Sant'Alberto di Trapani

La iconografía del Santo

Emanuele Boaga, O.Carm.

La noticia más antigua que hasta ahora tenemos de una imagen de San Alberto de los Abbati o de Trapani, carmelita, es del siglo XIV. En el inventario del convento del Carmen de Florencia de 1391 y con anotaciones de 1397-1398, se lee: «Item, un tabernáculo todo dorado con esmaltes de Pietro di Caglie con reliquias de San Alberto de Trápani, que fue fraile de Santa Maria del Carmen».

Pocos años después, en el Capítulo General de los Carmelitas de 1420 se decidió que hubiese una imagen suya en todos los conventos, representado “con la aureola”, signo evidente de la fama de santidad de que ya gozaba. Así comenzaba el desarrollo de la iconografía del santo.

Entre las primeras representaciones que conocemos, y llevadas a cabo en virtud de dicho Decreto, son las realizadas por el diestro pincel de Filippo Lippi (1406-1469), que lo representó por cuatro veces. Por orden cronológico, la vez primera lo hizo en la obra conocida como Madonna del Trivulzio y hoy conservada en el Museo del Castello Sforzesco de Milán: el santo aparece de rodillas y con un lirio en la mano al fondo (a la derecha de la escena) y hablando con otro santo carmelita, Ángelo de Sicilia. Le sigue luego otra obra juvenil: el cuadro de la Madonna en el trono con santos hoy en el Museo de la Colegiata de Empoli, y en el que se representa al santo ofreciendo un lirio a la Virgen. Existe además otra, conocida como Incoronazione Mazzinghi, pintada entre 1439-1447 y hoy en la Galleria degli Uffizi de Florencia. Filippo Lippi representa al santo situado entre ángeles que honran a la Virgen bajo una lluvia de lirios. También parece que quiso representar la figura de San Alberto en el ciclo de frescos para el coro de la catedral de Prato sobre la historia de San Esteban y San Juan Bautista (1462 -1465) el santo aparece sin ningún atributo y en actitud contemplativa a la derecha del Bautista (según se mira) mientras predica el Bautista.

Hacia finales del siglo XV tenemos una obra bellísima atribuida a Tommaso de Vigilia, pintada para la iglesia del Carmine Maggiore de Palermo, donde aún puede verse. El santo está representado con el lirio en la mano derecha, mientras que en la izquierda sostiene un libro cuyas páginas parecen mover el viento.

Igualmente, San Alberto aparece en una xilografía alemana de finales del siglo XV junto con otro santo padre de la Orden, Ángelo de Sicilia, formando un grupo con la Virgen, Santa Ana y el Niño. Este motivo de los dos Patres Ordinis, cada uno con su atributo típico (el lirio y la palma) a los lados de la Virgen, serán uno de los elementos que formen el escudo oficial de la Orden, el llamado Vexillum Ordinis, pasando después a ser simbolizados por las dos estrellas que coronan el escudo carmelita, mientras que la Virgen será simbolizada por la estrella colocada en el centro de la estilizada montaña del Carmelo. Debemos señalar que en Italia Meridional durante la época Moderna se representaba con frecuencia el escudo carmelita sin las estrellas, colocando sobre el mismo un lirio y una palma, clara referencia a los dos santos sicilianos.

Desde finales del siglo XV, y durante toda la época Moderna hasta la Contemporánea se desarrolla una gran producción artística en honor del santo sicilia­no. Sus imágenes están, según consta en los archivos, en todos los conventos y monasterios de la Orden, y en no pocos casos hay una imagen del santo en cada convento y en cada iglesia. Preferimos señalar aquí solamente algunos ejemplos de los atributos y características de las diversas obras en las que se representa a nuestro santo, más que ofrecer un catálogo de estas imágenes.

El santo aparece especialmente junto a la Virgen, teniendo en la mano derecha un lirio y en la izquierda un libro abierto en el que se lee la antífona mariana Sub tuum praesidium. El ejemplo más antiguo lo encontramos en los frescos de 1487 de Giovanni Maria de Brescia, segunda capilla de la izquierda del santuario de San Felice del Benaco. De época posterior es la pintura que se puede ver en la iglesia parroquial de Sirmione.

