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Beatificación del Año de la fe Mártires Carmelitas de la Provincia Bética

Rafael Leiva Sánchez, O.Carm.

Tarragona, 13 de Octubre de 2013

Los mártires del siglo XX en España, firmes y valientes testigos de la fe

1. Mensaje de la Conferencia Episcopal Española

 "Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había transformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor, con el perdón de sus perseguidores" (Benedicto XVI, Carta Apostólica Porta fidei, 13 ).

Con estas palabras comienza el Mensaje de la Conferencia Episcopal Española con motivo de la Beatificación en Tarragona el próximo 13 de octubre 2013

de un grupo de 522 hermanos nuestros en la fe que dieron su vida por amor a Jesucristo en diversos lugares de España, entre los que se encuentran los carmelitas de la Provincia Bética P. Carmelo Ma Moyano Linares y 9 Compañeros y el P. Alberto María Marco Alemdn, O. Carm., y 8 Compañeros de la Provincia de Castilla.

La Iglesia reconoce ahora solemne-mente a este nuevo grupo de mártires como testigos de Cristo. Según el lema de esta fiesta, ellos fueron 'firmes y valientes testigos de la fe" que nos estimulan con su ejemplo y nos ayudan con su intercesión.

En el martirio el discípulo se asemeja al Maestro, que aceptó libremente la muerte para la salvación del mundo, y se configura con Él derramando también su sangre. Es un don concedido a pocos, pero todos deben estar dispuestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirlo en el camino de la Cruz. La Iglesia los venera con especial afecto, junto con la bienaventurada Virgen María y los santos ángeles, e implora piadosamente la ayuda de su intercesión.

La Iglesia que peregrina en España ha sido agraciada con un gran número de estos testigos privilegiados del Señor y de su Evangelio. Ahora, con motivo del Año de la fe y - por segunda vez después de la beatificación de 498 mártires celebrada en Roma en 2007, se ha reunido un grupo numeroso de mártires que serán beatificados en Tarragona.

La vida y el martirio de estos herma-nos, modelos e intercesores nuestros, presentan rasgos comunes, que haremos bien en meditar en sus biografías. Son verdaderos creyentes que, ya antes de afrontar el martirio, eran personas de fe y oración, particularmente centrados en la Eucaristía y en la devoción a la Virgen. Mostraron en todo ello, de un modo muy notable, aquella firmeza en la fe que San Pablo se alegraba tanto de ver en los cristianos de Colosas (cf. Col 2, 5), fueron cristianos de fe madura, sólida, firme. Fueron fuertes cuando eran vejados, maltratados o torturados. Eran personas sencillas y, en muchos casos, débiles humanamente. Pero en ellos se cumplió la promesa del Señor a quienes le confiesen delante de los hombres: "no tengáis miedo... A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos" (Mt 10, 31-32); y abrazaron el escudo de la fe, donde se apagan la flechas incendiarias del maligno (cf. Ef 6, 16).

La Beatificación del Año de la fe es una ocasión de gracia, de bendición y de paz para la Iglesia y para toda la sociedad. Vemos a los mártires como modelos de fe y, por tanto, de amor y de perdón. Los mártires murieron perdonando. Celebrando su memoria y acogiéndose a su intercesión, la Iglesia desea ser sembradora de humanidad y reconciliación en una sociedad azotada por la crisis religiosa, moral, social y económica, en la que crecen las tensiones y los enfrentamientos. Los mártires invitan a la conversión. No hay mayor libertad espiritual que la de quien perdona a los que les quitan la vida. Es una libertad que brota de la esperanza de la Gloria (Madrid, 19 de abril de 2013 CI Asamblea Plenaria de la CEE).

 2. Sentido de la Beatificación de los Mártires Carmelitas

 Las páginas más bellas de la historia de una Orden Religiosa son indudablemente las que trazan las líneas de los Santos que le han dado lustre. Siempre que en una Orden Religiosa florece la santidad, florece la gracia, que es la acción misteriosa y segura de Dios, el cual, a través de sus santos, renueva, impulsa y estimula las fuerzas mejores, asegurando la presencia misteriosa del Espíritu de amor que lo purifica rodo y todo lo renueva. Y los santos, a Dios gracias, nunca faltan. A veces florecen casi sin advertirlo, y casi sin advertirlo viven su jornada terrena. Según el estilo de Dios, el santo suele encubrir el «misterio» de su santidad, humilde reflejo de la de Dios, con un velo de silencio y oscuridad. Y poco importa que el santo se oculte en el desierto o bien que los hombres hayan creado en torno a él el más árido e ilimitada desierto moral y espiritual o no hayan realizado grandes hazañas. Dios mismo, refleja poderosamente su amor y hace florecer la primavera allí donde sólo se veía la aridez de la estepa sedienta.

