrá guiarnos con dulzura y con afecto y -como Stella Maris- nos mostrará el camino de la salvación al que Ella, María de Nazaret, entregó su vida entera.

          Un fuerte abrazo a todos y… ¡Felicidades!

 

Fernando Millán Romeral, O.Carm.

Prior General

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.