En otras obras los atributos son los mismos, el lirio y el libro, pero éste último aparece cerrado en la mano del santo y sosteniendo al mismo tiempo con la mano derecha la capa blanca. Así aparece en un cuadro de Nicola Rondinelli en la Academia de Ravenna, y en el centro del retablo del altar de la iglesia del Carmen de Cagliari, atribuido a Francesco Pinna (sobre 1600). También se le representa con un lirio en la mano en un recuadro del retablo de la colección Larves (New Haven) atribuido a un seguidor de Agnolo Gaddi y en un cuadro de Girolamo Muziano en la iglesia de San Martino ai Monti de Roma. Lirio y libro serán los atributos tradicionales de la iconografía albertina y siguiendo esta tradición fue como Callimberti lo representó en 1952 en la Capilla del Centro Internacional San Alberto de Roma.

No faltan cuadros e imágenes en los que solamente aparece el santo con un ramillete de lirios en la mano derecha. Entre las imágenes, el ejemplo más notable es la imagen de plata realizada en siglo XVIII por el artista de Trapani Vincenzo Bonaiuto para el altar del santo en la basílica de la Annunziata de Trapani y que podría considerarse un verdadero relicario, ya que en la cabeza se conserva el cráneo del mismo santo.

Algunas veces al libro y al lirio se le añade el crucifijo, como aparece en el Misal Carmelita del siglo xv, hoy conservado en la Biblioteca Apostólica Vaticana. Este tema será de especial preferencia en el área española y cuyo ejemplo más relevante es la imagen policromada de Alonso Cano, realizada en el siglo XVII para el convento Carmelita de San Alberto de Sevilla. El santo es representado con los atributos (lirio, libro y crucifijo) en los mosaicos que adornan los altares de la nave derecha del Carmen de Cagliari, realizados por el arquitecto Pierotti hace cincuenta años al ser reconstruida la iglesia tras la destrucción causada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Durante los siglos XV-XVI existen también otras pinturas del santo en las que, junto con los atributos señalados, se les añade la figura de un diablo, que irá desapareciendo poco a poco en los siglos posteriores. Este añadido presenta tres variantes: la primera, el diablo aparece encadenado a los pies del santo, como se ve en el grabado del siglo XV, conservado en la Biblioteca estatal de Bamberg (Alemania); la segunda, el diablo trata de apagar una lámpara encendida que el santo tiene en su mano derecha y cuyo ejemplo más destacado es el grabado del siglo XV conservado en Biblioteca Bodleyana de Oxford. La tercera variante, la más difundida, el diablo aparece en figura de mujer a los pies del santo, como en el fresco de 1470 de «San Alberto rodeado de medallones con otros santos carmelitas» en el frontal del arco del ábside del Santuario del Carmine de San Felice del Benaco en Restauri y en las pinturas del Cinquecento de las Iglesia de Bérgamo, Módena y Florencia.

A partir de finales del siglo XVII con frecuencia se representa al santo junto a la Virgen que le muestra al Niño Jesús, como se ve en la iglesia del Carmen de Génova, o también con la Virgen rodada de santos entre los cuales aparece San Alberto, como se puede ver en la iglesia Carmelita de Mesagne o en el convento de san Hermenegildo (hoy Parroquia de San José) de Madrid. El famoso pintor Francesco Francia representó al santo junto a la Virgen en un cuadro del Descendimiento de Cristo de la Cruz (Pietà) con fecha de 1515, hoy en la Pinacoteca de Turín, este motivo fue tomado también por Andrea del Sarto en el cuadro del Descendimiento en la Galería Borghese de Roma. Otra hermosa variante de la Virgen rodeada de santos carmelitas – entre ellos San Alberto – es la pintura de Gent de un cuadro atribuido a François, en el cual la Virgen aparece mostrando el camino a estos, mientras que San Alberto está de rodillas a sus pies ofreciendo un ramo de lirios al Niño Jesús.

No faltan lienzos del Seiscientos representando a santos carmelitas, entre los cuales figura San Alberto, como en los cuadros que se encuentran en la segunda capilla de la derecha y en la capilla de la Virgen del Carmen de la iglesia de San Martino Maggiore en Bolonia. Los dos lienzos se deben a Cesare Gennari y a Alessandro Tiarini.

Más tarde se difundieron las composiciones pictóricas con escenas de su vida, de su muerte y de los milagros realizados por el santo: se le representa mientras salva a los judíos de las aguas, como hallamos en la pintura encima del lavabo de la sacristía del Carmen de Florencia y en un fresco de la capilla de Masseria Monaci (Martina Franca), realizado en 1709 por Generoso Cavallo. Otros lienzos que representan los milagros del santo son: la curación de enfermos con el agua, cuyo ejemplo más interesante es el retablo de Pietro Liberi (1638) en la iglesia del Carmen de Venecia y la miniatura del Libro de Oro Sforza que se halla en el British Museum de Londres. El agua, como atributo unido al santo, aparece en una pintura del coro del Carmen de Brescia; mientras que en el Carmen de Pádua hay una imagen del santo (con el lirio y el crucifijo) de Giovanni Bonazza y con la frase Mundi estote.