 

Este «paso» del santo muchas veces da sentido a toda una época que, oscura y nebulosa hasta un cierto día, de pronto se ilumina: acontecimientos y personas cambian de rumbo; instituciones y ambientes, aparentemente condenados al fracaso y a la ruina, comienzan a notar un hálito de vida nueva que rompe después con fuerza incontenible, capaz de obrar las más grandes transformaciones, aquellas que restauran en los hombres la imagen auténtica de Cristo, descubriendo de nuevo al mundo su rostro de gracia y de amor. Es el ministerio providencial del santo. Y cuando hablamos de un santo, pensamos en todos cuantos han creído sin reservas en Cristo y en su amor, y han vivido sin componendas el Evangelio; en quienes con Cristo «han amado y se han entregado», pagando en persona su propia fidelidad. Estas palabras reflejan la misión en estos momentos de nuestros hermanos carmelitas sobre la Iglesia, la Orden y el mundo.

 3. Los Siervos de Dios Carmelo Ma Moyano y Compañeros Carmelitas

 "Nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las Iglesias de Dios por la tenacidad y la fe en todas las persecuciones y tribulaciones que estáis pasando" (2 Tes 1,4).

Con estas palabras del apóstol S. Pablo comienza el Decreto sobre el Martirio de los Siervos de Dios Carmelo María Moyano Linares y 9 Compañeros Carmelitas dado en RoMa el 1 de julio de 2010. A ellos

se aplican, pues realmente padecieron persecuciones a causa de la fe, así como vejaciones y tribulaciones frente a las cuales nunca desertaron de su inmensa fidelidad a Cristo y a su Iglesia.

El apostolado desarrollado por ellos se dirigía principalmente a la formación de los religiosos profesos jóvenes y a los candidatos a la vida religiosa, a la atención espiritual, así como a la educación de niños en las Escuelas Primarias en Hinojosa del Duque (Córdoba) y en Montoro (Córdoba), donde se hallaban sus respectivos conventos.

 En el convento carmelita de Hinojosa del Duque (Córdoba) dieron la vida por Jesucristo, el I? Carmelo Ma Moyano Linares, el Padre José Ma González Delgado, Fray Eliseo Ma Camargo Montes, Fray José Ma Ruiz Cardeñosa, Fray Antonio Ma Martín Povea y Fr. Pedro Velasco Narbona. En el convento de Montoro dieron su vida por Jesucristo los Padres José Ma Mateos Carballido y Eliseo Ma Durán Cintas, y Fr. Jaime Ma Carretero y Fr. Ramón Pérez Sonsa.

"La vida y el martirio de estos hermanos, modelos e intercesores nuestros, presentan rasgos comunes, que haremos bien en meditar en sus biografías", dice el Mensaje de la Conferencia Episcopal con motivo de la beatificación en Tarragona. Sus vidas aparecieron en las páginas de la Revista Escapulario del Carmen en su día. Hacemos ahora un breve resumen biográfico de cada uno de ellos.

El Siervo de Dios, Padre Carmelo Ma Moyano, nació en Villaralto (Córdoba) el día 10 de junio de 1891. Hizo su Profesión Temporal muy joven. Ordenado sacerdote el 6 de junio de 1914, obtuvo el Doctorado en Teología en Roma, y enseñó en el Seminario Carmelita. Desempeñó el cargo de Prior Provincial y otros. Fue un religioso afable y moderado, era estimado en el trato por su vida recta, de índole humilde, prudente y sabio. Entregó su vida por Jesucristo el 23 de septiembre de 1936 en el lugar conocido como Dehesa del Espíritu Santo en Hinojosa del Duque (Córdoba).

El Siervo de Dios, Padre José Ma González Delgado, nació en el pueblo de Gabia Grande (Granada) (hoy Las Gabias) el día 26 de febrero del año 1908. Fue muy estimado desde su infancia por su caridad hacia los pobres y por su vida ascética. Fue ordenado sacerdote el 21 de septiembre de 1935. Era el Maestro (Formador) de los seminaristas menores carmelitas (eran llama-dos marianos). Fue el primero en dar la vida por Jesucristo el 27 de julio de 1936 en Pueblonuevo del Terrible (Córdoba).

