Sources:
www.ocarm.org
En octubre, del 5 al 26, se desarrollará en Roma la XII Asamblea general ordinaria del Sínodo de Obispos, que tendrá como tema: “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. Viene después del de la Eucaristía (2005): y de este modo se completa el alimento del cuerpo del Señor: donde se nos ofrecen como pan de vida tanto la Palabra de Dios como el cuerpo del Señor (DV 21). Esta Palabra, como proclama Isaías, es al mismo tiempo pan para comer y semilla para el sembrador (Is 55,10). a) Punto de llegada Es el punto de llegada tras un largo camino de toda la Iglesia, donde se tratará especialmente la centralidad de la Palabra en la pastoral, en los estudios, en la liturgia, y en la espiritualidad de la Iglesia, así como la importancia de realizar el mapa de las dificultades y problemas abiertos. Lo proclama claramente el nº 4 de Lineamenta: Etapas principales de la vuelta de la Palabra al centro de la vida cristiana: Consecuencia: nacimiento y difusión del “movimiento bíblico”: estudios de elevado nivel científico pero que recaían sobre la pastoral, en la liturgia, difundiendo progresivamente el conocimiento bíblico a todos. Era hora de centrarse: ciertamente, el Sínodo hará discernimiento: de los mejores frutos, de las experiencias más vivaces y auténticas, como también de los problemas y de las urgencias evidentes. En Lineamenta (marzo 2007), ya se perfiló un primer mapa de frutos y dificultades, pero será aún más detallado y orientador el mapa del Instrumentum Laboris, ya preparado y de próxima aparición. Constituirá la guía práctica del próximo Sínodo: irá bien leerlo y estudiarlo con el fin de prepararse para el gran acontecimiento eclesiástico, pero sobre todo para mentalizarnos adecuadamente sobre los temas principales. b) Nosotros los Carmelitas Estamos llamados con toda la Iglesia a vivir este momento de discernimiento y de reconocimiento de la vivencia eclesiástica y de la pastoral que llevamos adelante. No podemos evitarlo: nos afecta de cerca por numerosos motivos. Ante todo porque queremos vivir con la Iglesia y caminar con ella, porque estamos dentro de ella con la pastoral y la espiritualidad, porque también de forma individual esta nueva estación nos ha cambiado, sin duda para mejor, en calidad e identidad. Es algo que se relaciona directamente con nosotros: y queremos vivir como Iglesia y con la Iglesia. Pero también por otros motivos: En vista del Sínodo podemos: c) Regreso simbólico al Vivir in Obsequio Jesu Christi Nuestros primeros padres quisieron (en su siglo) expresar la búsqueda de un reestablecimiento radical y original de la Iglesia y de lo relativo al Evangelio, regresando físicamente a la Tierra del Señor, donde vivir como en los primeros tiempos: la continuación, la escucha de la Palabra, la centralidad de Jerusalén, la fraternidad frágil, una vida sobria y austera. La Regla nos ofrece algunas referencias de dicha intención y de su propositum. Las nuevas lecturas de estos decenios nos han trasladado de forma simbólica e intencionada a aquel núcleo originario y original, a aquella communitas en estado naciente; y nos asombra la capacidad de síntesis y de equilibrio, de valores esenciales, de sabiduría vital y de equilibrio de la Regla. La vida in obsequio Jesu Christi, la centralidad de la Palabra y de la Eucaristía, la fraternidad orante y a la vez acogedora, la forma Ecclesiae como icono de paz, servicio y sobriedad, la apertura en una auténtica communio hospitalis hacia la tradición y hacia los nuevos caminos del Espíritu, la fascinación del modelo paulino de evangelización, el coraje de la temporalidad y flexibilidad sin temor: valores privados de su fuerza persuasiva si les separamos de la Palabra, en la que se reconstruyen como en una fuente inspiradora que plasma la autenticidad y el criterio de una prueba decisiva. Ahora es preciso reencontrar esta dinámica y esta sabiduría orientadora: Porque no hay mística sin profecía, pero tampoco profecía sin la escucha obediente de la Palabra (VC 84), y no hay poder transformante en la escucha si no hay fraternidad en la escucha, dispuesta a ponerse en juego, como protagonista, quitándose de encima perezas rutinarias e identidades carismáticas equívocas o somnolientas. Sólo si la Palabra enciende fuego en nosotros, como sucedía en la boca de Elías (Sir 