Otras pinturas, imágenes y grabados evocan la prodigiosa protección del santo durante el asedio de la ciudad de Mesina. Entre estas se pueden recordar la pintura de la capilla de San Alberto en Trápani. Más recientemente, en 1955, se colocó una imagen de madera de tamaño natural realizada en plata por la fábrica Obietter di Ortisei en la que aparecen a los pies del santo la popa y la proa del histórico «vascelluzzo» llegado a la ciudad de Messina por intercesión del santo y un cartel en el que reza una invitación a los ciudadanos a invocar a su protector.

Otras pinturas que representan escenas de la vida del santo son: las de Antequera (España), las de Forlì y las de Roma. Las pinturas del coro del Carmen de Antequera son fruto de un pintor ecléctico del siglo XVII, con influencia de Roelas, Pacheco y Herrera y representan escenas de la toma de hábito del santo, su muerte y su sepultura; la escena del santo agonizando, sostenido por algunos frailes, es una pintura con gran fuerza evocadora y dramática.

El segundo ciclo pictórico indicado arriba, está el de la Capilla de San Alberto de la iglesia del Carmen de Forlí, San Alberto mientras cura a un ciego, que nos recuerda el estilo de Giuseppe Marchetti (1722­1801), aún cuando se atribuye a Paolo Cignani; en la misma hay otros dos milagros reproducidos en los medallones que están encima de las puertas de la Capilla, atribuidos a Antonio Fanzaresi y pintados en 1752: en el primero se representa a San Alberto haciendo llegar milagrosamente los víveres a la ciudad asediada de Mesina, mientras que en el segundo se representa al santo salvando del naufragio a los judíos, los cuales se convertirán posteriormente al cristianismo.

El tercer ciclo pictórico del que se hace mención son los frescos de la capilla dedicada al santo en la iglesia de Traspontina de Roma, mandada decorar por el Prior General, Sebastiano Fantoni, a principios del Seiscientos. En el retablo se representa al santo en pie y con el lirio en la mano derecha y sobre la cabeza una corona de ángeles, obra de Antonio Pomarancio (1570-1630). El mismo pintor reprodujo en el centro del arco de la capilla el Nacimiento y en los recuadros laterales escenas de la vida del santos: a la derecha la Toma de hábito y a la izquierda un Milagro. En las paredes laterales se continúan las escenas de la vida del santo, realizando Pomarancio dos grandes frescos representando la Predicación y la Muerte del santo.

Notables son también los ciclos que aparecen en las iglesias carmelitas de Venecia y Brescia, y en nuestros claustros de los conventos de Verona y Lugo.

Para acabar estos apuntes sobre la iconografía albertina podemos recordar la curiosa historia de un cuadro en el que aparece el santo de medio cuerpo con el lirio y el libro y un texto en latín: Studiorum mecenati divo Alberto theologiae bacconicae candidati tabulam inaugurarunt 1704. El cuadro se conserva en el Centro Internacional de San Alberto en Roma. El origen de este cuadro, del que no se conoce el autor, está unido a una disputa suscitada entre los estudiantes carmelitas de teología del Estudio General de la Orden, que en aquel tiempo se encontraba en el convento de la Traspontina, dedicado a San Alberto, y el Prior General, Juan Feijó de Villalobos. Este último, en el año 1692 dio varios decretos sobre los estudios en la Orden bastante exigentes, programa que resultó impracticable, sobre todo en las Casas de Estudios de Italia. Esto originó diversas protestas en todas partes. Cuando el Prior General quiso aplicar sus decretos en el Estudio General de Traspontina, los estudiantes del mismo recurrieron a la Santa Sede. Tras una controversia, que duró años, incluso llegó hasta el Prior General, P. Carlo Filiberto Barbieri, los estudiantes vieron reconocidos finalmente sus «derechos» tanto por parte de la Santa Sede, como por parte del Capítulo General de la Orden celebrado en 1704. Los estudiantes tuvieron el gesto de mandar hacer pintar un cuadro con su Protector y como señal de reverencia se lo regalaron al Prior General.

[Artículo tomado con autorización de la revista Rallegrativi, n. XIX, a. VI- gennaio-marzo pp. XIII-XVI.]

(NB: Para ver más imágines del Santo, puedes mirar al final del artículo original en lengua italiana.)


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Última revisión: 31 octubre 2006