El Siervo de Dios, Fray Eliseo Ma Camargo Montes, nació en Osuna (Sevilla) el 4 de junio de 1887. El día 26 de enero de 1919 hizo su profesión en la Orden del Carmen. Sobresalía por su caridad y su profundo amor a la Virgen María. Jamás negó su condición de religioso. Entregó la vida por Jesucristo el 14 de agosto de 1936 en La Cruz de la Media Legua en Hinojosa del Duque (Córdoba).

El Siervo de Dios, Fray José Ma Ruiz Cardeñosa, nació en Osuna (Sevilla) el día 26 de julio de 1902. Hizo su profesión temporal el 31 de diciembre de 1921. Fue religioso humilde, caritativo con el prójimo y pronto a la obediencia. Entregó su vida por Jesucristo el 14 de agosto de 1936 en La Cruz de la Media Legua en Hinojosa del Duque (Córdoba).

El Siervo de Dios, Fray Antonio Ma Martín Povea, nació el 27 de noviembre de 1887 en El Saucejo (Sevilla). Hizo su profesión temporal el 1 de agosto de 1926. Sobresalió por su simplicidad y vida humilde. Era el portero del convento de Hinojosa del Duque (Córdoba) y en el mismo convento entregó la vida por Jesucristo el 14 de agosto de 1936.

El Siervo de Dios, Pedro Velasco Narbona, nació el 12 de octubre del año 1892 en Minas de Riotinto (Huelva). Era postulante y hacía de zapatero de la comunidad de Hinojosa del Duque (Córdoba), donde entregó la vida por Jesucristo en el mismo convento el 14 de agosto de 1936.

El Siervo de Dios, Padre José Ma Mateos Carballido, nació en Encinasola (Huelva) el 19 de marzo de 1902. Tras emitir sus Votos religiosos, fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1925. Desempeñó el cargo de Prior del convento de Montoro (Córdoba). Era un apóstol celoso, educador de los niños y atento a las necesidades de los pobres. Entregó su vida por Jesucristo el 22 de julio de 1936 en Montoro (Córdoba).

El Siervo de Dios, Padre Eliseo Ma Durán Cintas, nació el 25 de noviembre de 1906 en Hornachuelos (Córdoba). Tras la emisión de sus Votos y los estudios eclesiásticos fue ordenado sacerdote el 21 de mayo de 1932. Destacó por su sencillez, que demostró en la educación de los jóvenes. Entregó su vida por Jesucristo el 22 de julio de 1936 en Montoro (Córdoba).

El Siervo de Dios, Fray Jaime Ma Carretero Rojas, nació en Villaviciosa (Córdoba) el 27 de abril de 1911. Tras ingresar en la Orden Carmelita, emitió sus Votos religiosos y recibió las Órdenes Menores de Lector y Ostiario. No llegó a ordenarse de sacerdote. Era muy amado por muchos de sus hermanos en religión y por su profundo fervor y gran obediencia. Entregó su vida por Jesucristo en Montoro (Córdoba) el día 22 de julio de 1936.

El Siervo de Dios, Fray Ramón Ma Pérez Sousa, nació en Feás (Orense), el 1 de agosto de 1903. A los treinta y un arios de edad ingresó en la Orden del Carmen y en ella emitió sus Votos religiosos. No llegó a hacer la Profesión Perpetua pues entregó su vida por Jesucristo en Montoro (Córdoba) el 22 de julio de 1936.

Todos ellos desarrollaron sus vidas en sus respectivos conventos por medio de la oración, de la evangelización, de la enseñanza y del ejercicio de la caridad. Ante la persecución, permanecieron fieles a Cristo, amando hasta el final y dando su vida perdonando de corazón.

Rafael Leiva Sánchez, O. Carm.

 

*Escapulario del Carmen Oct 2013

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Como Carmelitas, Vivimos nuestra vida en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia a través de un comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la oración, en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo. Estos tres elementos fundamentales del carisma no son valores aislados o inconexos, sino que  están estrechamente ligados entre sí. 

Todo esto lo vivimos bajo la protección, la inspiración y la guía de María, la Virgen del Carmen, a la que honramos como “nuestra Madre y hermana”.