40º Aniversario del Instituto Tito Brandsma

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Author(s)/Editor(s): 
Fernando Millán Romeral, O.Carm.
Sources: 
www.ocarm.org

En primer lugar, supone un gran honor para mí participar en esta celebración del 40º aniversario del Instituto Tito Brandsma de Nimega. Después de 40 años, este Instituto sigue trabajando duro en el área de la espiritualidad, ayudando a que mucha gente reflexione y profundice en su comprensión de esta dimensión fundamental, no sólo de la religión, sino de la propia vida humana.

Quiero agradecer la invitación que recibí hace algunos meses del Provincial de la Provincia holandesa de los Carmelitas, el hermano Ben Wolbers, en nombre del Instituto.

Hace cuarenta años que este Instituto inició su andadura, bajo la inspiración del P. Tito Brandsma. Brandsma fue un hombre extraordinario, capaz de ser místico en medio de todo su trabajo, sus viajes, sus clases, y ciertamente, de todo tipo de actividades. Fue capaz incluso de ser contemplativo en medio del abismo, en el infierno del Lager en Dachau. Estaba convencido de que las experiencias místicas no son una especie de burbuja aséptica aislada de la realidad, divorciada de la vida de cada día, sino que se encontraban precisamente en el corazón de nuestras vidas, en el mismísimo centro de la realidad. Podríamos decir que fue un hombre extraordinario, que percibía la presencia de Dios en la vida ordinaria.

Siempre me he sentido muy cerca de la figura del Beato Tito Brandsma. Hace veintitrés años tuve la oportunidad de participar en su beatificación en Roma, lo que supuso un momento muy importante en mi vida y en mi itinerario vocacional.

Para nosotros los Carmelitas, este aniversario del Instituto Tito Brandsma supone un motivo especial de alegría y enhorabuena. La espiritualidad facilita las herramientas y el vocabulario para nuestra reflexión acerca de lo que significa ser Carmelita y sobre los valores que apuntalan nuestra vocación. Por esta razón es una parte fundamental de nuestras vidas y supone un importante campo para los estudios y el pensamiento Carmelita. En mis charlas a los diferentes Capítulos provinciales durante este año he subrayado la siguiente idea:

En el Capítulo General de 2007, diversos conferenciantes que nos ayudaron a reflexionar insistieron en la importancia del silencio y de la contemplación -dos conceptos clave en la espiritualidad- para vivir plenamente nuestro carisma. Es bien conocida la importancia y la centralidad de la contemplación, y no debo insistir en ello. Simplemente, a modo de ejemplo, nuestra guía para la formación Carmelita, la Ratio Institutionis Vitae Carmelitanae, explica cómo la contemplación constituye el corazón del carisma Carmelita, y añade: Esta dimensión contemplativa no es sólo uno de los elementos del carisma (oración, fraternidad y servicio), sino el elemento dinámico que une a todos ellos (RIVC, 23).

Vivimos en la era de la informática, de lo virtual, de lo inmediato. Las noticias viajan de una parte del mundo a otra en una fracción de segundo; tenemos acceso inmediato a numerosa información. Indudablemente, todo ello tiene un valor positivo, como ha señalado la Iglesia en numerosas ocasiones. No obstante, también corremos el riesgo de caer en la preocupante superficialidad de disponer de datos pero no de criterios para su análisis; de la información sin formación; de una cultura light, posmoderna, que exalta lo vacío, lo pasajero, lo relativo, lo insignificante.

Tal vez lo que esta sociedad necesita, más que nunca, es algo que puede ofrecer el carisma Carmelita: el significado de la contemplación, de la profundidad espiritual. El Carmelita debe ser un hombre o una mujer con vida interior, con profundidad, con riqueza espiritual; un hombre o una mujer que, en medio del ajetreo y el bullicio de la vida de cada día, en medio de los problemas y contradicciones de nuestro tiempo, es capaz de crear el silencio interior en el que Dios pueda hablar.

En ocasiones nos dejamos llevar por prejuicios, opiniones precipitadas, modas pasajeras, etc. Tal vez entonces deberíamos centrarnos en lo que Sta. Teresa dijo a sus monjas: “No nos imaginemos huecas en lo interior” (Camino 28, 10).

La mujer o el hombre contemplativo es precisamente aquél que, observando la realidad que le rodea, puede encontrar la misteriosa presencia del Señor en su vida. No sólo mira hacia arriba, sino que mira alrededor, e incluso hacia abajo, hacia los más necesitados, los más humildes, los marginados por el mundo, y descubre en ellos esa presencia, más misteriosa que nunca. La verdadera contemplación y la verdadera espiritualidad se convierten en un ejemplo de servicio y de entrega generosa.

Por ello, el místico -el verdadero místico-, el espiritual –el verdadero espiritual- o el contemplativo –el verdadero contemplativo-, debe ser un maestro de humanidad y de compasión, y debe reflejar, con su modo de vivir y de estar en el mundo, la misericordia y la ternura de Dios.

Me gustaría terminar diciendo “Enhorabuena” por este magnífico trabajo de los últimos cuarenta años. Enhorabuena a los Carmelitas holandeses y a la Universidad Radboud de Nimega. Enhorabuena al comité del Instituto y a los dos Directores que ha tenido el Instituto durante estos cuarenta años: Otger Stegink, bien conocido en los temas Carmelitas en mi país, en España, por sus libros sobre Teresa y Juan de la Cruz, y Kees Waaijman, que ha guiado satisfactoriamente el Instituto en los últimos años. Y enhorabuena a todas aquellas personas que trabajan en el Instituto, en la investigación, en la enseñanza, y ayudando del modo que sea.

Como Carmelitas apoyamos firmemente este Instituto, y lo apoyamos en su especificidad y en su peculiaridad; esa especificidad probablemente consiste en su apertura al diálogo de diferentes modos: diálogo con nuestra tradición espiritual (no sólo la tradición Carmelita, sino también la tradición Católica, la tradición Cristiana, la tradición religiosa); diálogo con la cultura o, más bien, con las numerosas “culturas” (en minúsculas y en plural) presentes en nuestra sociedad; diálogo también en sentido ecuménico, porque el Instituto siempre ha promovido la creación de un espacio en el que los Cristianos de diferentes confesiones podamos compartir nuestra tradición espiritual común y la posibilidad de tener la experiencia de Dios en nuestras vidas. El Ecumenismo no es algo que sólo pertenece a la esfera de la teología (aunque yo soy un teólogo dogmático), sino que además está presente en la praxis (trabajar juntos como Cristianos por un mundo mejor), y en la reflexión y en la experiencia espiritual. Espero que el Instituto siga ofreciendo este gran servicio durante muchos años: “ad multos annos!”

Desde que fui elegido Prior General de la Orden Carmelita en septiembre muchas personas me han dicho que debe de ser un trabajo muy duro: viajar todo el tiempo, problemas, reuniones, y demás. Bueno, efectivamente es un trabajo duro, pero también hay muchos momentos y situaciones en los que uno se siente muy orgulloso de ser Carmelita. Puedo deciros que éste es uno de esos momentos. Muchas gracias.

Fernando Millán Romeral, O.Carm.
Prior General
12 de abril de 2008