48,1), como se entrevé también en el trazado de la Vitae formula; por tanto, el meditare die ac nocte in Lege Domini (R 10), no será un eslogan repetido por sonámbulos que se engañan caminando a la luz del sol. De igual modo, el vigilare in orationibus no será un simple masticar oraciones ya fabricadas (RC 11), sino vibrar con un corazón amante, donde el deseo lo incendia todo. Y la invitación a “hacer todo con fuerza y fieles a la Palabra del Señor” (R 19) no será una auto-certificación hipócrita sin comprobación, sino un proceso siempre abierto a revisión, y siempre guiado por un sabio discernimiento (R 24). d) Una palabra sobre la Lectio Divina Nuestra participación en las nuevas experiencias de lectio divina es un hecho que nos brinda numerosas oportunidades. En realidad, no sólo la hacen y la dirigen los padres, sino también los hermanos, las hermanas, las monjas, los laicos carmelitas. En la serie “Rotem – Escucha orante de la Palabra” (Ed. Messaggero, Padua, hasta ahora 13 volúmenes), por mí supervisada, han colaborado todos ellos. De este modo, se rompe el monopolio clerical sobre la Palabra y el testimonio de nuestro carisma, y cesa la reducción de nuestra pastoral a la práctica de los sacramentos y las devociones pías, en torno al padre sacerdote o a la liturgia de la misa. Por otra parte, aumentan las capacidades ministeriales fuera de los habituales circuitos “sacramentales” que siempre recaen en el ámbito clerical. Y entra en juego la creatividad, el sentido de fe, la corresponsabilidad de muchos: basta pensar en los frutos de la lectura popular de Carlos Mesters en AL, que ha implicado a millones de personas (especialmente en las CEBs) y constituye un patrimonio eclesiástico reconocido. Estamos en sintonía con nuestro carisma (Regla) y las peticiones de Benedicto XVI. También en Italia, aunque sea con experiencias más modestas, tenemos ya una tradición. Sin olvidar el sitio web de la nuestra Curia Generaliza y otras iniciativas personales. Muchos ya nos califican como protagonistas en este sector de la lectio… Considero que tenemos una oportunidad para jugar, en sintonía con la Iglesia y el carisma genuino. Lógicamente, no tanto para beneficiarnos con narcisismo, sino para vivir y actuar verdaderamente como Iglesia y no como una iglesucha sectaria. Pero me gustaría advertir, con el cardenal C.M. Martini: “La lectio divina no sustituye ni a la catequesis ni a otras iniciativas de enseñanza y puesta al día cultural que ayudan a que un cristiano se convierta en adulto a nivel de fe. La lectio hace algo que los discursos, las predicaciones y las catequesis no siempre pueden hacer: poner a cada uno, con su conciencia y responsabilidad, ante Dios que habla, que invita, que llama, que consuela o reprende, todo ello en una atmósfera de oración y diálogo, de humilde petición de perdón, de luz, dispuestos a dejarnos llevar por el Espíritu Santo para ofrecer nuestra propia vida”. Puesta en guardia ante la confusión, ¡pero también orientación necesaria para entender su utilidad sin confusiones! Porque por lectio divina no debe entenderse como tomar la Biblia en mano de tanto en tanto, y leer alguna página, con espíritu de meditación. Se trata más bien de un ejercicio ordenado, metódico, en clima de silencio y de reflexión orante, con una lectura progresiva y sistemática de la Biblia, a semejanza de la praxis litúrgica, que en sus ciclos dominicales y festivos se propone una revisión casi completa de los diversos libros bíblicos. A lo que debe llevar es a la unidad interior, plasmada por la Palabra de vida, que encuentra en Cristo la llave y el sentido de lo que conlleva la Escritura, y conduce hacia una coherencia práctica de vida conforme a las convicciones bíblicas, en comunión con la comunidad de creyentes y en diálogo abierto a los problemas de los contextos actuales (ver nuestra metodología). “Se vive la vida según el Espíritu, según la capacidad de dar espacio a la Palabra, de hacer que el Verbo de Dios nazca en el corazón del hombre” (Lineamenta, nº 34). ¡Así es como podría definirse la auténtica espiritualidad! Nosotros creemos ser especialistas de la espiritualidad, al menos, muchos así nos consideran, pero ¿es realmente con esta perspectiva con la que nos especializamos y vivimos en la Iglesia?
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